¿Y si la transición no es de terciopelo?
Edgar Amador
Los escenarios para un cambio de gobierno son de estabilidad y sin grandes sobresaltos: El problema, sin embargo, es la creciente dependencia de la economía mexicana del capital extranjero. Así, cualquier cambio de tendencia drástico en la economía estadounidense amenazaría la estabilidad de las principales variables financieras del país.
Por primera vez en mi vida, el candidato a la presidencia con mayores posibilidades de ganar coincide con mis preferencias, y esto ocurre en un contexto económico en que muy probablemente la ausencia de una crisis de fin de sexenio vaya a estar presente de nuevo, como estuvo en el 2000. El balance financiero de México está incluso hoy más fuerte y sólido que el que teníamos cuando el PRI fue derrotado, por lo que muy probablemente la siguiente transición sexenal se lleve a cabo en medio de una tranquilidad financiera inusitada.
Las reservas internacionales del Banco de México son tan altas, que el gobernador Guillermo Ortiz sugiere que se usen para prepagar deuda externa; el déficit de cuenta corriente como porcentaje del PIB no llega siquiera al uno por ciento; los precios del petróleo mexicano se encuentran cerca de sus máximos históricos, lo que ha ayudado a tener bajas tasas de interés, y un peso muy fuerte; y para rematar, las finanzas públicas tienen, al menos en su definición más angosta, un déficit prácticamente nulo.
Es en este contexto de un envidiable balance financiero, que se enmarca la contienda presidencial, y es posible que se enmarque también el cambio de administración. Al menos que un suceso político inesperado y particularmente violento se suscite, los dos únicos factores que podrían truncar una ordenada transición política son: un derrumbe de los precios del petróleo y/o un alza súbita y pronunciada en las tasas de interés de largo plazo.
De los dos factores antes mencionados, el más importante sería el de los precios del petróleo, y el más complejo y difícil el de las tasas de interés de largo plazo.
De acuerdo con la mayoría de los expertos en este tema, la conjunción de una oferta rígida, y la demanda proveniente del crecimiento en China y la India, provocará que los precios del petróleo se ubiquen cerca de los niveles actuales a lo largo del próximo lustro. Si es así, entonces no nada más la economía mexicana no sufrirá vaivenes en el período de transición sexenal sino que la próxima administración gozará de una disponibilidad muy importante de recursos para financiar la recuperación de PEMEX y para inversión en infraestructura.
Pero si las condiciones del mercado cambian en los próximos meses, y los precios del petróleo caen de manera aguda y precipitada (esa posibilidad existe), entonces tendremos un escenario de volatilidad en el tipo de cambio, y en las tasas de interés. Si los precios del petróleo se precipitan, el dólar peso podría subirse más allá de los 11.50, y las tasas de interés de corto plazo podrían exceder el 10 por ciento, y las perspectivas para la bolsa mexicana y los flujos de inversión financiera se deteriorarían muy rápidamente. Es más, en el caso de una caída del precio del petróleo por debajo de lo que se estima en el presupuesto federal, podría haber recortes de gasto en algún momento después de las elecciones.
La otra variable a considerar es aún más compleja: las tasas de interés de largo plazo en los Estados Unidos. En el momento que escribo esta nota, pedir prestado a dos años en Estados Unidos cuesta un 4.75 por ciento al año, mientras que pedir prestado a largo plazo cuesta 4.54 por ciento. En principio, pedir a más largo plazo debería de costar más que pedir a corto plazo, y si bien no es inusual que esta inversión entre el plazo y la tasa se presente, sobre todo en coyunturas en que la economía está a punto de desacelerarse o entrar en una recesión, la actual coyuntura es tan desconcertante, que el mismo Alan Greenspan lo calificó como un “conundrum”, un acertijo, una perplejidad.
Lo raro no es nada más que las tasas de largo plazo se encuentren por debajo de las de corto plazo, eso es normal cuando el mercado anticipa con algunos meses de antelación el cambio en la tendencia de la política monetaria de la Fed. Lo raro es que durante el más de año y medio que la Fed lleva subiendo sus tasas de corto plazo, las tasas de largo plazo no nada más no han subido, sino que se han movido a la baja, en otras palabras, la efectividad de la política monetaria de la Fed para influir sobre las tasas de interés más importantes, es decir, las que pagan las hipotecas, los préstamos automotrices, los créditos empresariales, etcétera, se ha diluido al punto de la impotencia manifiesta del que fue durante 18 años el banquero central más poderoso del mundo.
Esta permanencia de tasas de interés de largo plazo históricamente bajas se ha traducido en que el costo del riesgo se haya abatido a niveles inusuales. Es más, lo que ha producido es un aumento exagerado en el apetito pro inversiones riesgosas. Hay tanto dinero en el mundo, y las tasas de retorno que se pueden obtener en los mercados más desarrollados (Estados Unidos, Japón, Europa), son tan bajas, que el hambre por inversiones en activos de mayor riesgo se ha extendido, y los flujos de los grandes fondos, institucionales y especulativos, han inundado a mercados como Brasil, Turquía, Colombia y México.
El hecho de que el costo de invertir en activos riesgosos se haya abatido debido a la baja en las tasas de interés de largo plazo explica en buena parte que más del 80 por ciento de los bonos de largo plazo, y más de la mitad del
valor de capitalización de la Bolsa en México se encuentren en manos de los extranjeros. Este maná financiero
ha contribuido a mantener un tipo de cambio prolongadamente estable, y tasas de interés de largo plazo en México inusualmente bajas y, muy probablemente, este escenario no se va a ver modificado de manera importante los próximos meses.
Pero si algo malo pasa con los precios del petróleo y con las tasas de interés de largo plazo en los Estados Unidos, entonces la transición política del país podría complicarse un poco en el frente económico, y podríamos ver volatilidad importante en el peso, las tasas de interés, y el gasto público. En este momento tal probabilidad se ve baja sin embargo, y muy probablemente veamos una suave transición hacia un gobierno de izquierda en este país en los próximos meses, sin mayores sobresaltos.
*Comentarista de Monitor y director de la consultoría en línea www.portafolios.com