Negocios

China, un vecino inesperado

Su presencia no puede ignorarse. Está en todas partes. Desde los productos de consumo que manufactura su ejército de ensambladores hasta los medicamentos y equipos más sofisticados. Por ahora, aún puede darse el lujo de ignorar muchos derechos en su sociedad, mientras que México vive a la sombra de China y la única opción parece ser copiar sus aciertos y aprender a convivir con el gigante

Claudia Villegas

Un bebé llora al interior del cajón de un viejo escritorio. Las inspecciones oficiales sorprendieron a la pareja que, en una de las regiones cercanas a la ciudad de Beijing, decidió ignorar las restricciones para la planificación familiar que rigen en China desde hace varias décadas. Ellos sólo podían tener un hijo y se atrevieron a procrear al segundo.

Se estima que la población del gigante de Asia será de mil 600 millones para el 2050, mientras su economía mantendrá un crecimiento de 7 por ciento a mediano plazo. El crecimiento del PIB en términos reales alcanzó ya el 11.1 por ciento interanual, pero las malas noticias son que los derechos humanos,  la libre elección para fundar y procrear hijos en el seno de una familia quedan, por lo tanto, en segundo plano. Lo importante es garantizar el crecimiento con los menores riesgos de inflación y control del gasto para servicios públicos, educación y seguridad social.

Lo que para China representó en la década de los ochenta una ventaja competitiva: bono poblacional y mano de obra barata, ahora debe ser controlado para no atentar contra su competitividad mundial. Con la política de “sólo un hijo”, China logró empatar su tasa de natalidad con los países líderes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

“Las persecuciones a las parejas para hacer valer el control de la natalidad eran vergonzosas”, cuenta  Ileana Tacou, una periodista de origen francés que estuvo a cargo, a principios de la década de 1990, de la cobertura informativa en China para la agencia Notimex.

Pero ahora, China quiere mostrar su mejor rostro al mundo, convencer a sus grandes competidores que se ha convertido en una economía formal que, si bien no siguió al pie de la letra las recetas del consenso Washington dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, sí alcanzó por otro camino el crecimiento que envidiarían muchos de los precursores del neoliberalismo. Por eso ahora que la ciudad de Beijing será la sede de los Juegos Olímpicos de 2008, desde 1999 se dispone a reposicionar su imagen ante el mundo.

Se trata del país que vende a México más de 25 mil millones de dólares anuales, cifra que, por supuesto, sólo refleja el llamado comercio legal, sin tomar en cuenta las prácticas de contrabando bronco y técnico. A contracorriente, las empresas mexicanas sólo han logrado ventas por mil 600 millones de dólares al mercado chino con más de 300 consumidores ávidos de nuevos productos, de acuerdo con estadísticas del Comité México-China de la UNAM.

La nación que se ha convertido en uno de los primeros socios comerciales de Estados Unidos necesita sacudirse el estigma de país que viola los derechos humanos, con prácticas de piratería y violación al medio ambiente.

Ante las presiones externas, sobre todo en lo que se refiere a derechos humanos,  el gobierno chino ha decidido flexibilizar las medidas de control a la natalidad. Una clasificación de estratos económicos permite a las parejas chinas tener un segundo y hasta un tercer hijo. Después de todo, se trata de una de las economías más grandes del mundo y con mayor potencial de crecimiento durante las próximas décadas.

Hasta ahora, el gigante asiático no ha logrado revertir la mala imagen que ofrece al mundo. Una encuesta realizada por The Pew Research Center encontró que las percepciones sobre este país han empeorado en Europa y Estados Unidos ante su creciente impacto económico, pero sobretodo por sus estrategias de modernización militar. Entre 10 países de África, en donde también se levantó el sondeo, la visión cambia completamente, pues observan a China como una influencia positiva.

Los Juegos Olímpicos de 2008 podrían cambiar la historia. Un nuevo capítulo está por escribirse y China se ocupa de acelerar su dinámica económica. El comercio exterior de China con el mundo ha crecido más de 13 por ciento anual desde 1979 y sus exportaciones representan más del 50 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB).

En 30 años, de acuerdo con el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), ha logrado un nivel de integración global muy superior al de Brasil o India, dos de los países con los que comparte la clasificación de BRIC´s que la correduría estadounidense Goldman Sachs otorgó a las naciones con mayor potencial de crecimiento en los siguientes 20 años.

La expansión en este país no se detiene, mientras que su tasa de natalidad  descendió de 50 nacimientos por cada mil habitantes en 1963 a 21 en 1983. Ahora, la relación se ubica en 13.5 nacimientos y la cifra va a la baja. En México la tasa de natalidad también ha disminuido en los últimos cuatro años, aunque sólo lo ha hecho de 21.92 a 20.69 nacimientos por cada mil habitantes. Los resultados en el control poblacional no han sido tan agresivos como los que registra China, pero las políticas públicas de control demográfico se han aplicado a través de campañas informativas y de salud y no mediante decretos.

China, de esta forma, mantiene un estricto control sobre los recursos humanos, lo que no ha redundado en beneficios sociales. En otras palabras, el crecimiento económico lo construye, en parte, sobre las limitaciones y problemas sociales de la mayor parte de su población. Sólo 300 de sus mil 500 millones de habitantes forman parte del núcleo poblacional con crecimiento en su poder adquisitivo y de consumo. De acuerdo con Eduardo Lora, investigador del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la migración del campo a la ciudad es un proceso contenido por regulaciones y la falta de garantías a la propiedad de la tierra rural.

En esta región, como también sucede en India, se están gestando los nuevos millonarios del mundo. De hecho, la correduría estadounidense Merrill Lynch reportó que el crecimiento económico mundial de los últimos cuatro años permitió que se acumularan recursos por más de 37 mil 200 millones de dólares, de los cuales el 21 por ciento se generó en China. La concentración de los ingresos, sin embargo, aún caracteriza a esta sociedad.

Enrique Dussel, responsable en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) del Comité México-China, matiza estas afirmaciones.

“México y China son dos buenos ejemplos de extrema polarización del ingreso económico y social, un pequeño grupo, en ambos países, se ha apropiado de este crecimiento”.

La diferencia, agrega, es que mientras la economía china crece a una tasa de crecimiento promedio anual de 8.4 por ciento, México lo ha hecho al 0.7 por ciento. Por eso, la economía mexicana está en el peor de los mundos: sin crecimiento y una definitiva concentración de la riqueza. De 1980 a 2005, que son los últimos datos que tiene disponible el Banco Mundial, China creció 14 veces más en su PIB per cápita que México.

Más temor que complicidad o respeto es lo que inspira China al gobierno mexicano. Será el próximo año cuando venzan las cuotas compensatorias (mil 237 partidas arancelarias) que se han impuesto a productos de ese país para proteger a productos locales. China, si así lo decide, podría sentar a México en el banquillo de los acusadas e iniciar una controversia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Por eso, le guste o no al mundo, China está en todas partes y no sólo exportan productos.

Luis Alfonso Chiukwok es el nieto de un migrante chino que llegó a México en 1920. Junto con sus padres, ve por el buen funcionamiento y la rentabilidad de un restaurante en el centro de la ciudad de México. El llamado barrio chino en la calle de Dolores del Centro Histórico ha visto pasar a los clientes del restaurante Wow, que dicen es el más viejo de la zona y el primero que daba a conocer en el país la cocina de esa nación.

“En China la gente ya prefiere otras opciones, sobre todo en países latinoamericanos”, dice el hombre de origen asiático que hoy observa en México más oportunidades que en el país de sus antepasados.

Estados Unidos ha sido una opción poco viable, dice Chiukwok. México se vislumbra como una oportunidad interesante para miles de chinos que buscan un ambiente menos restrictivo para el impulso de iniciativas empresariales.  

David contra Goliat

En China se gana mucho menos que aquí en términos de salario. La oferta de trabajo es mucha y ante ello las remuneraciones son bajas, pues existe un universo de aproximadamente 700 millones de chinos que forman la población económicamente activa.

De acuerdo con Alberto Mondelli, director de capital humano para América Latina de la firma Mercer, un obrero de tipo operativo gana 56 por ciento menos que un trabajador con capacidades similares en México. Es de llamar la atención, tomando en cuenta que el promedio salarial de ese tipo trabajos de unos 8 mil pesos al mes, un salario mucho mayor al salario mínimo que percibe la población mexicana. Al día, los obreros mexicanos no ganan más de 60 pesos.

En el caso de los profesionales con poca experiencia con un sueldo de 24 mil dólares al año, en China se gana 50 por ciento menos que aquí. En una gerencia de nivel bajo en China el ingreso es  47 por ciento menor que el que se otorga en empresas mexicanas. Una alta gerencia gana 44 por ciento menos que en México bajo una base de 105 mil dólares anuales.

Debido a las dificultades para encontrar trabajo  bien remunerado en China se está generando una creciente migración de trabajadores chinos a otros países donde pueden aspirar a más ingresos.

Para los trabajadores mexicanos no es conveniente ir a trabajar allá, existe la barrera del idioma, la cultura y los bajos sueldos. Por el contrario, para las empresas es un punto atractivo por el alto número de consumidores además de la mano de obra barata.

Carlos Rojas Magnon, responsable del Comité Bilateral de Hombres de Negocios México-China, asegura que México debería observar algunas de las lecciones que este país ofrece al mundo. Por ejemplo, la inversión en infraestructura se ha convertido en una prioridad para ese gobierno, lo que está impulsando otros sectores que proveen insumos al sector de la construcción. La maquinaria, dice Rojas, está aceitada y en marcha y muchas veces arrasa.

China ya reemplazó a México como segundo proveedor mundial de mercancías después de que las importaciones de Estados Unidos procedentes de China aumentaron 22 por ciento, con lo que disminuyeron las compras estadunidenses provenientes de Japón, Hong Kong y por supuesto de México. 

La irrupción de este país en el comercio mundial, de acuerdo con el Banco de Pagos Internacional (BIS), por sus siglas en inglés, se ha caracterizado por desplazar a economías asiáticas emergentes en los mercados de países industriales avanzados. A cambio, les ha proporcionado un importante mercado para sus productos.

Para México, la oportunidad aún está en el aire. Son pocos los ejemplos. La empresa Gruma anunció que invertiría más de mil millones de dólares en ese país durante los primeros cinco años. Otra de las compañías mexicanas que se ha aventurado es la empresa regiomontana Nemak, del Grupo Alfa, con participación en el sector de autopartes. La ruta la abrieron compañías como Bimbo, Cemex y hasta la cadena de franquicias El Fogoncito.

Si bien la relación entre México y China es una larga historia bilateral, caracterizada por la migración, intercambio comercial y cultura desde el siglo XIX, la intensidad con la que ha irrumpido la escena el gigante asiático ha tomado por sorpresa al gobierno mexicano.

“No hay instituciones que se estén dedicando de tiempo completo a analizar la relación con China. Es una especie de vecino inesperado. Por ello, la situación en general es bastante tensa en el ámbito comercial y económico”, asegura Dussel.

Por eso, el experto en las relaciones entre ambos países sostiene que la decisión de México de dejar pasar la oportunidad de una mayor relación con China se debe a un problema ideológico. 

China es mucho más que un tema comercial. Su modelo, de manera indirecta, está cuestionando la forma en la que se hace política económica y comercial en el mundo; en forma irónica se puede decir que China hizo todo mal, no siguió ninguna regla del Consenso de Washington, no liberó cuentas de capitales, ni el mercado laboral o privatizó la banca. Es, en resumen, el peor estudiante de las políticas neoliberales y hoy, en crecimiento, es el más adelantado.

“A México y a sus vecinos del norte les molesta esa realidad”, agrega el catedrático de la UNAM. La paradoja es que en Estados Unidos empresas como Wal-Mart lejos de enfrentarse a este dilema de la economía que representa China, aprovecha sus productos baratos para inundar todos los países del mundo y extender sus tentáculos.

El vecino inesperado sigue geográficamente distante pero inunda muchos de los ámbitos de la vida de los mexicanos. Sus productos están sólo a 21 días de distancia por vía marítima (carga), mucho más cerca que la distancia que tendrían que recorrer muchas compañías mexicanas que aún no se deciden a competir.

Por ahora, Televisa seguirá siendo una de las estrellas mexicanas en el mercado chino. Las telenovelas que produce la empresa mexicana son más conocidas que muchos productos mexicanos.

 

 

Año V No. 54 Julio 2007

 

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