Economía mundial

Crisis inmobiliaria en EU

Los clientes de los créditos hipotecarios en Estados Unidos se enfrentan a condiciones de pago modificadas, mientras la reticencia del sistema bancario hace cada vez más difícil obtener la calificación para estos préstamos. La especulación, por su parte, sobredimensiona la crisis inmobiliaria

Hilda Puerta Rodríguez

 

En los últimos tiempos, mucho se ha hablado acerca de la significación e implicaciones de la crisis que vive el mercado inmobiliario de Estados Unidos. Para analizar este problema en su justa dimensión, deben tenerse en cuenta varios elementos que por su naturaleza y características se escapan de la realidad del sector como tal e incluso de la propia economía estadunidense, donde sobresale el desarrollo sin límites de la especulación, como tendencia que tipifica de manera muy especial el mundo actual.

En sentido general, se especula prácticamente con todo aquello de lo que pueda derivarse una ganancia: fondos de pensiones, mercancías, tipos de cambio, indicadores bursátiles.

Esta actividad se comporta como una “bola de nieve” en constante crecimiento, de modo que se llegan a obtener resultados totalmente artificiales, hasta que los indicadores resultantes adoptan tendencias que de hecho se desvinculan de lo que ocurre en la economía real, o sea, en la producción de bienes y de servicios.

El carácter redituable de la especulación se relaciona de manera proporcional con el riesgo que conlleva cada operación y son su esencia del corto plazo, de lo que se pueden inferir sus enormes peligros que trascienden el límite de los mercados locales y nacionales y tienden a extenderse a todo el orbe, a través de los diversos canales de la globalización financiera.

Por ello se señala que en la actualidad el mundo descansa sobre una peligrosa burbuja especulativa, caracterizada por la sobreactuación de los mercados ante cualquier hecho considerado relevante.

En este contexto, la economía internacional ha vivido crisis financieras de diversa envergadura y connotación, que en su mayoría se habían concentrado en los últimos años en los países subdesarrollados “que se incorporaban” a los mercados internacionales de capital.

Sin embargo, la más reciente, relacionada con el comportamiento errático del mercado hipotecario, se inició en Estados Unidos y se ha expandido a otras naciones desarrolladas, sobre todo europeas.

Para interpretar mejor la dimensión de este fenómeno, es necesario considerar que las hipotecas son instrumentos utilizados para el pago o refinanciación de una vivienda y también para la obtención de efectivo utilizando la misma como colateral.

En este caso en particular, los problemas se han expresado básicamente en la elevada morosidad de los deudores pertenecientes a los sectores de alto riesgo, conocidas como hipotecas subprime, estimuladas por la sustancial rebaja en las tasas de interés estadunidenses a partir de 2001.

Con posterioridad, los intereses y primas aumentaron debido a diversos problemas que comenzaron a manifestarse en el sector, como la fuerte caída en la demanda de viviendas nuevas y la reducción de solicitudes de hipotecas y construcciones.

Los clientes se han enfrentado a condiciones de pago totalmente modificadas y que son incapaces de afrontar; mientras que, por la reticencia del sistema bancario, cada vez es más difícil calificar para obtener préstamos para viviendas. La especulación, por su parte, se ha encargado de sobredimensionar el problema.

En realidad se produjo un círculo vicioso según el cual, después de que se otorgó de manera casi ilimitada el financiamiento en condiciones relativamente ventajosas, cuando estas circunstancias empeoraron, se niegan los recursos para los préstamos considerados de alto riesgo, con lo que los clientes se tornan más morosos.

Empeoran así las graves dificultades en los mercados de bienes raíces, provocando la retirada de muchos prestamistas, encareciéndose aún más los créditos, con lo que se crean a su vez serios problemas para financiar los préstamos y se producen quiebras de empresas nacionales y extranjeras –estimuladas por las atractivas condiciones estadunidenses– y de clientes.

El caso de la empresa New Century Financial, la segunda en importancia en el sector, ha resultado particularmente connotado.

No debe olvidarse al mismo tiempo que se trata de un sector de suma significación, con múltiples interrelaciones con otras actividades, como son las empresas constructoras, que ven de pronto caer sus contratos.

En general, este tipo de crisis y su envergadura tienen serias consecuencias respecto al aumento del desempleo, la reducción de los créditos en general y de la demanda, así como las inversiones y los gastos, que como motores de la economía, reducen sensiblemente las perspectivas de crecimiento, el que no se puede ni siquiera predecir con certeza, debido al elevado grado de volatilidad existente.

A toda esta situación hay que agregar la realidad de la economía de Estados Unidos, caracterizada por los crecientes déficit presupuestario y comercial, el empantanamiento de la guerra en Iraq y las convulsas  perspectivas de inicio de la campaña electoral.

Es por ello que se han tratado de adoptar diversas medidas, entre ellas, la inyección rápida de dinero por parte de los principales bancos centrales de los países involucrados y también la reducción de la tasa de interés interbancaria, como vía de estimular la economía estadunidense, sin que ello pueda restaurar en la medida necesaria la confianza perdida por parte de los inversionistas y consumidores. Esto se refleja claramente a nivel mundial en la caída de las cotizaciones de la divisa  estadunidense frente a las principales monedas.

Uno de los efectos más tristes de todos estos acontecimientos es, sin duda, la gran cantidad de personas que han perdido o perderán sus viviendas y sus ahorros de toda la vida, ante el constante incremento del  costo de las hipotecas en el llamado “país de las oportunidades”.

La pregunta sería, ¿oportunidades para quién?

En general, la mejor forma de caracterizar el futuro asociado a todos estos problemas es sobre todo un alto grado de incertidumbre, que puede hacer sobreactuar o desplomarse a los mercados con consecuencias impredecibles.

No obstante, es posible que se logre al menos paliar los dañinos efectos de la crisis hipotecaria a través de acciones diversas, lo mismo que en otros momentos de serias amenazas para la economía internacional, cuando los organismos financieros y los sistemas bancarios han aplicado rápidas medidas de rescate, aprovechando las reservas y la capacidad de maniobra existentes en estas economías.

Sin embargo, los desequilibrios siguen aumentando y cada vez más devienen un importante “talón de Aquiles” para la estabilidad económica mundial, sobre todo cuando se conjugan con tendencias tan nocivas como la especulación.

La duda estaría sobre todo relacionada con los propios límites de las medidas de rescate aplicadas y hasta dónde puede llegar la capacidad de respuesta de las grandes economías plagadas de problemas, en un contexto mundial cada vez más complejo y lleno de incertidumbre.

Lo que sí es cierto es que los mayores afectados no son las grandes instituciones que proveen los recursos apenas sin control ni supervisión en épocas de bonanza, sino, por supuesto, los países y empresas más débiles y de manera muy especial los consumidores, quienes ven volatilizarse sus esfuerzos de muchos años.

 

*Catedrática de la Universidad de La Habana. Colaboradora de Prensa Latina

 

 

Año V No. 59 Diciembre de 2007

 

Esperamos sus comentarios sobre esta investigación:  

Nombre:
E-mail

Comentario:


 

 

 

 

 

 
 

Archivo | Noticias diarias | Publicidad | Directorio | Suscripciones | Contacto

Revista Fortuna. Av. Juárez No. 88, primer piso, despachos 110 y 111 Colonia Centro. Delegación Cuauhtémoc.
México D.F. C.P. 06040 | Tels: 9149-9802, 29 | Tel/Fax: 9149-9822 | Suscripciones: 9149-9802

Diseño web, Weblex, pagina en internet, Diseño de Paginas Web en Mexico. Sitio web

Recomienda