Empresas públicas

Agencia espacial negocio e investigación

El desdén del gobierno federal por la ciencia y la tecnología se tradujo en la reducción presupuestal para ese rubro. Evitar la dependencia del exterior y beneficiar a millones de mexicanos requiere de cooperación interdisciplinaria, incluida la espacial

Nydia Egremy

Frente a la pobreza extrema, la carencia de servicios de salud y el auge de la delincuencia, surge la interrogante: ¿por qué México debe crear una agencia espacial?

Fernando de la Peña, promotor de ese proyecto responde: “la investigación del espacio es el área que más impulsó los conocimientos y tecnologías en nuestro tiempo, sus beneficios han permeado a países de todo el mundo y potenciado el desarrollo de sus sectores económicos estratégicos”.

México cayó en el índice de competitividad mundial del lugar 36 al 55 y el Reporte Global de Información Tecnológica sitúa al país en el lugar 60, por debajo de Trinidad y Tobago y muy detrás de Brasil, a causa del rezago científico y tecnológico.

De la Peña advierte: “de no incorporarse de inmediato a la cooperación espacial con otras agencias internacionales, quedaremos a la zaga en la investigación tecnológico-científica y, por supuesto de sus beneficios”, como su aplicación al desarrollo tecnológico, económico e industrial del país.

Mientras Brasil, Chile, Argentina y Colombia —con economías y cuadros científicos semejantes a los mexicanos—, crearon hace décadas sus agencias espaciales bajo criterios científico-tecnológicos o abiertamente empresariales, y gozan ya de sus beneficios, en México se ha soslayado su consideración olvidando incluso la importancia geoestratégica del tema. En América Latina, Venezuela ya decidió avanzar en ese sentido, en Perú ya comenzó a operar su agencia espacial. Y en Italia, Austria, España y Creta desarrollan investigación espacial con éxito.

Los promotores de la Agencia Espacial Mexicana (AEXA), explican que no se trata de llevar astronautas mexicanos al espacio. Esa agencia reuniría los esfuerzos de investigación y definirá las grandes líneas hacia adonde debe avanzar la investigación científica mexicana en el espacio, subraya Javier Castellón, presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado de la República.

“No sería un centro de investigación, ni una agencia constructora de naves, no será nada que no esté fuera del alcance de la innovación tecnológica de México”, sostiene el legislador, quien agrega que el proyecto emana de la comunidad científica.

Castellón recibió el proyecto de la Cámara de Diputados de la LIX Legislatura, una vez que el 26 de abril de 2006 se expidió la ley que crea la AEXA a la que le adjudicó un presupuesto de 21 millones de pesos. Al trasladarse el tema a la comisión senatorial, no logró discutirse por el revuelo político que causó en diciembre la presentación del presupuesto federal.

Fue este segundo gobierno federal panista el que redujo sustancialmente los recursos al sector de ciencia y tecnología al nivel más bajo de los últimos 20 años en el Presupuesto de Egresos e Ingresos del año fiscal 2007. Sólo le otorgó al rubro el .35 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) -unos 29 mil 764 millones de pesos- contra el 1.5 por ciento que recomiendan el Banco Mundial, la OCDE y la UNESCO para impulsar el crecimiento económico de naciones en desarrollo. 

Por ello, los científicos mexicanos comienzan un sexenio con un recorte de 835 millones de pesos, al que se agrega el déficit de 600 millones de pesos de 2006, en el Fondo Sectorial SEP-Conacyt para ciencia básica.

Ese hecho condujo a Juan Pedro Laclette, director de la Academia Mexicana de Ciencias que reúne a más de mil 800 científicos nacionales, a protestar “por la falta de consideración hacia este sector estratégico para el desarrollo y el crecimiento nacionales". Sostuvo además que los recursos retrocedieron 2.7 por ciento respecto de 2006, y que considerando la inflación, representa un recorte total del 5.7 por ciento.

Beneficios para México

Además de los avances en telecomunicaciones, en experimentación biológica y observación meteorológica desarrollados en el marco de la investigación espacial, las sociedades cuyos gobiernos crearon sus agencias espaciales, recibieron a cambio mejoras agrícolas, mayor conservación de sus recursos hidráulicos, prevención del clima y desastres, localización de fuentes de energía, preservación de ecosistemas y de su biodiversidad, así como mejoramiento de la salud humana a través de nuevas tecnologías.

Aunque inicialmente los beneficios se limitaron a los países desarrollados, han permeado a países de diversos niveles de desarrollo que ahora conforman la Comunidad Espacial Internacional, integrada por 42 países cuyas políticas científicas, tecnológicas y económicas conforman una red de intercambio de información para potenciar el desarrollo de sus sectores económicos estratégicos.

Para satisfacer las apremiantes necesidades de México, los resultados de la investigación espacial que realizaría la AEXA representarían, en principio, una mayor capacidad para generar propiedad intelectual y tecnologías al participar en programas de colaboración internacional que darían acceso a aplicaciones que, de otra manera, llevaría décadas desarrollar.

Empresas privadas, instituciones gubernamentales y centros de investigación mexicanos desarrollarían y comercializarían procesos y productos espaciales, como medicamentos y software producidos sin atmósfera, innovaciones robóticas y electrónicas, así como la creación de nuevos materiales y tecnologías de búsqueda y rescate. Cabe recordar que en el espacio fueron creando la sopa deshidratada y la mamografía digital para detectar cáncer de seno, el sistema geoposicionador, materiales para válvulas by-pass, cascos de bicicletas y el sistema de administración de insulina.

Paralelamente, las empresas mexicanas explotarán su capacidad tecnológica al proveer de equipos, materiales, insumos y servicios a sus homólogos propios e internacionales mediante protocolos de intercambio y colaboración. Así lo prevé el dictamen de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados de la LIX legislatura, que contempla que la investigación del espacio y el desarrollo de medios para su exploración, han sido desde hace cinco décadas las áreas que más han impulsado los conocimientos y tecnologías de nuestros tiempos.

Los promotores de AEXA prevén que hará aportes significativos para la industria aeronáutica, las telecomunicaciones, prevención de desastres -inundaciones y terremotos-, satélites de percepción remota, desarrollo de nuevos materiales, robótica, recreación atmosférica, satélites artificiales, industria espacial, bioastronáutica, exobiología y lo que denominan “recreación atmosférica interplanetaria” por la que los jóvenes se familiarizarán con los beneficios del conocimiento espacial.

Además, al estar bajo la rectoría del Estado, la AEXA tendrá facultades para recomendar inversiones y formar bases de datos de interés científico-tecnológico. Por eso, agregan los científicos mexicanos, conquistar el espacio es un requisito para dominar la Tierra.

Propuesta interesante: Aftergood

Steven Aftergood, de la Federación de Científicos Americanos (FAS), que agrupa a más de medio centenar de Premios Nobel de todo el mundo, expresa a Contralínea su opinión sobre este tópico. 

“Sería una propuesta importante. En términos generales, ese tipo de investigación científica es importante para cada país. El dinero invertido en la ciencia es una de las mejores inversiones que puede hacer una sociedad; en principio porque promueve la innovación y el desarrollo económico y además, impulsa la educación.

“Considerando que la ciencia es tal vez el único lenguaje verdaderamente internacional, la investigación científica puede contribuir a la cooperación internacional y al desarrollo pacífico. Desde luego, la vida es complicada y las cosas no siempre giran de la forma en que uno espera, pero es importante intentarlo”.

Aftergood dirige en Washington el Proyecto de Secrecía Gubernamental de la FAS para reducir la secrecía gubernamental mediante la desclasificación de documentos de la Guerra Fría. Ha promovido reformas sobre esa práctica en el gobierno estadounidense y en 1997 promovió con éxito la propuesta de Libertad de Información contra la Agencia Central de Inteligencia (CIA), para desclasificar y publicar el presupuesto de inteligencia, por primera vez en 50 años en la superpotencia.

 

 

El cielo como negocio

En este siglo XXI, la exploración e investigación espacial representan una veta económica que hasta ahora sólo Estados Unidos y Europa, han explotado. El bloque asiático de naciones seguido de Brasil y Argentina han ingresado en la competencia por los dividendos del espacio, en producción y exportación de equipos de investigación científica y vehículos espaciales, así como en el turismo espacial.

El lanzamiento de satélites gubernamentales y privados suponía hasta hace poco, meses de preparación; actualmente las agencias espaciales logran hacerlo en semanas. El costo por este servicio representa importantes beneficios para los gobiernos. Los promotores de la AEXA dicen que México también podía integrarse.

En 1967, Barron Hilton, de la conocida cadena de hoteles, advertía el gran potencial del espacio como destino turístico. Ya en 2001 el estadounidense Dennis Tito pagó 20 millones de dólares para visitar la Estación Espacial Internacional y se prevé que en la presente década los vuelos espaciales para turistas serán una realidad. Así lo anuncia la creación del avión suborbital SpaceShipOne, que ganó el Premio X Ansari, por ser el primer vehículo privado capaz de subir tres pasajeros o su peso equivalente a una altura de 100 kilómetros sobre, la frontera oficial del espacio, y hacerlo dos veces en dos semanas.

Magnates como Jeff Bezos o Richard Branson lanzaron empresas de vuelos turísticos espaciales: Virgin Galactic. Branson tiene ya mil clientes adinerados dispuestos a pagar el boleto por 115 mil libras esterlinas del primer vuelo, planeado para este 2007. El negocio va más allá.

 

 

El INAH y el espacio

La urgencia por acceder a la tecnología derivada de la investigación espacial alcanzó ya al Instituto Nacional de Antropología e Historia. Del 28 de noviembre al 2 de diciembre de 2005, en Campeche, México, realizó el Simposio Internacional sobre Utilización de Tecnologías Espaciales para conservar el patrimonio Cultural y Natural. Se trata de aplicar los acuerdos de la Convención del Patrimonio Mundial, adoptada por la UNESCO en 1972, para proteger sitios culturales y naturales de valor universal excepcional.

UNESCO se asoció con las Agencias espaciales, instituciones de investigación espacial, universidades especializadas en el espacio, para dotarse del apoyo técnico y científico en ciencias espaciales a los sitios del Patrimonio Mundial. En ese simposio se conoció la importancia de las técnicas tanto aéreas como del espacio (satélites, etc.), para la conservación, promoción y documentación de sitios naturales y culturales. En esa ocasión participaron las agencias espaciales de Canadá, la Europea, Argentina y de Alemania, el Jet Propulsión Laboratory, Instituto Tecnológico de Zurich, ), Instituto de Estudios del Mediterráneo (Creta), y el Centro de Percepción Remota de Siria.

 

 

Los promotores

Fernando de la Peña, científico hidalguense, trabajó en el Centro Espacial Johnson de Houston, Texas, y en la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA). Su misión era “desarrollar dos proyectos, uno consistía en crear una herramienta que ayude a los astronautas a buscar daños en la nave espacial o la estación espacial, el segundo era para crear una computadora que se insertaría en el antebrazo de los astronautas para que pudieran usarla fuera de la nave”.

En ese proceso conoció la cooperación entre la NASA y más de 40 agencias espaciales del planeta. “Ahí me di cuenta de los grandes beneficios que obtienen éstas, tanto científicamente, económicamente, en competitividad y desarrollo de empresas”, y entonces se preguntó ¿por qué en México no tenemos algo semejante? Al regresar al país, compartió su inquietud con colegas, políticos, académicos e investigadores que tiempo después se concretó en la aprobación por la Cámara de Diputados para crear la Agencia Espacial Mexicana.

El gobernador hidalguense abanderó el proyecto que había lanzado De la Peña y desde entonces la sede propuesta, por reunir 15 condiciones que la hacen ideal para desarrollos de ese tipo, entre ellas sus condiciones climático-atmosféricas, es Tulancingo, Hidalgo, pero AEXA planea tener 10 centros a lo largo del país.

El riesgo de que se retrase la discusión sobre la AEXA en el Senado “trae un escenario lamentable, ya que podríamos quedar fuera de los programas de colaboración internacional, haciendo muy difícil que la agencia de frutos a corto y mediano plazo”, admite De la Peña.

Aunque la Cámara de Diputados aprobó un presupuesto de 21 millones de pesos, el único astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela ha insistido en que se incremente a 110 millones, si bien De la Peña confirma que es probable que para comenzar a operar están de acuerdo en la primera suma, si bien “los 110 no nos caerían mal para crear más programas y que la agencia de frutos en un menor tiempo”.

Que sea congruente

“El objetivo es hacer confluir los esfuerzos de investigación del país y definir las grandes líneas para que avance la investigación científica mexicana en el espacio”, Javier Castellón, presidente de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado de la República.

A la inquietud sobre una potencial pérdida de soberanía en la operación de la agencia espacial, el legislador comenta que las salvaguardas para todo el conocimiento y las innovaciones tecnológicas, creadas por científicos y tecnólogos mexicanos, serán a través de la protección mediante patentes y registros.

“El gran problema es que cuando hay un descubrimiento o un nuevo proceso, nuestros científicos o tecnólogos no encuentran dónde aplicarlo, o es muy lento el registro de patentes; de ahí que las empresas trasnacionales se las compran. Eso es lamentable porque en México se invierte mucho en recursos humanos y hace falta una política de Estado que permita aplicar ese conocimiento en la industria y en nuestros procesos tecnológicos”.

Para el legislador, la AEXA debe ser una agencia que recabe recursos de Conacyt, de las industrias, de la iniciativa privada, de capital de riesgo y de fundaciones que financien proyectos que se realicen en el espacio. Éstos se emprenderán con agencias espaciales europeas, así sean los mismos rusos, que siguen siendo una potencia. Las prioridades a largo plazo se definirán a partir de las propuestas de la comunidad científica.

Sobre los recursos destinados al proyecto, el legislador dice que hay un presupuesto que la Cámara de Diputados le asignó, una reserva presupuestal por 21 millones de pesos, sobre todo para su constitución. Es más importante que ese proyecto tenga coherencia y el consenso en la comunidad científica. Creo que se está logrando.

 

 

Año IV No. 48 Enero 2007

 

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