Finanzas

Nuevos bancos, más de lo mismo

Isabel Cárdenas

Con la última ronda de autorizaciones para operar bancos por empresas como Famsa, Coppel, Liverpool y la propia Wal-Mart, la Secretaría de Hacienda y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores pretenden subsanar la falta de competencia en este sector tolerada por el gobierno de derecha de Vicente Fox.

Éste fue el mismo argumento que se utilizó en 2002 para justificar la autorización de un banco al Grupo Elektra, a pesar de que esta cadena dedicada a la venta de enseres domésticos se ha caracterizado por cobrar altas tasas de interés a sus clientes. Ahora, las autoridades financieras se enfrentan a una bola de nieve que pondría en jaque el imperfecto modelo de competencia bancaria.

La solicitud de Wal-Mart para operar un banco se basa en el antecedente de Elektra. Difícilmente, aseguran analistas, la Secretaría de Hacienda tendría argumentos para negar la licencia de un banco a la multinacional del retail, cuando apenas en 2002 pasó por alto las advertencias en torno al riesgo de mezclar el negocio del comercio con el bancario.

Hace una década, en Estados Unidos se consintió un escenario similar con grandes pérdidas para los ahorradores y las arcas públicas. La Federal Deposit Insurance Corporation, una de las máximas autoridades bancarias en ese país, autorizó a la firma Enron -protagonista del mayor escándalo contable en la historia de Wall-Street- una licencia para operar un intermediario crediticio (Industrial Loan Corporation –ILC-) con el que prometió impulsar el mercado secundario de venta de electricidad. El quebranto fue millonario y ahora esa experiencia ha servido como ejemplo enarbolado ante el Congreso de Estados Unidos por la Asociación de Banqueros de Iowa para impedir que Wal-Mart cuente con una licencia bancaria. En Estados Unidos la solicitud de Wal-Mart para operar un banco está congelada.

En México la primera reacción de los banqueros, ante la noticia de que Wal-Mart se convertiría en su competidor, fue el silencio. Sin embargo, a un mes de que se dio a conocer su solicitud, la Secretaría de Hacienda recibió un detallado reporte elaborador por los banqueros sobre los peligros para el sector crediticio de aprobarse, sin una vigilancia adecuada, la incursión de Wal-Mart en este mercado.

Microcréditos y macrotasas

En defensa de la aprobación de un banco para Wal-Mart, la Secretaría de Hacienda asegura que se incrementaría la competencia bancaria en los segmentos populares, precisamente, como los que atiende el grupo Elektra. La realidad es otra. Los créditos que ofrece el banco del Grupo Salinas cobran tasas que se ubican entre las más altas del sistema crediticio.

Si bien la fortaleza de Banco Azteca se encuentra en créditos al consumo, que apoyan de manera determinante las ventas de su cadena de tiendas, también incursiona en créditos para pequeños negocios, lo que ahora llama microcréditos que, asegura, generan valor, creación de activos y riqueza. Pero el producto conocido como Credimax no cobra tasas preferenciales para sectores de la población que no tienen acceso al financiamiento. Al contrario, bien podrían ubicarse en el rubro de la usura o ajiotismo.

Los asesores de Carlos Septién, director general de Banco Azteca, aseguran que no se puede calificar como usura la actividad crediticia del banco de Ricardo Salinas Pliego, pues se trata de préstamos a microempresas o personas con actividades en el comercio informal que involucran altos costos de administración y grandes riesgos. Aún más, la disponibilidad de los recursos representa el mayor valor agregado en la actividad financiera de este banco.

Así que mientras la banca otorga, sin mayor restricción, créditos al consumo a través de tarjetas, los financiamientos para el capital de trabajo son caros y escasos. Banco Azteca asegura, en su descargo, que precisamente el capital de trabajo es uno de los insumos fundamentales para el desarrollo de una economía, y por tener acceso a él, bien vale la pena pagar un alto costo. Los financiamientos que ofrece Elektra van desde los 3 mil hasta los 60 mil pesos y se autorizan en menos de 24 horas “con términos accesibles”, según su publicidad. Por supuesto, los directivos de Elektra no mencionan las altas tasas de interés ni las comisiones. 

Su apuesta es atender a más de 12 millones de mexicanos que trabajan en la informalidad, lo que les impide comprobar ingresos y solicitar un crédito a otros bancos. El negocio para Elektra es redondo: más de 200 proveedores venden hasta 5 mil tipos de herramientas para micronegocios a través de sus tiendas. La autorización del crédito está atada a la compra de estos productos. Así, Elektra se ha convertido en el banco de mayor crecimiento en el país con mil 500 sucursales que dirigen créditos a sus mil tiendas en todo el país, ubicadas en regiones en donde, en la mayoría de los casos, no enfrentan competencia.

Hasta mayo pasado, Banco Azteca otorgó más de 32 mil financiamientos y espera colocar más de 140 mil créditos al cierre del año bajo las mismas condiciones de tasas de interés en un momento en que los réditos nominales y la inflación son los más bajos en la historia de la economía. 

Bajo estas condiciones, sin límites en el cobro de intereses y comisiones, la Secretaría de Hacienda autorizó al grupo regiomontano Famsa, el banco Ahorra Famsa; el mismo camino sigue el grupo sinaloense Coopel. Dice Elektra, cuando sus directivos exponen las bondades del esquema de microcréditos, que el nivel de incumplimiento de sus clientes es mínimo; que se trata de mexicanos que pagan sus deudas. Entonces, ¿por qué el nivel de tasas tan alto?

Wal-Mart va por todo

El gigante del comercio detallista no se conforma con transformar los esquemas y modelos de negocios de las tiendas de autoservicios, ahora busca ingresar de manera directa al rentable negocio bancario, en donde la Comisión Federal de Competencia sospecha prácticas de colusión entre los principales participantes del mercado, mientras el Banco de México ha insistido en la necesidad de bajar las comisiones y mejorar la competencia.

Wal-Mart, sin embargo, difícilmente cambiaría esta situación. Ahora mantiene un rentable negocio con GE Capital Financial Services, el intermediario bancario que en Estados Unidos se ha convertido en uno de sus más sólidos aliados en las ventas a crédito. Otro de sus proveedores de servicios bancarios es el propio BBVA Bancomer que seguramente perderá a uno de sus mejores clientes en el país. Hace apenas un año, Wal-Mart desató una feroz competencia entre los principales bancos del sistema de pagos para obtener los mejores costos en el manejo de su tarjeta de crédito para clientes de Suburbia. De obtener la autorización para operar un banco, las empresas que conforman a Wal-Mart de México cambiarían de banco para dar prioridad a la institución de la casa.

Wal-Mart espera obtener hasta 400 millones de dólares del negocio bancario en un plazo máximo de seis años y competir directamente por el crédito al consumo. Entre sus planes, debido al tipo de clientes que atiende en sus tiendas, no se encuentra el segmento popular, catalogado por los mercadólogos como “C” o “D”. 

Entonces, Elektra con su Banco Azteca bien podría quedarse sin competidores en un mercado que necesita créditos baratos para generar riqueza. La expectativa de Wal-Mart es operar un banco que otorgue tarjetas de créditos, de débito, que capte recursos para fondearse en los mejores términos y que, por supuesto, impulse las ventas de sus tiendas. Los negocios que financia Banco Azteca están condenados a una economía de subsistencia, pues ninguna empresa puede sobrevivir y crecer con tasas mayores al 80 por ciento anual. Para muestra basta un botón, las grandes empresas negocian créditos que no superan el 14 por ciento anual.

Pero no todo será miel sobre hojuelas. El problema es que Wal-Mart no ha logrado la autorización para un banco en Estados Unidos, a pesar de costosas campañas de cabildeo en ese país. Con este antecedente, los banqueros que representan aquí los intereses de las multinacionales del crédito -Citibank, Bank of America, BBVA, Santander, HSBC y Scotiabank- llevarán a todo los niveles de gobierno la prohibición expresa en el texto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que restringe la operación de un banco a una entidad que no ofrezca el mismo servicio en su país de origen.

Así que en México, a diferencia de Estados Unidos, la batalla contra Wal-Mart estará a cargo de los grandes bancos y no de pequeñas instituciones de crédito locales que durante las últimas décadas sí han contribuido al desarrollo regional y que temen, como sucedió en el sector comercio, que Wal-Mart arrase con negocios pequeños y medianos concentrado en mercados y precios, de acuerdo con los documentos presentados ante el Congreso de Estados Unidos y las autoridades financieras de ese país. Se trata, pues, de un bloque, del cartel bancario que defenderá su territorio a toda costa. Hasta ahora, la Comisión Federal de Competencia, a pesar de contar con una nueva ley fortalecida y renovada, no ha encontrado los elementos para acusar de colusión a los banqueros. Habrá que esperar.

 

Año IV No. 45 Octubre 2006

 

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