Economía Mundial

Bolivia, vivir sin el FMI y el BM

La nación andina vive hoy otra realidad, usa otro lenguaje político, aprende nuevos modos de manejarse con independencia y soberanía. En contraste, México aparece rezagado políticamente en la región latinoamericana

Nydia Egremy

“Nunca como en este tiempo, los bolivianos estamos al tanto de lo que significa estar en posesión del gas. Ahora sabemos cuánta reserva comprobada yace en el subsuelo; conocemos el precio de mercado más conveniente para venderlo a los países vecinos como Argentina y Brasil; sabemos de los inminentes ingresos millonarios que se repartirán para desarrollar nuestras regiones”, expresa Jorge Mansilla Torres, embajador de Bolivia en México.

Un nuevo espíritu anima a los bolivianos a partir de que, afirma el diplomático, recuperaron el control de sus recursos. “¡Al fin!, se acabó el tiempo del neoliberalismo, cuando los bolivianos decíamos con sorna no exenta de angustia que el gas es un compuesto de metano, etano y butano... que aprovechan zutano, mengano y perengano.”

Porque es cierto, explica, hasta abril del año pasado nuestro recurso hidrocarburífero era “propiedad” de 12 poderosas transnacionales, Repsol de España, Total de Francia y Petrobras de Brasil, entre otras. Pero ahora, “el gas es nuestro”.

Bolivia posee la segunda reserva de gas más importante de América Latina, después de Venezuela. A nivel mundial, Rusia, Irán y los dos países latinoamericanos forman el bloque de mayores productores de ese recurso estratégico. Conocedores del poder que ese potencial les brinda a nivel geopolítico, realizan negociaciones políticas con los países y regiones dependientes de energía fósil, como la Unión Europea y Estados Unidos.

“El gas nacionalizado, a contracorriente de la moda privatizadora, es una de las realidades que necesita la imaginación para concebir la patria que viene. La patria que no es herencia de los padres sino préstamo de los hijos”, señala Mansilla, la voz de Evo Morales en México.

Detrás de esa puja está el complejo escenario energético que planteó el informe Energy outlook elaborado por Exxon Mobil, la mayor petrolera del mundo, de capitales estadunidenses. Ahí se indica que, hasta el 2030, seguirá creciendo la demanda mundial de energía fósil; y que el gas, destinado fundamentalmente a producir electricidad, representará la cuarta parte de ese volumen.

 

Rebelión concertada

El interés por controlar la riqueza de Bolivia anima la confrontación política de los empresarios locales con el gobierno de Evo Morales, como ocurre con la alianza llamada Media Luna (que reúne a Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija). Esa ambición alimenta también la falsa disputa que mantienen las ciudades de La Paz y Sucre, por consagrarse como sedes del poder Ejecutivo y Legislativo de ese país andino.

El origen radica en la pugna de las oligarquías por reasumir el poder del que disfrutaron a partir de la explotación del gas. Antes del gobierno de Evo Morales, trasnacionales como Repsol, Enron, Petrobrás o Transredes dejaban en manos de esas elites parte de sus ganancias, “ante la tuerta mirada de los gobiernos corruptos por neoliberales”, señala Jorge Mansilla, quien destaca que, en contraste, el Estado apenas recibía como pago fiscal un 18 por ciento, contra el 82 por ciento o más que las empresas se llevaban.

“Antes, los negocios con la riqueza patria se hacían en privado, en la sombra, y así nos despojaron de la plata, del estaño, del petróleo, de las maderas. Esa expoliación, convirtió en cementerios mineros a zonas que antaño fueron riquísimas, como Oruro, Potosí y Llallagua. Reinos del estaño del señor Patiño, ese mineral estratégico para los ejércitos que libraron las dos guerras mundiales del siglo XX”, señala el diplomático.

Recuerda el gran poder de la familia de Simón Patiño, cuya mansión en Cochabamba imita la sala de recepción de Versalles, en París, y su sala de billar reproduce la mezquita de Córdoba, en España.

Tras las primeras medidas del gobierno de Evo Morales, esa realidad pasó a la historia. “El año pasado estirábamos la mano a la cooperación internacional, a la limosna, para tener sueldos y aguinaldos.

Ahora Bolivia tiene 5.8 por ciento de superávit: ¡como nunca en los últimos 40 años! A nadie como a Evo Morales se le ponen tantas trabas para frustrar su trabajo presidencial, pero también ninguno como él sortea con lucidez patriótica y solvencia política las trampas que, mal e histéricamente, manipula la derecha criolla boliviana”, subraya.

Actualmente, señala, Bolivia vive hoy otra realidad, usa otro lenguaje político, aprende nuevos modos de manejarse con independencia y soberanía. El país está demostrando que se puede vivir sin necesidad del Fondo Monetario Internacional, ni del Banco Mundial. 

En 18 meses se alfabetizó más población que en los últimos 50 años y los programas de salud han beneficiado, al menos, a 125 mil personas mayores, en alianza solidaria con Cuba y Venezuela, cuyo presidente es descrito como intervencionista por “la derecha, miope e histórica en Bolivia. ¡Vaya, pues!, si por esa palabra vamos a entender las intervenciones oculares con que se beneficia a mi pueblo. ¿Quién padece de cataratas crónicas en la visión social?”, describió.

Adalberto Santana, investigador del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), examina el nuevo escenario político y social de Bolivia.

Antes del triunfo electoral de Evo Morales –explica–, la inestabilidad era permanente y provocaba que se depusieran y renunciaran presidentes en todo momento. “Había un fervor político que generaba inestabilidad económica; hoy, esa inestabilidad ya no es tal, pese a la activa presencia de los sectores opositores en ese país.”

En ese sentido, el experto desestima la posibilidad de que el fantasma del golpismo ronde de nuevo en Bolivia. Observa que los conflictos políticos y la inestabilidad económica ocurren cuando se nacionalizan los recursos estratégicos y cuando participan otras naciones, como sucedió en el Chile de Allende.

“Ahora –comenta–, las empresas energéticas brasileñas o francesas que fueron afectadas con la nacionalización del gas en Bolivia no han generado conflictos políticos; eso ocurre porque se transformó la situación política del mundo y hace inviable la violencia.”

Sin embargo,  advierte el especialista, sí viene una mayor confrontación política entre los distintos sectores y grupos sociales que representan distintos intereses. En Bolivia, estas previsiones se enmarcan en el mismo contexto de lo que puede ocurrir en Ecuador o Venezuela, donde sectores tradicionales ligados a la llamada oligarquía –o que antes eran dominantes políticamente y hoy sólo tienen la capacidad económica de mando– perdieron la iniciativa política, e intentan lanzar los rumores de un posible golpe de estado.

Subraya que la estabilidad política garantiza el aprovisionamiento de energéticos a los países desarrollados. “Eso buscan ciertos sectores en Estados Unidos, como los grupos trasnacionales a los que interesa sobremanera los recursos energéticos de los países del tercer mundo.”

Y como ejemplo de ese pragmatismo, cita la expresión que Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal estadunidense, escribió en su libro titulado: La Edad de la Turbulencia: Aventuras en un Nuevo Mundo: “Me entristece que sea políticamente inconveniente reconocer lo que todos sabemos: la guerra en Irak se trata inmensamente sobre petróleo”.

Somos ricos

Evoca el periodista y poeta boliviano convertido en diplomático, Mansilla: “Nunca, en 182 años de república, los bolivianos supimos del control de nuestros recursos naturales. Tampoco antes administramos la plata, descubierta en Potosí en 1547 y explotada en favor de España por casi 300 años. El oro luego, la goma, la quina, las maderas, ¡el estaño dilapidado durante casi la totalidad del siglo pasado! Nunca supimos de su destino ni de sus precios. ¿Qué nos quedaba sino decir: ¡pobre mi país tan rico!”.

En menos de año y medio de gobierno el presidente Evo Morales recuperó también los yacimientos mineros, “estúpida y graciosamente privatizados por los neoliberales de derecha y de izquierda”, señala. Se refiere a la alianza que establecieron el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y el Movimiento Bolivia Libre, con el derechista Movimiento Nacionalista Revolucionario en los pasados 20 años.

Ese pacto entre partidos causó el remate de los recursos naturales y de las empresas históricas de la minería, el petróleo, la luz, los ferrocarriles, los aviones, las telecomunicaciones. El embajador boliviano califica ese escenario como el “mal de Parkinson de la socialdemocracia: había mucho movimiento y ninguna coordinación con el país”.

Ahora, en cambio, Bolivia vive de sus ingresos y ganancias lícitas. Por primera vez en 45 años hay un superávit honorable y 4.9 de Producto Interno Bruto. Por esa razón, Evo insiste: Bolivia es hoy un país viable, fiable y confiable.

¿Relaciones peligrosas?

El crecimiento industrial de México hizo necesaria la importación de gas. Así lo señaló el informe Perspectivas del gas natural en México, de la Asociación Mexicana de Gas Natural, publicado en la revista Energía a Debate (octubre, 2005). Ahí se explicaba: “Existe mucho gas natural licuado (GNL) disponible en el Pacífico, quizás más que en el Atlántico, y la opción políticamente más viable para traer GNL e incidir en el balance energético regional de América del Norte en los próximos 10 ó 15 años es que México realice esa importación”.

La búsqueda de ese combustible llevó a Vicente Fox a sellar una alianza energética con su homólogo boliviano, Carlos Mesa, en mayo del 2005. Se trató de un preacuerdo para comprar 30 millones de pies cúbicos de gas. Luis Ernesto Derbez, a la sazón canciller de Fox, afirmó que ya se redactaba el pacto para definir la “búsqueda de estructuras que le permitan al gas boliviano llegar a México”.

Bolivia proveería gran parte de las necesidades diarias de gas de México y se aseguraría un negocio a futuro. El gas andino iría a satisfacer la necesidad total de la industria y electricidad de México, explicó en esa ocasión Carlos Saavedra, el entonces ministro de Relaciones Exteriores y Culto boliviano.

Las conversaciones de Vicente Fox con los gobernantes de Bolivia para adquirir el fluido venían de tiempo atrás. Ya en septiembre de 2003, Vicente Fox y Gonzalo Sánchez de Lozada, el entonces presidente, acordaron crear una comisión binacional que realizara estudios de factibilidad para concretar ese proyecto. Nada prosperó, ni entonces, ni después, pues a la elección de Evo Morales Ayma sobrevino el mayor desencuentro histórico en las relaciones entre México y Bolivia.

Ante la declarada intención del boliviano de frenar las exportaciones de gas a México, Vicente Fox no asistió a su toma de posesión, la cancillería mexicana designó a José Antonio Zabalgoitia para asistir en su representación. Meses después, en mayo del 2006, Evo Morales, decretó la nacionalización del gas y ese recurso quedó bajo administración de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.

Una vez que ese fluido quedó bajo el control del gobierno boliviano, Vicente Fox declaró: “El nuevo gobierno, aparentemente, dijo que el gas de Bolivia no se exporta. Bueno, pues, ni hablar. Lo tendrán que consumir allí o se lo van a tener que comer allí, allá ellos”.

Antonio Peredo, dirigente del Movimiento al Socialismo, le respondió al calificar como “grosería” el comentario de Fox. Desde Sudáfrica, Morales se refirió a su homólogo mexicano de la siguiente forma: “Que no trate de humillarme a mí o a mi pueblo para defender los intereses de su país”.

En medio de esa disputa binacional quedaban los casi cinco mil quinientos bolivianos que radican en México. De ellos, unos mil 300 cursan estudios de especialización en distintas disciplinas en universidades mexicanas.

Todos continuaron con sus planes de vida en nuestro país cuando David Choquehuanca, el canciller boliviano, manifestó que el gobierno del presidente Evo Morales reconocía el triunfo electoral en México de Felipe Calderón, con lo que quedaba zanjada, de hecho, la mayor discrepancia entre ambos gobiernos en toda su historia.

Diplomacia pragmática

Para Adalberto Santana, esa situación puso de manifiesto que hoy México es un país políticamente rezagado en el conjunto de la región latinoamericana, en donde predominan gobiernos progresistas de las llamadas izquierdas.

Estimó que “México aparece con un gobierno de derecha que no representa lo que ocurre en la región, pues apenas encarna a una tercera parte de la población que votó a su favor. Es decir, se trata de un partido y un gobierno que está en minoría no tan sólo nacional sino regionalmente”.

La herencia diplomática de Vicente Fox “fue el de uno de los peores gobiernos latinoamericanos, por no decir que el peor gobierno mexicano. Dejó una fuerte herida en la región que difícilmente pueda restablecer el gobierno actual, pues internamente también tiene poca credibilidad, sobre todo ahora que se empiezan a vivir los desajustes económicos”. Por esa razón –observó– el gobierno mexicano está aislado en la región.

Precisamente, para rehabilitar esa imagen negativa de México en el exterior, particularmente en América Latina, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), un think tank de política exterior, emitió en noviembre del 2006 el Memorandum al presidente electo de México.

Ese documento proponía emprender medidas precisas de política exterior en los primeros 100 días de la administración. El título Las relaciones con América Latina y el Caribe desglosa algunos desaciertos cometidos en el gobierno foxista y sugiere: “Revitalizar el diálogo político a través de una estrategia de mantenerse por encima de las rivalidades existentes en la región, con una visión eminentemente pragmática, más allá de ideologías”.

Para Bolivia –país al que Comexi clasificó como uno de los tres focos, junto con Cuba y Venezuela– se propuso: “Activar una política específica en materia energética, por medio de un programa de cooperación en el que México ofrezca un espacio de independencia respecto a los socios sudamericanos de Bolivia. Por su cercanía con Cuba y Venezuela, las iniciativas deberán conducirse con especial prudencia diplomática”.

Las recomendaciones de esos organismos, en particular las de Comexi, evidencian la intención de ser pragmático: que México quede bien con los Estados Unidos y, al mismo tiempo, quedar bien con el resto de América Latina. Ese propósito es difícil de alcanzar porque las propuestas de Comexi no descansan en una realidad, señala el investigador del Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, quien sentencia: “mientras que en América Latina se observa el avance de gobiernos de izquierda, el gobierno de México –no el país– no se representa en ese nuevo torrente”.

En entrevista, Jorge Mansilla, el poeta que se transformó en diplomático, señaló que su país le ha dado “un timbre de orgullo político y diplomático” a su vínculo histórico con México. Y recordó que, en el siglo XIX, Bolivia fue el primer país que reconoció la presidencia de Benito Juárez, “luego de que este patricio puso nuevamente de pie a la república tras la inicua aventura colonial de Maximiliano y Carlota”.

El boliviano invita: “Queremos interesar a los inversionistas mexicanos y a Pemex para que tomen en cuenta nuestras grandes reservas de gas en sus proyectos para este siglo. La matriz industrial del mundo ha de cambiar al energético hidrocarburífero, al gas, más manejable y de extracción menos traumática que, por ejemplo, el carbón, en el siglo XIX, o el petróleo, en el XX”.

Año V No. 57 Octubre 2007

 

Esperamos sus comentarios sobre esta investigación:  

Nombre:
E-mail

Comentario:


 

 

 

 

 

 
 

Archivo | Noticias diarias | Publicidad | Directorio | Suscripciones | Contacto

Revista Fortuna. Av. Juárez No. 88, primer piso, despachos 110 y 111 Colonia Centro. Delegación Cuauhtémoc.
México D.F. C.P. 06040 | Tels: 9149-9802, 29 | Tel/Fax: 9149-9822 | Suscripciones: 9149-9802

Diseño web, Weblex, pagina en internet, Diseño de Paginas Web en Mexico. Sitio web

Recomienda