Pacto faustino
Ligados a los medios de comunicación, la literatura, el deporte y la industria del entretenimiento, hombres y mujeres se han convertido en verdaderas máquinas de dinero que, en algunos casos, rebasan los niveles de rentabilidad de las emisoras estrella del mercado de valores. Sin embargo, los sacrificios son muchos… pero vale la pena.
Héctor Amador
Recientemente, la revista Forbes publicó la lista de las celebridades que mayores ingresos percibieron durante 2004. Naturalmente, nos encontramos con la mezcla cotidiana de actores, magos, productores y escritores. Muchos nombres del inventario aparecen cada año con ingresos de cientos de millones de dólares.
Uno de los personajes nuevos es Dan Brown, autor de “El Código Da Vinci”, una novela ciertamente entretenida que ahora se filma en París con Tom Hanks. Por cierto, es tal la popularidad alcanzada por el libro que en la capital francesa ya hay tours a los lugares que se mencionan en la aventura. Al igual que en Londres se organizan visitas a los sitios utilizados para la filmación de las películas de “Harry Potter”, escrito por J.K. Rowlng.
Este año la celebridad que mayor ingreso percibió fue George Lucas, creador y productor de la serie de películas “La Guerra de las Galaxias” (LGG). Lo anterior fue, cabe aclarar, antes de que estrenara en 2005 la última entrega de la serie y que seguramente le reportó otra fabulosa cantidad de ingresos adicionales.
Ciertamente obtener 290 millones de dólares en un año es un dineral. Pero es tanto que cuesta trabajo dimensionarlo. Con tal fin podríamos ver, por ejemplo, si George Lucas fuera una empresa que cotizara como acción en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) entonces, ¿qué lugar ocuparía en comparación con otras emisoras?
Tomando como parámetro la utilidad operativa (este concepto contable nos dice la cantidad que gana cada negocio por sus actividades propias y también no está muy contaminado por ingresos que se reciben por manejos de la tesorería o magia contable) entonces nos daríamos cuenta que George Lucas sólo tendría 16 empresas, de toda la BMV, que habrían ganado más que él. De hecho, prácticamente empata con TV Azteca. Todas las demás emisoras que no se incluyen en la lista ganaron menos por sus operaciones o actividades de lo que Lucas se llevó a su casa. Es decir, los miles de empleados que laboran en el restante grupo de emisoras trabajan para un negocio que tuvo menos beneficio que un solo productor y director de Hollywood.
La habilidad que tuvo Lucas fue fundar “Lucasfilm” en 1971 para trabajar en su proyecto de LGG. Lucasfilm es hoy un conglomerado de entretenimiento con varias divisiones como video juegos (LucasArts), efectos especiales (Industrial Light and Magic (ILM) ), edición de sonido (Skywalker Sound), licencias para producción (Lucas Licensing) y las películas en sí de LGG. El único dueño de “Lucasfilm” es George Lucas y se estima que el negocio tiene ingresos anuales de un mil millones de dólares, siendo toda la utilidad para su único propietario, ya que prácticamente no tiene deuda. Las puras películas de LGG han generado en cines un ingreso de alrededor 3 mil 400 millones de dólares durante su existencia, además de 130 millones de dólares en DVD’s y 9 mil millones de dólares por concepto de mercancía relacionada como muñecos, entre otros.
Es interesante mencionar que en ILM han surgido ideas verdaderamente revolucionarias. Por ejemplo, Pixar Animation Studios tuvo su origen aquí. Pixar se vendió en 1986 a Steven P. Jobs, el fundador de Apple Computer. Pixar es el estudio que ha maquilado a Disney todas sus películas de animación recientes como “Toy Story”, “Buscando a Nemo”, “Los Increíbles”, etcétera. Otra empresa, “Avid Technology” también tuvo su origen en ILM y ahora es líder en tecnología de edición fílmica.
George Lucas es hoy una muestra para seguir en la integración de un negocio, pues todo lo relacionado a LGG él lo tiene cubierto y gana dinero con ello.
Alguien que siguió su ejemplo es Jenna Jameson, quien también creó un conglomerado de entretenimiento. Ella inició como actriz pornográfica a principios de los noventas. Entonces fundó su propia empresa ClubJenna. Así se convirtió en la productora de sus películas. Una cinta porno normal vende alrededor de 3,000 ejemplares en su primer mes. Sin embargo, un film de Jenna vende cerca de 50,000 a un precio promedio de 50 dólares. Al principio sólo hacía tres obras al año. Pero ahora ya tiene contratadas a cinco actrices. Con esto su producción aumentó a cerca de 40 estrenos para este año.
Las actrices que trabajan para ella están bajo un acuerdo de exclusividad. Tal como estuvieron los actores en los grandes estudios a mediados del siglo pasado cuando recibían un sueldo fijo a cambio de no laborar para alguien más. Las actrices empleadas por ClubJenna ganan entre 50 mil y 150 mil dólares anuales. Aparte les otorga un porcentaje de las ganancias. El mínimo que tiene que vender una película son 10,000 copias y cualquier cifra por arriba las actrices reciben el 3 por ciento de las ventas. Jenna dice que si ella hubiera tenido una cláusula semejante en sus contratos iniciales, hoy percibiría 750 mil dólares anuales sólo por regalías de sus trabajos pasados.
Además de las filmaciones también tiene una página en internet en la cual, por una suma, se pueden ver sus películas y fotos. Ha escrito un libro sobre consejos sexuales que lleva meses en la lista de los mejor vendidos del New York Times. También comercializa juguetes para adultos bajo su marca y hasta es posible cargar en el celular sus gemidos para que sean la señal de que hay una llamada (Es cosa de imaginarse la cara de todos cuando suena el celular con esos sonidos durante una junta de trabajo). Para este año los ingresos estimados de ClubJenna serán de 30 millones de dólares y la mitad es utilidad para su dueña.
Naturalmente, alguien ya pensó en poner un negocio de pornografía en la Bolsa. Private Media Group, basado en Barcelona, cotiza en el NASDAQ desde 1997 y podemos suponer que es la acción que los analistas estudian con mayor agrado. Tuvo ventas en 2004 por 36 millones de euros.
Se está considerando poner en Bolsa a Vivid Entertainment, otro conglomerado pornográfico, con ventas anuales de alrededor de 100 millones de dólares. Producir sus películas cuesta entre 40 mil y 200 mil dólares. Anualmente elaboran alrededor de 60 cintas y creen que tienen como un 30 por ciento de participación de mercado en el segmento pornográfico. Al igual que Jenna están muy diversificados, han iniciado la apertura de centros de “table dance” con sus exclusivas estrellas, el primero lo acaban de inaugurar en el Venetian de Las Vegas.
Desde luego está “Playboy Enterprises” que cotiza en el NYSE. Es otro conglomerado erótico con varias ramas de negocios.
Aunque suene un poco descabellado, hace poco más de un año en Japón, se intentó que hubiera acciones de celebridades en la Bolsa. Se trajo al mercado un “Fondo de Talentos” que, en un inicio, estaba conformado por cinco atractivas mujeres que fueron seleccionadas para lanzarlas a la fama. Lo que generen por ventas de CD’s, DVD’s, calendarios, presentaciones personales, etcétera, será para el mencionado fondo y todos sus accionistas compartirán el éxito. Habrá que darle seguimiento.
En 1997, en Inglaterra se hizo una cosa parecida. Se estructuró una compra de cartera por cobrar o también conocido como “securitización” o bursatilización. Se hizo el compromiso, entonces, de que las siguientes 25 canciones de David Bowie servirían para repagar el préstamo por 55 millones de dólares que se le hacía al cantante. Los inversionistas recibieron, a cambio de su dinero, unos pagarés con tasa de 8 por ciento y todos los ingresos generados por las 25 futuras canciones de Bowie iban a un fideicomiso del cual se amortizaron los pagarés.
Cuando las celebridades entraron al mundo del espectáculo y empezaron a ganar carretadas de dinero por unas cuantas semanas de trabajo, aceptaron en forma implícita un Pacto Faustiano.
En Alemania, en la Edad Media, surgió la leyenda del Doctor Fausto. Más tarde la plasmó Goethe y la inmortalizó en su excelente novela. Ha servido el tema para otros escritos posteriores y hasta ha inspirado muchas obras musicales entre las cuales se puede mencionar la de Wagner, Gounod y Berlioz.
Goethe, en el inicio de su escrito, nos describe a Dios y Mefistófeles cruzando una apuesta que a Lucifer no le será posible sacar del buen camino al Doctor Fausto. El adusto hombre es tentado con la hermosa Margarita. Finalmente, Fausto está de acuerdo en otorgar su alma al Diablo a cambio de recibir los más intensos placeres de la vida. Se negocia que cuando Fausto no pueda aguantar más y quiera detenerse a vivir para siempre dicho instante de felicidad, entonces morirá. Desde aquel momento, se dice que cerrar un Pacto Faustiano es cuando se acepta un convenio cediendo a tentaciones pero a sabiendas de que puede traer consecuencias fatales.
Igual es con las celebridades. Llegan a ganar fortunas, son ídolos de millones en el mundo. Donde quieran acudir se encuentran a multitudes emocionadas de verlos. Cuando aparecen en escena se les aplaude e idolatra. Pero el Pacto Faustiano en que entraron es que a cambio de todos esos placeres y privilegios perdieron su privacidad.
Los seres que se encargan de privarlos de cualquier reducto íntimo, son los paparazzi. Estos fotógrafos los van a perseguir y atosigar sin darles un minuto de descanso. Si acuden con su estilista, van a una librería, quieren comprar un helado o pasan al supermercado, alguien los espía y les saca una fotografía.
Una fotografía normal cuesta entre 150 y 300 dólares. Ahora que si se logra obtener un retrato comprometedor, tal como estar sin ropa, con una pareja nueva o aquella con la que no se está casado, entonces pueden llegar a cotizarse hasta en medio millón de dólares, si es creíble que US Weekly fue lo que pagó por la imagen de Brad Pitt y Angelina Jolie caminando juntos en la playa de África. Otra instantánea famosa fue cuando se captó a Brooke Shields y Andre Agassi, con la cabeza recién rapada, y se cotizó la toma en 30 mil dólares. Un paparazzi promedio gana al año alrededor de 80 mil dólares por estar persiguiendo todo el día a las celebridades.
Constantemente vemos a los famosos quejarse del atosigamiento. Inclusive Mel Gibson produjo una película, “Paparazzi”, donde los presentaba como lo más bajo del mundo y trataba de despertar la simpatía del público a favor de los pobres actores que son perseguidos.
Claro que mucho de la pérdida de privacidad la provocan las mismas celebridades. Como el día que Tom Cruise brinca como un desquiciado mental en los sillones cuando lo entrevista Oprah Winfrey y confiesa estar enamorado de Katie Holmes. Por supuesto, después de semejante espectáculo por televisión, los paparazzi lo perseguirán por todas partes para obtener un retrato con su nuevo amor.
Francamente, debieron haberlo pensado antes. Si no estaban dispuestos a cumplir con su parte del Pacto Faustiano no lo debieron aceptar. Pudieron seguir en sus actividades previas como meseros, choferes, lavaplatos, etcétera, en lugar de cobrar millones de dólares por unas semanas de trabajo y ser los ídolos de multitudes.
Fausto quiso a Margarita, ellos quisieron millones y la adoración del público. Deben atenerse a las consecuencias. Como dicen en la carrera de economía ¡No existe tal cosa como una comida gratis!
*Economista egresado del ITAM.
hectoramador2005@hotmail.com
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