Cuba pérdidas millonarias por bloqueo
Durante 2006, el bloqueo económico contra Cuba ocasionó pérdidas por más de 250 millones de dólares tan sólo en el sector agroindustrial. Luego de 47 años del cerco economicofinanciero y de la condena mundial a la medida estadunidense, en Cuba se buscan caminos para disminuir la dependencia alimentaria y hacer productivas más de un millón de hectáreas de tierras ociosas
Erika Ramírez / David Cilia, fotos / enviados
La Habana, Cuba. Pérdidas por más de 250 millones de dólares en la agroindustria son el resultado del embargo económico que sostiene el gobierno de Estados Unidos contra la isla, revela el Informe de Cuba sobre la resolución 61/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, entregado por el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, al organismo multinacional.
Con el objetivo de “causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno” –según apunta un memorando redactado en 1960 por el entonces secretario de Estado estadunidense, Lester Dewitt– el cerco comercial y financiero, que se mantiene desde hace 47 años, ha deteriorado severamente la actividad productiva y comercial de la agroindustria.
El renglón: “Afectaciones del bloqueo en los sectores de mayor impacto social” señala que el rubro más afectado es el de la alimentación, pues superó los 258 millones de dólares (2 mil 838 millones de pesos), de mayo de 2006 hasta abril de este año, según los cálculos oficiales.
Y es que las restricciones a las importaciones de Estados Unidos y subsidiarias del mercado han golpeado la elaboración de alimentos para el consumo de la población, ya que con una cifra equiparable a las mermas, dice el documento, la administración que encabeza Fidel Castro Ruz pudo haber suministrado a sus habitantes con 180 mil toneladas de frijol, 72 mil toneladas de aceite de soya, 300 mil toneladas de maíz y 275 mil toneladas de trigo, productos básicos en la dieta de los cubanos.
Ante este panorama, el pasado 30 de octubre se llevó a cabo la votación que exige poner fin al bloqueo en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, donde 184 países condenaron el embargo contra cuatro que lo ratificaron: Estados Unidos, Israel, Palau e Islas Marshall.
Días previos al sufragio el mandatario estadunidense, George Bush, advirtió que continuará el cerco comercial, que lleva casi medio siglo, hasta que el gobierno cubano “adopte, tanto de palabra como en los hechos, las libertades fundamentales”.
Trabas comerciales
El informe, entregado por el canciller cubano, precisa que las transacciones de 2006 tuvieron un impacto negativo por 62 millones 800 mil dólares (690 millones 800 mil pesos), como resultado de la ausencia de relaciones bancarias entre ambos países, de la aplicación de un mecanismo complejo de licencias para la exportación y transportación de mercancías y de los demorados procedimientos para que especialistas veterinarios y fitosanitarios viajen a Estados Unidos a visitar las instalaciones productivas.
Entre los casos documentados hay un déficit de más de 180 mil dólares en arroz y granos básicos, luego de que por abastecimiento en un volumen superior de estos e insuficiente capacidad de almacenamiento, los productos se contaminaron.
Los inventarios en exceso de estos productos se valoraron en 28 millones 829 mil dólares (317 millones 119 mil pesos), incurriendo en un gasto adicional de 5 millones 765 mil dólares. El año pasado, el almacenamiento de éstos, por un periodo prolongado y en condiciones de un clima tropical, provocó que se perdieran aproximadamente 189 mil 462 dólares por plagas.
Para esas mismas fechas, la empresa Refinadora de Aceite de Santiago de Cuba solicitó la adquisición de equipo al proveedor Neruda Internacional, Ltd. Una vez realizado el contrato, el fabricante alemán API Schimidt-Bretten Gbmh & Co. KG retiró del aeropuerto las mercancías por ser una subsidiaria norteamericana.
Según indica el balance, el proveedor Neruda trató de materializar lo pactado a través de una empresa de otra nacionalidad; sin embargo, la acción no prosperó pues la compañía alemana nuevamente frenó el embarque con el pretexto de las regulaciones del bloqueo.
La operación “provocó que la empresa cubana continuara la producción durante tres meses sin realizar cambio de juntas de placas, afectando los rendimientos y la calidad del producto terminado, con una disminución de la capacidad de producción en la refinadora que implicó una afectación de unos 264 mil dólares (2 millones 904 mil pesos)”.
Además, ante la imposibilidad de adquirir 40 bombas Wilden y sus accesorios, necesarias para la producción de yogur de soya, así como 30 compresores de refrigeración marca Sabroe para la industria láctea, las compañías isleñas gastaron adicionalmente el 25 y 22 por ciento, respectivamente, que en conjunto ascienden a unos 711 mil dólares (7 millones 812 mil pesos).
“Las bombas Tilden son producidas solamente por Estados Unidos y comercializadas por subsidiarias de éste en el mundo. Los compresores marca Sabroe, pertenecían a una compañía que fue adquirida por una firma norteamericana, lo que nos obligó a procurar otra marca comercial para sustituirlos”, dice el informe.
Las transacciones financieras a través de bancos que tienen su matriz en el país norteamericano son otro obstáculo para la economía caribeña. Ejemplo de ello es la empresa Coracan, de capital cubano-canadiense, constituida para producir y comercializar alimentos de preparación instantánea.
La compañía resultó afectada luego de la cancelación de apertura de créditos “por parte de un banco radicado en un tercer país”, en respuesta a que las regulaciones de su casa matriz en Estados Unidos le impedían hacer pagos por concepto de embarques destinados a Cuba. Lo anterior significó el incremento del 80 por ciento en sus gastos financieros. Posteriormente, un hecho similar con otro banco provocó la pérdida de 49 mil 500 dólares (544 mil 500 pesos).
Dependencia alimentaria
Además de las consecuencias que trae consigo el bloqueo económico, recrudecido en la administración de George Bush, la agricultura cubana presenta problemas estructurales, toda vez que hay una gran extensión de tierras improductivas (consecuencia de la falta de inversión) y prácticas burocráticas que impiden agilizar los modos de producción.
Armando Nova González, doctor en ciencias económicas de la Universidad de La Habana, dice que actualmente en este sector se tiene alta dependencia de las importaciones. En contraste, añade, el país tiene aproximadamente el 51 por ciento de tierras ociosas; es decir: un millón 100 mil hectáreas en las que no se produce y 2 millones 200 mil hectáreas de pastos naturales con poca densidad de animales por área.
“Esto nos hace pensar que hay casi 3 millones 300 mil hectáreas que pueden incorporarse efectivamente a la producción de alimentación, opuesto con la gran dependencia de la importación”, precisa el también profesor titular del Centro de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana.
El especialista en el sector agropecuario explica que “los rendimientos cultivos, excepto la papa, frijol y otros granos, suelen ser bajos respecto a los que se registran en América Latina, y en consecuencia no tenemos una reserva productiva. Ése es un problema que se ha venido agravado en los últimos años”.
Para solucionar ese problema, a principios de la década de 1990 –cuando la crisis económica cubana sufrió los impactos de la restricción financiera externa-–, se transforma la gran empresa estatal y se crean Unidades Básicas de Producción Cooperativa, que descentralizaron algunas actividades de mercado. No obstante a casi 20 años de su creación, las cooperativas han sido absorbidas por el sistema burocrático.
Además se hizo la reapertura de mercado libre de oferta y demanda, donde el productor podía participar, pero la fluctuación en los precios del mercado ocasionó que no entraran los productos suficientes y esto se sumó al déficit de la producción.
“Esto trajo como consecuencia un incremento importante en los precios de los productos alimenticios, particularmente en el mercado libre donde la población necesariamente tiene que acudir de forma frecuente ya que los alimentos que le llegan por la vía del sistema normado no cubren sus necesidades”, explica el investigador.
Descentralización productiva
Para hacer más eficiente el trabajo en el agro cubano, dice el especialista, es necesario descentralizar todas las unidades productivas y que los campesinos dispongan de autonomía para decidir sobre cómo combinar eficientemente los factores productivos, obtención de recursos, disposición del producto final, y goce de beneficios económicos, con el fin de materializar el “sentimiento de dueño”.
Además, el académico enfatiza que se debe resolver el problema de indefinición del término usufructo, que encierra un grado de incertidumbre entre los productores. Asimismo, aplicar el arrendamiento de las tierras con el establecimiento de derechos y deberes, y dejar claramente definidos los términos de propiedad jurídica y propiedad económica.
El papel del Estado debe ser “como el de un elemento más que acude al mercado, pero vela por el comportamiento adecuado de los precios, actuando como regulador en busca del equilibrio de la oferta y la demanda, los precios y el interés del consumidor y los mecanismos económicos apropiados”, expone Armando Nova.
Entre las propuestas, que el investigador ha llevado al Ministerio de Agricultura para su análisis, se plantea la promoción de una mayor inversión extranjera en las diferentes ramas del sector, “iniciando por aquellas que registran mayores niveles de deterioro productivo y pueden tener un proceso recuperativo en la producción de alimentos con destino al mercado interno y la sustitución de importaciones, generación de fuentes energía renovables y de fondos exportables”.
Para realizar estas operaciones, es necesario que se permita una inversión de hasta el ciento por ciento por parte del capital extranjero, y no bajo el esquema que se tiene actualmente, en el que el Estado cuenta con el 51 por ciento de la sociedad mercantil y el 49 por ciento es capital foráneo.
Uno de los cálculos que hace el especialista, tan sólo en la producción de caña, es de aproximadamente 500 millones de dólares para fortalecer la agroindustria a largo plazo. Esta inversión puede iniciar con un capital de 20 o 30 millones de dólares e ir en ascenso.
Las medidas de transformación del país son de carácter urgente y “se debe comenzar por el sector agrícola, que tiene un efecto multiplicador muy importante en la economía. Si se liberan fuerzas productivas y se facilitan los mecanismos, repercute a favor de la industria ligera, alimentaria, comunicaciones, mecánica y eléctrica, con un derrame económico importante.
“Hoy somos muy vulnerables alimentariamente, tenemos una alta dependencia; y si reconfortas el sector, disminuye la dependencia. El problema de la alimentación es un problema no resuelto y esto no ha sido por falta de voluntad política, ahora hay que buscar los elementos necesarios para facilitar el desarrollo”, concluye Armando Nova González, doctor en ciencias económicas de la Universidad de La Habana.
Otros saldos del embargo
Otros sectores sociales perjudicados por el bloqueo económico son: salud, educación, cultura y transporte. El déficit de estos cuatro rubros se equipara con los perjuicios en agricultura, por más de 250 millones de dólares.
En el periodo de mayo de 2006 a abril de 2007, los daños en el Sistema Nacional de Salud sobrepasaron los 30 millones de dólares. El Informe de Cuba sobre la resolución 61/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas precisa que las instituciones del sector, que brindan atención médica gratuita a toda su población, “han visto afectados sus servicios de urgencias, atención al paciente grave, unidades quirúrgicas y otros servicios especializados… al no lograrse acceder a medios de diagnóstico o medicamentos de última generación”.
En el rubro educativo, el mantenimiento y reparación de edificios escolares, así como la reposición de mobiliario y equipos, han tenido que ser adquiridas en terceros mercados, lo que implicó erogaciones adicionales por 870 mil 370 dólares.
Otra área que atraviesa por severas dificultades, puntualiza el informe, es la de intercambio académico con otros países, “debido a la aplicación férrea de las regulaciones del bloqueo”.
Además, el embargo comercial y económico, provocó que 20 millones 365 mil dólares no fueran invertidos en la cultura. “Como medida del endurecimiento de las medidas del bloqueo, especialmente en materia de intercambios culturales entre ambos pueblos, en 2006 no se pudo firmar ningún contrato comercial que permitiera la actuación de agrupaciones cubanas en Estados Unidos”.
De acuerdo con el análisis entregado a la ONU, el impacto financiero en el transporte fue de 208 millones de dólares –el más afectado de los sectores sociales, después del agropecuario–, ya que no se han podido adquirir los equipos necesarios para el mantenimiento de locomotoras, autobuses y otros, pues la mayor parte de los dispositivos son fabricados en Estados Unidos y Canadá. (ER) |
Año V No. 58 Noviembre 2007
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