El  derrumbe de la globalización

Al desplomarse el modelo globalizador, las trasnacionales ceden y el Estado nación retoma su papel rector, con lo que el ser humano vuelve al centro de su interés. Jalife Rahme dibuja tres escenarios  representativos en donde se manifiesta este proceso: la globalización suave y reformada, la regionalización con economía mixta y el neo-renacentismo humanista

Nydia Egremy

Rusia, Venezuela y Brasil son los protagonistas del proceso desglobalizador. El modelo excluyente que promovieron los países industrializados (G7), desde la caída del muro de Berlín hasta la derrota militar de Estados Unidos en Irak, se manifiestan síntomas ineludibles que apuntan a un nuevo modelo: la desglobalización.
Así lo revela el más reciente estudio de Alfredo Jalife Rahme, titulado Hacia la desglobalización (Jorale Editores) y que en sólo dos meses llegó a su segunda edición. El analista geopolítico comparte con Fortuna los tres escenarios que delineó como los más representativos en donde se manifiesta ese proceso desglobalizador: la globalización suave y reformada, la regionalización con economía mixta y el neo-renacentismo humanista.
“Evidentemente, la desglobalización no se hubiese podido generar sin la derrota militar de Estados Unidos en Irak, que le proveía al modelo económico y financiero eminentemente plutocrático de la globalización su paraguas nuclear”. Por esa razón, en la fase de la desglobalización, la restitución libertaria es más económica y financiera que política, sostiene el académico.
En ese sentido, la desglobalización significa el momento en que la globalización, totalmente exhausta, es obligada a considerar la vigencia del Estado-nación y la vuelta al ser humano. Y eso ocurre cuando ya se enterró al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y Sudamérica avanza hacia un nuevo Consenso de Washington –que impulsa la regionalización– al tiempo en que declinan en el mundo la fortaleza anglosajona y su modelo neoliberal.
Para que sobrevenga la desglobalización, deben tocar fondo las expresiones económica y financiera de la globalización. Jalife-Rahme explica que de acuerdo con las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la globalización económica se caracteriza por la desregulación (no hay supervisión gubernamental), gran operatividad en los paraísos fiscales de las trasnacionales para evitar el pago de impuestos y por la creación de “exóticas burbujas especulativas mediante los derivados financieros de alto riesgo (hedge funds)”.
La globalización financiera es la expresión del control de las siete principales potencias tecnoindustriales: Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Japón y Canadá; todas ellas integrantes del G7. En ese universo operan también las principales plazas bursátiles de Wall Street y City (británica) con las que conviven las más importantes corredurías del planeta: Citigroup, HSBC, Goldman Sachs y JP Morgan, entre otros.
Para Jalife-Rahme, estas firmas constituyen “las grandes lavaderas de dinero”. Y advierte que la desglobalización financiera “no tardará demasiado y significa el último clavo en el féretro del poder evanescente de la banca israelí-anglosajona”. Ése es el rol actual de la Rusia de Vladimir Putin al jugar su carta petrolera con gran acierto. “Hace que Rusia resucite del cementerio; entra en 2000 y en seis años ya es la tercera reserva de divisas a nivel mundial, tiene la primera reserva de gas y es la segunda reserva de oro.
Esto logró ocurrir porque Putin le quitó la autonomía al Banco Central. “¡Claro! Ése es el modelo, subraya Jalife, con el simple hecho de existir, Rusia representa un dique al irredentismo anglosajón”.
De acuerdo con el geopolitólogo, la actual fase de desglobalización supera la añeja dicotomía ideológica de la guerra fría entre derecha e izquierda. Y ahí es viable un neo-renacentismo humanista donde el ser humano vuelva a ser el eje principal e inmutable de la creación en lugar del mercado. Ésa es la gran expectativa.


Tres escenarios
En el primer escenario, el autor destaca que Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001 y George Soros anunciaron la necesidad de “humanizar a la globalización financiera”. El Nobel afirmó: “El sueño americano está muerto” y recientemente se manifestó a favor del software libre (Linux) al criticar el monopolio informático de Microsoft cuando señaló: “la globalización ha favorecido a Gates, no a la mayoría”.  
Ante esas expresiones, Jalife pregunta con ironía: ¿La globalización anterior era para bestias? Critica a Stiglitz y a Soros de intentar infructuosamente suavizar y reformar la actual etapa de la globalización para transformarla en una “globalización democrática”. Afirma que fue precisamente Stiglitz quien colaboró activamente en la expansión del modelo globalizador a lo  largo de la década de 1990, cuando se vivieron las turbulencias financieras que beneficiaron unidireccionalmente a la banca israelí- anglosajona.
En su libro Hacia la desglobalización, Jalife precisa que, en la fase financiera, la globalización con banca es el paradigma. Ahí, “brilla intensamente el caso de los hermanos argentino israelí mexicanos Werner Wainfeld, en México, quienes desde sus puestos en la Secretaría de Hacienda operaron el Fobaproa/IPAB (el mayor fraude financiero en la historia de este país), en colusión obscena con la banca de inversiones Goldman Sachs, la gran beneficiada del efecto Tequila, que le costó a México entre 70 mil (Zedillo dixit) y 90 mil millones de dólares (Salinas dixit)”.
El segundo escenario de la desglobalización es el de una regionalización con economía mixta. El ejemplo más notable es Sudamérica, que constituye una de las regiones más creativas en geopolítica y geoeconomía del planeta, indica Jalife. A esa apreciación se suman, incluso, pensadores proclives a subrayar los efectos positivos de la globalización, como Rawi Abdelal y Adam Segal en su análisis publicado en Foreign Affairs (enero-febrero, de 2007).
En esa publicación, ambos economistas preguntan si había pasado ya el pico de la globalización. En su examen, Abdelal y Segal reconocen el dinamismo político-económico de la región y dicen que “ha reafirmado su autoridad en los proyectos extractivos que habían cedido a las empresas foráneas”. Tras el señalamiento de esos analistas, Jalife puntualiza que el segundo escenario de la desglobalización es América del Sur, entre otras razones, porque sus mandatarios en su conjunto han captado perfectamente el significado de la relevancia geoestratégica del oro negro.
Desafortunadamente, aprecia, en esa dinámica desglobalizadora no se encuentra México. “Por desgracia, a los aldeanos neoliberales mexicanos, con el fin de salvarse de la hoguera infernal de la quiebra financiera, les urge regalarlo a las trasnacionales texanas y españolas”, señala. Es innegable que los mandatarios de Sudamérica van varios pasos adelante en la transformación del nuevo orden mundial.
La lectura geopolítica de Jalife en ese segundo escenario de la desglobalización radica en que “se puede estar de acuerdo o en desacuerdo, pero la realidad es que la región se mueve en sentido opuesto a los intereses de las trasnacionales neoliberales de Estados Unidos”. Y como ejemplo señala que en la reciente cumbre sudamericana en Cochabamba se adoptó el plan para operar pronto una divisa común en lugar del alicaído dólar, movimiento que ya inició el Mercosur en forma temeraria.
Dice que “los sagaces mandatarios de Sudamérica se liberan de sus ataduras en proporción al número de sus nudos gordianos, y cada país, de acuerdo con sus propias circunstancias idiosincrásicas, adopta medidas puntuales que hubieran sido impensables antes de la ilegal invasión unilateral de la dupla anglosajona (Estados Unidos y Gran Bretaña) a Irak”.
De esa manera, Sudamérica, más que Latinoamérica, acelera su rompimiento con el decálogo neoliberal del Consenso de Washington que impuso la unipolaridad estadunidense en 1991, tras la caída del imperio soviético. “Rompieron con el ALCA, expulsaron a patadas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial y van a crear el Banco del Sur, expresa el analista quien manifiesta un deseo compartido por muchos: “Ojalá que no se peleen Chávez y Lula, sería un error y si lo hacen los vamos a regañar”.
Otro ejemplo exitoso de regionalización es la Unión Europea. Ahí se pone en práctica la regulación económica acompañada de un modelo socialdemócrata de libre mercado. Un esquema similar se pone en práctica en China –a quienes les conviene el libre mercado, pues van ganando– afirma Jalife quien agrega: “Le doy mucho vuelo al modelo de Sudamérica, creo que es la zona de más creatividad geoeconómica del planeta”.
Sin embargo, es el tercer escenario de la desglobalización el que vuelve al ser humano. Constituye lo que el investigador denomina el neo-renacentismo humanista o socialismo del siglo XXI. “Cuando lo escribí tuve miedo. Fue allá por la época de satanización y exorcismo de Hugo Chávez”, pues se refiere al reposicionamiento geopolítico de Venezuela, que en los últimos tres años es el país que más ha crecido en América.
“Stiglitz, acaba de echarle porras diciendo que está creciendo a dos dígitos y en respuesta, Vicente Fox dijo que Chávez había comprado al premio Nobel por un barril de petróleo; eso es para los Bribiesca, no para un Nobel”.
Jalife, que se describe como un humanista florentino del siglo XVII, afirma que su análisis reposa en datos duros “no entro aquí porque me caigan bien o mal los neoliberales, la nueva ecuación del siglo XX es el dólar derrumbándose y el oro y el petróleo al alza”. La globalización económica, se ha derrumbado y su naturaleza es híbrida: por una parte, está el G7 trasnacional con un grupo de países emergentes como el BRIC (liderados por Brasil, Rusia, India y China) con un gran potencial de empresas estatales y trasnacionales.
En el BRIC, los países tienen muy buenas relaciones con el mundo árabe y con Irán, ése es el nuevo orden extrapolar y vamos hacia la multipolaridad. Señala el autor del advenimiento de la desglobalización que si volviera a escribir este libro, le apostaría más al modelo del socialismo del siglo XXI: “venimos de un péndulo neoliberal que ahora irá hasta el otro extremo. Del centro armónico balanceado podemos ver otro retorno al socialismo; ahí pongo mi lado romántico, utópico, el del neo-renacentismo del siglo XXI, que es el retorno del ser humano de menor a mayor valía”.
Por esa razón, Jalife Rahme aprecia el éxito que tuvo la presentación de su libro en días pasados en donde se convocaron más de mil personas. “No es que se trate de que yo lo digo, pues llevo 30 años hablando y escribiendo de lo mismo, se trata de que las personas quieren escuchar un discurso diferente”.

 

México, fuera

Entre los países emergentes con potencial desglobalizador, Corea del sur es un importante actor. En 1982, esa nación asiática tenía per cápita, la mitad del producto interno bruto de México y ahora, tiene el doble. “Algo pasó en 25 años; el modelo neoliberal al que Corea le apostó se tradujo en investigación y desarrollo; en tanto, nosotros le apostamos al IFE y ahí está el resultado: no tenemos ciencia ni horizonte científico y eso es grave.
“Nos changarrizaron, nos mercantilizaron. Miguel de la Madrid nos desindustrializó pues éramos la séptima potencia mundial. Por esa razón, así como al imperio otomano le llamaban el hombre enfermo de Europa, yo a México le llamo el país enfermo de América. Se está resquebrajando y sin horizonte, siguen apostando al modelo de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), después de que fracasó el viejo modelo”.
Ese modelo vació al 25 por ciento de la población del país, señala el experto quien subraya que los emigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos son refugiados económicos: “van a buscar la libertad económica que no tienen en México”.
De acuerdo con Jalife, México “jugó mal, apostó al TLCAN, a la carta unilateral y unipolar de Estados Unidos y perdimos. Es decir, os neoliberales no sólo nos llevaron al fracaso financiero y económico, sino que nos llevaron al fracaso geoestratégico, que es mucho más grave. México está a la deriva”. (NE)

 

 

 

Regionalismo de gigantes

En la desglobalización se da un proceso regionalizador de gigantes. Se trata de países grandes en términos territoriales. Estados Unidos, con más de 9 millones de kilómetros cuadrados, la Unión Europea  con 27 miembros que posee con un poco más de 4.3 millones de kilómetros cuadrados –un poco más del doble de la extensión territorial de México–, China más de 9 millones, Rusia con más de 18 millones de kilómetros, India con poco más de 3 millones y Brasil con cerca de 8 millones de kilómetros.
Son países territorialmente grandes, con grandes recursos y con una gran población. Todos, salvo Rusia con apenas 60 millones de habitantes, están por encima de los 200 millones (India  tiene más de mil millones y China, mil quinientos). Aunque todos tienen sus vulnerabilidades, también son expresión de gigantismos, además, todos poseen bombas nucleares a excepción de Brasil, aunque tiene proyecto nuclear.
En este conjunto, el único que tiene petróleo y gas y es autosuficiente es Rusia. El resto es dependiente de la energía. En medio de estos gigantes, señala Jalife, están los países “pivotes”, que en un momento determinado del proceso desglobalizador pueden definir el juego entre esos seis grandes. Ése es el caso de Venezuela, que tiene la primera reserva de petróleo mundial –sumado el convencional y el no convencional–, seguido de Irán que tiene la segunda reserva mundial de gas del mundo.
Para el politólogo, Irán es un Estado interesante, ya que tiene frontera con 16 países (por eso saben de geopolítica y en México, no sabemos ni manejarla pues sólo atendemos una frontera y sin saberla manejar). Jalife dice en broma que Irán posee 18 fronteras, pues con la Armada de Estados Unidos en el Pérsico e Israel en la región, tiene dos fronteras de tipo espacial, no terrestres. En síntesis, hay un gigantismo y los países pequeños tienden a desaparecer: o se regionalizan o se balcanizan. (NE)

 

Año V No. 58 Noviembre 2007

 

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