Discusión ambiental y mercados financieros
Wojciech Szatzschneider*
La discusión ambiental ocupa uno de los primeros lugares en todos los medios de difusión. En la Universidad Anáhuac se desarrolla una metodología nueva para soluciones globales al deterioro ambiental, y por tanto quisiéramos formar parte de la discusión.
El proyecto fue dado a conocer en diversos foros internacionales y todo parece indicar que logrará la incorporación de varios investigadores y luego podrá ser llevado a aplicaciones.
Recientemente la Universidad Anáhuac estableció una alianza con riskmathics.com (empresa líder en el campo de Consultoría, Educación e Investigación en Finanzas Cuantitativas y Administración de Riesgos) para ofrecer cursos de alto nivel en el ámbito de finanzas.
En 2008 se ofrecerá precisamente un curso sobre tópicos ambientales con un análisis crítico y detallado de diversos enfoques financieros.
El proyecto es el siguiente:
1. Con mayores impuestos ambientales y compensaciones obligatorias y voluntarias se crea un fondo.
2. Este fondo es administrado en forma de fideicomiso por una institución financiera.
3. Con los fondos se emiten certificados de mejora que se puedan canjear después de un periodo.
Es de esperarse que haya instituciones financieras dispuestas a hacerlo sin ganancias, en parte como acción promocional. La propuesta de cómo deben ser los certificados está basada en la metodología de agente-principal, siendo la naturaleza el principal.
Los agentes serían tenedores de certificados adquiridos por un precio o en problemas forestales habitantes de un área específica los obtendrían sin costo alguno. El problema general conocido como agente-principal consiste en la emisión de certificados tales que, bajo la actuación óptima, desde su punto de vista de agentes, proporcionen al principal la máxima utilidad.
Los certificados serían negociables, lo que podría generar su concentración en manos de un agente y así individuos más poderosos tendrían la fuerza necesaria para aplicar estrategias que optimicen sus utilidades.
Claramente la optimalidad exacta de certificados dependería de modelos utilizados en su análisis. La construcción de modelos ambientales precisos, basados en el análisis de costo-beneficio, representa la mayor falacia. Nadie puede responder a una pregunta tan sencilla como: ¿cuánto vale un árbol?
En la propuesta certificados buenos, cuyo pago crecería con el decremento de contaminantes, contribuirían positivamente a las mejoras ambientales independientemente de modelos utilizados.
El análisis más y más preciso, pero siempre conjunto con aplicaciones directas de métodos, está acorde con las tendencias de finanzas modernas. Hemos analizado diferentes modelos con menor o mayor grado de dificultad matemática, pero por lo pronto sin referencia alguna a la realidad ambiental. El método aprovecharía en su totalidad lo que se llaman mecanismos de mercado.
Hace poco me asusté en el nombre de la madre naturaleza al leer dos artículos del secretario del Medio Ambiente del Reino Unido, David Miliband –Newsweek, 4 de diciembre y 12 de febrero–, defendiendo con un tono imperial el famoso reporte de Sir Nicolás Stern. En el Reporte, Stern se “demuestra” que si no tomamos medidas adecuadas, habrá una caída en el producto mundial de 20 por ciento. Por otro lado, mitigar cambios climatológicos adversos, tendría un costo de apenas uno por ciento.
Estas cifras representan un claro abuso de la ciencia y es difícil encontrar un análisis económico tan alejado del razonamiento científico serio. Hay que mejorar el medio ambiente. No hay duda de esto, pero no se vale Gastar Millones y millones en un panel de expertos que llega a la conclusión de que la temperatura aumentará unos tantos grados centígrados (sin un valor preciso) y que esto es probablemente causado por la actividad humana (por ejemplo, estudios serios hechos en la Universidad de Concordia, en Montreal, muestran que todavía no hay evidencias del aumento y la intensidad de huracanes en fechas recientes).
En el artículo de Miliband leemos también que la deforestación puede ser frenada, si a la gente se le proporciona un método alternativo de ganar dinero. Esto recuerda algunos proyectos “forestry”. Hay grupos en países desarrollados que consideran que la gente local, local people, debe recoger productos del bosque y venderlos en mercados locales.
El secretario Miliband debería saber quién es el verdadero responsable de la deforestación. En general, su artículo puede ser resumido así: si hacemos las cosas bien, entonces el futuro será luminoso. Es el típico discurso político sin propuestas concretas.
Existe, y está en uso, un método (diferente de la propuesta que presento) para mejorar el medio ambiente llamado Cap and trade, de ahí se deriva la aplicación mediante permisos para contaminar Permits to Pollute. No obstante, para que este método sea aplicado en forma eficaz se necesitan acuerdos globales.
Todos sabemos que Estados Unidos –junto con algunos otros países– no firmó el Protocolo de Kioto. En Europa están muy orgullosos de sus acuerdos (European Union Greenhouse Gas Emission Trading Scheme), pero desgraciadamente los resultados no son muy prometedores. Por ejemplo, en Polonia se usará más carbón para la producción de la energía, por tanto, se emitirán más contaminantes.
Los permisos para contaminar son lineales en su naturaleza. Si alguien tiene el permiso de la emisión de contaminantes X y genera X+2D, puede comprar el exceso de una contraparte 2D pagando el precio solamente dos veces más alto que si genera X+D.
Existen muchas otras distorsiones, tales, que han causado prácticamente la caída de los precios de permisos en el año pasado. A su vez, sí hay estudios serios para establecer el precio correcto que se debería pagar por la emisión de una tonelada de bióxido de carbono –probablemente el más adecuado se realizó recientemente en ETH, de Zurich–, no obstante, esos estudios se basan en precios futuros de combustibles y en las estadísticas necesarias en precios históricos.
Aquí está el problema. La famosa frase lies, damn, lies, and statistics sigue siendo muy válida en este tipo de estimaciones.
Podemos leer que México entró al mercado de carbono, pero las reglas claras todavía no se deciden (es extremadamente difícil establecerlas).
Consideramos que la metodología de Agente-Principal proporciona soluciones mejores, es más clara. Si los certificados abarcaran entidades más grandes –industrias, países o continentes, ¿por qué no?, automáticamente generarían la creación de acuerdos y la cooperación de todos.
Es importante mencionar que los certificados pueden generar automáticamente los llamados equilibrios competitivos, de John Nash, iguales a los de una cooperación, lo que normalmente no ocurre. Un equilibrio de Nash puede ser descrito como sigue: un agente observa lo que hace el otro y actúa en forma óptima desde su panorama. El segundo agente hace lo mismo. El equilibrio es el punto en común que se obtiene resolviendo unas ecuaciones matemáticas.
Una verdadera cooperación proporciona aún mejores resultados. Ésta se refleja en la fusión de certificados y así generando acción conjunta de agentes, como por ejemplo transferencias de tecnología. De este modo, certificados abarcarían realmente entidades aún más grandes de su emisión original.
En la Universidad Anáhuac buscamos una cátedra para estudios de optimalidad robusta de certificados (los que no dan una importancia excesiva a modelos específicos) y también para empezar con una semilla el fondo que quisiéramos aplicar en su primera fase a reforestación.
Es importante mencionar que el análisis moderno de problemas financieros asume una metodología parecida: tomar decisiones que lleven a la protección de fondos bajo diversos escenarios. En su parte analítica, esto lleva al concepto de medidas de riesgo, un concepto que nace, se desarrolla y aplica en instituciones financieras en el siglo XXI.
Finalmente quisiera proporcionar un ejemplo, uno de tantos, como permisos para contaminar distorsionan lo que se pretende hacer para lograr mejoras ambientales.
Una planta que emitía contaminantes compró virtualmente (es decir, pagó un precio sin un cambio de propietario) plantaciones de mango en La India. Debido a que los árboles absorben bióxido de carbono, la empresa ahora puede contaminar todavía más.
*Escuela de Actuaría, Universidad Anáhuac, México Norte.
Correo: wojciech@anahuac.mx
Año V No. 53 Junio 2007
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