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¿Quién movió el queso de la tradición energética?

“¿Cómo mantenemos el balance? Eso se los puedo decir con una sola palabra ¡Tradición!”

El Violinista en el tejado

Héctor Amador

En 1633 la Inquisición condenó a Galileo como un hereticus relapsus (“hereje intratable”) porque se atrevió a formular la tesis de que la tierra giraba alrededor del sol. Tal afirmación se oponía a pasajes de la Biblia las cuales, según algunos exegetas, mencionaban que la tierra era un objeto estático, y era el sol una esfera celeste que giraba en torno a nuestro planeta. Pocos siglos después, en 1979, tan sólo 346 años más tarde y diez después de que el hombre pisara por primera vez la Luna, el Papa convocó un consejo teológico y científico para revisar el juicio contra Galileo. La burocracia del Vaticano, como cualquier organización política, fue extraordinariamente eficaz pues de inmediato se puso a trabajar, y se tardó sólo trece años en el exhaustivo estudio del difícil y urgente caso. Se concluyó que los teólogos de fines de la Edad Media cometieron el error de confundir la gimnasia con la magnesia. Es decir, por equivocación trasladaron un asunto estrictamente de fe hacia el terreno científico.

Cuando nos cerramos a nuevas opciones y nos aferramos a algo establecido podemos llegar a caer en episodios tan patéticos como el sucedido con Galileo y el Vaticano.

En la espléndida obra musical “El Violinista en el Tejado” en la narración dentro de la canción inicial se menciona: “Siempre mantenemos nuestras cabezas cubiertas y usamos estos pequeños paños para rezar y que muestran nuestra constante devoción a Dios. Ustedes preguntarán ¿Cómo se inició esta tradición? Les diré ¡No tengo idea! Pero es una ¡tradición!”

Ese es precisamente el problema cuando la gente se aferra a sus costumbres y cierra la mente. Al cabo del tiempo ya no se sabe la causa por la que se hace algo. Tal vez en un principio hubo una razón válida para adoptar tal o cual decisión o conducta, pero las circunstancias cambian y, por lo tanto, es necesario ser flexible.

En la obra El Violinista vemos cómo, paulatinamente, se transforma el medio ambiente y el personaje central queda totalmente rebasado a pesar de asirse fuertemente a lo establecido y a las tradiciones. Aunque el Vaticano no lo quería admitir, el mundo gira. Por lo tanto, hay que mantener la mente abierta y dispuestos a sacar el mayor provecho posible del cambio.

El libro ¿Quién movió mi queso?, de Spencer Johnson, nos enseña exactamente que aquél que no aprende a vivir con el cambio queda fuera y se enfrenta, a la postre, contra mayores problemas. Como el ridículo del Vaticano con Galileo o El Violinista y sus desgracias.

Desgraciadamente en México estamos viviendo una situación muy dramática en cuanto a los energéticos, porque legisladores dinosaurios se obstinan en tradiciones y no alcanzan a entender que el queso ya se movió.

 

Exportando crudo, importando refinados

 

En 2004, casi 4 por ciento de las importaciones que se hicieron en el país fueron de combustibles. Por increíble que parezca se exporta petróleo crudo, se transforma en el extranjero y lo volvemos a traer en forma de gasolina. Esto le costó a México casi 8 mil millones de dólares. Para ponerlo en perspectiva, es ligeramente menos de lo que se capta por el turismo. Si se gastara ese dinero en México, el PIB crecería cada año un poco más de un punto adicional a lo que aumenta de por sí. Es decir, si hoy con grandes problemas se logra crecer al 3.5 por ciento, el dejar de importar combustibles y procesarlos acá haría que la economía creciera 4.5 por ciento.

Que quede claro de entrada, no estoy hablando de privatizar a PEMEX, digo no sea que algún senil dinosaurio despierte de su sueño y empiece a gritar. Lo que estoy argumentando es que en lugar de mandar el crudo a otro país, para que allá una empresa privada lo transforme y nos lo vuelva a vender, hay que dejar que empresas privadas mexicanas establezcan refinerías en el país y conviertan el petróleo en el combustible que necesitamos. La ventaja es que de entrada se quedarían 8 mil millones de dólares en el país y se crearían miles de trabajos de aquellos que laboraran en las refinerías. A mi modo de ver eso sería mucho más nacionalista que lo que están defendiendo los dinosaurios seniles, o sea, seguir como estamos y exportando crudo para importar productos refinados.

Incluso, hasta podríamos ser más audaces. El petróleo es un bien demasiado valioso para que se consuma como energético. La riqueza del petróleo no es por el crudo sino por la infinidad de productos, muy necesarios, que se pueden extraer con procesos petroquímicos. Por lo mismo, hay que buscar sustituir el petróleo en aquellos usos que no son altamente redituables. Para eso volteemos un momento a Brasil.

En 1973, cuando fue el embargo árabe del petróleo, Brasil importaba casi el 80 por ciento de su combustible. Dando muestra de gran ingenio y arrojo se dedicaron mediante un programa muy intenso a invertir en la producción de etanol basado en caña de azúcar, y ahora en alrededor de un tercio del combustible que usan sus vehículos se basa en etanol.

Hoy en día, la mitad de sus carros tienen la capacidad de utilizar cualquier combinación de gasolina o etanol. Para México, la ventaja de imitar tal programa sería múltiple:

 

Etanol es un energético mucho más amigable a la ecología y por lo tanto más saludable.

 

Libera petróleo para usarlo en bienes de mayor valor agregado y que en la actualidad no tienen sustituto en su materia prima respecto al petróleo. Así podríamos impulsar una industria petroquímica para dejar de exportar sólo crudo y en su lugar vender productos de mayor valor agregado. Baste mencionar, como ejemplo, que en éste momento en Norteamérica se reducen los excedentes de resinas (materia prima para plásticos) y tanto Estados Unidos de Norteamérica como Canadá se convertirán en importadores netos en 2009 y cortarán el suministro de resina a partir de 2007, según la Asociación Nacional de la Industria del Plástico. Traer el plástico de Medio Oriente o Asia encarecerá el abastecimiento 12 veces. Podríamos invertir en México para aumentar la producción nacional y asegurar nuestras necesidades y tal vez exportar los excedentes. Entonces se le agregaría todavía más crecimiento a la economía.

 

Se resuelve otro problema. Me refiero al de los ingenios azucareros. Durante décadas se ha vivido un conflicto, que ya se ha convertido en delicado asunto político, de hacer rentables los ingenios azucareros. Aquí está una solución, usar la caña para producir etanol.

 

La luz es de las más caras del mundo

 

Otro de los problemas energéticos que enfrenta el país es la electricidad. El consumo de la corriente eléctrica ha aumentado aunque no crezca la economía. Simplemente porque los hogares requieren más luz que hace diez años. Se necesita para hacer funcionar cualquier aparato, que se han vuelto indispensable en todos los hogares, como los hornos de microondas, las computadoras, las impresoras, los aparatos de video y de sonido o los celulares cuya pila hay que cargar. El día que la actividad económica se reactive fuertemente habrá un problema muy serio porque no habrá capacidad de satisfacer los requerimientos de electricidad.

Los altos costos de la luz en México, de los más elevados del mundo, están sacando fuera de la competencia global a las empresas mexicanas. Podríamos ver el caso del conglomerado regiomontano Alfa. Hace un par de meses Alfa anunció que una de sus plantas petroquímicas cerraba en México y se trasladaba a Estados Unidos porque allá la electricidad es más barata. Ya no era rentable seguir produciendo acá. Podemos tener la absoluta certeza de que Alfa, una empresa ejemplo de buena administración, estudió muy profundamente todas las opciones posibles para solucionar su problema y, sin embargo, decidió irse a otra parte. Habría que preguntarles a los obreros que perdieron su empleo, por el cierre de la fábrica causado por la electricidad tan costosa, lo que opinan de los legisladores dinosaurios tradicionalistas y que se opusieron a la reforma energética.

Urge dar certeza jurídica para que las empresas puedan surtirse a sí mismas de electricidad. Hoy en día operan en el limbo jurídico y ante tal panorama resulta muy arriesgado invertir fuertes cantidades para lograr el autoabastecimiento de luz y temer que el día de mañana llegue al poder un nuevo Echeverría (aunque suene increíble todavía hay demagogos populistas) y les expropie sus plantas de electricidad. Sin embargo, la reforma energética está parada por dinosaurios.

Pero aquí también debemos ser creativos y buscar ejemplos a seguir.

Alemania es hoy el líder mundial en el uso de la energía solar, que es mucho más ecológica. Del total de energía solar consumida en el mundo 39 por ciento es en Alemania, mientras que Estados Unidos sólo utiliza 9 por ciento. Alemania tiene hoy la capacidad de suministrar energía solar a casi 325 mil hogares. Japón le sigue muy de cerca y países como España, Italia y Portugal estudian impulsar su utilización por medio de incentivos fiscales. Se busca que hogares, edificios y centros comerciales se alimenten con los rayos solares.

Lo podríamos fomentar también en nuestro país. Dar las facilidades fiscales y el marco jurídico adecuado para extender su uso. Incluso, permitir que el excedente de electricidad generada en una casa se pueda vender a la red eléctrica pública y así se obtienen ingresos para el dueño de la casa y amortizar la instalación de obtención de energía solar. A la larga, el país sale beneficiado. No hay que aferrarse a las tradiciones. Aparte, tenemos mucho más sol que Alemania y si ha funcionado allá entonces acá con mayor razón. El mundo gira y hay que hacerlo con él.

El gobierno está totalmente quebrado gracias a dinosaurios ineptos que nos gobernaron desde hace setenta años. Las finanzas públicas están muy frágiles a pesar del extraordinario ingreso que se logra por la alta cotización del petróleo. La mezcla de petróleo mexicana se llega a tasar hasta un ciento por ciento por encima de lo que se anticipó en el Presupuesto de Egresos del gobierno. Sin embargo, a pesar de la entrada de dinero tan fuerte, el superávit del gobierno en los primeros siete meses fue sólo cuatro por ciento, superior en términos reales respecto al año previo. Obviamente, queda claro que si no fueran tan brutalmente elevados los ingresos por el petróleo estaríamos discutiendo recortes muy drásticos al gasto público porque hay unos requerimientos de pagos muy altos.

No hay dinero del gobierno para invertirlo en satisfacer las necesidades energéticas y petroquímicas del país. Urge primero pagar pensiones, dotar de equipo las clínicas públicas, brindar infraestructura a la población (como drenaje), etcétera. En fin, muchas cosas que la iniciativa privada ni puede ni le interesa hacer. En cambio, sí quieren los particulares invertir en el negocio energético pero con certidumbre jurídica. El empresario Carlos Slim hace poco manifestó públicamente su deseo sobre éste tema. El país tiene muchos requerimientos. Algunos sólo los puede cubrir el gobierno (como pagar las pensiones del ISSSTE) y otros los puede absorber el inversionista particular (como construir refinerías y plantas petroquímicas). Hay que hacer una reforma energética profunda y audaz. Sin temor debemos hacer a un lado tradiciones. Aunque lloren los dinosaurios que tanto daño nos han hecho.

En las próximas elecciones es hora de jubilar a los seniles dinosaurios y sólo escoger a gente que tenga algo de cerebro y ganas de hacer las cosas. Aferrarnos a tradiciones provoca que caigamos en el ridículo del Vaticano con respecto a Galileo o que la realidad nos rebase como al Violinista. La reforma energética es urgente. El queso se movió. Como hubieran dicho Galileo y El Violinista ¡Y sin embargo se mueve...la tradición!

 

*Economista, egresado del ITAM. Hectoramador2005@aol.com

 

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