Economía

Remesas un negocio privado

Es falso que el Estado combata la pobreza a partir de las remesas, pues las secretarías de Economía y Sedesol carecen de políticas para ese fin. Sólo engrosan sus arcas las empresas que suplen al Banxico en el manejo de esos flujos, advierten expertos

Nydia Egremy

Los mexicanos expatriados a Estados Unidos envían tantas o más divisas al país que las que generan la inversión extranjera directa y la maquila. Sin embargo, esos recursos –que provienen de casi 20 millones de emigrantes de las regiones más pobres del país (Michoacán, Oaxaca, el estado de México o Guanajuato) a Estados Unidos– no se traducen en un efecto multiplicador que contribuya al desarrollo de México, sostienen especialistas.
Las remesas de esos “refugiados económicos”, como los denomina el geopolitólogo Alfredo Jalife Rahme, rivalizan con los recursos que generan la exportación de petróleo, la inversión extranjera directa (IED), el turismo y la maquila.
Así quedó de manifiesto en el año “record” del 2006, cuando el país recibió casi 24 mil millones de dólares. Por ese motivo, México se ubicó como el mayor receptor de remesas a nivel mundial, después de la India, pero arriba de El Salvador.
La “bonanza” por las remesas se anunció desde noviembre de 2004, cuando la legisladora Silvia Hernández, a la sazón presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores América del Norte, aseguró que México ya era “el primer receptor de remesas en el mundo”. Hernández aludía al ingreso de 13 mil 396 millones de dólares en 2003, casi el 2.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
Cuatro años después, tan sólo en el primer trimestre del 2007, el envío de dinero de los emigrantes superó las divisas por IED en el mismo periodo. Esas cifras coinciden con el análisis de la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (abril de 2006), que advirtió cómo en algunos países las remesas superan la ayuda oficial para el desarrollo. En ese estudio, el caso de México es notorio.
Aunque el discurso oficial atribuye a las remesas un gran impacto en el desarrollo, el gobierno no retribuye apoyo alguno a sus emigrantes, denunció en Estados Unidos el diputado emigrante José Jacques Medina. El legislador del Partido de la Revolución Democrática apuntó que, del monto que ejercerá el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2007  –más de 2 billones de pesos–, apenas se asignaron mil 672 millones de pesos –unos 152 millones de dólares– a programas de atención para los millones de mexicanos que viven en el extranjero.
Estimó que el gobierno sólo devolverá a los emigrantes el equivalente al 0.6 por ciento del total de las remesas que ellos envían a México. Sin embargo, a partir de 2007 ya no recibirán fondos los programas de ayuda jurídica y social a los emigrantes (Atención a Migrantes Detenidos por Vigilantes de la Frontera, Atención a Repatriados y Visitas a Centros de Detención Migratoria).
El investigador Benjamín García Páez, especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México en economía de la energía y del desarrollo, explica cómo es posible que un país de economía mediana e importante potencial petrolero como México dependa de las divisas que envían esos refugiados económicos.
“Son paradojas y contradicciones, pues, desde la década de los sesentas, estamos generando las bases de un crecimiento económico sustentado más en lo endógeno y en las bases nacionales. Realmente, los resultados actuales son un indicador bastante elocuente de que las estrategias económicas no han funcionado”.
Para Alejandro Canales Cerón, investigador de la División de Economía y Sociedad de la Universidad de Guadalajara, la pobreza es un problema económico que sólo se resuelve con políticas económicas. “Eso es lo que nos dicen los estudios y la teoría, pero en México la Secretaría de Desarrollo Social maneja la política contra la pobreza a través de políticas sociales. Si realmente se quiere combatir a la pobreza, debería incluirse en la política económica que maneja la Secretaría de Economía”.

 

 

No salen las cuentas

En nuestro país, pese a la magnitud de esas transferencias transfronterizas, no existen estudios independientes que indiquen cuál es el volumen real de las remesas, su impacto en la economía, así como la tendencia a futuro de esos flujos, sostiene Canales Cerón. Este especialista arroja luz sobre un hecho poco conocido: el Banco de México (Banxico) cambió su metodología para contabilizar el ingreso y monto de las remesas.
Por ello, es “más complejo comprender qué evalúa Banxico, pues ya no hace pública su metodología, que antes estaba disponible en su sitio electrónico. Su criterio ahora es discrecional. No sabemos qué está midiendo con relación a lo que medía hace cinco o seis años y eso hace pensar: ¿hay una doble contabilidad? o ¿se incluye como remesas a otras transferencias?”.
Además, indica Canales, las cifras del Banxico no coinciden con las que aportan del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto en los Hogares. “Tampoco concuerda su estadística sobre el monto total de remesas con la del Buró de Análisis Económico del Departamento de Comercio de los Estados Unidos”.
Fortuna solicitó información al Banxico sobre ese cambio de metodología, y, en respuesta, se remitió a su página electrónica para consultar el documento  Las Remesas familiares en México. Inversión de los Recursos de Migrantes: Resultados de las Alternativas Vigentes (Febrero 2 de 2007).
En la página 9, bajo el rubro Sustento de la Estadística de Remesas Familiares en registros contables, se lee: “El hecho de que casi la totalidad de la medición de las remesas que registra el Banco de México se derive de registros contables da solidez a tales cifras. Ello ha sido reconocido por las instituciones involucradas en los aspectos metodológicos de medición y de análisis de estos flujos”. Sin embargo, el texto no cita qué registros e instituciones fueron sus fuentes y avales.
Programas fallidos

García Páez señala que no sólo en los últimos años de la administración del presidente Fox sino inclusive desde mucho tiempo atrás, se percibía y se constató que los programas de desarrollo o asistencia social – Oportunidades y Progresa– son políticas atinadas cuando se circunscriben a corto plazo; sin embargo, para estimular el desarrollo económico a largo plazo resultan insuficientes. “Se necesita otro tipo de políticas que realmente incidan sobre la ocupación, el salario y el crecimiento del producto en el país. Sólo así se evitará esa emigración de los pobres. Los programas de los últimos gobiernos no han atenuado ni eliminado la tendencia a emigrar, lo que demuestra en buena medida la inefectividad de las políticas de asistencia social”.
Al respecto, Canales Cerón refiere que el programa denominado 3 x 1, en el que participan el gobierno federal, estatal y municipal para apoyar la economía de las zonas expulsoras de emigrantes, representa menos del 0.5 por ciento de las remesas. Es decir, sostiene que “todo ese programa a nivel nacional es menor al uno por ciento y que el 99.5 por ciento de las remesas se destina a consumo en los hogares, por lo que es un engaño. Se miente al decir que se trata de un programa de desarrollo económico e inversión productiva. No lo es”.
Por otra parte, el investigador señala que los programas 3 x 1 o Mi casa en México “son transferencias que no generan desarrollo”. Al compararlos con el de Industrialización Fronteriza que existe desde la década de 1980 –programa que apoya a las empresas trasnacionales y a la maquila para instalarse en la zona franca de la frontera–, se observa que a esas empresas se les facilitó mano de obra barata, capacitación e inversión en infraestructura (comunicaciones, carreteras y aeropuertos).
En cambio, “a los proyectos con remesas como ocurre en Michoacán, sólo les dan el dinero y ¡háganle como quieran! Sin carreteras, puertos para salida ni comunicaciones. No es un programa de desarrollo integral, simplemente es una transferencia de dinero. En los hechos, es un paliativo para la pobreza y es un engaño”.
La visión de Benjamín Páez sobre el futuro es contundente. A partir de la posible entrada en vigor del capítulo VIII del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que significará el ingreso de maíz y frijol estadunidenses al agro mexicano, se incrementará la emigración hacia el país del norte: “Esa desprotección absoluta de los aranceles en la agricultura pinta un panorama muy difícil”. Por ello, a partir del 2008 resultará más complejo pensar en programas de ayuda a corto plazo.

 


Mitos y remesas


Canales Cerón hace un recuento de lo que llama mitos oficiales sobre las remesas, “son juicios que no contrastan suficientemente las fuentes y datos”. El primero se refiere al gran volumen de las remesas, que el Banxico situó en más de 23 mil millones de dólares en el año 2006. El economista explica: “Suponiendo sin conceder que la cifra de Banxico sea real, aún así las remesas representan menos del 2 o 3 por ciento del PIB, de México”.
Esa cifra podría considerar dos partidas hipotéticas:  la de los pequeños negocios de emigrantes en Estados Unidos que compran insumos en México –llamada economía étnica o economía de la nostalgia– a través de transferencias bancarias y que aparecen como remesas sin serlo; y la del probable lavado de dinero desde el narcotráfico, aprovechando las transferencias electrónicas. Aunque esa última hipótesis, carece de elementos que la sustenten, advierte Canales.
Tampoco es real que las remesas constituyan la segunda fuente de divisas del país, subraya el investigador. “Nunca lo ha sido, ni en los años ochenta ni en los noventa, ese es un mito. Nadie se tomó el trabajo de ver las cifras del Banxico y, cuando se las estudia, uno se pregunta: ¿qué pasa ahí? El comportamiento histórico de las remesas revela que el año que baja la IED, sube la exportación de maquiladoras y el año que baja el petróleo, sube la IED y la maquila. Siempre hay dos o tres fuentes de divisas mayores que las remesas, así ocurrió en 2006 y en lo que va de 2007”.
Para el analista, detrás del discurso oficial de que las remesas constituyen la segunda fuente de divisas del país, se oculta la vulnerabilidad del comercio exterior mexicano. “No hay una política de comercio y economía exterior del país; hasta ahora, ese rubro ha dependido de la materia prima (petróleo crudo) y de la mano de obra barata (maquila)”.
Sin desarrollo
El analista desmenuza el mito de que las remesas contribuyen al desarrollo del país: un 10 por ciento de la población mexicana reside y trabaja en Estados Unidos; las remesas que envían a sus familias apenas representan el cuatro por ciento del consumo interno; sólo cuatro de cien pesos del consumo en los hogares del país se financian con remesas; por ello, “las remesas realmente no son tan importantes a nivel macroeconómico” sostiene.
El discurso oficial también asegura que las remesas reducen la pobreza. Éste es otro mito muy extendido. Se afirma que esos flujos mejoran notablemente la situación de las familias de los emigrantes, pero lo que llega no es suficiente para sacarlos de pobres. En definitiva, este recurso no es una política de distribución del ingreso ni de reducción de la pobreza”, indica. 
Otro mito ampliamente difundido es que los migrantes no ahorran, que malgastan sus recursos. Canales señala que eso es falso y se remite al estudio del INEGI sobre la estructura del gasto en los hogares, que compara el gasto en los hogares con y sin remesas. “Ambos gastan la misma cantidad en los mismos rubros, con la diferencia de que los hogares con emigrantes gastan más en vivienda, pero no más que la gente con su mismo nivel de ingresos. ¿Qué hace cualquier funcionario o un burócrata de carrera cuando lo nombran director de algo y le suben el salario?: lo mismo. Lo primero será mejorar su patrón de consumo y su infraestructura, por eso es un mito decir que los migrantes tienen un patrón de consumo derrochador diferente del resto de los mexicanos”.
De acuerdo con su investigación, otro mito oficial es la tendencia al crecimiento infinito de las remesas. Canales establece que sólo aumentan esas transferencias cuando coinciden con momentos de crisis en México: “así ocurrió de 1982 a 1983, de 1986 a 1987 y de 1994 a 1995 con la crisis de la inflación. En esos lapsos las remesas repuntaron y luego siguió un periodo de estabilidad”. Entretanto, de 2001 a 2004, el crecimiento de las remesas fue estable.
En los próximos tres años, las remesas se comportarán de forma estable, con un pequeño crecimiento estimado entre cinco y diez por ciento para el periodo 2007-2010. “No hay razón para el discurso alarmista que ahora proviene del gobierno de Calderón Hinojosa”, se espera una baja en el flujo de las remesas, sostiene este investigador.

 

 

Sangría a las remesas


En el informe 2005 del Consejo Nacional de Población (Conapo) se indica que la migración de mexicanos a Estados Unidos creció en las dos últimas décadas del siglo pasado. Entre 1980 y 2004 el número de personas residentes en aquel país, nacidas en México, aumentó de 2.2 millones a 10.2 millones, es decir, se acrecentó casi cinco veces en ese lapso. Todos ellos, enviaron remesas a sus familias en México y eso significó el apogeo en las empresas que hicieron esas transferencias.
Eso obedeció al repliegue del Banxico en ese rubro, estiman los entrevistados. Sin embargo, la comisión por envío que erogan los emigrantes es tan alta que provocó su “inconformidad”, como señaló el estudio Costo de Envío de Remesas Familiares de Estados Unidos a México (julio 2005), del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, de la Cámara de Diputados.
Ese análisis estableció que, al modificarse los lineamientos que normaban el funcionamiento de las casas de cambio en 1991, surgieron empresas “que operan como negocios mercantiles y que quedaron fuera del control de las autoridades financieras del país (Secretaría de Hacienda, Banxico y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores)”. El texto señala que 49 por ciento de la población que envía remesas eroga comisiones que oscilan entre “el 5 y 10 por ciento de la cantidad remitida. Eso constituye una sangría muy importante”.
Sin embargo, la página 5 del estudio del Banxico Las Remesas familiares en México. Inversión de los Recursos de Migrantes: Resultados de las Alternativas Vigentes (Febrero 2 de 2007) destaca, en el rubro Abaratamiento de los Costos de las Transacciones de Remesas, que “en los últimos años se han reducido de manera importante los costos de transferir las remesas”.
Cita como ejemplo que han bajado hasta 12.5 dólares los envíos de dinero (de 300 dólares en promedio) desde Illinois a México, entre 1999 y 2006. Sin embargo, el texto cuya fuente de datos es la Conapo exhibe que en 2006 aún era alto el pago de comisiones: de hasta 11.9 dólares, como lo que cuesta enviar remesas a México desde Houston, Texas.
Este interés de las operadoras internacionales en el manejo de los recursos de los emigrantes resulta para Benjamín García Páez “un negocio privado, congruente con el espíritu que mueve a la nueva estrategia de desarrollo. Es decir, un Estado menos intervencionista y que genera oportunidades de inversión rentables al sector privado, aunque en este caso se da justamente en el circuito de los servicios financieros”.
El doctor en economía del crecimiento concluye que el gobierno no ha generado los mecanismos institucionales suficientes como para que las remesas se canalicen por el sistema financiero formal y, una vez ahí, sean usadas con fines de inversión. “Por omisión, yo diría, el gobierno continúa confiando en que este tipo de actividades propias de una economía internacionalizada o de una economía integrada al sector externo pueden resolver problemas no sólo de pobreza sino de generación de empleo en nuestro país”.
Para Alejandro Canales, esto significa que los trabajadores migrantes “segregados y discriminados en su país anfitrión, reciben muy bajos ingresos por su trabajo precario” y pregunta: “¿cómo es posible que alguien gane 700 u 800 dólares al mes y pueda enviar 300 o 400 dólares al mes? Naturalmente, se queda sin nada para vivir allá, son personas que están en condiciones de pobreza y envían dinero a sus familias que acá viven en situación de marginación. Esto constituye una transferencia de pobre a pobre”.
En virtud de que se mantienen los altos costos de envío de remesas, la cancillería mexicana inauguró el 24 de septiembre, la 51 Jornada Informativa del Instituto de los Mexicanos en el Exterior: Intermediación Financiera y Remesas, como un intento por “crear un mecanismo de consulta institucional entre el gobierno de México y las compañías de envío de remesas”, que impulse medidas “que redunden en mejores servicios para los mexicanos que residen en el exterior”.
Ahí estuvieron presentes 36 representantes de compañías no bancarias dedicadas al envío de dinero a México: Manuel Orozco, del Programa de Remesas y Desarrollo Rural del Inter-American Dialogue; Roberto Suro, profesor de la Annenberg School for Communication (University of Southern California); y Raúl Hinojosa, director General de NAID Center (Universty of California Los Ángeles).

 

 

Año V No. 57 Octubre 2007

 

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