Miedo al miedo
Héctor Amador*

La donna è mobile,
Aria del Duque de Rigoletto de Giuseppe Verdi

La donna è mobile La mujer es voluble.

Qual piuma al vento, Como la pluma en el viento

Muta d’accento cambia de palabra

E di pensier. y de pensamiento.

Sempre un amabile Un rostro agradable

Leggiandro viso, y hermoso,

In pianto o in riso entre risas o lágrimas,

E’ menzogner. es siempre falaz.

E’ sempre misero ¡Siempre es desgraciado

chi a lei s’affida, quien a ella se confía,

chi la confida y le entrega

Mal cauto il cor! incauto su corazón!

Pur mai non sentesi ¡Pero nadie se siente

Felice appieno del todo feliz

chi su quel seno quien de su pecho

non liba amor! no bebe el amor!

Traducción de Alejandro González Ponce

 

Con cierta periodicidad, las bolsas de valores del mundo realizan movimientos exagerados hacia arriba o abajo. De hecho, cuando Verdi compuso “La donna è mobile”, tal vez una de las arias de ópera mejor conocidas en el mundo, lo hizo pensando en lo veleidoso y caprichoso del humor femenino. Sin embargo, si se sustituye la palabra mujer por bolsa podríamos describir perfectamente bien a los Mercados de Valores. Después de todo, tanto la mujer como la bolsa son pasión y emoción. Como lo puso Verdi, no hay que ser ni confiado ni incauto. Cuando incursionamos en la Bolsa hay que hacerlo con cuidado para no sufrir desilusiones. Pero es necesario arriesgarnos a participar en la bolsa para poder disfrutar de sus encantos y la gran felicidad que eventualmente nos brinda.

Normalmente en la bolsa el desempeño positivo atrae menos atención pero el negativo es causa para aparecer en la primera plana de los diarios. Hay momentos en que se apodera una histeria colectiva de los participantes de los mercados de capitales. Ocurre con cierta periodicidad y son excelentes momentos para aprovecharse de la tontería colectiva. Una de las cosas que más odian los participantes en los mercados financieros es la incertidumbre. Tener incertidumbre es lo peor en las inversiones. Como dice el dicho, “mata más la duda que el desengaño”. Es parte de la naturaleza humana tender a inventar escenarios de verdadera tragedia cuando no hay claridad en el panorama futuro.

De hecho, el destacado historiador británico Paul Johnson acuñó el término “ansiedad estructural cíclica”. Él afirma que el ser humano por naturaleza tiende a la preocupación. La ansiedad se expande automáticamente para ocupar tanto el tiempo como la energía emocional que hacemos disponible para alarmarnos. Pero por otro lado, Johnson afirma que cuando se tienen zozobras reales y urgentes todos los desasosiegos menores desaparecen. Como ejemplo cita el período de la Segunda Guerra Mundial. Durante el tiempo que Londres fue sujeto a intensos bombardeos y existía el verdadero peligro de ser conquistados, por los nazis, el número de desórdenes síquicos prácticamente desapareció. Los casos de suicidio o sus intentos fueron muy escasos en aquella época. Sin embargo, tan pronto terminó la guerra los suicidios y problemas síquicos regresaron a las cifras experimentadas antes de la conflagración. Es decir, la gente inventa razones para preocuparse y deprimirse cuando no hay causas tangibles. Al parecer, el ser humano tiene una necesidad de ocupar su mente en la resolución de congojas y temores ya sean reales o inventados.

Lo anterior puede ser desastroso cuando se invierte en la Bolsa y se reacciona en automático para participar con la corriente y formar parte de la histeria reinante en el momento. Participar del problema inventado colectivamente puede llegar a ser muy costoso en la Bolsa. Si nos detenemos un momento a analizar las razones que ocasionan las grandes fluctuaciones nos daremos cuenta que en la mayoría de los casos son exageraciones sin fundamento.

Podemos mencionar por ejemplo el famoso Y2K, o sea cuando se pensó que las computadoras no iban a registrar correctamente el cambio de milenio. La gente estaba en la histeria más absoluta. La fecha fatídica llegó y se fue y no hubo incidente digno de recordarse. Las personas no se detuvieron a pensar que el problema fue detectado varios años antes, que normalmente una computadora se cambia al cabo de algunos años. Por lo tanto, cuanto más nos acercábamos a la fecha crucial era menos probable que aún se tuvieran las computadoras viejas que tenían el problema de programación. Por rotación y renovación normal del equipo se resolvía gran parte del problema en automático.

Una razón que aparece cíclicamente para justificar la baja de la bolsa es el temor al alza de las tasas de interés. Se explica la reacción porque supuestamente se va a desacelerar la economía. Posiblemente sí ocurra un poco pero jamás como para apoyar las valuaciones ínfimas a las que se llega en las acciones en algunas ocasiones. A veces el comportamiento de los inversionistas es como si se llegara a repetir una depresión como de los años 30’s del siglo pasado.

Mucho del problema es que el mercado está dominado por jugadores profesionales. Personas que invierten en los mercados como parte de su trabajo. Ellos dependen en sus ascensos, aumentos de sueldos y bonos de actuación del rendimiento que lograron con el portafolio que se les encargó. Por lo tanto, en realidad son bastante temerosos, no porque el mercado entre a una zona peligrosa sino porque sus clientes y comités de supervisión les pueden reclamar bajos rendimientos o una menor ganancia que la competencia. Por lo tanto, lo que quieren hacer es resguardar lo más posible las ganancias que tienen si es que piensan que el mercado pudiera tener una baja (por muy pequeña que pudiera ser). Pero como la misma reacción la tienen miles de administradores de fondos el efecto se agranda. Se origina la reacción de masas, de borregos. Por lo tanto, alguien que maneje su portafolio individualmente y que sólo se necesita justificar a sí mismo sus decisiones tiene una mucha mejor oportunidad de obtener rendimientos elevados que los profesionales. No es necesario participar en las histerias colectivas cuando alguien maneja sus propias inversiones. Si todos están vendiendo y los precios son atractivos el individuo puede comprar mientras el inversionista profesional sigue a la corriente y vende. Cuando el sentimiento cambia y la Bolsa vuelve a subir el primer beneficiado es el inversionista individual que compró barato y se pudo esperar sin problema a que los demás participantes se calmaran.

Por lo tanto, cuando oigamos otra vez las justificaciones de histerias colectivas hay que detenerse a analizar un poco. Lo más conveniente es descartar el juicio de los demás y llegar a nuestras propias conclusiones.

¡Hay que ser independientes en nuestro pensamiento y que nos importe muy poco lo que opinen los demás!

Warren Buffett alguna vez escribió “Para invertir exitosamente no se requiere un IQ estratosférico, o extraordinaria sensibilidad de negocios ni tampoco información privilegiada. Lo que se necesita es un sano marco intelectual para poder decidir y sobre todo la habilidad de alejar las emociones para que no contaminen dicho marco.” En otras palabras, lo que nos dice Buffett es no dejarnos contagiar por las histerias colectivas y sostenernos firmes aunque por momentos nademos contra corriente. Nos pide dos cosas que son muy difíciles para la mayoría, una es capacidad de pensar y analizar, la otra es tener una decisión propia. Aquellos que dominen ambos elementos serán los que tengan éxito en la Bolsa

En la revista “Psychological Science” se publicó el artículo "Investment Behavior and Negative Side of Emotion," (“Conducta de la inversión y el lado negativo de la emoción”). El Dr. Gregory Berns, siquiatra y neurocientífico de la Universidad Emory de Atlanta descubrió que la conformidad social y el sentimiento de ser parte del grupo se ejecutan en áreas del cerebro (el canal intraparietal derecho) que se ocupan de la percepción (y conciencia espacial). En cambio la independencia de pensamiento, aún en contra de la opinión de los demás, se desarrolla en áreas del cerebro que activan las emociones (el núcleo del caudado derecho). Por lo anterior, se genera un sentimiento o emoción desagradable cuando se para uno a defender su punto de vista en contra de la opinión prevaleciente en el grupo. Entonces muchos lo evitan y se unen a la mayoría aún cuando están conscientes que es un error. 

El experimento de Berns consistió en otorgar a varios individuos un total de 20 billetes de un dólar cada uno. Se les pidió tomar decisiones con volados de una moneda. Se apostaría cada vez un dólar. Si salía sol se perdía el dólar. Si salía águila entonces se ganaban 2.5 dólares. Otra posibilidad era no participar en el juego.

Las probabilidades teóricas de que salga sol o águila son 50% en cada caso. Por lo tanto, si se participa en todas las rondas se perdería 10 veces y ganaría el mismo número pero entonces se puede obtener en teoría un total de 25 dólares.

Cuando se hizo el juego se descubrió que si se acumulaban algunas rondas con pérdida la gente dejaba de apostar para proteger su patrimonio en lugar de participar en todas las vueltas y así poder llegar a ganar 25 dólares. Sin embargo, aquellos que tenían un daño cerebral en el área donde se controlan las emociones (es decir, no experimentaban miedo ante la pérdida) seguían jugando y a final de cuentas eran los que mejores resultados obtenían.

En un estudio que hizo el sicólogo Ap Dijksterhuis de la Universidad de Ámsterdam descubrió que las personas tomaban sus mejores decisiones de forma inconsciente, mientras estaban distraídos en alguna cosa y no meditaban conscientemente sobre un problema específico. Descubrió que la mente inconsciente tiene mayor capacidad para procesar información que la mente consciente que es sujeta a emociones.

Cualquier participante de la Bolsa lo puede confirmar. Sus mejores decisiones de inversión las toman en un momento de inspiración inexplicable. De repente es como una droga, un sentimiento difícil de describir. ¡Hay que comprar tal acción! Pero antes hubo que dedicarle muchas horas de estudio y análisis a la emisora, a la economía, a la industria en cuestión y la información se digiere de forma inconsciente. De pronto se tiene la conclusión y el deseo urgente de invertir en una acción. Normalmente ésas son las corazonadas que más rendimiento generan.

Por lo tanto, para sacar los mejores resultados de inversiones hay que hacer lo que dijo Buffett, un buen análisis y mover las emociones a un lado. No dejarnos arrastrar por las mareas de nervios que periódicamente ahogan a la Bolsa. Si hicimos un buen análisis a la postre se verá en los resultados. Ya Franklin D. Roosevelt lo había dicho “a lo único que hay que tenerle miedo es al miedo mismo.”

 

*Economista egresado del ITAM

hectoramador2005@aol.co

 

Año IV No. 42 Julio 2006

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