Convergencia tecnológica

Competencia vs monopolio

Jonathan Torres

La convergencia tecnológica es la llave para acceder a “la sociedad de la información” y la posibilidad para ofrecer servicios como triple play. La convergencia permitirá al consumidor acceder a cualquier servicio -radio, televisión, telefonía, correo electrónico- desde cualquier lugar, a través de cualquier dispositivo.

Podremos ver la televisión, hablar por teléfono, enviar mensajes o correos electrónicos y navegar por internet usando desde la computadora hasta el refrigerador, pasando por nuestro teléfono celular o PDA. Y si menciono hasta el refrigerador es porque todos estos dispositivos podrán conectarse por internet y darnos acceso a la más amplia variedad de servicios.

Sigamos con el ejemplo del refrigerador. En el futuro nuestro “refri” podría tener un lector óptico a través del cual podrá saber qué productos tenemos y si caducaron. También podrá contar con una pantalla que nos permita hacer nuestro pedido al supermercado, ya sea vía internet o telefónica y, si andamos de humor, podremos visitar virtualmente la sección de frutas para ver qué se nos antoja. Una vez terminadas las compras podremos sentarnos a desayunar mientras usamos la pantalla del “refri” para ver el programa de televisión que nos perdimos la noche anterior o escuchar las noticias.

Todo esto ya es realidad en países como Corea y Japón; y en menos de un lustro, podría tener un alcance universal gracias a la convergrencia tecnológica.

Y es que la digitalización de la información nos permite convertir textos, datos, voz y video en señales digitales que pueden enviarse a través del protocolo IP (Internet) a cualquier dispositivo.

Además el crecimiento y abaratamiento de la capacidad del Internet de banda ancha que permitirá transmitir no sólo correos electrónicos y voz sino, en un futuro, video de alta calidad a menor costo.

La mayor capacidad de procesamiento y almacenamiento de computadoras y dispositivos permite acceder a cualquier tipo de servicio a precios cada vez más económicos.

La convergencia tecnológica está integrando al sector de telecomunicaciones con sectores como televisión, radio e informática. Los operadores de telefonía ya dan internet y pronto ofrecerán televisión. Los concesionarios de televisión, sobre todo los cableros que ya ofrecen internet, darán telefonía. También, en un futuro próximo, la Compañía de Luz podrá arrendar su red de suministro eléctrico desplegada en todo el país para que los operadores puedan ofrecer servicios de telefonía e imagen a través de banda ancha.

Esto es el triple play. Paradójicamente, la diversificación de potenciales proveedores de servicios traerá consigo fusiones, alianzas y compras, con lo que se buscará complementar y consolidar el alcance de las empresas. La posibilidad tecnológica de dar nuevos servicios no implica que se puedan concretar fácilmente. Se requiere invertir en nuevas tecnologías y desarrollar o adquirir el “know how” correspondiente. Por ello, no es de extrañarse que en el próximo lustro cambie el perfil de los jugadores y de los sectores de la industria involucrados. 

Todo eso necesariamente demanda que las autoridades, las cámaras empresariales, la industria y la sociedad cambien sus enfoques. Ya la llamada “ley Televisa” fue un primer paso al integrar, aunque sea parcialmente, la regulación de la radio y televisión al sector de telecomunicaciones.

Nuestra regulación tiene que cambiar su enfoque vertical y fragmentado por uno horizontal que aborde en forma integral todos los sectores de la industria, que convergen para ofrecer acceso a los más variados servicios de comunicación e información.

Los servicios ya no dependen de una infraestructura determinada. Pueden ofrecerse independientemente de la infraestructura de acceso (alambre de cobre telefónico, cable coaxial o fibra óptica, espectro radioeléctrico o líneas de electricidad) de ahí la importancia de que las autoridades diseñen una regulación que sea tecnológicamente neutral. Es necesario romper las inercias que han frenado la innovación tecnológica y la competencia durante los últimos seis años.

La inacción y omisiones de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y Cofetel han permitido que, a diferencia de lo que ocurre en el mundo, se mantengan modelos de negocio tradicionales y onerosos basados en tecnologías obsoletas. En México la mayoría de los consumidores siguen pagando por llamada y por minuto en lugar de pagar una tarifa única que permita el uso ilimitado de la telefonía, tanto fija como móvil.

La telefonía IP no ha crecido exponencialmente como en otras partes del mundo, porque la penetración de banda ancha en nuestro país es de 1 por ciento, de las más bajas no sólo en el marco de la OCDE sino también de América Latina. Esto es resultado de condiciones monopólicas de mercado que han permitido las autoridades.

Durante este sexenio la SCT arrastró los pies en materia de acceso inalámbrico: obstaculizó la definición de bandas de uso libre y la licitación del espectro radioeléctrico para el uso de tecnologías WiFi y WiMax que potencialmente abrirían el acceso de última milla que hasta ahora monopoliza un solo operador. 

El Acuerdo de Convergencia que presentó inicialmente la SCT limitó la convergencia a la telefonía local fija y a los concesionarios de televisión restringida. La industria y la COFECO han señalado la necesidad de ampliar el alcance e incorporar criterios y normas claros que acoten el surgimiento de un actor dominante en el triple play.

México no puede permitir que nuevamente un monopolio aproveche las economías de escala para acumular capital en lugar de bajar los precios y hacer más accesibles los servicios de telefonía, internet y televisión a toda la población.

Por su parte, la industria también tiene que romper sus tradicionales divisiones y cotos de poder. Las cámaras empresariales tendrán de igual forma que pasar un proceso de fusiones y alianzas que permitan replantear la interlocución con el Estado. La CIRT (Cámara de la Radio y Televisión), la Canitec (Cámara de la Televisión por Cable), Canieti (Cámara de las Telecomunicaciones e Informática), y Anatel (asociación donde se agrupan los concesionarios de telefonía móvil) mantienen un enfoque fragmentado en lugar de articularse en una cámara o confederación que conjugaría más de 10 por ciento del PIB.

Felipe Calderón tiene frente a sí un gran reto. Podría darle un giro importante no sólo al sector telecomunicaciones sino al desarrollo del país si establece una política de industria que incentive y consolide la convergencia tecnológica en México. Una política de industria que promueva las economías de escala, con sus consecuentes beneficios para el consumidor, y evite los errores del pasado que minaron la competencia y la adopción tecnológica y generaron monopolios en telefonía fija y celular, así como oligopolios en televisión y radio.

La clave está no sólo en promover la penetración de internet de banda ancha sino también desarrollar aplicaciones y servicios que corran sobre ella. Los temas de dominancia y desagregación de la última milla pueden pasar a la historia si se aprovecha la convergencia tecnológica para abrir el mercado de triple play, a nuevos jugadores en un entorno competitivo.

Hoy, en México, estamos tomando las decisiones que pueden hacer que “la sociedad de la información” sea una realidad para todos los mexicanos o que pueden limitar a una élite de la población el acceso de información. Se están definiendo las políticas públicas que inducirán esta revolución tecnológica o la acotarán; que impulsarán una diversidad de ofertas o generarán un monopolio en detrimento del consumidor.

 

Año IV No. 45 Octubre 2006

 

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