Despojo en la canasta básica
Devaluado el poder adquisitivo y encarecida la dieta por los constantes ajustes de precios de los productos básicos, millones de familias son víctimas de despojo en su modo de subsistencia. Atado a la economía de mercado, el gobierno de Felipe Calderón desmantela el sistema alimentario de los mexicanos
Paulina Monroy
Con el gobierno de Felipe Calderón, el poder adquisitivo pierde valor frente a la crisis alcista de productos básicos, originada por la dependencia del país en alimentos importados y la influencia de los precios internacionales, base y referencia de los costos internos. También la economía familiar está siendo afectada por la especulación derivada de anuncios y medidas del gobierno federal, y del abandono progresivo del campo.
Después del impuesto a la gasolina votado en el Congreso, el costo de la canasta básica aumentó de manera escandalosa sin ningún tipo de regulación. Inclusive con el anuncio de Calderón sobre la postergación de la medida, los especialistas pronostican que, en 2008, habrá un descontrol de la economía, pues al incremento actual habrá que sumarle otro por la cuesta de enero y el aumento al valor del combustible.
Felipe Torres Torres, del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sostiene que el problema se agrava con los aumentos coyunturales que no tienen ningún tipo de regulación: “Estas alzas hormigas o de miedo aparentemente no impactan el poder adquisitivo, pero merman su capacidad de ingreso y aunque no se aumente en términos reales la gasolina, reetiquetan el precio del producto y la población más pobre lo resiente”.
A su parecer, que la escalada de precios sea ocasionada por el alza proyectada a la gasolina está en el imaginario colectivo y se trata de una razón inmediata, mientras que habría que considerar el factor del deterioro en el poder adquisitivo, sobre todo en un gobierno encabezado por el “presidente del empleo”.
El investigador en economía urbana y regional señala que esos incrementos no los puede controlar el gobierno debido a la economía de libre mercado, donde la demanda determina la oferta y los precios se ajustan en términos de competencia. Sin embargo, “esto no es así en productos de primera necesidad porque son de demanda diaria y estable, la oferta sube”.
Luis Lozano Arredondo, coordinador del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM, observa que, desde que entró Calderón, hay una tendencia a romper la política de estabilización de los precios, sobre todo en los básicos:
“Anualmente los empresarios incrementan el precio de sus productos de manera programada y en la medida en que les afecta la inflación. Ellos tienen su propia política que está en función de los insumos, de las materias primas, del transporte de la mercancía y de los incrementos salariales, pero luego hay momentos coyunturales como el actual, en el que el aumento a la gasolina afecta esos aumentos.”
Sobreprecio en dieta
Los especialistas coinciden en que debido al encarecimiento de productos de primera necesidad, los mexicanos se han visto obligados a renunciar a insumos indispensables (leche, frutas, pescado y carne) y aumentar el consumo de tortilla, chile, retazos y vísceras.
Bajo este supuesto, Felipe Torres Torres, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, comenta que México ocupa el lugar 70 a nivel mundial en alimentación. Según el Instituto Nacional de Nutrición, en el 2000, el 40 por ciento de la población basó su dieta en el consumo de huevo, pan blanco, tortilla, vísceras y frijoles, y el 15 por ciento de ese total habitaba en zonas marginadas donde se consume únicamente chile, tubérculos y tortilla.
Tan sólo esta última –de acuerdo con el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM– constituye la mitad de la ingesta diaria de alimentos en las familias trabajadoras, y les proporciona el 32 por ciento de calorías y el 47 por ciento proteínas consumidas diariamente.
“Hay un deterioro permanente de los niveles nutricionales, ello a pesar de las políticas sociales. Si antes el ingreso de las familias más pobres les permitía comprar 2 kilos de tortillas, ahora, con el alza de precios y el deterioro acumulado del poder adquisitivo, sólo van a comprar un kilo y medio. Si antes podían comprar diez piezas de pan, ahora el consumo se reduce a la mitad”, describe Torres Torres.
No obstante, entre 2006 y 2007, el precio del kilo de tortilla aumentó 52 por ciento, al pasar de 5.6 pesos a 8.5; el costo de un bolillo creció 7.6 por ciento, de 9 centavos ascendió a un peso; el kilo de huevo, 13 por ciento, antes valía 12.6 pesos y hoy vale 14.2 pesos; el frijol subió 8.6 por ciento, de 14.2 pesos saltó a 15.4 pesos; el retazo de pollo, 17 por ciento, alcanzando los 11 pesos; y el kilo de arroz, 7.2 por ciento, alcanzando los 11 pesos.
“Mientras tanto, el salario mínimo en la zona geográfica ‘A’ recibió un incremento de apenas 3.9 por ciento en el mismo período, por lo que fue pulverizado por tan sólo un producto de la canasta básica indispensable”, anota la investigadora de la Universidad Obrera Mexicana (UOM), Laura Juárez Sánchez, en su artículo “Política Económica Neoliberal y Salarios”, publicado recientemente en Trabajadores.
En su totalidad, la canasta básica indispensable –compuesta por 40 productos de consumo mínimo– alcanzó un monto de mil 734 pesos a la semana (247 pesos al día), es decir, desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC), aumentó casi el 700 por ciento, mientras que el salario mínimo sólo subió 231 por ciento de 1994 a 2006.
Salario Devaluado
En su análisis “Política Económica Neoliberal y Salarios”, Laura Juárez Sánchez advierte que los rezagos en el sueldo no lograron mantener la estabilidad de precios. Ello porque el neoliberalismo utiliza la política de topes salariales para mantener bajo control la inflación, así también la carrera precios-salarios tiende a que los niveles inflacionarios crezcan por encima del aumento al sueldo.
A inicios de 2007, se esperaba que la inflación se ubicara en 3 por ciento, pero el pronóstico fue rebasado en junio y registró casi un 4 por ciento, en tanto que el salario mínimo general se elevó sólo 3 por ciento.
“La fuerza de trabajo es la única mercancía que no tiene liberado su precio y el mínimo no alcanza para comprar una canasta mínima. En 1982, se podía adquirir el 94 por ciento de los productos indispensables, porque el salario era de 6.47 pesos y el precio se fijaba en 6.83 pesos. Hoy sólo se puede comprar el 16 por ciento de la canasta básica. Eso expresa una pérdida en el valor del trabajo”, expone el investigador Luis Lozano Arredondo, coordinador del CAM.
En el reporte de investigación “El salario y la necesidad de un proceso de recuperación de su poder adquisitivo en México”, el CAM describe que desde 1977 el salario mínimo se derrumbó y este proceso de deterioro salarial continúa a la fecha: “Desde que el salario mínimo en México es reglamentado en 1935, nunca había alcanzado un poder adquisitivo tan bajo como el que tiene hoy en día”.
Mientras los productos básicos aumentan su precio hasta 4 veces al año, el microsalario sólo una vez. De enero de 2006 a enero de 2007, ascendió 3.9 por ciento, es decir, subió de 48.67 pesos a 50.61 pesos al día. Según el CAM, el 12 por ciento de la población en edad de trabajar –un millón de mexicanos– percibe alrededor de mil 500 pesos al mes y “el gobierno lo justifica argumentando que de subir los salarios habría más inflación y desequilibrios económicos”.
En resultados preliminares, el Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical advierte que el ingreso mensual bruto por nivel educativo es para secundaria (3 mil 48 pesos al mes), carrera técnica (7 mil 345 pesos), carrera técnica con bachillerato (6 mil 155 pesos), bachillerato (6 mil 139), licenciatura (7 mil 496) y doctorado (6 mil 580 pesos).
Un breve estudio sobre el precio de algunos productos de la canasta básica y el salario mínimo en lo que va del gobierno calderonista concluyó que la variación de éstos ya estaba muy por encima de la inflación calculada en 3.8 por ciento en enero de 2007. En tanto el salario mínimo apenas lo rebasaba por 0.1 por ciento.
El investigador señala que el aumento salarial siempre estará en función de los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional. “Es difícil que el gobierno muestre autonomía del gran capital. Los salarios implican un costo al empresariado. Entonces, la escalda de precios es un golpe a la calidad de vida de las clases populares, un despojo de alimentos”.
Al respecto, Felipe Torres Torres, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, autor de diversos artículos sobre seguridad alimentaria, comenta que en algunos años el deterioro del poder adquisitivo ha llegado hasta el 70 por ciento respecto al precio de la canasta básica. “Quiere decir que la población tiene menos capacidad de compra y debe disminuir su calidad de vida y reducir sus niveles de consumo y bienestar”.
La horca de los precios
Según la fracción panista de la Cámara de Diputados y el propio secretario de Hacienda, Agustín Carstens, la causa principal de la escalada desmedida de precios en la canasta básica son los precios internacionales, que son la base para fijar los precios internos. De la misma forma que el maíz al inicio de este año, el trigo se elevó por agentes externos.
Laura Juárez Sánchez de la UOM expone que se elevó el costo internacional del maíz por el incremento en la fabricación de etanol a partir de agrocombustibles. La disminución de la producción de soya y trigo para este mismo fin trajo consigo la reducción de plantíos y el alza en sus costos.
A ello se suman factores como la demanda de alimentos en países como China e India, con economías que despuntan y poblaciones que crecen, y el efecto del calentamiento global, es decir, que los productos agrícolas maduren más rápido o bien la pérdida de cosechas por las continuas sequías o inundaciones.
Horacio Sobrazo Fimbres, del Centro de Estudios Económicos del Colegio de México, opina que aunado a los factores externos, a nivel interno se ajustaron los precios al alza debido a la especulación: “En México los mercados son pequeños y concentrados, estructuras oligopólicas con pocos competidores. Eso favorece la especulación y va en contra de una competencia sana. Es inevitable, aunque sería deseable, que hubiera más productores en todos los mercados para que se distribuyera toda la oferta”.
El profesor investigador predice que los costos internacionales se mantendrán elevados y observa que la regulación de precios por parte del Estado no sería la mejor solución, porque provoca mercados negros. “Lo ideal sería que hubiera organismos controladores de competencia y que la propia competencia estimulara precios más sanos”.
Devastación alimentaria
En el artículo “Política Económica Neoliberal y Salarios”, Juárez Sánchez indica que “el aumento de precios internacionales no sería tan grave para el país si la nación fuera autosuficiente en la producción de alimentos”.
Frente al quebranto del mercado nacional de alimentos, México depende cada vez más de las importaciones. Con la entrada en vigor del TLC, de 1994 a 2006 las importaciones de maíz aumentaron 150 por ciento; la entrada de trigo, 40 por ciento; el arroz, 78 por ciento; la soya, 48 puntos porcentuales, y el frijol, 35 por ciento, afirma la UOM.
A ello se suma una producción altamente deficitaria de granos –según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado– y niveles de producción muy por debajo de los socios comerciales del país. Mientras Estados Unidos obtiene 10.1 toneladas de maíz por hectárea y 7.8 de arroz, México apenas logra 2.8 y 4.9, respectivamente. En el caso del frijol, Canadá alcanza casi las 2 toneladas y México sólo 0.7.
Juárez Sánchez advierte que el sector agroalimentario fue abandonado a las libres fuerzas del mercado: “Por lo que las trasnacionales dominaron la cadena agroindustrial, permitiendo la dispersión de los precios de productos básicos, las alzas especulativas en insumos y el desabasto de alimentos”.
Las afectaciones al campo mexicano van desde el desarme de políticas de fomento agrícola y la reforma al artículo 27 constitucional –que permite que las mejores tierras se destinen a la exportación–, hasta la desaparición de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares y la abrupta apertura comercial.
Además, el aumento de la producción para exportar y la imposibilidad para que los agricultores coloquen sus productos han ocasionado la reducción del espacio de cultivo. Entre 1994 y 2006, la superficie para sembrar maíz disminuyó 11 por ciento; para trigo, 35 por ciento; para arroz, cerca del 28 por ciento; para soya, 67 por ciento, y para el frijol, 20 por ciento.
Tanto la leche como la tortilla –explica la investigadora– han sido perjudicados por estos procesos, pues ambos productos han sido objeto del alza especulativa en su costo: “El gobierno responde con la propuesta de más importaciones y más subsidios a la comercialización que sólo benefician a las trasnacionales, en tanto que otorga subvenciones insuficientes a los pequeños productores, desplazándolos cada vez más del mercado nacional”.
Saqueo en Canasta Básica
Tiempo de trabajo que requiere laborar una familia para obtener una canasta básica
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1982 |
1994 |
2000 |
2006 |
Horas |
9. 29 |
17.88 |
36.58 |
47.40 |
Variación del precio de productos básicos y salario mínimo hasta febrero 2007
Producto |
Precios
1 diciembre 2006 |
2006
Precios |
1 febrero 2007
Variación |
Leche Liconsa |
3.50 |
4.00 |
14.3% |
Tortilla |
7.00 |
8.50 |
21.4% |
Huevo blanco |
10.00 |
13.00 |
30% |
Pollo |
23.00 |
27.00 |
17.4% |
Azúcar blanca |
10.50 |
12.00 |
14.3% |
Res |
65.00 |
73.00 |
12.3% |
Salario mínimo |
48.67 |
50.51 |
3.9% |
Meta inflacionaria 3.8 %
Fuente: Centro de Análisis Multidisciplinario de la Facultad de Economía de la UNAM |
Año V No. 57 Octubre 2007
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