Hacia un buró de identificación biométrica

México es parte del boom de la identificación biométrica, así lo asegura la creciente demanda que se observa por este tipo de sistemas de seguridad, principalmente en el sector empresarial, pero, a decir de los expertos, todavía hacen falta algunos ajustes par su correcta aplicación

Fabiola Nieto

La identificación biométrica es la verificación de la identidad de una persona. Esta práctica registró un drástico aumento por parte de la sociedad a partir de los atentados del 11-S contra las torres gemelas. Hoy, utilizar patrones biométricos, esto es, identificar o verificar por alguna característica del cuerpo la autenticidad de las personas, ya no sólo se refleja en novelas, películas y series de televisión, sino también en la aparición de diversas aplicaciones prácticas.

Ya no es extraño oír hablar de pasaportes y credenciales de identidad que incluyan características biométricas, “si bien es cierto que siempre se habían incluido dos de ellas: la foto del rostro y la huella dactilar, también comienza a ser frecuente la existencia de sistemas de acceso a instalaciones, ordenadores y teléfonos móviles mediante huella dactilar, a cajeros automáticos mediante el iris, la utilización forense del reconocimiento de la escritura, voz y firma” señala el especialista español Juan Siguenza en el libro Tecnologías Biométricas Aplicadas a la Seguridad.

En este sentido, México no es la excepción. De acuerdo con Guy Ben-Nun, asesor en seguridad y estrategias de tecnología, en entrevista con Fortuna, nuestro país ha visto una creciente demanda en los últimos cuatro años por este tipo de dispositivos de vanguardia, sobre todo el sector empresarial, que no escatima los costos para tener un completo control no sólo de sus empleados sino también de las personas que ingresan en las instalaciones de sus empresas y corporativos.

“México ha invertido mucho últimamente en este rubro, estamos viendo sistemas muy sofisticados, por ejemplo, podemos hablar de un software que reconoce un cuarto en donde tú vas a colocar un vaso que, hipotéticamente, es lo más preciado para ti y no quieres que nadie lo toque, entonces gracias a este sistema, si el vaso se mueve aunque sea un poco, el sistema envía una señal de alerta, y ésta es una inversión que podría alcanzar los 100 mil pesos”, dice Guy Ben-Nun.

Pero existen sistemas más accesibles que van desde los tres mil 500 pesos para las empresas pequeñas que sólo desean verificar los accesos de sus empleados con el registro de la huella dactilar, hasta los 20 mil dólares cuando de reconocimiento de iris se trata; pero no hay que olvidar que “los costos van en función del tamaño y de las necesidades de los corporativos”, señala el también psicoanalista Ben-Nun.

Por ejemplo, para los grandes proyectos en construcción donde se desea controlar la entrada y salida de los trabajadores, la lectura de la huella digital es inviable debido a que las personas con un trabajo rudo, como los albañiles y soldadores, presentan cierto desgaste de las huellas dactilares, lo que no permite una lectura exitosa de las mismas. Además, el especialista en seguridad informa que el equipo lector puede estar hecho de material muy barato que se desgastaría en pocos meses.

Sobre la aplicación de la lectura de la huella digital en México, todavía existe cierto prejuicio entre el público sujeto a este proceso. Y es que, de manera inevitable, aún se reserva en la mente de los usuarios el reconocimiento de la huella dactilar sólo a la identificación de criminales, ya que para la aplicación de esta técnica es necesario dejar la huella en una base de datos, lo que para muchos es algo indigno y peligroso.

En cuanto al reconocimiento facial se refiere, estamos ante una de las áreas más activas en investigación, con rangos que van desde fotografías controladas y estáticas, hasta identificación no controlada con un fondo. La identificación de rostro generalmente se basa en la ubicación y figura de atributos faciales, como ojos, cejas, nariz, labios, y forma de la barbilla junto con las relaciones espaciales entre ellos. 

Aunque el desempeño de los sistemas disponibles en la actualidad es aceptable, también es cuestionable si sólo el rostro es una base suficiente para reconocer a un individuo de entre una larga lista de identidades con un buen nivel de seguridad. Los sistemas actuales imponen restricciones sobre cómo deben ser obtenidas las imágenes faciales porque generalmente requieren de un fondo simple o iluminación especial. 

La forma de reconocimiento biométrico basado en la voz, con ciertos caracteres prefijados y palabras claves, complementan un método para tener acceso y, de esta manera, la voz del usuario es comparada con un registro anterior del sistema. Sin embargo, “utilizar este método para reconocer voces en conversaciones telefónicas en México es ilegal y no siempre es recomendable para quienes desean quienes solicitan este tipo de servicio”, dice Guy Ben-Nun.

“Varias personas me han pedido considerar este sistema, pero no hubo un solo cliente a quien yo haya aceptado instalarle algo así por dos razones: una que es muy caro, y la otra porque legalmente no tenemos los derechos. Además, en las evaluaciones psicológicas de primer contacto pude establecer que esas personas no estaban listas para escuchar las conversaciones de sus empleados”, explica Ben-Nun.

“Vamos a suponer que el empresario ya tiene acceso a esta información. ¿Qué va a hacer? ¿Estar escuchando todo el día las conversaciones de su gente? En el supuesto de que tenga el tiempo suficiente, se puede volver loco, porque puede interpretar de manera equivocada algún segmento de la conversación. Además, como directivo no puede enfrentar a su empleado con esta información porque en términos éticos y laborales queda mal”.

Pero esta tecnología no sólo tiene aplicaciones a nivel laboral. Ingressio, empresa que cuenta con apenas cuatro años en el mercado mexicano y que espera doblar su facturación pasando de 650 mil dólares en 2005, a un millón 800 mil dólares en 2006, ofrecerá en el corto plazo el Servicio Público de Identificación de Identidad.

“Es una especie de buró de crédito, sólo que de identidad. La idea es que si alguien desea verificar la identidad de una persona cuando llegue a su establecimiento, sólo debe recurrir a este sistema, el cual le indica que está llegando una huella de fulanito de tal, de quien asegura, pertenece. Lo que hace el sistema es compararla con una base de datos en su servidor, la regresa y si se confirma la identidad le das su descuento, le pagas la operación, la consulta del doctor o le das su leche del programa de Sedesol, lo que sea” declara Humberto López director general de la empresa.

La lista de aplicaciones biométricas promete ir en aumento. Ya en 2005 Gordon Ross, presidente de Net Nancy, declaró que es posible utilizar el golpe rítmico de un teclado para localizar a usuarios de computadoras sin que ellos lo adviertan. Con el tiempo, aseguró, se puede recopilar esta información y verdaderamente identificar y seguir el rastro a cada uno de los individuos que se sienten frente a una computadora, aunque reconoció que esto equivaldría a espionaje por lo que sólo tendría un uso estrictamente legal.

Estas implicaciones obligan hoy más que nunca a que este sector que en 2005 evaluó sus ventas en 281 millones de dólares tan sólo en Estados Unidos, se rija por reglas más estrictas, toda vez que estas bases de datos pueden producir detallados perfiles biométricos de los individuos que, en manos equivocadas, ocasionaría devastadoras consecuencias. En la actualidad, ya es posible seguir el rastro de todas las actividades, idas y venidas de una persona que utilice tarjetas de crédito o débito.

Por lo anterior, países como Canadá no han abrazado del todo estos nuevos recursos tecnológicos para garantizar un alto nivel de seguridad, ya que los defensores de la privacidad personal temen que esta tecnología biométrica tenga el potencial para violar la intimidad que el ciudadano considera como un derecho básico.

Sin embargo, México aún adolece de leyes y sanciones que regulen y observen de manera contundente la actuación de las empresas que manejan estas bases de datos, sobre todo para que no se vendan sin control y se pongan a disposición de personas que, lo mismo las quieren para “actividades tan banales como ofrecer viajes, que para fines de secuestro”, dice Luis Vidales, representante legal de Grupo Vilsa, empresa líder en México en seguridad y tecnología.

Es aquí donde cabe preguntar hasta donde están dispuestos los usuarios de las aplicaciones biométricas a sacrificar la comodidad de las personas con las que interactúan y la suya propia. Para muchos, alterar así el estilo de vida de empleados y ciudadanos en general es antiético, para Guy Ben-Nun la postura es clara “en cuestiones de seguridad, no existe ética ni existen límites, es una contradicción, sí, pero habrá que preguntarse también asta que punto se debe sacrificar, por ejemplo, la seguridad de un país a cambio de no vulnerar los derechos de los individuos”, concluye.

 

Año IV No. 42 Julio 2006

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