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Fox, igual que los priístas: Gilberto Borja
Para Gilberto Borja Navarrete, el presidencialismo en México no cambió con Vicente Fox. En el 2000, explica, solo hubo un cambio de partido en el poder, pues “los presidentes son humanos. Eso no cambia”
Fernando Ortega Pizarro
Ex presidente del Grupo ICA, la empresa de ingeniería y construcción más grande de México, y consejero de Banamex, de Grupo VISA, de Telmex y de Grupo Maseca, entre otros consorcios, Gilberto Borja Navarrete asegura que hay bastante decepción en la gente con el “gobierno del cambio”, ya que “se habló mucho que se iban a alcanzar unos índices de crecimiento y una cantidad de empleos para los mexicanos, y no se logró. Entonces ahí hay una desilusión”.
Constructor de ciudad universitaria, del Metro, del drenaje profundo y de importantes carreteras, puentes, distritos de riego, presas de almacenamiento y grandes obras hidráulicas en todo el país, prosigue: “una desilusión que incomoda, que molesta, pero al fin y al cabo los que simpatizan con el partido que está en el poder votaron en igual número de sufragios que los que están peleando por la justicia y la equidad”.
Edificador de aeropuertos, vías férreas, instalaciones portuarias y plataformas marinas en México y América Latina, asegura que los mexicanos están divididos, y las autoridades no consiguen la paz, sino que se ve cada vez más tensión en el país. “La sociedad está muy golpeada. La gente de pocos recursos piensa que no se le ha hecho la justicia adecuada”.
En entrevista, Borja Navarrete, quien fue director de Nacional Financiera en el gobierno de Ernesto Zedillo, también habla de una fuente de tragedias que se presenta cada vez que hay temporada de huracanes en el país: la “imperdonable” falta de prevención del gobierno para enfrentar estos fenómenos.
En efecto, año tras año, la historia se repite: miles de damnificados, muertos, heridos, enfermos, casas destruidas, servicios colapsados, incomunicación, falta de alimentos y agua, dolor, incertidumbre, ocasionados por las tormentas y los huracanes, cuya virulencia es cada vez mayor.
Pero el problema sigue siendo el mismo: la falta de planeación del gobierno ante fenómenos que pueden predecirse para evitar estas tragedias.
“Los huracanes se pueden prever. Si se sabe cuáles zonas ataca, pues habría que hacer una verdadera planeación de las comunicaciones, las carreteras, la dotación del agua, los cauces de los ríos, para que cuando llegue un fenómeno al que uno viene observando de lejos, puedan salvarse vidas y muchas cosas. Deberíamos sentarnos a hacer las cosas mejor, planear y trabajar mejor”, señala.
El año pasado, cuando el 11 de octubre recibió de la Cámara de Senadores la medalla “Belisario Domínguez” por “su ciencia y su virtud en grado eminente, como servidor de nuestra patria”, Gilberto Borja habló precisamente de esta falta de planeación, a propósito de la tragedia humana y ambiental que sufrió Chiapas con el huracán “Stan”.
Ante el pleno del Senado y en presencia del presidente Vicente Fox, Borja expuso con valor civil que “esta nueva tragedia (en Chiapas) vuelve a poner el acento en algo imperdonable: nuestra falta de prevención”.
Consideró que “estos fenómenos volverán a repetirse y si no podemos seguir reaccionando únicamente, como ha ocurrido, para auxiliar a las víctimas, salvar lo que se puede, construir una y otra vez lo perdido, no estamos resolviendo el problema”.
Prosiguió: “como ingeniero, como constructor y como mexicano creo que nuestra actuación debe ser más allá del socorro. Debemos de prevenir y ello implica que debemos de planear”.
Un legislador confió al reportero que cuando Gilberto Borja terminó de leer su discurso, el presidente Fox lo abrazó y le dijo en voz baja: “Ya me chingaste”.
Al respecto, el empresario comenta con espontaneidad: “Pues yo creo…”. Pero se detiene y prosigue: “no me dijo eso, sí me dio un abrazo muy afectuoso, y me dijo que estuve firme, duro, pero no lo chingué nada. Ahí está el escrito”.
Borja Navarrete reconoce que el gobierno ha hecho muchos esfuerzos para invertir en infraestructura, pero la que sirve para evitar inundaciones, dotar de agua y evitar muertes “en algunos lugares nos ha rebasado”.
Ante una tragedia ambiental, entra el Plan DN-3 con el ejército, “le ponen toda la fibra, todas las ganas, pero el fenómeno ya cayó”.
El gobierno, dice, “está conciente de que estos problemas existen, pero a veces no tiene la capacidad, no solo de planeación, sino también económica. También es falta de aplicación de recursos por tantas necesidades que tiene el país”. Coincide en que se aplican miles de millones de pesos para remediar las consecuencias de los fenómenos naturales, en lugar de prevenirlos.
“Es como la vida diaria. Uno no va a ver al medico sino hasta que está enfermo. Hay también una cultura de la prevención que deberíamos considerar en todo”.
—¿Se podría decir que esta falta de prevención y de planeación del gobierno es criminal?
—Es desafortunada, porque nadie hace las cosas para que se muera gente.
—Pero no hacerlas…
—No hacerlas, o la incapacidad de no poder hacerlas, origina tragedias muy lamentables.
La entrevista con Gilberto Borja Navarrete se realiza en una casona de dos pisos en Coayoacán. Son sus oficinas, pero en realidad fue la casa donde él vivió con su familia cuando era niño. En el patio cuelgan varias jaulas de aves multicolores. Desde los sillones blancos, confortables, de la sala, pueden disfrutarse cuadros de Diego Rivera, Rufino Tamayo y José Clemente Orozco, que también están en las principales paredes de la casa.
Defeño de 77 años de edad, ingiero civil por la UNAM y ex miembro del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, Gilberto Borja Navarrete tiene el privilegio de haber conocido a los presidentes de México, de Lázaro Cárdenas a Vicente Fox.
Se abstiene de decir quién ha sido el mejor presidente del país, pero invita a ver el mueble de su oficina que está detrás de su escritorio donde se encuentra una pequeña escultura en bronce de Lázaro Cárdenas -“es una gente que respeto intensamente como presidente de México”- y un busto de Benito Juárez -“yo creo en él y en los principios que dieron a este país la Reforma”-.
—Usted conoció el poder. Estuvo cerca de los presidentes. En Nafinsa estuvo en el poder, de alguna forma.
—Pues no. Porque conocer a una figura como el general Lázaro Cárdenas no me daba poder, sino una gran satisfacción y aprendizaje, porque él era el jefe de la Comisión de Tepalcatepec, y trabajar en Nacional Financiera me dio oportunidad de servir a mi país por tres años. Yo no estuve en el poder. Estuve cerca de las gentes importantes de este país.
—¿Le gustó su experiencia en Nafinsa?
—Me gustó por el reto, pero no por mi formación. O sea, la tomé por un pedimento que me hicieron. Saqué adelante una tarea a la que me comprometí y después me salí. Yo no soy hombre de servicio público.
Dice que no es nadie para calificar a los presidentes de México, pero considera que ellos nunca deben olvidar que la gente los juzga. “El tiempo es implacable. Ni son dioses, ni creo que deban creerse dioses. Son gentes importantísimas en la vida del país y en el periodo que les corresponde tienen el poder, pero también el compromiso y la responsabilidad. Cuando termina su periodo, hasta ahí deben actuar. Y el tiempo, la historia, los juzga con más serenidad posteriormente”.
El triunfo de Vicente Fox en el 2000 simplemente lo ve como “un cambio de partido en el poder”.
Las elecciones, explica, hicieron que tuviéramos un nuevo presidente. “Claro, al ser ajeno al partido en el poder, se consideraba que era un cambio. Pero tuvimos un cambio como tenemos un cambio cada seis años.
—¿El presidencialismo se modificó?
—No, el presidente sigue siendo el más responsable del país, sigue siendo el que lleva todos los compromisos internacionales.
—La Presidencia siguió igual.
—En su matiz personal que le da el actual presidente.
Gilberto Borja Navarrete tiene la Medalla de Honor al Mérito Empresarial por la Cámara de Comercio. En 2003 fue reconocido como “Valor Mexicano de la Ingeniería” y en 2004 recibió el Premio Nacional de Ingeniería Civil.
Además, forma parte de patronatos y organizaciones educativas y asistenciales, como la UNAM y el Hospital Infantil de México. Actualmente preside la Fundación “Gonzalo Río Arronte”.
No ha vivido la pobreza, pero la conoce y le duele. “Vi la pobreza en el país, alrededor de las obras. Vi sus carencias de salud, de falta de agua, de comunicaciones”.
De Chiapas, por ejemplo, le impresiona su geografía y su naturaleza. Pero también su “diversidad cultural y el dramático contraste entre el potencial productivo y la persistencia de la pobreza y marginación. Ya no debemos tolerar esto”.
Lamenta que en las escuelas se da “una instrucción menos referida a los sucesos de la Patria, como la intervención de los españoles, la conquista de la Nueva España o las guerras de Reforma. Los maestros que tuve eran muy completos y nos metían la historia en la cabeza. Eso nos permitió conocer a la Patria”.
“Hoy el amor a la Patria, el patriotismo, no puede ser una curiosa virtud de unos cuantos; es una necesidad ineludible de México, de los mexicanos. Como tal, puede ser la fuerza que mueva a todos todo el tiempo, en todos los ámbitos de la vida nacional”-
Por eso, dice, le incomoda la desigualdad existen en el país.
—Cuando el PRI deja el poder, había muchas esperanzas en los mexicanos de que con este gobierno la situación del país cambiaría.
—Una cosa es ofrecer y prometer, y otra cosa es cumplir.
—¿Hay mucha decepción?
—Pues evidentemente, porque se habló mucho que se iban a alcanzar unos índices de crecimiento y una cantidad de empleos para los mexicanos, y no se logró. Entonces ahí sí hay una desilusión. Una desilusión que incomoda, que molesta, pero que al fin y al cabo los que simpatizan con el partido que está en el poder votaron en igual número de votos que los que están peleando por la justicia y la equidad.
“El partido en el poder tuvo un número importante de votos, a pesar de sentir que su Presidente por el que votaron no cumplió todas las cosas que dijo. A casi seis años, ya sabemos qué cumplió y qué no cumplió”.
—Cualquiera diría que usted, por ser empresario y por afinidad ideológica, estaría más de lado de Felipe Calderón.
—No, no. Yo estudié en escuela de gobierno, en escuela laica, en donde los geniales maestros que teníamos eran de una calidad social, económicamente hablando, muy baja. Nosotros éramos de una formación de clase media también con problemas. Después estudie la preparatoria y la carrera en la UNAM.
“Yo no tengo por qué irle a Calderón por haber estudiado ingeniería, ni tengo por qué irle a Andrés Manuel López Obrador por haber sido amigo de los jóvenes de izquierda que yo conocí en la universidad. No. Los empresarios son como los curas, como cualquiera, hay buenos y malos. Es normal”.
—¿Usted está de acuerdo con la crítica de López Obrador a los empresarios?
—Eso está bien. Pero aquí se califica que todo mundo es empresario, y no. Entiendo que su descalificación es a los empresarios que hacen negocios con el gobierno, y eso está muy lejos de que sean todos. Yo conozco a empresarios muy dignos, muy trabajadores, y francamente dice uno: “Ojalá que hubiera más de éstos”. Ahora, en el camino de trabajar se hacen recursos. Hay que ver cómo el empresario que tiene recursos, los utiliza en beneficio del país.
También se refiere a las elecciones presidenciales y comenta que “vivimos una campaña muy intensa de insultos, de atacar al contrario, y el contrario a defenderse y atacar”.
—¿Usted cree que las campañas de odio polarizaron a la sociedad?
—Pues sí, es producto del comportamiento de la pasión, del deseo de ganar de cada partido, que expresa una serie de conceptos que a la gente le preocupa y los toma como propios, y de repente hay alteraciones en la sociedad.
—Ahora estamos ante un escenario de violencia en el país, de que salgan los puños, como dice el perredista Manuel Camacho.
—Seguramente quiere reflejar el enojo que hay. Pero es muy delicado decir que salgan los puños. Si se piensa que el que gane va a aplaudir y a reír, y el que pierda va a sacar los puños contra el otro, pues qué culpa tiene aquel.
—¿Hay un deseo de que vuelva la paz al país?
—Bueno, eso es lo que están haciendo (las autoridades), pero tal parece que no están logrando la paz. Cada vez se ve más tensión.
Año IV No. 46 Noviembre 2006
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