Empresas públicas

Privatización silenciosa de energía eléctrica

Durante el actual sexenio se dejaron de operar áreas estratégicas de la Comisión Federal de Electricidad para justificar la compra de energía a empresas privadas extranjeras y, bajo la dirección de Alfredo Elías Ayub, esa empresa paraestatal perdió patrimonio sobre la tercera parte de la producción de energía eléctrica y sus respectivos ingresos, lo que provocó un incremento en las tarifas, cuya tendencia seguirá al alza por los compromisos transexenales del foxismo

Ana Lilia Pérez

 

Independientemente de la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sobre quién será el próximo presidente electo de México, quien asuma el poder encontrará el sector energético debilitado y comprometido con empresas privadas, en su mayoría de capital extranjero y, sobre todo, con la obligación de darle continuidad a los compromisos heredados.

Lo más grave que se deja en la CFE, de acuerdo con diversas auditorías, es la pérdida de calidad como empresa de clase mundial; alza en sus tarifas -las más caras del mundo-, pérdida de competitividad y desatención del patrimonio de 30 por ciento de la producción de energía eléctrica, porcentaje que se incrementará en el próximo sexenio debido a los compromisos que hizo el presidente Vicente Fox dentro del Programa de Obras e Inversiones del Sector Energético (POISE), con una proyección hasta 2013.

Desde que en 1960 el gobierno federal comprara los bienes al grupo de empresas de la American and Foreign Power Company y el 90 por ciento de las acciones de The Mexican Light and Power Company -operaciones con las que se inició la nacionalización de la industria eléctrica que culminó con la creación de la CFE-, la actual administración de Vicente Fox ha cedido el sector eléctrico a empresas privadas.

El pretexto fue la generación de autoconsumo, luego el ilegal compromiso de CFE de comprar los excedentes de producción, durante 30 años, a las empresas privadas. De esta manera la paraestatal, además de perder dicha producción y de no contar con los ingresos por la venta de energía, garantizó a las compañías extranjeras un mercado seguro para que en México vendan a precios muy altos.

A inicios del sexenio, el POISE estableció como objetivo central “asegurar el abasto en energía con estándares internacionales de calidad y precios competitivos, contando con empresas energéticas de clase mundial, así como integrar mercados energéticos regionales que faciliten el intercambio de energía y contribuyan al desarrollo económico del país”. De igual forma, se comprometió a mantener la diversidad sobre distintas fuentes generadoras de energía.

Para verificar el cumplimiento de esas metas, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) auditó al POISE, al Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2001-2006, al Programa Sectorial de Energía (Prosener) 2004-2013 y al Programa de Egresos de la Federación en materia de generación de energía.

Entre los resultados, la ASF destaca que de acuerdo con los reportes de Generación, Compra e Importación de Energía Eléctrica de la CFE, de 2000 a 2004 la CFE cedió el 22.3 por ciento de la generación de energía eléctrica a productores privados.

De la revisión al POISE, la ASF estima que para finales del próximo sexenio la CFE habrá perdido por lo menos el 34 por ciento de la producción de energía y sus respectivos ingresos. Este es el saldo rojo que observa la ASF en el sector energético hacia el final de la administración foxista.

A lo largo del sexenio, los programas elaborados en la Secretaría de Energía (Sener) estuvieron diseñados para abrir el sector energético a la iniciativa privada -aunque con ello sistemáticamente se viola la Constitución-, lo mismo de empresarios mexicanos que extranjeras, a costa de la compra de excedentes de energía eléctrica a particulares y de la subutilización de la CFE.

La visión de Elías Ayub

 

Aunque acepta la subutilización de la CFE en el sexenio foxista, Alfredo Elías Ayub, titular de la CFE, se defiende y dice que ésta se debió a la falta de inversión con que Vicente Fox recibió el sector a inicios de su administración, y dice que sin la participación de la iniciativa privada la CFE no hubiera podido cubrir la demanda de energía a los 23 millones de clientes a los que da servicio la Comisión.

En entrevista, Elías Ayub sostiene que el próximo gobierno no debe cambiar el programa y que incluso la CFE trabaja ya en los detalles para dejar hecha la proyección de compra de negocios y compra de energía para el periodo 2006-2015.

Contrario a las críticas de los senadores respecto a los programas desarrollados en CFE, basados en la apertura de la generación de energía por la iniciativa privada, calificados por ellos mismos como inconstitucionales, Elías Ayub dice que se trata de programas “hechos con mucho profesionalismo en los que no hay ninguna influencia de asuntos políticos ni partidarios, es un programa de técnicos expertos en materia eléctrica”.

Seguro, Ayub dice que el cambio de presidencia no afectará los planes de la CFE, que van más allá del próximo sexenio y que seguirán, asegura, independientemente de quién sea designado a sucederlo en el cargo.

“La parte de la coyuntura política no afecta a CFE porque es un programa a larguísimo plazo, ahorita estamos arrancando las obras que van a entrar en funcionamiento en el 2008 y en el 2009”.

Sobre la paulatina cesión del mercado a los productores independientes, que de acuerdo con las auditorías se incrementará en los próximos años, Ayub desestima la alerta de las organizaciones en defensa del sector, entre ellas las de los legisladores, sindicatos y organizaciones independientes, y dice que “mientras estemos alrededor del 30 por ciento, no nos vamos a pasar de allí”, y justifica que esto se debe no a las condiciones del sistema eléctrico mexicano, sino a “las condiciones financieras, porque finalmente una planta es una planta sin importar quien es su dueño, y que los productores externos manejen una planta genera menos carga financiera a CFE”.

Continuidad salinista

 

Para integrantes del Frente de Trabajadores de la Energía (FTE), organización de ingenieros en defensa del sector, desde 1995 la Comisión Reguladora de Energía (CRE) inició la privatización del sector con importantes concesiones a productores independientes, bajo la figura de Productor Independiente de Energía (PIE), iniciativa basada en la contrarreforma eléctrica impulsada por Carlos Salinas de Gortari en 1992. Luego surgieron las figuras de “autoabastecimiento” y “cogeneración”.

Sin embargo, a finales de la administración de Ernesto Zedillo, los productores independientes generaban apenas el 0.7 por ciento de electricidad para autoconsumo, pero durante la administración foxista, para 2004 tenían ya el 22.3 por ciento de la generación, que pasó de autoconsumo a la venta de casi toda su producción a la CFE, la cual se convirtió de productora en consumidora.

Javier Sainz, del FTE, explica que Vicente Fox “trató de crear mejores condiciones al capital privado” porque amplió las posibilidades de comercialización de la electricidad (venta de mayores excedentes para el servicio público) y redujo los requisitos para el acceso a la red nacional de energía eléctrica de los generadores privados.

Así, sin reformas constitucionales, a las que Sainz señala como los límites reales del modelo privatizador de Salinas y Zedillo, Vicente Fox dio ilegalmente a los productores privados extranjeros y nacionales libertad tarifaria, apoyos financieros y autonomía empresarial y comercial, tanto en la CFE como en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, no sólo para producción de su propia energía, sino para colocar sus excedentes al costo que cada empresa fijara.

La paulatina privatización del sector eléctrico se explica de la siguiente manera: de 2000 a 2004 la generación de energía eléctrica en CFE disminuyó a un ritmo promedio anual de 4 por ciento, al pasar de 189 mil 995. 5 gigawats en 2000, a 159 mil 532.1 gigawats en 2004, con la consecuente reducción de 21.2 puntos porcentuales de la participación de la CFE en la oferta total, al pasar de 98.8 por ciento que ofrecía a finales del sexenio de Ernesto Zedillo a 77.6 por ciento para 2004.

En contraste -de acuerdo con los reportes de CFE auditados por la ASF- los productores independientes hicieron su agosto al hacerse de un importante mercado en la producción de electricidad.

Los resultados que a finales del sexenio ofrece la CFE no sorprenden de ninguna manera, pues fueron planteados desde que Fox llegó a la Presidencia mediante el Programa Sectorial de Energía, el cual lleva por consigna (sin las modificaciones constitucionales necesarias que ya se había previsto no aprobaría la oposición en el Congreso) abrir el sector energético a la iniciativa privada por medio de esquemas de Pidiregas, es decir, el modelo aplicado a otras paraestatales del sector, como Petróleos Mexicanos.

Energía privada, tarifas inciertas

 

De acuerdo con las estimaciones de la ASF, la tendencia hacia la participación de la IP en la producción de energía eléctrica en el próximo sexenio irá al alza, de manera tal que hacia el 2013, cuando concluya el próximo sexenio, por lo menos 33.2 por ciento de la energía eléctrica será producida por empresas privadas, la mayoría de origen extranjero, entre las que destacan las españolas Unión Fenosa e Iberdrola, la japonesa Mitsubishi, la canadiense Transalta, el grupo francés EDF. Lo que impactará de manera directa tanto a la paraestatal como al consumidor, pues estas compañías tienen libertad para fijar sus propias tarifas, y la CFE y la CLyFC el compromiso de comprar.

La apertura del mercado energético con la incorporación y el incremento de productores independientes trajo como consecuencia también la dependencia sobre las tarifas que las empresas privadas fijan a la energía eléctrica, lo cual fue tema de discusión que se convirtió incluso en botín político entre los aspirantes al gobierno federal.

De acuerdo con la ASF, el gran fracaso del Prosener fue la falta de competitividad en las tarifas a medianos consumidores, porque el Programa Sectorial de Energía planteó bajar las tarifas para hacer de la CFE una empresa competitiva a nivel internacional.

Para evaluar la competitividad de la CFE en tarifas, de la lista de las cien mejores empresas de energía eléctrica del mundo, publicada por Energy Business&Tecnology, la ASF seleccionó a seis reconocidas internacionalmente que operan en México: las estadounidenses Consolidated Edison Co., Progress Energy Inc. y PacifiCorp; la japonesa Chubu Electric Power Co; la española Iberdrola, y la canadiense ATCO Electric. La selección de estas empresas se basó en su calidad, certificada por la Standard&Poors (división de la Mc Graw Hill Companies).

Los resultados de los estudios comparativos entre estas empresas y la CFE arrojan que aunque los precios que ofrece la paraestatal mexicana son competitivos en el sector residencial y de gran industria, en el sector comercial y de mediana industria están hasta un 75 por ciento más arriba que los precios promedio internacionales.

La ASF estima que el precio de venta de la CFE es incluso 0.8 centavos de dólar por kilowat/hora más cara que la de Estados Unidos, lo que hace que la mexicana sea cada vez menos competitiva a nivel regional.

El órgano máximo de fiscalización del país atribuye entre otras causas del rezago en la CFE a que la paraestatal carece de un sistema que le permita medir su competitividad basado en estándares internacionales, lo que ha causado que quede marginada de las empresas eléctricas de clase mundial en materia de eficiencia y productividad.

Subutilización

 

En los últimos años, en el Senado de la República uno de los puntos centrales de discusión en el seno de la Comisión de Energía, fue el de los excedentes en la generación de energía y el compromiso del gobierno federal de comprarlos, aunque el abasto de energía producido por la CFE asegurara las necesidades de consumo. El desperdicio de energía por consentir a las compañías privadas y la subutilización de las instalaciones de la CFE -reclamo de un grupo de senadores- se confirma en las auditorías de la ASF.

Sin embargo, en sus observaciones sobre los programas de energía de Vicente Fox, los auditores de la ASF estiman que la CFE ha sobreestimado la demanda de energía eléctrica a nivel nacional, y que la paraestatal compra más energía de la que en realidad requieren los consumidores, impactando las finanzas de la propia paraestatal.

Según la Auditoría la demanda de energía en el periodo 2000-2004 fue de 1.6 por ciento inferior a la estimada por la CFE, lo que repercute en los márgenes de reserva. Estima que ello “implica tener capacidad de generación subutilizada”, con el consecuente impacto en los costos promedio de generación de la CFE y el encarecimiento de la energía eléctrica para los consumidores.

La CFE estima que para el periodo 2005-2013 la demanda de energía eléctrica crecerá en promedio anual de 5.6 por ciento, al pasar de 171 mil 509 gigawats a 265 mil 40 gigawats en el 2013. Sin embargo, sobre la base de las estimaciones de la ASF, el incremento en la demanda será del 2.5 por ciento, por lo que, según la ASF, seguirán los excedentes en la producción de energía, las compras en exceso a productores independientes por parte de la CFE y la subutilización de la paraestatal.

La ASF revela que en el sexenio de Vicente Fox, respecto a la generación de energía eléctrica, se observó un crecimiento del 143.9 por ciento de energía comprada a particulares, y una disminución media anual del 4.3 por ciento en la que genera la CFE, es decir, en los primeros cuatro años del sexenio la paraestatal perdió más del 20 por ciento de su capacidad de generación por negligencia de sus funcionarios, porque de acuerdo con la ASF el decremento es resultado de la “subutilización” de la paraestatal.

La pérdida de productividad de la CFE fue más evidente en las centrales termoeléctricas en las que la producción cayó hasta el 51.2 por ciento de su capacidad total, y alrededor del 20 por ciento respecto al 2000, porque fue generada por productores independientes y promovida por la misma CFE. La mala política en materia energética seguirá impactando aún en el siguiente sexenio, pues la ASF estima que en los siguientes siete años la oferta en energía eléctrica será superior a la demanda.

Respecto a los montos, aunque la energía que en los últimos seis años la CFE compró a los productores independientes fue 24.7 por ciento más barato que el costo de generación en las centrales de ciclo combinado, el promedio general fue 8.5 por ciento más caro que el costo promedio del total de las centrales de la CFE.

Energía renovable, el fracaso

 

Derivado de compromisos internacionales, como el Protocolo de Kyoto, el Programa Sectorial de Energía 2001-2006 estableció como meta impulsar un 41.7 por ciento el uso de energías renovables: solar, eólica, mini hidráulica, geotérmica y biomasa. De acuerdo con las estimaciones de la ASF, la paraestatal incrementó el uso de la llamada energía verde apenas un 15 por ciento respecto a la producción del 2000.

Al respecto, la ASF señala que a la entrega de la administración, la CFE deberá explicar por qué no cumplió la meta de gobierno de incrementar un 41.7 por ciento el uso de energía renovable, y que la justificación técnica de los ajustes en las metas, si es que las hubo, deben haber sido aprobadas por la Junta de Gobierno de la CFE.

Aunado a que la falta de producción de energía verde significa que México fracasó en sus compromisos internacionales, al interior de la CFE hay un rezago en materia ecológica, por lo que la paraestatal tampoco alcanzará la certificación ambiental, pues los avances en los trabajos fijados en el Sistema de Protección Ambiental en la norma ISO 14001 han sido de 71 por ciento en promedio anual. Las instalaciones de la CFE que han cumplido con la normatividad ambiental son 45 de las 65 hidroeléctricas, 53 de las 85 termoeléctricas y ninguna eoloeléctrica.

El Programa de Egresos de la Federación 2004 comprometía a la CFE a implantar mejoras tecnológicas en las centrales termoeléctricas del país para incrementar la eficiencia. Más que un compromiso es obligación de la empresa, de acuerdo con la Ley Federal de Entidades Paraestatales, y para ello, Elías Ayub estaba obligado a diseñar un programa de modernización de las centrales termoeléctricas, pero según la ASF, no se hizo tal programa.

A lo largo del sexenio sólo en 64 de las 581 termoeléctricas que hay en México se hicieron trabajos de rehabilitación o modernización, y de estas 64, sólo en nueve se concluyeron los trabajos.

La ASF señala que no es posible evaluar el grado de cumplimiento de objetivos de eficiencia operativa de la CFE con mejoras tecnológicas, porque la paraestatal no tiene establecido un programa de rehabilitación y modernización para las centrales termoeléctricas. El efecto a corto plazo fue que se incrementaron las fallas precisamente por la falta de mantenimiento.

Aunque se promociona como una “empresa pública de clase mundial”, la CFE, a decir de la ASF, no tiene un programa para medir sus metas en materia de productividad, competitividad y tecnología que respalden sus alcances.

Integrante de la Comisión de Energía del Senado en la legislatura a punto de concluir y asiduo defensor del sector eléctrico, Manuel Bartlett Díaz exhorta a los órganos internos de control a que abran indagatorias contra funcionarios del sector energético de la administración de Vicente Fox, por el “desmantelamiento” que han hecho del sector clave para el país. Del titular de la CFE, Elías Ayub, acusa, “cínicamente se prestó a destruir a la empresa que se le confió”.

Bartlett Díaz describe las condiciones en que está una de las paraestatales más importantes del país: “Ayub deja la CFE muy débil, y con el lastre de todos los compromisos con las empresas extranjeras a las que se les garantizaron ganancias con el patrimonio nacional”.

Si bien a lo alargo del sexenio fueron infringidas la Constitución y la ley de paraestatales para abrir la CFE a la iniciativa privada, legisladores de oposición estiman que el PAN como mayoría en la próxima Legislatura, consolidará el proyecto energético privatizador de Vicente Fox, impulsado también por Felipe Calderón Hinojosa.

En sus días como titular de la Secretaría de Energía, Calderón Hinojosa apoyó abiertamente a las empresas españolas, con lo que se ganó la simpatía y agradecimiento público del entonces presidente de España, José María Aznar, y luego el proselitismo a su favor tanto en México como en el extranjero del presidente José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Año IV No. 43 Agosto 2006

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