Las mentiras del Grupo Zeta y el saqueo a Pemex
Luis Maldonado
En un desplegado del periódico El Norte, de Ciudad Juárez, el Grupo Zeta presume que, en su proceso de internacionalización, el primer país al que entró en el viejo continente fue España. Destaca que ingresó a esa nación en 2002. Pero lo que no dice es que, según documentos en poder de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en ese año y parte de 2003, el grupo financiero que encabezan Miguel Zaragoza Fuentes y Jesús Zaragoza López inició transacciones irregulares (lavado de dinero) en Ginebra, Suiza.
El Grupo Zeta hizo una inversión sin precedentes en la República Mexicana, con la construcción de una terminal marítima en el puerto de Manzanillo, Colima, con una capacidad de 20 esferas de 2 millones de galones cada una.
Para financiar la realización de este proyecto, Grupo Zeta invirtió 90 millones de dólares, dinero que no pudo haber sido generado por sus propias empresas, ni tampoco pudo haber sido obtenido de un préstamo de bancos mexicanos (porque no es sujeto de crédito dado los fraudes que cometió anteriormente con la Banca mexicana y sus antecedentes en el Fobaproa). Los balances del 2003 al 2006 del Grupo Zeta en Latinoamérica arrojan pérdidas millonarias que, según información confidencial, se debe a malos manjeos.
En realidad la familia Zaragoza atrajo recursos de inversionistas off shore de Ginebra y –sin cumplir con lo que la SHCP establece para transparentar este tipo de transacciones financieras y evitar el lavado de dinero– se brincó todas las políticas que el gobierno mexicano exige en estos casos. Así, Zeta se dedicó a traer ese dinero ilegalmente a nuestro país durante todo 2002 y parte de 2003. Por ello, el emporio de los Zaragoza ya es objeto de una ardua investigación por parte de las autoridades hacendarias.
De la misma forma, existen serias sospechas acerca de la manera en que Zeta Gas obtuvo la autorización para operar una terminal en el Bajío. En un procedimiento irregular, el entonces director de gas LP de la Secretaría de Energía, Eduardo Piccolo Calavera, firmó el permiso para un proyecto de tal magnitud tan sólo a los seis días de haber sido solicitado, y a un día antes de que le fuera exigida su renuncia por el entonces secretario de Energía, Fernando Canales Clarion.
Este proyecto le ha servido al Grupo Zeta para colocarse al frente de la carrera por el monopolio en el suministro de gas LP a Pemex y a todo el mercado de Guadalajara, el Bajío y el centro del país. Para ello, los Zaragoza contaron con la asesoría y confabulación del exdirector general de gas LP, Marcos Ramírez Silva, y el exdirector general de Pemex, Luis Ramírez Corzo, quienes autorizaron al Grupo Zeta un contrato de importación y de suministro de gas LP por más de 300 mil toneladas por año, lo que les deja ganancias superiores a los 300 millones de pesos.
Ya para 2004 Pemex había hecho una inversión millonaria en sus terminales de Zapopan y Abasolo en el estado de Jalisco, con el objetivo de bajar los costos que implican el traslado de combustible por su red de gasoductos a sus propias terminales. La paraestatal logró abatir los costos. Por ello, resulta una incongruencia sustituir esta operación tan rentable para Pemex a cambio de otorgarle a Grupo Zeta todo el beneficio del negocio en detrimento de la empresa pública.
Esta operación ocasiona un daño patrimonial a la paraestatal por lo cual deberán responder ante la Ley de Responsabilidad de Servidores Públicos el exdirector general de Pemex, Luis Ramírez Corzo, y el exdirector de Pemex-Gas y Petroquímica Básica, Marcos Ramírez Silva.
Con este proyecto Grupo Zeta gana mucho dinero, extiende sus redes de control monopólico en el país y sustituye gradualmente a Pemex en la importación del producto gas LP.
Año V No. 55 Agosto 2007
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