Banca de desarrollo

En agonía la banca de desarrollo

La banca de desarrollo no impulsa la inversión y productividad de los sectores del país, sostiene la Auditoría Superior de la Federación, pues la consigna del Estado es debilitarla y eventualmente desaparecerla 

Paulina Monroy

 

Las instituciones públicas de fomento se precipitan al deterioro financiero. Sin utilidades y en déficit, la banca de desarrollo sufre pérdidas patrimoniales, mientras cae la demanda crediticia y aumenta la cartera vencida. 

Lejos de procurar que mayores recursos fluyan a través del sistema financiero y propiciar el desarrollo económico, en los últimos años el aparato bancario paraestatal se ha dedicado a invertir en valores gubernamentales, reducir la colocación de créditos, centralizar la oferta y entregar solvencias a corto plazo, que no promueven la productividad. 

En la Evaluación de las Actividades de Fomento que llevaron a cabo las Instituciones Financieras Públicas, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) observa que “tanto el activo como el pasivo de la banca de desarrollo han tendido a disminuir de manera significativa y hay una clara tendencia a financiar con menores recursos a los nichos de mercado”. 

Limitada en operaciones, infraestructura y servicios, la banca pública no atendió de manera satisfactoria a los sectores que no son apoyados por la banca privada, tampoco garantizó un adecuado servicio a la pequeña y mediana empresa (Pyme) y sólo dos instituciones de fomento efectuaron operaciones crediticias ante los intermediarios financieros.  Ello, en contravención al Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 y el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo (Pronafide).  

Con excepción de las instituciones que tienen definida su población objetivo, “el resto no está impulsando con eficacia la inversión y productividad de los diversos sectores y actividades económicas del país”, apunta la ASF.  

Política Restringida

El flujo de efectivo de la banca de desarrollo se redujo e incluso se registró un balance deficitario, sobre todo en el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) y en Nacional Financiera (Nafin).

Lo anterior obligó al gobierno federal a transferir recursos que ascendieron a 15 mil 360 millones de pesos, “siendo el Banco Nacional del Ejército, Fuerza Aérea y Armada (Banjército), Nafin, Bancomext y el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi), las instituciones que recibieron recursos para ser capitalizadas.

“La política crediticia restrictiva adoptada para evitar el deterioro financiero, ocurrido por una menor demanda crediticia del sector público, y la competencia de instituciones financieras, aminoró la colocación de créditos y la recuperación crediticia”, señala el órgano fiscalizador. 

Así por ejemplo, las entidades federativas y locales –que el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras) atiende– prefirieron otras fuentes de financiamiento con menor costo y requirieron menos recursos, como resultado de un mayor reparto del presupuesto de la Federación.

Por institución, la disminución del activo se dio principalmente en Nafin, Bancomext y Banobras. De 2002 a 2005 sufrieron una depreciación de 234 mil 500 millones de pesos. Paralelamente, su cartera vigente decreció en 197 mil 723 millones de pesos en el periodo, mientras la cartera vencida se incrementó en la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) y Bancomext.

“La reducción de sus activos y pasivos ha provocado una caída en la entrega de créditos, sobre todo al sector gubernamental, pero al mismo tiempo no se ha compensado con una mayor oferta crediticia en otros sectores productivos”, subraya la ASF. 

Además, los ingresos de las instituciones de fomento provinieron principalmente de contratar pasivos, recuperar la cartera vencida y la colocación de sus bienes en inversiones y valores gubernamentales, “en lugar de fomentar las actividades productivas del país”. Este último concepto representó el 42 por ciento del total de recursos obtenidos en 2005, lo que lo convirtió en la fuente principal de ganancias.

En tanto, los egresos cayeron. Aun cuando el gasto programable decreció, la entidad afirma que la totalidad de la banca de desarrollo incurrió en subejercicios y considera que “es indicativo de que se sobredimensionaron los presupuestos respectivos”.

Paradójicamente, el máximo órgano fiscalizador apunta que “es notorio que se erogue un importante monto de recursos presupuestales para contratar personal especializado, lo que hace más onerosa la gestión financiera”. Tan sólo en Nafin y Bancomext el personal de mandos medios y superiores representó el 49 y el 42 por ciento del total de personal.  

Las diferencias

La ASF resalta que “las instituciones privadas mostraron una dinámica por arriba de la banca de fomento”. Al 31 de diciembre de 2005, bancos privados como Banamex tuvieron un poder adquisitivo de 470 mil millones de pesos, mientras que Banjército y Bancomext  reunieron un activo de 15 mil y 79 mil millones, respectivamente. Banobras, por su parte, tuvo ganancias por 140 mil millones de pesos.

“Las operaciones de los bancos de fomento –expresa la ASF–  se ven limitadas dadas las diferencias en infraestructura, mercados atendidos, productos y servicios que se ofrecen”.

La Auditoría Superior de la Federación asevera que “el comportamiento de la cartera vigente de la banca de desarrollo contrasta con el de la banca múltiple, que, de acuerdo con las estadísticas de la Asociación de Bancos Mexicanos, entre 2003 y abril de 2005 mostró un crecimiento de 27 por ciento mientras que la primera, una reducción de 13 por ciento”.

Clientes únicos   

“Buena parte de la cada vez más reducida cartera crediticia se destinó a actividades que no son prioritarias para el objetivo institucional de la banca de desarrollo”, subraya la ASF y concluye que las instituciones de fomento no ampliaron el acceso de la población a los servicios financieros ni estimularon la creación de la micro, pequeña y mediana empresa. Pues hubo una elevada concentración de recursos crediticios en el fomento de actividades que también apoya la banca comercial y en empréstitos de corto plazo, “en detrimento de los créditos refaccionarios que incrementan la productividad de las empresas y la creación de nuevas sociedades”.

En Bancomext, por ejemplo, este tipo de solvencias representaron el 0.4 por ciento. El resto se trató de créditos simples y de cuenta corriente que solventan necesidades de inmediata realización. En Nafin, los empréstitos de avío le significaron el 86 por ciento y los préstamos que impulsan el desarrollo de proyectos productivos no llegaron ni al 1 por ciento.

Al confrontar el soporte crediticio otorgado por los intermediarios financieros privados contra lo realizado por las instituciones de fomento, sólo 18 por ciento del total de las ramas productivas fueron beneficiadas en mayor medida por la banca de desarrollo. 

No así el 45 por ciento, que incluye a sectores como el agropecuario, silvícola, pesquero, alimentario y de servicios.  Por otro lado, en el 39 por ciento, de los sectores productivos tanto las instituciones públicas como las privadas destinaron recursos similares.      

“Dado que la banca de desarrollo se creó para atender las actividades productivas no apoyadas por la banca comercial, de la revisión se detectó que ello no se cumple, ya que poco más de un tercio del valor de los créditos se destina a los mismos clientes”, resalta la ASF. 

Aunque el Pronafide propone redimensionar el sistema bancario de fomento, a partir de estimular la creación y el desarrollo de las Pyme, en Bancomext los créditos apenas alcanzaron el 1.3 por ciento del total de préstamos registrados en 2005 y en Nafin el 10 por ciento.

También un mínimo porcentaje de entidades federativas concentraron la mayoría de los empréstitos. El estado de México, Baja California, Nuevo León, Jalisco y el Distrito Federal que recibieron 45 por ciento del total de la oferta crediticia de la Sociedad Hipotecaria Federal. La capital del país reunió poco más del 50 por ciento del crédito cedido por Banobras, en tanto que 17 entidades tuvieron una participación que no llegó ni al 1 por ciento. De la misma forma, el DF obtuvo casi el 50 por ciento del total de los montos crediticios de Bancomext y el 40 por ciento de Nafin.

Pese a que Nafin, Banobras y SHF fueron las únicas instituciones de fomento que garantizaron operaciones ante los intermediarios financieros, “se detectó cierto grado de concentración”, apunta la ASF. Al analizar las transacciones realizadas por Nafin, el 67 por ciento se realizó con Banorte, 82 por ciento se entregó a corto plazo y 81 por ciento fue a cuenta corriente y de avío.  

Banca no rentable

Durante 2005, la banca de desarrollo cumplió con el 52 por ciento de las 114 metas programadas. La Auditoría Superior de la Federación revela que la eficacia del gasto también se redujo, ya que una mayor parte de indicadores rebasó lo presupuestado.

De acuerdo con el máximo órgano fiscalizador, las instituciones con el nivel más bajo de eficacia fueron la SHF, que logró superar 45 por ciento de sus objetivos; Bansefi con un 56, y Banobras, con un 70 por ciento, aunque sólo reportó los resultados obtenidos de los créditos a estados y municipios, lo que suma a penas el 46 por ciento del total entregado en 2005.   

“En materia presupuestaria, programática y de la oferta crediticia otorgada en 2005, se desprende que de las 43 facultades evaluadas sólo se cumplieron 18, lo que representó 42 por ciento de la muestra”, advierte el máximo órgano fiscalizador. 

Al relacionar los ingresos por intereses y el gasto corriente, la Auditoría descubrió que el comportamiento de las instituciones de fomento fue errático. Pues mientras la SHF, Banjército y Banobras registraron suficientes ganancias para cubrir sus egresos, Nafin y Bancomext “no permitieron solventarlos”.

Las instituciones bancarias públicas también redujeron su rentabilidad. Es el caso de Bancomext y Banobras “cuyos resultados disminuyeron, ya que sus gastos por intereses han aumentado en mayor proporción que los ingresos por igual naturaleza”. Por su parte, Nafin muestra resultados financieros no satisfactorios en el rendimiento de su activo y su capital, y aunque los indicadores de Bansefi mejoraron, su tendencia es hacia el deterioro.

“La eficacia operativa mejoró en la SHF, al crecer sus activos y comprimir sus gastos de administración y promoción. En tanto que en Banjército, el resultado fue inverso por el incremento de sus egresos en la misma materia”.

Muerte por inanición

Los especialistas advierten que los resultados obtenidos por la ASF, dan muestra de la intención de debilitar a la banca de desarrollo y su eventual desaparición.

El diputado Antonio Ortega, presidente de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados, subraya que dicha tendencia se acentúo con el régimen de Vicente Fox:

“En un descuido institucional dejaron morir por inanición a la banca de desarrollo. Me parece que detrás de todo ello hay una política de apoyos selectivos a la banca comercial. Instituciones que se manejan con esta laxitud y este desorden tienden a la desaparición”, asevera.

Al respecto, Eugenia Correa, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM (IIE) considera que “las instituciones de fomento han quedado limitadas a actividades de segundo piso y prácticamente ya no están fomentando el desarrollo económico del país, es una tarea abandonada”.

Correa explica que “con Salinas y Zedillo se le redujo a su mínima expresión y no ha habido voluntad política para darle un nuevo giro, pues significaba una competencia desleal con la banca privada”.

Para la docente es ineludible vigorizar a las instituciones de fomento: “países como Argentina pudieron enfrentar una crisis financiera gracias a que cuentan con una base sólida de bancos públicos. Eso no está sucediendo en México, lamentablemente entregamos casi toda la banca a manos extranjeras y la banca de desarrollo quedó totalmente descuidada”.

 

Actividades de segundo piso

Para Gustavo del Ángel Mobarak, del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), el papel de la banca pública debe enfocarse a fomentar la participación y la competencia de los intermediarios financieros.

“Algo que debe tener muy claro la banca de desarrollo es no hacerle competencia a los intermediarios financieros privados, sino fomentar que ellos participen en el mercado donde no lo hacen”.

Bajo ese tenor, Ortega dice que la banca de desarrollo ha dejado de ser productiva: “ya no respalda sectores que generan empleos y son parte del equilibrio en el crecimiento del país, sin ese apoyo harán más marcadas las desigualdades económicas y sociales”. 

El legislador considera que el financiamiento a gobiernos municipales y estatales se ha convertido en una tarea única y deficiente: “se trata de recursos del Estado vía deuda y  análogamente se hace uso de estas instituciones para el quehacer político y a los estados se les castiga o premia según sus adhesiones partidistas”.

 

Reestructuración necesaria

Los especialistas encuentran necesaria una reestructuración. “Primero –opina el legislador perredista– se debe frenar esta decisión política de no darles financiamiento. En segundo lugar, terminar con la falta de control interno, pues se otorgan créditos sin viabilidad y sin garantías. Por último, regular el sistema salarial y de pensiones, particularmente de los mandos altos que se sirven con la cuchara grande y tienen a las instituciones de rodillas”.

Ortega subraya que el Estado debe hacer una reevaluación del papel que juega la banca de fomento: “Se debe reconocer que es un instrumento para fortalecer un desarrollo equilibrado, desde luego con mucha responsabilidad en el uso de los recursos crediticios”.

Mobarak considera que lo más importante es replantear la función de la banca de desarrollo. “En un país con fuertes carencias como México, donde hay quienes están muy lejos de llegar a las instituciones de crédito tradicionales, es importante que la banca de desarrollo se fortalezca como facilitador de mercados”.

También señala el caso de Banobras y Bansefi, instituciones que califica de opacas y que es necesario transparentar, “de lo contrario, no se conoce si están cumpliendo realmente con sus objetivos”.

Eugenia Correa señala que de no haber una voluntad política que haga renacer a la banca de desarrollo, su papel se mantendrá al margen: “el desarrollo de muchos países se dio sobre la base de tener varios bancos regionales que atienden cada sector económico, de manera específica. Lo que podría funcionar en México sería la creación de una infraestructura bancaria regional, pública o mixta”.

 

 

Año V No. 53 Junio 2007

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