Más allá del dinero

Convergencia institucional

Jonathan Deneb Torres

La convergencia tecnológica plantea importantes retos institucionales. El desarrollo tecnológico está sentando una pauta de convergencia de servicios de las industrias de la comunicación y la información. Las redes de servicios de éstas se están haciendo permeables a todos los servicios (telefonía, radio, televisión e internet). Al usuario pronto le será indistinta la tecnología que soporte la red que le proporcione en forma integral todos estos servicios.

La convergencia tecnológica está conformando un nuevo sector industrial que nos obliga a pensar con un nuevo enfoque que rompa las barreras entre las industrias de la telefonía, de la radio y la televisión, los proveedores de internet y la informática. Ya es momento de pensar en ellas como la industria de tecnologías de la comunicación y la información.

Paradójicamente, en paralelo a este contexto de convergencia o consolidación tecnológica se ha pulverizado la interlocución de la industria de las telecomunicaciones. En los últimos diez años hemos sido testigos de escisiones importantes de la Canieti (Cámara Nacional de la Industria de la Electrónica, Telecomunicaciones e Informática). Los proveedores de equipo junto con los concesionarios de telefonía móvil conformaron la Anatel (Asociación Nacional de Telecomunicaciones). Teléfonos de México también se retiró de la Canieti pero optó por mantenerse al margen de las dos agrupaciones empresariales de telecomunicaciones. Axtel, actualmente la segunda empresa de telefonía fija, también ha optado por no afiliarse a ninguna de estas organizaciones. Los concesionarios de telefonía pública constituyeron su propia asociación: Aetep (Asociación de Empresas de Telefonía Pública).

Estas agrupaciones ya sea por ser cotos de poder de alguna(s) empresa(s) o por el perfil de sus mecanismos de decisión propician la exclusión de compañías que sienten que sus intereses no puedan ser representados o avanzados a través de estas organizaciones. Aunque también cabe señalar que las empresas que han optado por actuar al margen de estas cámaras y asociaciones tampoco pueden deslindarse de esta situación.

Estas asociaciones no han logrado atraer a nuevos miembros en forma importante ni están logrando ampliar la participación activa de sus agremiados. Las compañías no encuentran un valor agregado sustancial y, en la práctica, han logrado mayor interlocución con las autoridades a través de coaliciones ad hoc que a través de las organizaciones que las representan. Es más, el perfil que ha caracterizado a estas coaliciones coyunturales ha sido la confluencia de actores de distintas cámaras o independientes como en los casos de la reforma a la Ley de Telecomunicaciones de 2006 o el debate alrededor de “El que llama paga”.

Es en este contexto en el que se suman nuevas organizaciones, que agruparán empresas de servicios de telecomunicaciones, como la CIRT (Cámara de la Industria de Radio y Televisión) y la Canitec (cámara de la televisión por cable).

Esta fragmentación acota el potencial de un sector clave para el desarrollo de México y su inserción en la competencia global. La industria de tecnologías de la información y la comunicación es un sector que representa más de 10 por ciento del PIB y es un catalizador de la competitividad y la capacidad para insertarse globalmente de otros sectores de la economía.

Las cámaras empresariales sirven como foros para la construcción de consensos al interior de la industria y como mecanismos de interlocución con el Estado. Pero mientras la industria de las tecnologías de la información y la comunicación esté desintegrada y enfrascada en una lucha de parcelas de poder no se podrán generar las sinergias institucionales que permitan un sólido y fluido diálogo al interior del sector y con el Estado. Sin este diálogo no será posible conformar una política de industria que incentive y consolide la convergencia tecnológica; que genere las economías de escala que permitan la competitividad que el país requiere en un contexto de globalización en el umbral de la sociedad de la información.

En una democracia el diálogo entre sus miembros es clave. En una democracia es importante la creación de foros que propicien un debate público sobre las propuestas y la construcción de consensos. En una democracia los empresarios conforman mecanismos de representación plurales y transparentes que permiten construir, debatir y cuestionar propuestas de políticas sectoriales en forma transparente con la sociedad y el Estado.

Los empresarios tienen una obligación con la construcción democrática del país. Tienen ante sí un gran reto: la conformación de una cámara empresarial moderna que agrupe a todas las empresas, asociaciones y cámaras de la industria de las tecnologías de la comunicación y la información. Una cámara cuyos principios rectores sean la pluralidad, el debate público y la transparencia.

Año IV No. 49 Febrero 2007

 

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