BM-FMI: cuentas claras
En 2008, el BM y el FMI tratarán de equilibrar su estado financiero, pero la crisis sistémica no puede ser reversible sin aceptar una nueva correlación global, algo impensable en sus estructuras actuales
Ernesto Montero Acuña *
Los más recientes acontecimientos auguran que el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) concluirán un año en crisis, sin que se avizoren cambios positivos en sus prácticas y en políticas que favorezcan las necesidades de los países subdesarrollados.
La asamblea anual de ambas instituciones financieras, celebrada del 20 al 22 de octubre pasado en Washington, Estados Unidos, no arrojó modificaciones sustanciales –no las más deseadas–, si bien dos nuevas figuras: un europeo y un norteamericano, asumieron las presidencias respectivas.
El BM ahora es dirigido por Robert Zoelick, exnegociador comercial de Estados Unidos y exejecutivo de Goldman Sachs; mientras que al frente del FMI se inicia el exministro francés de finanzas Dominique Strauss-Kahn, lo que responde a la tradicional repartición de poderes en los dos entes financieros.
A pesar de las inconformidades, el presidente George W. Bush designó a Zoelick para sustituir al neoconservador Paul Wolfowitz, quien debió renunciar acusado de nepotismo, y los europeos optaron por Strauss-Kahn para reemplazar al español Rodrigo de Rato, quien, según el periódico británico The Guardian, “abandonó un barco que se hunde”.
Dos cuestiones han venido aflorando con más fuerza este año en ambas organizaciones financieras: el inequitativo sistema de votación para la toma de decisiones, y, como consecuencia, la no aplicación de medidas de ajuste y políticas económicas a los países desarrollados como a los del tercer mundo.
Algunos sugieren, incluso, que ello se practique ahora con la economía estadunidense, que este año ha padecido la agudización de la crisis inmobiliaria, transformada en financiera y en vías de expansión global. Pero ello no podrá lograrse debido a la correlación interna y a la forma en que están institucionalizadas las decisiones.
Debido a lo anterior, Strauss-Kahn promovió su candidatura con la promesa hecha a las naciones de ingresos bajos y medios acerca de una reforma significativa en el sistema de votación en el FMI, denominado de “doble mayoría”, aunque a la postre parece que continuaría siendo de una sola.
Su iniciativa consistía, según se interpretó, en que las propuestas serían aprobadas por el sistema actual de “votos ponderados”, de acuerdo con el aporte financiero de cada país al Fondo Monetario Internacional, y también por la mayoría de los 185 miembros, lo que, de ocurrir, introduciría una nueva correlación más favorable a los países pobres.
A partir de la primera de estas fórmulas, Estados Unidos posee por sí solo el 17.06 por ciento de los votos, mientras que Brasil –décima economía mundial– cuenta únicamente con el 1.41 por ciento. Además, a la hora de decidir, las otras naciones industrializadas figuran como aliadas de los estadunidenses.
Pero el nuevo sistema, que se suponía introdujera una situación favorable, no sería como se pensaba, pues la “segunda mayoría” se referiría a los 24 miembros de la junta de directores ejecutivos. Esto consagraría, de acuerdo con los más avezados analistas, una nueva correlación desigual y discriminatoria.
No obstante, este año avanzaron cambios en el papel y en el peso económico internacional en naciones tercermundistas que sí demuestran modificaciones en la situación económica, financiera y en la política global.
Publicaciones internacionales consideran que antes, en el FMI, los países ricos les decían a los pobres que ordenaran sus finanzas, no gastaran más de lo que podían o que equilibraran sus cuentas. Pero ahora se consolida el Grupo de los 24, que puede aplicar una creciente capacidad negociadora frente al Grupo de los 7.
Brasil, India, Sudáfrica y otras naciones en desarrollo reclaman que el FMI actúe para poner en orden las finanzas de Estados Unidos, donde los mercados financieros se mantienen turbulentos, debido a la situación originada en su sector inmobiliario, que ahora se extiende a Europa y de allí al resto del mundo.
La visión anterior de que las locomotoras integradas por Estados Unidos, Alemania, Japón arrastrarían, según sus resultados, el tren del crecimiento económico se ha adecuado más a la realidad este año, cuando los mayores PIB se sitúan en países de Asia o América Latina, ante los niveles en reducción del América del norte.
Los informes del BM y del FMI identifican ahora como locomotoras a China e India, lo que genera la percepción de que, aun cuando las economías de Estados Unidos y Europa se estanquen, las naciones pobres pueden mantener mercados y buenos precios para sus productos en las potencias emergentes de Asia.
Esto se utiliza frecuentemente para reclamarles compromisos desfavorables para dichas naciones. Pero lo cierto es que, en la medida que sus iniciativas tercermundistas son más sólidas, realizan mayores contribuciones al avance en una nueva correlación global hacia la multipolaridad y la mayor equidad social.
Según la prensa, al calor de la asamblea anual en Washington, el FMI aseguró que aumentaría sus cuotas entorno al 10 por ciento y, consiguientemente, los votos que corresponden a cada miembro, “para tratar de tranquilizar a los países emergentes”. Pero el ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, dijo que la oferta es insuficiente.
Parece que ello responde más a los intereses del Fondo Monetario Internacional que a la conveniencia de las naciones hoy en desventaja.
No obstante, el Comité Monetario y Financiero Internacional del FMI augura que para su reunión de septiembre de 2008 se habrían sentado las bases en esa nueva asignación de cuotas, la que a su vez determinaría variaciones en el poder de voto de los miembros.
En una reciente reunión en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, los ministros de Economía y presidentes de bancos centrales de las llamadas 20 economías líderes y emergentes del mundo alertaron sobre los riesgos, cada vez mayores, por la desaceleración del crecimiento económico y el aumento la inflación en el mundo.
Strauss-Kahn reconoció también ahí que “los tiempos han cambiado”, pues “algunos países emergentes tienen mucha mayor influencia de la que tuvieron”, por lo que, infiere, “el Fondo necesita ser reformado”.
Consideró además que el peso de cada nación está relacionado con su cuota, una contribución determinada por el tamaño de la economía, las reservas monetarias, la apertura al comercio y los flujos de capitales. Pero en Sudáfrica no se pudo acordar qué países, en sentido inverso, renunciarían a cuotas y votos ni si los más pobres podrían asumir la fórmula.
Las cuentas no quedarán claras este año, por lo que en 2008 estos organismos persistirán en equilibrar su estado financiero. Pero se advierte que la crisis sistémica no puede ser reversible sin aceptar una nueva correlación global, algo impensable en la estructura actual del Fondo y del Banco.
*Especialista de Prensa Latina en temas globales e integración latinoamericana
Año V No. 59 Diciembre de 2007
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