Sin maíz no hay país

Álvaro Cepeda Neri

I.— Desde el delamadridismo (1982-1988) –y no se diga con el salinismo (1988-1994), después el zedillismo (1994-2000) y el foxismo (2000-2006)–, nuestro país sufrió el mayor desastre rural: campesinos, agricultores pequeños propietarios y el campo, al margen de los latifundios, fueron abandonados a su suerte. Emigraron los más atrevidos al “sueño americano” y anualmente envían más de 10 mil millones de dólares; los otros se fueron a las ciudades a tratar de sobrevivir en las zonas empobrecidas y muertas de hambre. Ya no producimos lo que se consume a nivel nacional en maíz, frijol, trigo y otros granos de primera necesidad.

 

II.— Por los puertos mexicanos diariamente se descargan millones de toneladas de esos granos. Mientras tanto el campo mexicano se ha ido convirtiendo en un desierto; los pocos que insisten en tercamente ser trabajadores rurales reciben las migajas de Procampo (mientras los agricultores estadounidenses y de otros países reciben cuantiosos subsidios). No hay, desde hace 23 años, política agrícola del Gobierno federal. Y las administraciones estatales y municipales solamente asisten al funeral agrario y agrícola como “quien ve llover y no se moja”.

 

III.— Nuestra nación es ahora, tras el neoliberalismo económico, el TLC, las privatizaciones y los gobiernos derechistas desde 1982, más dependiente alimentariamente. Los millones de campesinos que todavía existen, parecen esperar estoicamente su muerte y la de su entorno rural. Lo gravísimo es que el foxismo está siendo el enterrador del campo. En ese apretadísimo contexto 14 investigadores, con 16 ensayos distribuidos en ocho capítulos, elaboraron un libro de indispensable lectura: Sin maíz no hay país. Éste ha sido publicado por Conaculta y el Museo Nacional de Culturas Populares. Es una hilación de textos, cuyo protagonista es el maíz.

 

IV.— Un rastreo del maíz en la cultura mexicana, como cultivo, su relación con la economía, con la política y la vida social de la nación. El papel del maíz a lo largo de nuestra historia. Los campesinos y el maíz; “el valor y significado de los saberes campesinos”. El maíz y la ecología. Como base “para lograr una soberanía alimentaria”. Y el maíz como factor-detonador de las recientes “movilizaciones campesinas”. Y un último capítulo, donde se analiza al maíz, su producción, “sin perder sus raíces en nuestra realidad y nuestra historia, para hacerlo económicamente factible, ecológicamente sensato y socialmente justo”.

 

V.— Gustavo Esteva y Catherine Marielle se dieron a la tarea de diseñarlo, con Alfredo López, Enrique Florescano, Marcos Sandoval, Julio Valladolid, Jasmín Aguilar, Catarina Illsley, Rafael Ortega, David Barkín, Armando Bartra, Alberto Ramos, Juan José Consejo y Víctor Suárez. Si no fuera porque el hilo conductor es el drama del maíz en cuanto siendo parte fundamental de la dieta nacional es ya un producto importado después de que los campesinos lo sembraron y cosecharon a manos llenas, el libro sería no la historia de un desastre, sino el elogio de la victoria de un pueblo.

 

VI.— El maíz, actualmente, en más del 50 por ciento, es traído de otros países. Es doloroso ver cómo desembarcan el grano para abastecer la demanda nacional. Ni lo que nos comemos estamos produciendo. Este libro nos informa sobre esa crisis agrícola, y llevándonos por la biografía histórica y agrícola del maíz, nos van poniendo al tanto de esa crisis-tragedia nacional. “Hemos realizado en este libro un recorrido histórico, técnico y cultural que explora el maíz como cultura, cultivo, economía, política y saber”. En medio de esa crisis de producción, están atrapados los campesinos y los indígenas. Y la nación.

 

VII.— Sin maíz no hay país no es una bella, poética metáfora. Es una verdad sociológica, mientras ese grano milenario siga siendo en palabras de Guillermo Prieto, uno de “los tres amigos del pobre”: maíz, frijol y chile. El trigo es complementario, pero no sustituto; así que más de una tercera parte de los 100 millones que somos ya, lo consideran su vida y, en consecuencia, “sin maíz no hay vida”. Y el resto de las dos terceras partes, consumen maíz, como parte, pues, indispensable de su dieta. “En México, el maíz es asunto de vida y muerte”.

 

VIII.— Hay, en su contenido, dos capítulos-eje del resto. Son como su centro de gravedad: El maíz y la política, si bien escritos por separado conforme a su respectiva individualidad, como si hubieran sido concebidos al alimón. Un ensayo es de Gustavo Esteva. El otro de Armando Bartra. ¡Qué maestría de investigación! No tienen desperdicio. Los campesinos como sus protagonistas, sus víctimas, una y otra vez, hasta la criminal amenaza cumplida a partir del lópezportillismo: “... hay un grupo social que paga los platos rotos. Esta vez le tocará de nuevo a los campesinos”. Y de paso al maíz. “El desmantelamiento de los apoyos al campo empezó discreta pero vigorosamente en los años de Miguel de la Madrid y tomó vuelo con Carlos Salinas”. Después Zedillo y Fox.

 

IX.— “La acelerada inserción del país en la nueva división internacional del trabajo, que convertiría a México en comprador de alimentos básicos (agrego: ¡como el maíz, lo que es el colmo), vendedor de mano de obra barata y proveedor marginal de productos tropicales. Eso es, de hecho, lo que el gobierno de Salinas de Gortari pactó en el Tratado de Libre Comercio, cuyo papel no consistió tanto en la apertura de la economía, realizada en los años anteriores, como en afirmar y consolidar la nueva orientación, que en relación con el campo se proponía abandonar la producción de granos básicos e incluso liquidar el modo de vida rural, a fin de que campesinos (¡y no se diga los indígenas!) como capitales quedaran disponibles para otras cosas, en su mayoría ajenas a la tierra”.

 

X.— Un libro, más que de necesaria lectura, de indispensable reflexión sobre el destino que le han impuesto los neoliberales desnacionalizados y que se sintetiza en la frase-título del libro: Sin maíz no hay país. En esto estamos. Al convertir el campo-campesino, el campo de los pequeños propietarios y el campo de los indígenas en un desierto, lo que se busca es la desaparición del país mexicano. El libro es una advertencia de ese final, si antes no hacemos algo.

Ficha bibliográfica:

Autor: Gustavo Esteva y Catherine Marielle

Título: Sin maíz no hay país

Editorial: Conaculta.-2003

 

Año IV No. 49 Febrero 2007

 

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