Finanzas personales

Energía y salud, al alza en 2006

Hice una apuesta con un amigo hace unos dos años. Él, muy optimista en el mercado de acciones, muy seguro (o nostálgico), de que las furiosas ganancias de los años noventa se repetirían en los próximos años. Mi apuesta fue que no, que los mercados de valores de los Estados Unidos tendrían rendimientos relativamente mediocres en los próximos cinco o seis años: “entre 4 y 5 por ciento en promedio por año para el próximo lustro”.

Edgar Amador*

En el momento que escribo esta nota, faltando diez sesiones para que se acabe el año, el Dow Jones lleva un avance acumulado de 1.07 por ciento, el S&P 500 una ganancia de 4.85 por ciento, mientras que el Nasdaq ha trepado un modesto 3.71 por ciento. Lejos, muy lejos de los rabiosos rendimientos de los años noventa, y cerca de lo que pienso puede ser la tendencia de los próximos tres o cuatro años. La bolsa mexicana por su parte, es otra historia, y este año acumula un alza increíble de 37.2 por ciento en pesos, y de 44.9 por ciento en dólares. En varios foros a principios de año dijimos que la bolsa iba a tener un muy buen año, pero honestamente, nunca pensamos que fuera así de bueno como fue.

¿Qué nos espera para los próximos doce meses?

No creo que la perspectiva para el mercado de valores de Nueva York haya cambiado mucho, y para los próximos años veremos rendimientos mediocres en el sentido literal de la palabra, es decir, cercanos a la media. La razón es sencilla: el auge accionario de los años noventa, la burbuja irracional que infló a los mercados y que acostumbró a los inversionistas a obesas ganancias, tuvo un elemento plenamente racional que en estos momentos ya no existe: el cambio tecnológico de internet.

Esta oleada schumpeteriana que significó ganancias extraordinarias para un número considerable de empresas y que cambió la forma en que la sociedad operaba, tuvo un pago consecuente en el mercado de acciones, el cual reflejó las enormes ganancias de productividad que este profundo y radical cambio tecnológico implicó. En esos años, el efecto del cambio tecnológico se extendió a prácticamente todas las ramas de la economía, y levantó al mercado como en pocas ocasiones había ocurrido. Pero una vez que los cambios fueron adoptados, las ganancias extraordinarias se disolvieron, y el mercado volvió a la media, a la mediocridad del 4-5 por ciento. Será necesaria otra ola schumpeteriana para que volvamos a ver las exuberancias, racionales e irracionales, de los años noventa.

Pero si bien no tendremos un mercado amplio al alza, sí habrá sectores en donde veremos rendimientos muy buenos. Aquellos que continúen a la vanguardia e innovando (los Google, las Apple), aquellos que descubran algo novedoso (algunas farmacéuticas), aquellos gérmenes de una nueva oleada schumpeteriana serán las islas de ganancias buenas en un mar de rendimientos mediocres.

Lo interesante aquí es que los analistas de acciones que tan innecesarios se volvieron en los noventa (todo subía, no hacía falta estudiar las acciones en particular), y el estudio por sector del mercado, regresa por sus fueros, y que ahora es necesario seguirle la pista a acciones o sectores particulares si se quiere batir el rendimiento promedio del mercado.

En el 2005 fueron las petroleras y algunas tecnológicas, tales como Google y Apple. ¿Qué podemos esperar para 2006? Apple y Google probablemente seguirán subiendo, son de las pocas empresas cuyas innovaciones sacuden a los mercados, a ellas habría que añadir quizá a unas renovadas y fortalecidas Siemens, Sonny, Ericsson y Nokia (Cisco a estos precios, debería de ser una ganga, pero no va a rendir mucho), aunque la verdad, en el sector tecnológico no hay mucho de donde escoger. Las petroleras ya vivieron su buen año, y a menos que el petróleo trepe por encima de los ochenta dólares, las acciones de ese sector no serán una muy buena opción.

Para los próximos dos años vemos dos sectores promisorios en los Estados Unidos y Europa: acciones de energía no mineral, y farmacéuticas. Está claro que con el ascenso de China y la India como los nuevos actores de la economía global, las necesidades de energía del mundo han cambiado para siempre, y sus efectos se sentirán en el muy largo plazo de forma que el valor asignado a las fuentes de energía no mineral se incrementará en el futuro previsible. Algo parecido ocurrirá con las compañías farmacéuticas, cuya demanda está cambiando de manera radical al envejecer la estructura poblacional de los países más avanzados (a lo que habría que añadir la reciente serie de demandas judiciales en su contra que han enflacado los precios de sus acciones).

Energía y salud, son dos sectores en donde en los próximos años veremos mucho valor en el mercado: me atrevo a decir que serán el equivalente a lo que la burbuja tecnológica fue en la década de los noventa, es decir, el sector que jaló consigo al resto del mercado*.

Respecto a México, la historia es distinta. Es muy probable que veamos los primeros meses del año una corrección importante: una caída de entre 10 y 15 por ciento en el principal índice de la bolsa mexicana. La razón es doble: primero, porque es usual que los grandes fondos mundiales inicien el año tomando ganancias en donde mejor les fue durante el año, y en 2005, uno de esos lugares fue sin duda, México; la segunda razón es que lo mismo que vale para las acciones de empresas petroleras, vale para México, es decir, la mayor parte de las ganancias debidas a los altos precios del petróleo ya se dieron este año, y no se van a dar muchas más si el petróleo no trepa de los ochenta dólares.

Pero el segundo semestre del año puede ser interesante. Dependiendo de quién gane en la elección presidencial, podríamos tener una recuperación importante del mercado. Por ejemplo, si las perspectivas de una victoria de López Obrador preocupan a los mercados en el primer semestre, una vez que se conozca la mezcla de políticas y el equipo económico del presidente electo, casi seguramente veremos un regreso importante de los mercados accionarios. Hay un pero sin embargo, si los mercados de Estados Unidos no jalan al alza, probablemente el rally post-electoral en México vaya a ser limitado.

¿En donde hay qué estar en México el siguiente año? A diferencia del mercado estadounidense, las opciones no son muchas, pero allí van nuestros consejos: hay que estar en las Televisoras, hay que estar en Cemex, hay que estar en Ideal y en la división de construcción del grupo Carso, hay que estar en Comercial Mexicana y Soriana (Walmex ya está cara), y hay que estar en Inbursa y Banorte.

En el mercado de renta fija, sin embargo, las cosas son más complicadas: la tendencia a la baja de las tasas de interés en los bonos de largo plazo pronto se agotará y, a más tardar en marzo del siguiente año, estaremos ya hablando de una nueva tendencia de alza en las tasas de interés, y por tanto, de caída en los precios de los bonos. Nuestra recomendación es colocar un 40 por ciento del portafolio de renta fija en el largo plazo, y el resto en el corto plazo de aquí al mes de febrero, y a partir de esa fecha pasarse al muy corto plazo, y/o comprar notas estructuradas cuyo rendimiento vaya ligado al alza en las tasas de interés.

El siguiente año será complicado, pero curiosamente será más en lo político que en lo económico. Por mucho que se diga de un candidato o de otro, no creemos que los sobresaltos de la contienda presidencial se vayan a trasminar a los mercados o a la economía: los precios del petróleo seguirán altos, las reservas seguirán creciendo, la cuenta corriente continuará en regla, y la inversión extranjera seguirá fluyendo. La política y la economía siguen dos cursos independientes, no necesariamente distintos, pero si con lógica propia. Ya era hora. Feliz año nuevo para todos.

Nota: los lectores no tienen por qué creerme, pero esta nota se escribió antes del espectacular salto de Pfizer y otras farmacéuticas en la tercera semana de diciembre).

 

*Edgar Amador es economista, director de la consultoría Portafolios y comentarista de Monitor.

 

 

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