Finanzas

La conspiración del humo

Julio Frenk Mora, secretario de Salud, prefirió pactar con la industria tabacalera antes que enfrentarla con leyes y reglamentos. Philip Morris y British American Tobacco tienen permiso para crecer en México, y así lo evidencia la postura de la Secretaría de Salud y sus políticas públicas en torno a los gigantes de la industria cigarrera.

Jorge Torres

Una de las decisiones más controvertidas del Secretario se Salud en el actual sexenio, fue haber pactado con las tabacaleras un tramposo subsidio que, en palabras de Julio Frenk Mora, iría a parar a los limitados programas de ayuda a niños y mujeres con cáncer, aun cuando con esta actitud se desestima la posibilidad de un verdadero programa de salud pública que enfrente los saldos negativos causados por el consumo de tabaco.

Julio Frenk antepuso los intereses de la industria tabacalera y burló el Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), coinciden investigadores y activistas internacionales.

“México tendrá que explicar por qué acordó con la industria tabacalera cuando todos resolvieron que eso no se debe hacer”, comenta el doctor Eduardo Bianco, director del Programa de Control del Tabaco de la Fundación Interamericana del Corazón.

“El ministro Frenk ha hecho una alianza. Se ha vuelto socio de la industria tabacalera y... claro, es difícil pensar que él lo haría, y la gente debe asegurarse de que invalide este acuerdo”, dice el doctor Stanton Glantz, director del Centro para el Control, Investigación y Educación del Tabaco de la Universidad de California.

“Las estrategias de las compañías tabacaleras no son exclusivas de países, son estrategias que se realizan a nivel internacional y que se replican cuando tienen éxito. México es el primer país que ha llegado a un acuerdo con la industria tabacalera después de firmar el convenio marco de la OMS, por eso es muy peligroso, no solamente para México sino para Latinoamérica y para el mundo.

“Estas son nuevas estrategias y México es el primer país que abiertamente hace un acuerdo con la industria cuando el Convenio Marco para el Control del Tabaco dice explícitamente que la industria no puede participar”, señala Ernesto Sebrié, investigador invitado de la Universidad de California y miembro de la Asociación Americana de Salud Pública. “O se está con la salud de la población o se está con los intereses particulares de las compañías transnacionales”, sentencia el académico.

“El haber firmado un acuerdo con las tabacaleras es insostenible; ellos (el gobierno) piensan que están avanzando, pero en realidad la experiencia que tenemos y el conocimiento de las estrategias que utiliza la industria, nos dicen que esto les conviene a las tabacaleras, no al pueblo de México. El gobierno no está cumpliendo con el Convenio Marco de la OMS”, argumenta Beatriz Marcet, directora ejecutiva de la Fundación Interamericana del Corazón, con sede en Dallas, Texas, en Estados Unidos.

Las duras críticas en contra del gobierno mexicano se derivan de la firma de dos convenios que avaló el secretario de Salud, Julio Frenk, con las dos más influyentes compañías tabacaleras, Philip Morris y British American Tobacco.

El primer convenio era para “establecer restricciones adicionales a la regulación y legislación vigentes para publicidad, comercialización y leyendas de advertencia de productos de tabaco” y el segundo, el más controvertido y criticado, buscaba “establecer el mecanismo, características, temporalidad y destino de la aportación temporal que cubrirán al fondo de protección contra gastos catastróficos los productores y comercializadores”.

Este último convenio buscó obtener una aportación de más de 4 mil millones de pesos que destinaría la Secretaría de Salud para la atención de cáncer en mujeres y niños, sin embargo, los investigadores y activistas señalan que al firmar un convenio de esta naturaleza, en el que se limitan el incremento de los impuestos al tabaco y las restricciones de los ambientes libres de humo y la publicidad, el gobierno violentó el Convenio Marco para el Control del Tabaco que signó con la OMS.

“El texto y la letra del convenio no soporta ni apoya acuerdos con la industria tabacalera; México hoy en día tiene los estándares que promueven las tabacaleras para impedir las medidas efectivas de control del tabaco”, dice Eduardo Bianco.

Y lo más riesgoso, señala el investigador Stanton Glantz, es que “el acuerdo firmado es un ejemplo de la estrategia global de la industria tabacalera dirigida a bloquear el impacto del CMCT a nivel de los países”.

“Si el gobierno quisiera pudiera subir los impuestos a los cigarros de 110 al 125 por ciento, lo cual produciría un peso por cajetilla de ingreso para el gobierno y podrían asignar directamente ese dinero a los programas de salud para población de bajos recursos. No hay nada que le impida al gobierno hacerlo.

“El ministro de salud, Frenk, dice que la única forma de utilizar los impuestos del tabaco para atención médica es mediante este convenio, pues lo que está diciendo es que las dos corporaciones multinacionales, Philip Morris y British American Tobacco, tienen más control sobre la política impositiva de asignación de recursos de México que el gobierno mismo, y eso es algo que no creo”, arguye Glantz.

“Mi recomendación a la gente de México, como lo hice a la de California en los noventa, es que tiene que decirle muy claramente al gobierno que ustedes quieren que a la gente se le proteja y que no se apoye a las compañías tabacaleras, y que no quieren ustedes un acuerdo que esencialmente está ayudando a las tabacaleras contra cualquier intervención significativa del gobierno para disminuir el tabaquismo.

“La industria tabacalera está logrando que los políticos hagan lo que ella quiere cuando la gente no se da cuenta. Lo que debe hacer el ministro Frenk es invalidar el acuerdo, decir: el gobierno se retira de este acuerdo en este momento, él puede hacerlo en este momento.

“Está claramente informado del error, está informado desde el punto de vista de las políticas públicas, desde el punto de vista de salud pública y desde el punto de vista legal, y en lugar de poner a México como país en una situación embarazosa en el escenario internacional, simplemente debería invalidar el acuerdo, esto ayudaría a proteger a la población”, señala el investigador norteamericano de la universidad de California, un hombre que fue pieza clave por la información que aportó en el juicio que se le abrió a las tabacaleras en Estados Unidos en los noventa.

Stanton Glantz fue el investigador quien junto con Jeffrey Wigand, el ex ejecutivo de la compañía tabacalera Brown and Williamson, filial de British American Tobacco, causaron la derrota judicial de esta compañía, una historia que derivó en un guión cinematográfico.

Eduardo Bianco argumenta que la sociedad y el gobierno tienen derecho a regular la industria tabacalera. “No estamos prohibiendo la industria, es legal, pero es una industria que contamina, que mata, que genera adicción, que hace daño al Estado y tiene que ser regulada firmemente”.

“Las tabacaleras están plenamente conscientes del daño que causan al consumidor, han estado manipulando el producto activo y han incrementado su capacidad adictiva y deliberadamente han ocultado esta información a la comunidad y al gobierno para no ver afectado su negocio”, dice Bianco.

La conspiración del humo

 

Uno de los aspectos fundamentales de las políticas y estrategias de las compañías tabacaleras ante la embestida de las restricciones legales para controlar y regular el consumo del tabaco en el mundo, han sido las campañas que han orquestado en forma secreta sobre todo en América Latina y Asia para contrarrestar los controles gubernamentales.

“La industria tabacalera ha elaborado desde la década de los noventa campañas dirigidas a evitar que los gobiernos tomaran regulaciones”, señala Bianco. Stanton Glantz coincide con el activista uruguayo. “Sabemos que las tabacaleras hacen todo lo posible para comprar favores de los políticos”, dice.

“Hacen contribuciones o donativos a las campañas de los políticos, a sus causas favoritas, como lo están haciendo con el ministro Frenk. Les pagan el viaje, hacen todo lo posible para lograr lo que quieren; sabemos sobre todo eso en detalle en lugares como California porque hemos exigido que se divulgue toda esta información gracias a nuestras leyes.

“En México ha habido acusaciones de que el dinero de la industria tabacalera cambia de manos, que se pagan viajes, etcétera. Llegan a acuerdos realmente muy inteligentes con los políticos, les dan algo como en el caso de México al ministro Frenk, algo que quiere para que las compañías digan que están haciendo lo correcto, y se crea este incentivo para que la Secretaría de Salud y la gente que se preocupa por los niños pobres digan que están haciendo lo correcto”, comenta Glantz.

Pero la industria del tabaco también ha orquestado campañas que involucran actos de corrupción y soborno para eliminar los obstáculos, campañas que se han documentado ampliamente, como el llamado “Proyecto Latino”, que se instrumentó en varios países de América Latina a principios de los noventa y buscaba restringir el control del tabaco.

“El acuerdo que firmó México con la industria tabacalera es el primero en su tipo en América Latina, es lo que lo hace tan peligroso. Si el acuerdo que firmó México se mantiene, podemos esperar que la industria tabacalera va a tratar de que se firme en todas partes del mundo”, dice Glantz.

“En México las compañías tabacaleras ya compraron su seguro contra las medidas antitabaco”, concluye el académico californiano.

 

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