Cuentas por cobrar, un calvario
Claudia Adita Ruiz
En Microsoft, la firma de software más importante del mundo, una intensa investigación sobre el mercado mexicano reveló que el principal problema que enfrentan las compañías nacionales no es la falta de crecimiento económico, sino los obstáculos para cobrar sus facturas
Más de 100 mil pequeñas y medianas empresas se han aventurado a ser proveedoras de los corporativos más grandes del país, del gobierno federal, entidades estatales y municipales.
Sin embargo, la morosidad en los pagos de sus productos y servicios ha sido el pan de cada día. De acuerdo con las cifras más recientes del sector de factoraje, a junio pasado la cartera de estos intermediarios no bancarios –especializados en el factoraje de cuentas por cobrar— se ubicó en 12 mil 308 millones 367 mil 25 pesos, lo que representó un crecimiento del 120 por ciento respecto a los 5 mil 550 millones 539 mil pesos de junio de 2001.
Para hacer frente a estas demandas de producción y contar con el financiamiento suficiente para seguir trabajando, las compañías de factoraje y Nacional Financiera van en apoyo de las Pymes, buscando garantizar, además, el pago puntual de sus facturas
“Las empresas tienen asegurada su inversión, señalan los expertos, el país tendrá la suficiente solvencia económica para pagar sus deudas en 2006 e incluso la del 2007, pues la perspectiva que se tiene en la transición de gobierno para el próximo año es muy positiva”, señala Alan Castellanos Carmona, director general adjunto de Nacional Financiera.
Lo que se observa, según el funcionario, es un gran apetito de las empresas por adquirir créditos, en principio a corto plazo, con el fin de tener liquidez en sus cuentas e incrementar la producción.
“Vemos a un sector bancario mucho más entusiasta por el financiamiento al sector productivo, lo que a la larga se convertirá en empleos”.
Para que las pequeñas y medianas empresas alcancen esta liquidez no es necesario hacer uso de los créditos bancarios. Para ello, Nacional Financiera tiene el programa de Cadenas Productivas, cuyo esquema se edifica sobre el sistema de factoraje
Alaín Schwartz Creange, presidente de la Asociación Mexicana de Factoraje Financiero y Actividades Similares, explica a Fortuna: “el factoraje es una herramienta de financiamiento, es el descuento de cuentas por cobrar. Cuando las empresas venden a plazos de 30, 60 ó 90 días, llega un momento en que no cuentan con los recursos suficientes para seguir trabajando, mientras sus cobros siguen pendientes”.
Es entonces cuando recurren a una empresa de factoraje, quien le compra esas cuentas y anticipa el flujo de recursos. “Es un vehículo muy seguro porque hay una fuente clara de dinero en donde la empresa puede reponer ese financiamiento”, asegura Schwartz Creange.
Según los entrevistados, este es un mecanismo que ha logrado transferir recursos de financiamiento en cantidades muy generosas y con un costo mínimo para las (Pymes). “Tenemos registradas más de cien mil compañías y seguimos creciendo”, indica Alan Castellanos, de Nafin.
En lo que va de 2005, Nafin ha financiado cuentas por 85 mil millones de pesos. El banco de desarrollo estima que al cierre de este año el financiamiento a este sector se ubicará entre 140 y 150 mil millones de pesos.
Tan sólo en las cadenas productivas se registra una inversión de más de 50 mil millones, en el crédito a intermediarios 15 mil millones y otros 15 mil en garantías; además han tramitado más de cien mil microcréditos. “Tenemos 376 mil empresas y 25 mil proveedores”, informa Alan Castellanos.
Con estas cifras, refiere su representante, Nafin se colocaría como la tercera empresa de factoraje en Estados Unidos, sólo superada por General Motors y C&T.
Aunque los números oficiales hablan de un apoyo a más de 300 mil empresas, todavía queda un universo muy grande por atender, pues se calcula que en México operan al menos 525 mil negocios de pequeño y mediano tamaño.
Esto sin contar los changarros o micronegocios que, según el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), suman 2.8 millones, muchos de los cuales no califican para formar parte de los programas de financiamiento a través del factoraje.
Al referirse a estas microempresas, Castellanos Carmona señala que si bien Nafin cuenta con programas de financiamiento para taxistas, carpinteros, plomeros, profesionistas independientes, loncherías, el programa de factoraje sólo se aplica a empresas formalmente establecidas.
“No hay ninguna empresa que no cumpla con los requisitos para el factoraje; si no los tiene, no puede ser considerada una empresa”. Y precisa: “nos concentramos en la pequeña y mediana industria, es ahí donde se realiza el 80 por ciento de nuestras actividades”.
Para ser parte de una cadena productiva, agrega, los empresarios deben contar con su comprobante de hacienda, identificación, acta constitutiva y, lo más importante: “venderle a alguno de estos grandes clientes que tenemos”.
El objetivo del programa, puesto en marcha en 2001, es aumentar la competitividad de una cadena de producción en su conjunto, comenzando con una empresa grande –conocida como “empresa tractor”– y 10 empresas proveedoras.
De estas grandes empresas “tractor” sobresalen nombres, como Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad, Instituto Mexicano del Seguro Social, Infonavit, Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Además de los gobiernos estatales de Chihuahua, Baja California, Coahuila, Chiapas, Michoacán, Jalisco, Quintana Roo, Nuevo León, Sinaloa, Tabasco, Zacatecas y Yucatán.
El país PYME
México es un país que se sostiene con negocios pequeños. Las pequeñas y medianas empresas aportan el 40 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y 30 por ciento del empleo, según datos del INEGI.
Estas empresas mexicanas, suelen tener entre uno y 250 empleados.
Pero como en otros países en desarrollo, son las que ven un futuro limitado debido a su aislamiento y los problemas estructurales derivados de su tamaño.
Al insertarse en las cadenas económicas de proveedores, los empresarios agregan valor a sus productos y generan riqueza. “Es un programa maduro, que será la base para otros programas destinados al financiamiento”, señala el funcionario de Nafin.
Los beneficios pues, son muchos según las versiones oficiales, y el riesgo de pérdida ante una posible crisis económica de fin de sexenio es mínimo.
Alían Castellanos explica: “es un mercado que ha probado ser muy exitoso porque todos ganan: el proveedor, el comprador, los bancos. Nos convertimos en el procesador de las cuentas por pagar de los grandes compradores de este país, tenemos más de 200 clientes, de los más grandes en México. Eso ha hecho que miles de sus proveedores que estén dados de alta en el programa puedan venderles porque no van a tener problemas de liquidez, tienen una fuente permanente de capital”.
Al hablar sobre los beneficios directos que ofrece el factoraje al pequeño consumidor, el subdirector adjunto de Nafin explica que hace algún tiempo lo peor que le podía pasar a una empresa era conseguir un buen cliente pero no tener manera de producir. “Ahora, lo que logramos es que las empresas tengan la capacidad financiera para crecer en función de lo que crecen sus clientes”. Con ello se ofrece un mejor producto y generan empleo.
“Nuestras estadísticas hablan de que el 40 por ciento de los que trabajan con nosotros han contratado más personal”. Y añade: “Estamos logrando, por un lado, que las importaciones disminuyan y, por el otro, que las empresas crezcan y produzcan más”.
Vender o prestar un servicio en plazos siempre lleva el riesgo de no recuperar la ganancia por falta de liquidez del comprador, más aún si éste es el gobierno federal y está a punto de terminar sus funciones.
Este año la deuda de la economía mexicana con el exterior alcanzó un nivel máximo en tres años, llegando a los 173 mil 777 millones de dólares, un incremento de ocho por ciento en comparación con el registrado al inicio de 2002, según información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
A pesar de ello, para el gobierno federal esta deuda externa no representa un potencial de riesgo de inestabilidad financiera en el cambio de administración en el próximo año.
Los mismos funcionarios de Hacienda confían en que el manejo de la deuda ha blindado a la economía de la posibilidad de una crisis a fin del sexenio.
Aunque la deuda pública externa ha disminuido en comparación con la registrada al inicio del gobierno, en el sector privado ha ido en aumento, incluso, los vencimientos programados para los siguientes años alcanzan un monto que duplica el valor de los ingresos petroleros esperados para 2005.
Con una deuda externa de 77 mil 900 millones de dólares, el gobierno federal enfrenta vencimientos de pasivos contratados en los mercados financieros externos por 4 mil 767 millones de dólares, de acuerdo con datos oficiales, lo que garantiza hasta ahora la estabilidad en las tasas, el tipo de cambio y sobre todo en la capacidad del gobierno federal para responder a sus compromisos.
Con estos indicadores, la cobranza de cuentas de las PYMES con el gobierno federal y administraciones estatales está a salvo, señala Alaín Schwartz Creange: “Evaluamos bien esos riesgos, prueba de ello es que la cartera vencida es un porcentaje mínimo de nuestras operaciones”.
A veces, añade el representante financiero, “hay riesgo en las tasas de ciertas operaciones, pero actualmente observamos una estabilidad económica con tasas de interés razonables, lo que hace más atractivo el uso del factoraje”.
Para canjear las deudas por cobrar que le compran a las empresas, las instituciones de factoraje han aprendido a ser cautelosas ante cambios del sexenio. “El gobierno sigue con una política conservadora y sana en sus finanzas públicas; tiene su deuda externa bien manejada, y la deuda interna cada día la puede colocar a mayores plazo”, añade Schwartz Creange.
El entorno económico siempre es algo que preocupa. Por ello, las empresas de factoraje prefieren trabajar en un entorno donde la economía crezca, las empresas están sanas y tengan solvencia. “Para el próximo año no esperamos un crecimiento tremendo en la economía, pero sí uno que permita que las empresas se mantengan sanas”. El Fondo Monetario Internacional pronosticó que la economía mexicana no alcanzará la meta de 3.5 fijada por el gobierno federal.
Confían en que para el próximo año todas las empresas tengan la suficiente solvencia para pagar, pues las empresas públicas, desde que compran y hacen licitaciones, deben tener autorizado un presupuesto para invertir. “El problema no es que se pague o no se pague, sabemos que van a tener presupuesto para ello, señala Alan Castellanos.
Datos de la Asociación de Factoraje señalan que el volumen de financiamiento de las empresas de factoraje en 2004 fue de 80 mil millones de pesos, un crecimiento de 26.9 por ciento respecto a 2003 cuando llegó a 63 mil millones de pesos, y se espera que este año se supere sus niveles recientes de expansión.
Aunque no se cuenta con el dato exacto sobre el financiamiento que se le otorga a las diferentes entidades del gobierno federal a través del factoraje, se prevé que para este año Nafin reporte un aumento en su factoraje en más de 25 por ciento con respecto al año anterior.
Por su parte, Gerardo Carrillo, analista de la calificadora financiera Fitch-México, sostiene que el gobierno mexicano está obligado a cumplir con el pago puntual de sus cuentas con empresas privadas pues, aunque no se le cobrarían intereses moratorios, sí incide en la calificación de riesgo país.
“El pago puntual de sus obligaciones no bancarias habla bien de un gobierno estable. México no puede darse el lujo de disminuir su calificación como buen receptor de inversiones, pues en América Latina tiene un buen lugar, sólo Chile lo supera”.