¿Se merecen sus ingresos?
Héctor Amador
La revista Forbes dio a conocer la lista de aquellos que tuvieron los mayores ingresos durante 2005. En cuanto a celebridades encabeza la lista Steven Spielberg con ganancias por 332 millones de dólares (md). Es ya tradicional que el afamado productor / director de películas sea cada año integrante de la lista. Realmente todos hemos disfrutado o nos hemos emocionado con alguna de sus creaciones desde sus primeras obras como “Tiburón” hace varias décadas o el “Parque Jurásico” ya más recientemente. Se puede decir que Spielberg tiene un talento único que le ha permitido ganar las carretadas de dinero que obtiene.
En general, los integrantes de la lista de celebridades con mayores remuneraciones muestran alguna habilidad insólita y especial que pueda justificar sus retribuciones. Tienen una cualidad que es difícil de repetir o igualar y son pocos en el mundo entero que la poseen. Son tal vez dueños de una destreza por la cual sus seguidores están dispuestos a pagar. Por ejemplo, George Lucas (235 md) un caso muy parecido al de Spielberg. Dan Brown (88 md), el autor de “El Código da Vinci” y otros libros. Podemos discutir sobre la calidad de sus libros pero tuvo la habilidad y creatividad para imaginar una novela cuyo tema resultó controversial y altamente redituable.
En otros casos de celebridades, como las Top Model del mundo resulta más difícil encontrar un talento único e irrepetible que justifique sus ingresos. Por ejemplo, Giselle Bündchen se llevó a su casa 13 md, Milla Jovovich 10 md, Claudia Schiffer 9 md, Cindy Crawford 9 md o Heidi Klum 8 md. Quienes les pagan tales cantidades, ¿en serio piensan que no hay mujeres más atractivas en el mundo? ¿Creen que nadie más puede desplazarse con esos pasos felinos sobre las pasarelas como lo hacen las Top Model?
Cuando vemos la lista de los ejecutivos mejor pagados tampoco es tan claro saber si se merecen lo que ganan. Por ejemplo, de los directores generales de las empresas el que más ganó fue Richard Fairbank, director general de Capital One Financial que se llevó a su casa 249 md. Su compensación normalmente es la suma de un sueldo, un bono y acciones que se le otorgaron. Precisamente las acciones son la parte de la retribución más controversial. Cuando se empezaron a conceder acciones, como parte del paquete de remuneraciones de los ejecutivos, se pensó que así se alineaba el interés de los directivos con el de los accionistas. Se creyó que los ejecutivos entonces harían todo por favorecer el aumento del precio de la acción y así se verían beneficiados todos los accionistas. Sin embargo, al paso de los años los Consejos de Administración se dieron cuenta que muchas veces se manipuló el resultado de la empresa para favorecer apreciaciones de corto plazo de las acciones en detrimento de la viabilidad futura del negocio.
Por ejemplo, el director general de una farmacéutica podría, por un rato, recortar los gastos de investigación y desarrollo. Así, en el corto plazo, la utilidad del negocio sube por menores costos y por lo tanto la cotización de las acciones mejora en lo que él vende las acciones que se le otorgaron como parte de su paquete. Sin embargo, a la postre la farmacéutica se quedará sin productos nuevos y por lo tanto su sobrevivencia misma estará en peligro. Pero eso ya no le importará al directivo porque para cuando sea evidente el problema él ya habrá cobrado.
Aunque suene increíble tal situación se presentó en muchas ocasiones. La falta de ética, escrúpulos y honestidad han sido factor de muchos problemas en gran cantidad de negocios.
Por lo tanto, es normalmente de dudarse si las estratosféricas sumas pagadas a los ejecutivos realmente se las merecen. ¿De veras son los únicos que tienen un talento tan destacado que no es posible reproducirlo? ¿Tenemos certeza que las ganancias que obtienen las empresas no se han manipulado para maximizar el beneficio del director general?
Son preguntas normalmente difíciles de contestar en el corto plazo. La experiencia ha mostrado que a la postre se descubre que casi siempre ni eran tan talentosos como se creía y se comprueba que muchas veces sí cometieron errores y abusos, a veces intencionalmente y otras por simple ineptitud. Por ejemplo, muchos directivos consideran indispensable un jet ejecutivo o acondicionan departamentos elegantes en lugares como Nueva York o Londres con la justificación que es más conveniente que llegar a un hotel. Ya no hablemos de los gastos de representación en los que esconden excesos como prostitutas, entradas a partidos o consumo de vinos extravagantes.
Los fabulosos paquetes de compensación que reciben los ejecutivos han crecido a un ritmo vertiginoso que no se ha visto igualado por los ingresos que reciben los empleados promedio. En un estudio realizado por Carola Frydman de Harvard y Raven E. Saks de la Reserva Federal demostraron que en Estados Unidos el ingreso promedio de un directivo en un gran negocio es ahora 170 veces superior al del empleado promedio, mientras que en 1940 tal disparidad era de sólo 68 veces. Es decir, los directivos se han auto recetado mayores ingresos y se apropian de una mayor cantidad de lo que generan los negocios.
Según el estudio de Frydman y Saks desde los 1930's hasta fines de los 1970's la paga tanto de directivos como de empleados promedio creció a la misma tasa de alrededor de 1.3% anual. Pero a partir de 1980 los directivos aumentaron sus ingresos en promedio 6.8% cada año mientras que la compensación anual del empleado normal apenas subió 0.8% en términos reales. Esto se produjo por un lado por la entonces nueva costumbre de otorgar acciones a los directivos, y por el otro lado por los bonos tan altos que se les garantizaban desde el momento de sus contrataciones.
Lo anterior no es correcto porque salen perjudicados tanto los empleados como los accionistas. Por lo mismo, toca ahora a los Consejos de Administración y a los accionistas poner fin a tanto abuso y exageración. Se pueden pagar mejores sueldos a los empleados y a su vez otorgar mayores dividendos con sólo recortarle el paquete de compensación a los directivos.
Pero es difícil hacerlo porque normalmente los Consejos de Administración están llenos de amigos y gente que a su vez son directivos en otros consorcios. Ninguno va a iniciar un movimiento de reducción de retribución a directivos porque a la postre se podrían ver perjudicados ellos mismos. En cuanto a los accionistas tampoco hay mucha esperanza. Normalmente los grandes accionistas de los negocios son los llamados inversionistas institucionales es decir, fondos de inversión, seguros o fondos de pensión. Ellos, a su vez, también son parte de instituciones financieras. Resulta que de los 10 ejecutivos mejor pagados en 2005, tres son los directores generales de instituciones financieras o sea que ellos tampoco tienen ningún interés en que se acabe el perverso juego que perjudica a todos menos a ellos mismos.
Pero tales disparidades de sueldos los podemos encontrar por todas partes. Por ejemplo, al director técnico de la Selección Nacional de Fútbol de México se le pagaron 9.6 md por sus cuatro años de servicio. Tal cantidad lo ubicó como el tercer entrenador mejor pagado del mundo después del inglés y del alemán. Todos los demás ganaron menos que La Volpe. ¿Usted cree que desquitó su sueldo?
Por otro lado el INEGI nos informa que en México casi el 78% de la población recibe menos de 5 salarios mínimos mensuales (alrededor de 7,500 pesos). Al mismo tiempo vemos que el paquete anual de compensación de Gil Díaz en la secretaría de Hacienda durante 2005 fue de alrededor de 270 mil dólares. Para ponerlo en contexto, el mismo puesto en Estados Unidos tiene una compensación de casi 180 mil dólares. Es decir, Gil Díaz gana 50% más que su contraparte en Washington.
De tal manera, vemos que en México se conjugan por un lado algunos de los mejores sueldos (La Volpe, Gil Díaz) del mundo y otros de miseria. ¿Se los merecen unos y los otros?
Claro que se puede decir que en el caso de Henry Paulson, el nuevo ministro de finanzas de Bush, aceptó el puesto por ego y no por el sueldo ya que en su anterior ocupación, como director general de la casa de bolsa Goldman Sachs, se embolsó en su último año de labores 35md. Igual podemos decir de Gil Díaz, su ego fue satisfecho porque por un lado él disfruta de su generosa pensión del Banco de México y por el otro lado renunció a su puesto como director general de una telefónica para ocupar la secretaría y él lo ha comentado que en su puesto previo ganaba más que ahora. O sea, no lo movió el sueldo para aceptar su actual cargo.
Por lo tanto, considerando los miserables sueldos de los puestos inferiores del gobierno y los exagerados sueldos que reciben los altos funcionarios se podría en la nueva administración presidencial hacer un acto de justicia. (Desde luego la idea de recortar los sueldos y con ese dinero impulsar el crecimiento del país es absurdo porque no alcanza para semejante detonación). Se podría dejar el sueldo de todos los secretarios de estado en máximo 120 mil dólares anuales, y proporcionalmente se ajustarían los de los mandos superiores. (De por sí ya vimos que a esos niveles lo que les importa es recompensar el ego y no la chequera). Con tal nivel de sueldo Gil Díaz ganaría un tercio menos que su contraparte de Estados Unidos lo cual está más apegado a la realidad de nuestro país. De entrada se ahorrarían 150 mil dólares en el simple caso de Gil Díaz. Esos 150 mil dólares se podrían usar para subir un mil pesos a la compensación de empleados de gobierno que ganen menos de diez mil pesos mensuales. De tal forma que quien menos recibe se va a ver más recompensado. Por ejemplo, si alguien gana un salario mínimo pues de golpe y porrazo casi se le duplica al darle un mil pesos adicionales por los recortes a los de arriba.
La calidad de vida del receptor va a mejorar notablemente con tal incremento y en los números macro del presupuesto federal todo permanecerá igual pero habremos dado un buen impulso al bienestar de un gran sector de la población. Claro que el uso óptimo de tal recorte de sueldos sería pagar deuda o crear un fondo de reserva para ir resolviendo el espantoso problema de las pensiones. Pero dada la situación política y lo ríspido del proceso electoral es necesario hacer alguna concesión al populismo para apaciguar a sus seguidores.
El momento de hacerlo es al inicio de una nueva administración porque después, ya que cobran la primer quincena, nadie va a proponer reducirse el sueldo. Aparte se logra con ello motivar a los burócratas a realizar mejor su trabajo y a su vez se va bloqueando la corrupción al mejorar la remuneración.
Tanto en la vida corporativa, como en el gobierno es necesario corregir algunos excesos de sueldos (por ser demasiado elevados o demasiado bajos) en que se ha caído. Como dijo un demagogo por allí, ¡es por el bien de todos!
Año IV No. 43 Agosto 2006
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