Macroeconomía

Administrando la abundancia

En 1556 el rey Carlos V enfermó y decidió abdicar en favor de su hijo Felipe II y de su hermano menor Fernando I. El imperio, antes de ser dividido entre el tío y el sobrino, había llegado a ser el más extenso y poderoso en toda la historia, hasta nuestros días.

Héctor Amador

 

El reinado de Carlos V vio que los ingresos de la corona se habían triplicaron durante su período gracias a la explotación de las nuevas colonias al otro lado del Atlántico. Sin embargo, las constantes guerras y las expediciones que organizó el rey en contra de los, en ese momento, enemigos franceses y los protestantes alemanes, debilitaron sus finanzas. Por lo tanto, Carlos V emitió bonos del gobierno llamados juros para obtener préstamos de los banqueros a tasas de interés cada vez más elevadas. Para 1543, 65 por ciento de los ingresos de la corona se destinaba al pago de intereses.

Cuando Felipe II recibe su herencia se le otorgan, entre otras, las colonias americanas y una deuda por 20 millones de ducados (md). La situación era tan precaria que en 1557 la corona española se declaró en suspensión de pagos.

Sin embargo, la riqueza de América le ayudó a Felipe II a salir adelante. Durante sus primeros 17 años de reinado los ingresos de la corona se duplicaron. Pero los gastos seguían aumentando sin límite. Sólo la campaña de Lepanto, en 1571, (durante la cual Miguel de Cervantes pierde un brazo) costó 4 md. El Nuevo Mundo continúa enviando su riqueza, pero nunca es suficiente, y para 1575 el rey Felipe II declara de nuevo una suspensión de pagos. Otra vez, la corona española está quebrada.

El envío de oro y plata sigue incrementándose desde las colonias, y hacia 1580 ya se reciben 2 md anuales (10 veces más que cuarenta años antes). Felipe II derrocha los ingresos, piensa que el cielo es el límite y decide equipar una flota que llegaría a conocerse como “La Armada Invencible” –compuesta por 130 grandes barcos de guerra y más de 20 mil hombres– para lanzarla contra Inglaterra, reinada entonces por Isabel I. La expedición fracasó y costó 10 md. Es decir, en esa sola aventura, que acabó en el fondo del mar, Felipe II logró gastar todo el tributo que América envió durante cinco años

El rey pide más préstamos porque está seguro de que las colonias nuevamente lo salvarán. Pero aún con la intensa explotación de América, no pudo reponerse el desperdicio tan tremendo de tantos años. Nuevamente, en 1596, España tuvo que declararse en suspensión de pagos. Cuando finalmente fallece en 1598 su legado fue una deuda de 100 md. En los 42 años de su gobierno, Felipe II logró quintuplicar la deuda del gobierno y dilapidar una de las riquezas más grandes que se obtuvieron en la historia.

El tesoro de América se evaporó. En España había una falta crónica de artesanos, se importaban los cereales con los cuales se alimentaba la población, los bienes manufacturados que se consumían se traían de Génova, Portugal o Flandes. Inclusive en 1640, a pesar de las hostilidades contra los holandeses, 75 por ciento de las mercancías que se recibían en España venían en navíos de Holanda porque la producción de barcos españoles fue destinada a galeras de guerra y no a buques mercantiles. Es decir, Felipe II dejó pasar la oportunidad de crear infraestructura, invertir en educación y desarrollar una economía. El oro de América no enriqueció a España, sino que acabó en otros lugares, casi siempre los bolsos de los banqueros, por cierto muchos de ellos alemanes e ingleses.

El nivel de egresos de Felipe II nunca fue moderado. Siempre imaginó que agenciaría más ingresos. Se gastó sin planear ni pensar en el mañana. Nunca cupo la prudencia. Tenía la falsa impresión de que siempre recibiría más y más de sus colonias. Pero ni siquiera la abundancia de oro y plata que se extraía lograba compensar el tremendo desperdicio de sus malos administradores.

Cuatrocientos años después, un descendiente del pequeño pueblo español de Caparroso repitió en México la hazaña de Felipe II. Durante la segunda parte de los setenta José López Portillo (JLP) proclamó que México debería prepararse para administrar la abundancia. En aquella época él era el Gran Poder, el Mandatario Absoluto. Nadie se atrevía a discutir entonces con un presidente. Nadie osaba expresar otra opinión. JLP tuvo la oportunidad histórica de sacar adelante al país y remediar todos los absurdos de su predecesor Luis Echeverría quien había hundido al país al quintuplicar la deuda externa y dejarla en 20 mil millones de dólares (mmd). Sin embargo JLP, como un campeón, logró cuadruplicar la deuda externa y dejarla en 80 mmd. Es decir, entre ambos alegres compadres multiplicaron por veinte la deuda externa del país en sólo 12 años, la docena trágica. Aparte, JLP se gastó los extraordinarios ingresos que entonces se tuvieron por el petróleo. Hay que recordar que, aún con las cotizaciones de crudo tan elevadas de hoy, si consideramos la inflación en dólares, todavía no

llegamos en términos reales a los precios que se alcanzaron durante el sexenio de JLP. Aparte de la fabulosa “Colina del Perro” y los escandalosos viajes de compras a Nueva York y París de la señora de López Portillo, no le quedó nada al país. Igual que el fracaso de Felipe II en España, después de JLP México fue más pobre porque se gastó todo en frivolidades. No hubo prudencia ni planeación.

Es una constante en la historia. La riqueza extraordinaria marea.

Hoy, tristemente los hechos parecen repetirse. El petróleo está muy caro y lo anterior significa elevados ingresos para el país. Sin embargo, ahora existe una ligera variante. El gobierno ha buscado la mesura. Se podrá criticar de muchas cosas tanto a Fox como a Gil Díaz pero al menos en cuestión de planeación financiera y presupuestos han dado señales de prudencia. Para 2006 anticiparon un precio del barril de 31.50 dólares, pero los diputados no lo aceptaron y lo elevaron 16 por ciento, es decir, a 36.5 dólares. Posiblemente sí alcance sostenidamente ese precio, hay muchas probabilidades. Pero el problema es que nos hemos acostumbrado a un nivel de gastos muy elevado. Los recursos no deben tratarse como si fueran recurrentes, como si se obtuvieran con certeza cada año.

No se pueden establecer programas ni proyectos permanentes. El día que la cotización del petróleo se revierta habrá muchos problemas. Se van a tener que recortar gastos y programas que indebidamente se establecen hoy. La vida es cíclica. Hoy el petróleo está alto y mañana bajará. JLP pensó que el petróleo no podía disminuir de precio y corrió a su director de PEMEX por contradecirlo. Felipe II creyó que el tributo de América siempre iría en ascenso. Los diputados del PRI y PRD que apoyaron el aumento en la cotización son tan imprudentes, torpes y miopes como JLP y Felipe II en su momento.

Si alguien gana hoy el “Melate” no ajustará su nivel de vida y pensará que será premiado cada semana. No se puede gastar en un día todo el premio sin considerar el futuro. Pero tal parece que el legislativo cree que una vez que se gana el “Melate” se repetirá la hazaña siempre.

En Rusia, Noruega y Chile se tienen establecidos fondos donde se guarda prudentemente el excedente de ganancia por el petróleo o el cobre para no sufrir con recortes cuando bajen las cotizaciones. En Noruega, primero pagaron todas sus deudas y liberaron entonces el pago de los intereses para poder incorporarlos en forma regular al presupuesto de gastos corrientes y después establecieron un fondo de reserva que hoy corresponde a 76 por ciento del tamaño de su economía. En Rusia, su fondo es alrededor de 9 por ciento de su PIB. En México, en cambio, en un fondo equivalente sólo se tiene un millón de dólares o alrededor del 0.1 por ciento de la economía.

Lo que se debe buscar es planchar los egresos. Que sean parejos, iguales. Que no haya un año de grandes gastos y el otro de profunda astringencia. Necesitamos equilibrar las finanzas. Se causa mucho dolor y problemas con pronunciados picos y profundos valles en el gasto.

La estulticia y falta de visión de los diputados es muy peligrosa. Hoy, que se tiene dinero, se podrá gastar y establecer programas, crear empleos, pero mañana que ya no se tengan tantos recursos, habrá que implantar medidas de ahorro y recortes. ¡No está bien!

Otra de las consecuencias de los elevados precios del petróleo fue que nuestros flamantes legisladores nunca sintieron la urgencia de una profunda reforma fiscal. No llegaron a entender la precariedad de las finanzas públicas que están sostenidas de hilos pero disimulada por los ingresos petroleros altos.

Da coraje saber que en el próximo sexenio, sin importar el nombre del presidente, habrá necesidades muy grandes para pagar los crecientes gastos. Por ejemplo, los Pidiregas. (Proyectos de Infraestructura Productiva con Impacto Diferido en el Registro del Gasto, es decir, se encargó a la iniciativa privada la construcción de infraestructura para PEMEX y CFE y una vez que se entregan las obras operando el gobierno las paga cada mes. Fueron una solución que Zedillo implementó para no paralizar al país después de la crisis de 1994. Pero ahora esas obras se concluyen y habrá que pagar) En 2004 la amortización de la deuda de Pidiregas absorbió el 1.0 por ciento del PIB, pero para 2008 será el 2.4 por ciento. Es decir, se tiene la certeza y se sabe que en tres años el monto destinado a tal concepto va más que duplicarse. Absorberá cada vez más recursos del presupuesto. Deben preparase estrategias para enfrentar tales gastos. Hay que hacer un guardadito porque de otra forma, si no hay una profunda reforma fiscal de aquí a entonces, se tendrán que bajar otros gastos porque simplemente los recursos no alcanzarán.

Las pensiones del ISSTE y el IMSS van a ocupar en 2008 el 3 por ciento del PIB, en comparación con cerca del 2.5 por ciento de 2006. ¿Qué se piensa decirle entonces a los jubilados? ¡No hay, no hay! No sería ni socialmente responsable ni justo hacerlo, entonces, para poder enfrentar los pagos se tendrán que recortar otros rubros. Nuevamente se podría haber creado una reserva para enfrentar tal situación de la cual existe la certeza total de que ocurrirá. Se pudieron haber establecido fondos de pensión en el ISSSTE y el IMSS para ayudar a paliar la avalancha de pagos que se vienen encima.

Se pudo prepagar deuda y así liberar los recursos que hoy se presupuestan al pago de intereses, como se hizo en Noruega. Se pudieron haber destinado bienes para el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) de donde se obtienen ahora los medios para la reconstrucción de la destrucción causada por los huracanes. Se pudo haber mandado dinero a tal fondo para tener patrimonio en las tragedias que cada año nos aquejan, como sismos, incendios forestales, sequías, inundaciones o huracanes. No sabemos lo que va a ocurrir en 2006, pero en alguna parte del país de seguro habrá al menos una desgracia, pero si nos hubiéramos preparado se podría aliviar, cuando menos, parcialmente el dolor.

¡Pero no destinar el excedente del petróleo a gasto corriente!

Es una lástima que a diferencia de Felipe II y JLP ahora sí cupo la prudencia y la previsión en el jefe de gobierno. No se quería desperdiciar la inesperada riqueza pero de nada sirvió porque el legislativo actúo con torpeza.

El día de mañana, cuando se enfrente la crisis que ellos provocaron, los diputados del PRI y PRD se habrán escondido y nadie se acordará quiénes fueron. Pero todos vamos a sufrir las consecuencias.

 

 

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