Michelín agravia a trabajadores de Uniroyal
La trasnacional Michelin impone contratos de protección al filo de la legalidad y engaña a cientos de trabajadores con la complicidad de las autoridades laborales y los líderes charros de la CTM, acusan obreros defraudados del Sindicato de Uniroyal
Zósimo Camacho
Michelin, la empresa más poderosa del mundo de la industria llantera, viola las leyes mexicanas y atropella los derechos de los trabajadores con la complicidad de autoridades y líderes sindicales de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Con la permisividad de goza impulsa y mantiene un contrato de protección que “sobreexplota a los obreros”, denuncian los ex jornaleros burlados por la trasnacional de capital mayoritariamente francés.
De acuerdo con el “convenio singular” o “contrato de protección” firmado entre la empresa Autopartes Internacionales de Querétaro -filial de Michelin- y los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores y Empleados de la Industria del Hule, Plásticos y Similares de la República Mexicana -creado a instancia de la propia trasnacional- los obreros no pueden acogerse a lo que se señala en Contrato Ley sino a lo establecido en el “convenio” que, ciertamente, ofrece un trato especial para la parte patronal en detrimento de los intereses de los obreros.
En la cuarta cláusula del Convenio se “autoriza” a la empresa a contratar trabajadores sin la intervención del sindicato y sin la necesidad de que se afilien al mismo. De entre la larga lista de “servicios” que los obreros “independientes” realizan en Autopartes Internacionales de Querétaro se encuentran: “Mantenimiento, almacenamiento, mecánicos, limpieza de instalaciones y en general cualquier otro servicio que se requiera”.
El “convenio”, firmado el 5 de julio de 2000 y presentado ante Junta Federal de Conciliación y Arbitraje -específicamente la junta 15 del Estado de México- el 11 de julio de 2001, pretende estar por encima del Contrato Ley -y de facto lo está- al advertir que las relaciones entre los trabajadores y el sindicato se regulan por lo expuesto en el convenio y no por la ley.
“El sindicato reconoce y está de acuerdo que durante el tiempo en que la Empresa esté desarrollando su propio mercado, clientes, pedidos de trabajo y producción o de conformidad con la capacidad económica de la empresa, no será obligación de ésta cumplir con las obligaciones establecidas con el Contrato Ley Vigente de la Industria de la Transformación del Hule en Productos Manufacturados”, dice la quinta cláusula.
Además se establece que la jornada laboral se establecerá de acuerdo con las necesidades de la empresa y, pasando por encima de la Ley Federal del Trabajo, el convenio establece que: “Queda entendido por las partes que derivado de las operaciones y necesidades de trabajo de la empresa, los trabajadores quedarán obligados a laborar en los días de trabajo obligatorios”.
Incluso se permite a la empresa contratar a los trabajadores y despedirlos a los tres meses con el argumento de que no fue apto para el puesto: “Todo aspirante para ingresar a la empresa deberá cumplir un periodo de capacitación de noventa días, término en el cual deberá demostrar sus aptitudes y conocimientos adquiridos para el puesto, y en caso de no hacerlo así, la empresa podrá dar por terminada su relación sin responsabilidad alguna”.
Trastada a obreros de Uniroyal
Pero el mantenimiento del contrato de protección durante todo el sexenio foxista con la displicencia de las autoridades laborales no es el único problema que Michelin enfrenta con los trabajadores. De hecho, actualmente mantiene disputas con obreros de, además de México, Francia, India, Colombia y Venezuela. Es considerada por organizaciones obreras como una de las compañías que destacan por sus políticas antisindicales.
El 4 de agosto de 2000 se presentaron a laborar, como de costumbre, los 638 obreros de Uniroyal. Se encontraron con las puertas cerradas y un destacamento de policía que les advertía que ni trataran de entrar, que fueran a pedir informes a su sindicato porque los franceses habían decidido cerrar y se habían marchado.
“Y los anteriores líderes de nuestro sindicato nos decían que no sabían nada, que iban a ver qué pasaba; pero que nos retiráramos a nuestras casas y que ni al local del sindicato fuéramos y sólo nos comunicáramos por teléfono”, relata Arnulfo González Nieto, actual secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de Uniroyal.
A casi seis años, los jornaleros aún demandan que se les liquide conforme al Contrato Ley y se les reintegren sus ahorros depositados en el Fondo de Previsión Social y que representan el 14.5 por ciento de su salario ahorrado durante varios años. Asimismo reclaman el “derecho al trabajo”, es decir, que se les permita trabajar en las empresas que se quedaron con las plantas.
La mañana del 4 de agosto de 2000 sólo fue el golpe final del proceso de desmantelamiento de la fuerza laboral iniciado desde 1992, cuando el grupo Michelin compró la firma estadunidense BF Goodrich Uniroyal y, con ello, las dos plantas de dicha compañía: la establecida en la ciudad de Querétaro y la de Tacuba, en el Distrito Federal.
En 1992 el Sindicato Nacional de Trabajadores de Uniroyal contabilizaba a más de mil 200 obreros. Cuando se anunció el cierre de las plantas sólo restaban 638. La producción no había disminuido. Con menos obreros las fábricas producían lo mismo. Con la anuencia del sindicato progresivamente se fue cesando a trabajadores, cuyas plazas ya no se cubrieron. Departamentos enteros fueron suprimidos.
González Nieto, quien acababa de cumplir 18 años de trabajar para Uniroyal cuando fue obligado a firmar su “renuncia voluntaria”, explica que “poco a poco nos fueron minando. Lo que antes hacían tres o cuatro compañeros ahora lo tenía que hacer uno. Por ejemplo, en Tacuba desaparecieron el tercer turno; y las llantas que sacaban esos compañeros ahora las tenían que hacer los otros dos turnos”.
De acuerdo con los actuales representantes del sindicato de Uniroyal, los trabajadores fueron víctimas de los entonces líderes encabezados por Jesús Sánchez Cristóbal y los representantes legales del sindicato Jan Hintze Calleja y Víctor Manuel Calleja. Y es que los supuestos representantes de los obreros mediante engaños, y luego amenazas, los obligaron a firmar a cada uno sus “renuncias voluntarias”.
“Nos citaron en la Junta de Conciliación y Arbitraje y nos hicieron pasar en grupos de cuatro. Ahí nos dijeron: 'Aquí fírmale para que te dé tu cheque'. Y vimos que era una renuncia voluntaria. A los que protestaban, luego, luego les decían: 'Pues si no quieres, no firmes; pero ni creas que vas a recibir algo'. Al final todos firmamos”, lamenta Sergio Romero, secretario del interior y quien laboró para Uniroyal más de 30 años.
La cuarta cláusula de cada una de las renuncias voluntarias presentadas ante la junta especial 10 de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje el 7 de agosto de 2000 dice que el trabajador “da por terminadas todas y cada una de las relaciones jurídicas de hecho que haya podido mantener con Uniroyal S.A. de C.V. […] señalando en forma enunciativa mas no limitativa a Michelin México Services S.A. de C.V. […].”
Después, también los Calleja, despacho de abogados que encabeza Juan Moisés Calleja, actual secretario general del Instituto Mexicano del Seguro Social, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y ex diputado por el Partido Revolucionario Institucional, presionaron para que aceptaran las liquidaciones que les dio la empresa y que no se ajustaron a lo que marcaba el Contrato Ley.
Por si fuera poco, los obreros se percataron que las plantas nunca dejaron de producir. Contrataron a nuevos trabajadores y trabajaron a puerta cerrada. Después sabrían que la planta de Tacuba sería adquirida por Tornel, y la de Querétaro sería reabierta por Michelin bajo el nombre de Autopartes Internacionales de Querétaro, la cual fue inaugurada por el presidente de la República. En su mensaje el 18 de abril de 2002 Vicente Fox agradeció a Michelin y le prometió que México sabría “responder a la confianza otorgada y les aseguró que será una excelente oportunidad de inversión y de negocio”.
Y el respaldo del Estado mexicano a la trasnacional francesa permitió incluso que se violara la Ley Federal del Trabajo al existir durante un mes dos sindicatos “titulares” del Contrato Colectivo de Trabajo en la misma planta: el de Uniroyal y uno nuevo creado sigilosamente por los propios Calleja a instancias de la patronal y que es el que hoy mantiene el “convenio singular” o “contrato de protección” cuyas cláusulas están al filo de la legalidad.
Enrique Gómez, integrante del comité directivo del Partido Obrero Socialista y asesor de la nueva dirección sindical que ha conseguido recientemente la toma de nota por parte de la Secretaría del Trabajo, considera que Michelin “está imponiendo un nuevo modelo de explotación completamente ilegal, fuera de la Ley federal del Trabajo”.
Agrega que el objetivo de las trasnacionales que están llegan a México es “destruir” el Contrato Ley, conquista de los trabajadores obtenida en 1938.
“Tenemos que pararle el alto a Michelin. No podemos permitir lo que está haciendo. La desgracia es que cuenta con gente que se vende por migajas, como los Calleja, de la CTM. Ellos realmente le pusieron en bandeja de plata el contrato de protección, organizaron el cierre de la planta y engañaron y presionaron a los obreros. La desaparición del Contrato Ley sí sería un golpe importante en contra de la clase trabajadora.”
Michelin cuenta con 25 fábricas distribuidas en 70 países, cientos de sucursales de distribución en 170 naciones y alrededor de 130 mil trabajadores.
Año IV No. 42 Julio 2006
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