Convergencia

Carso vs Televisa

Darío Celis

El acuerdo de convergencia tecnológica fue publicado el 4 de octubre, luego de una intensa batalla mediática que se recrudeció en los últimos tres meses. Era lógico, pues los actores eran precisamente los medios de comunicación.

La dupla Telmex-SCT ganó una primera batalla, más no la guerra. Y es que al final el acuerdo le abre de par en par la puerta a Carlos Slim Helú para entrar al lucrativo negocio de la televisión, sector que siempre le fue vetado.

Esta nueva incursión a la televisión del tercer hombre más rico del mundo viene precedida de dos frustrados intentos por querer controlar el medio: la sociedad accionaria en Televisa y la sociedad operativa en Cablevisión.

Desde que Slim adquirió Teléfonos de México, en 1991, sabía que en un futuro no muy lejano podría saltar a la televisión. Sin embargo también estaba consciente del desafío político que ello implicaba. No pasó mucho tiempo para confirmarlo.

Cuando Slim entró al rescate financiero de Televisa, más de un analista y autoridad se preocupó, pues se llegó a especular que era el primer paso para adquirir el grupo de comunicación televisiva más influyente en el mercado de habla hispana.

La primera en cuestionar esos acercamientos, desde mediados de los 90, fue la Comisión Federal de Competencia. El organismo impidió a Slim controlar Cablevisión y al final lo obligó a desinvertir.

Desde entonces Televisa ya empezaba a realizar las pruebas iniciales de transmisión de voz a través del cableado de su sistema de televisión por cable, Cablevisión. Eran los primeros escarceos donde uno invadía el terreno del otro.

A la vuelta de 10 años, el choque de trenes fue inevitable: la convergencia tecnológica obligó a cada grupo a pertrecharse y buscar aliados. Telmex empujó fuerte con la SCT un cambio en su título de concesión para entrar a la televisión.

A su vez, Televisa aglutinó a los operadores de televisión por cable, a la Comisión Federal de Telecomunicaciones y a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, para evitar que Telmex modificara su título de concesión.

Toda la polémica se da después de que la Comisión Federal de Competencia y la SCT lograron lo que la industria de telecomunicaciones nunca creyó que conseguirían: sacar el acuerdo de convergencia.

¿Qué plantea el susodicho acuerdo? Que las empresas de telefonía se conviertan en proveedores de servicios de televisión y acceso a internet, y que las empresas de televisión puedan ofrecer telefonía e internet.

Lo que trae consigo la puesta en marcha de este acuerdo es una apertura total a la competencia, que impulsaría a la baja las tarifas de todos los servicios de telecomunicaciones. La reducción oscilaría entre 15 y 30 por ciento.

Pero el impacto no sólo se reflejaría en más competencia sino que rompería con monopolios históricos: el de Telmex en la telefonía, el de los cableros en la televisión restringida y el de Televisa en la televisión abierta. 

El más afectado por esa apertura será, en última instancia, Televisa; porque el acuerdo de convergencia establece, además, una apertura de los contenidos, la columna vertebral de la empresa televisora.

El grupo de Emilio Azcárraga de pronto se vio en el peor de los mundos: obligado a competir en televisión con un grupo financieramente poderoso como el de Carlos Slim, y obligado a proveerlo de sus propios contenidos.

Fue por ello que, cuando la Comisión Federal de Competencia y la SCT lograron el aval de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria para publicar el acuerdo, arrancó una lucha política.

Esta batalla enfrentó a Azcárraga y a Slim. El segundo no entendía porque era atacado, cuando se suponía que era socio accionario de Televisa y los había apoyado en las reformas a la leyes de Radio, Televisión y Telecomunicaciones.

Pero lo que más le molestó fue que se haya dado entrada a la polémica al secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz. Si con alguien entabló una feroz batalla fue con Gil Díaz cuando dirigía la telefónica Avantel.

El funcionario envió dos cartas a la Secretaría de la Función Pública alertando sobre las implicaciones que en el erario tendría autorizar el cambio de concesión a Slim para entrar a la televisión sin cobrar nada.

La actuación de Gil Díaz revivió una vieja disputa que mantenía con el secretario de Comunicaciones, Pedro Cerisola. El presidente Fox tuvo que intervenir y, como en pocas ocasiones de su gobierno, hizo valer su investidura.

Ese manotazo aceleró la publicación del acuerdo, que finalmente apoyaron todos, excepto Televisa y el secretario de Hacienda. La historia no terminó ahí y promete un final que ni la mejor telenovela ha transmitido.

 

Año IV No. 45 Octubre 2006

 

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