Retirarse joven, retirarse rico
Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente éstas que regresan el brillo a los ojos
Pablo Neruda
El sistema de pensiones a cargo del gobierno, incluso, aquellos de perfil mixto como las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORES) aún enfrentan algunos problemas que ponen en peligro la posibilidad de un retiro digno. El ahorro independiente parece ser la clave para retirarse joven, rico y feliz. Aquí algunos consejos que podrían modificar una triste historia
Héctor Amador*
Normalmente cuando una persona llega a trascender en la historia en un campo ya es mucho mérito. Sin embargo, Otto von Bismarck (1815-1898) logró hacerlo en diversos terrenos. Principalmente se le conoce como el creador de la federación alemana. Hasta antes de él no existía Alemania pues sólo eran una serie de entidades aisladas e independientes y él se dio a la tarea de unificar las regiones bajo una tutela común.
Como si tal labor no fuera suficiente logro de una vida, Bismarck en 1889 hizo una verdadera revolución cuando emitió las primeras leyes de protección social en el mundo. Él impulsó una ley que asegurara a la gente el derecho a recibir una pensión y también la seguridad de atención médica.
Hasta antes de ese momento, las personas tenían que trabajar hasta morir o dependían de la caridad y la asistencia de otros. Fue Bismarck quien garantizó un ingreso en la vejez para poder subsistir.
Sin embargo, las fallas y problemas del diseño del esquema de pensiones no fueron palpables de inmediato. En los primeros 50 años después de surgir la legislación hubo dos guerras mundiales y la destrucción total de Alemania así como la aniquilación de una gran parte de la población. Por lo tanto, no fue hasta la segunda mitad del siglo XX que la idea de Bismarck, del sistema de pensiones, realmente se implementó, extendió y tuvo oportunidad de aplicarse sin terribles catástrofes bélicas que truncaran el experimento.
De tal forma que los jóvenes que sobrevivieron la segunda guerra mundial fueron los primeros que gozaron en su vejez de las delicias de las jubilaciones. Si consideramos que una generación labora alrededor de 30 años, antes de poderse jubilar, entonces vemos que apenas llevamos dos generaciones desde que cayó Hitler en 1945. Por lo tanto, el plan de jubilaciones ideado por Bismarck y copiado en todo el mundo es algo relativamente nuevo y por lo mismo apenas se perfecciona.
Sin embargo, hoy en día es difícil no enterarnos en forma continua del problema que está representando cumplir con el pacto social de financiar el retiro de millones de personas.
¿Hasta cuándo seguir ahorrando
Frecuentemente se me pregunta cómo saber cuándo se tiene ahorrado lo suficiente para poder retirarse. En el libro “Retirarse Joven y Rico” (“Retire Young. Retire Rich”) de Robert T. Kiyosaki desarrolla una fórmula para contestar tal pregunta:
Ingreso Pasivo + Ingreso de inversiones > 1
Egresos Totales
Es decir, la suma de todos los ingresos que se tengan (rentas de propiedades, dividendos, ganancias por capital de acciones, intereses de bonos o réditos de inversiones bancarias, etcétera) debe superar o al menos ser igual a todos los egresos. Una vez que se logre se puede prescindir de tener un empleo y esperar la quincena.
El retirarse no significa dejar de estar activo. Es simplemente dejar de encadenarse a un escritorio en una actividad que no nos llena ni nos satisface. El mejor ejemplo es el número musical del musical de Broadway “The Producers” (Los Productores) cuando el personaje del contador llega a su oficina y ve la hilera de escritorios de sus colegas cantando “Unhappy” (Desdichado) dentro del número titulado “I Wanna be a producer” (Quiero ser un productor). Cuando el personaje finalmente decide liberarse del trabajo rutinario y perseguir su sueño la misma música nos señala el cambio de ánimo y la explosión de energía que se genera.
Como escribió Pablo Neruda, “...Muere lentamente quien no gira el volante cuando está infeliz con su trabajo...”. Ésa es la meta. Enfocar los esfuerzos a algo que nos satisfaga espiritualmente aunque no sea muy remunerativo. El dinero entonces ya pasa a un plano secundario porque se tiene resuelto el problema económico. En ésta fase los recursos que se tengan ganan el dinero que se necesite para vivir y nosotros trabajamos en algo que realmente nos haga felices. Como en la obra mencionada, el contador soñaba en convertirse en un productor teatral. Tal vez alguien quiera pintar, tocar un instrumento en una orquesta, dar clases, escribir novelas o dedicarse a la política. En fin, cada quien tiene sus sueños. Otra vez, como escribió Neruda, “...Muere lentamente... quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir atrás de un sueño...”. Pero para que cada quien haga realidad su fantasía es necesario planear con anticipación y no distraernos de la meta fijada para seguir la recomendación de Kiyosaki “Retirarse joven.”
Los pasos para un retiro digno
Lo primero que se necesita es constancia y perseverancia. Por ejemplo, si alguien se hubiera animado en enero de 1981 a empezar a crear su fondo de retiro y cada mes aportó cien dólares (una suma que cualquier lector de FORTUNA puede disponer). Supongamos que lo invirtió en una sociedad de inversión indizada, es decir aquella que reproduce en su cartera el Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa Mexicana de Valores, entonces para diciembre de 2005 tuvo cerca de 900 mil dólares. El problema es que la mayoría de la gente pierde de vista su objetivo y se distrae. Si detectan una cantidad interesante reunida o dejan de aportar o sacan algo para comprarse el BMW más lujoso. ¡No! Estamos hablando de construir un fondo de retiro y así debe tomarse. No puede haber distracciones ni tentaciones. Ya habrá tiempo para gozar la recompensa por los sacrificios.
Cuando se jubila hay el problema por un lado de preservar el patrimonio y no dejar que la inflación y devaluaciones se lo coman. Por el otro lado se requiere de ingresos continuos. Es entonces que mucha gente cae en el error de invertir en bienes raíces pensando que son una buena inversión y además que aportan el flujo de efectivo necesario.
Nuevamente, se impone una estrategia de largo plazo. Se puede invertir en acciones de empresas seguras, buen manejo, con poca deuda y administración honorable. Por ejemplo, si alguien invirtió un dólar en Femsa en enero de 1991 para abril de 2006 tendría cerca de nueve dólares. (Femsa es un conglomerado regiomontano con tres divisiones operativas. En el primer negocio es el mayor embotellador de Coca–Cola en México y América Latina. En el segundo se dedica a la cerveza (Carta Blanca, Superior, Tecate, XX. Lager y Bohemia). En la tercera división operan las tiendas Oxxo en todo el país).
Aparte del estupendo aumento de capital que tuvo en todos los años ha pagado dividendos. Los dividendos dan el flujo necesario para sufragar los gastos cotidianos y no se necesita tocar el capital. A través de los años, por puro pago de dividendos se ha recuperado con creces el dólar original invertido. Una magnífica inversión y sin mayor esfuerzo que abrir su estado de cuenta cada mes.
Pero otra vez se requiere paciencia y visión. No caer en la tentación de sacar dinero para el BMW. El problema no es tanto lo que cueste el BMW sino lo que se deja de ganar. Como en el ejemplo de la acción de Femsa. Supongamos que cuando el dólar invertido se transformó en tres dólares el inversionista decidió sacar dinero para comprar el BMW. La clave no está en los tres que se retiraron sino en los seis adicionales que se dejaron de ganar. (Hay que recordar que el dólar invertido hace 15 años hoy equivale a 9. Por lo tanto, si se sacó el dinero al tener 3 se perdieron los tres que ya se tenían y los 6 que se iban a ganar adicionalmente)
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