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Plural y dinámica Checa
Impaciente por participar de la globalidad, la República Checa abre su economía e invita a empresarios mexicanos a conocer su potencial
Nydia Egremy
Vladimir Eisenbruk el embajador de la República Checa –o Chequia– en México explica a Fortuna cómo su país dispuso previamente su entrada en el siglo XXI. Con antecedentes milenarios, hoy busca sostener el mayor crecimiento de Europa Central y convertirse en una potencia industrial y tecnológica, y para ello cuenta con México.
La República Checa (?eská, republika en checo; o Chequia, en español, como recomienda su cancillería que se denomine a la nación que representa) es uno de los Estados del antiguo bloque socialista más estable y próspero de Europa que además disfruta de una inmejorable situación geográfica en el centro de ese continente.
Limítrofe con Polonia en el norte, Eslovaquia y Austria al sur y Alemania al oeste, la Chequia actual –que emanó de la disolución de Checoslovaquia– apuesta a crecer mediante la producción de bienes con valor agregado y de alta tecnología en las florecientes empresas que rodean a Praga, su hermosísima capital, en una zona de 800 kilómetros.
Desde 1999 esa nación aumentó su índice de crecimiento y reactivó su demanda interna; tal éxito se atribuye en gran medida a sus exportaciones hacia la Unión Europea (UE) –especialmente a Alemania– y al incremento de la inversión extranjera.
El gobierno del presidente Václav Klaus estableció una atractiva política para los inversionistas de todo el planeta, incluidos los mexicanos: mano de obra calificada, leyes muy benéficas y un excelente espacio geográfico para el comercio europeo
Sin embargo, asume que para atraer mayores inversiones debe complementar la privatización de su banca, de las telecomunicaciones y del sector energético, además de reestructurar las grandes corporaciones, y realizar mejoras en el sector financiero.
De ahí que el diplomático invite a que potenciales inversionistas mexicanos observen a ese dinámico país, como lo hacen ya firmas tan destacadas como DHL la empresa aérea de transportación de bienes y embarques, que recientemente instaló su centro logístico para Europa en Chequia, igual que la líder informática HP y armadoras de automóviles internacionales, como Toyota, Peugeot y Citröen.
Viaje de México al centro de Europa
Si bien las relaciones bilaterales chequio-mexicanas se remontan a principios del siglo XX, años durante los cuales sufrieron profundas transformaciones, el embajador asegura que su país aspira a consolidar un intercambio no sólo económico sino cultural y tecnológico con México en este tercer milenio.
Y empiezan bien. Los antecedentes diplomáticos de Vladimir Eisenbruk se remontan a 1994 cuando se encargó de los países del Mercosur en el Departamento de América Latina, más tarde como Subdirector de la Sección de los Estados Americanos y luego como Jefe del Departamento de Norteamérica.
Es decir, conoce al continente y a nuestro país, en el que funge como embajador Extraordinario y plenipotenciario desde el 16 de marzo de este año.
Los ciudadanos mexicanos cuya estadía en la República Chequia no supere los 90 días y y que su estancia no tenga propósitos lucrativos ni estudiantiles, no requieren de visa. Esto representa un estímulo adicional para los interesados en conocer los encantos de aquel país de apenas 77 mil kilómetros cuadrados y sus posibilidades de intercambio comercial o financiero.
Al abordar ese rubro, el primer secretario Jan Mracek destaca un dato prácticamente desconocido de ese intercambio bilateral.“Anualmente, alrededor de quince mil mexicanos viajan hacia la República Checa por razones turísticas y, a su vez, entre cinco y seis mil checos visitan México”.
Para fomentar la industria turística de ambos países, la agencia estatal checa de turismo, con sede en Madrid, prepara ya con Aeroméxico viajes especial-
mente diseñados para empresarios mexicanos quie-nes viajarían hacia Praga para iniciar su conocimiento de esa república.
“Praga está de moda” le señalaron al embajador Eisenbruk representantes de agencias de viajes mexicanas tras un encuentro que realizó con ellos, para promover a su país para que lo visiten desde aquí, sin erogar más de mil 300 dólares.
En la exportación checa a México dominan las máquinas textiles, de cuero y de zapatos, herramienta, productos químicos y farmacéuticos, equipos de poligrafia, tubería de metal, neumáticos e instrumentos de música.
Productor mundial del granate de mejor calidad, que le abrió desde antaño los mercados internacionales de gemas, ahora la República Checa o Chequia apuesta a exportar bienes de mayor valor agregado, como la tecnología, en particular la de generación de energía.
La bisutería de metal y de cristal (chaquira) y el cristal decorativo y de uso doméstico siguen siendo muy valorados por México y muchos otros países. Refiere el embajador una anécdota de su viaje reciente a Guadalajara: recibió como obsequio una figura en barro cubierta de chaquira que, sin saberlo los artesanos locales, procede de Bohemia, la región occidental de su país.
El intercambio comercial avizora nuevas posibilidades, como la impor- tación de equipos para la industria productora de energía, plantas de agua, y materia prima para la fabricación de la cerveza.
México exporta a la Republica Chequia: maquinaria y equipos para transporte, computadoras, productos químicos y agrícolas, alimentos, automotores, equipos de cómputo para procesar datos, productos plásticos y aparatos eléctricos.
Entre los productos agrícolas destacan el café, el platano, diferentes frutas enlatadas y algunos condimentos, además de que las cervezas Corona y Modelo Especial incursionan en el país de la internacionalmente célebre Pilsner checa, con buen resultado.
En el marco del Acuerdo de Libre Comercio firmado entre México y la Unión Europea –y en el que ahora participa la República Checa como miembro– hace unos meses se firmó un convenio para construir una planta de ciclo-combustión energética en Monterrey, Nuevo León.
De igual manera ambas repúblicas intercambian experiencias en materia forestal, pues como subraya el embajador Eisenbruk su país es líder en conservación de bosques a nivel mundial y asesora a Conafor en México y en el marco del intercambio agro-pecuario se instalará en Chequia una fábrica para procesar el maguey.
Reencuentro histórico
Checoslovaquia y México establecieron relaciones diplomáticas el 20 de julio de 1922 cuando se estableció el Consulado General. Cinco años después, por el Decreto de Gobierno el Consulado se transformó en Misión con lo cual confirmó definitivamente el carácter diplomático de la representación checoslovaca en México.
El 15 de marzo de 1939 estas relaciones cesaron cuando la misión checoslovaca “fue entregada a los alemanes” –cita la embajada en México- y se reanudaron en marzo de 1942 sobre la base de la declaración checoslovaca-mexicana, aunque fue hasta junio de 1959 cuando las misiones diplomáticas de ambos países fueron ascendidas a representaciones con carácter de Embajadas.
La historia de esta república centroeuropea que tiene por lema nacional: la verdad vence. Es fascinante. En 1918 los checos y sus vecinos eslovacos formaron la República Independiente de Checoslovaquia.
Tras la Segunda Guerra Mundial formó parte de la esfera de influencia soviética, hasta 1968 cuando sus ciudadanos protestaron por el ingreso de las tropas del Pacto de Varsovia durante la llamada Primavera de Praga que impulsó el movimiento de liberalización y democratización del país.
En 1989 los aires del cambio en la Unión Soviética y Alemania Oriental influyeron en Checoslovaquia.
El intelectual y más tarde su presidente Vàclav Havel emprendió la Revolución de Terciopelo que condujo a la autoafirmación que el 1 de enero de 1993 decidió volver a su origen histórico al crear las República Checa y la de Eslovaquia.
Integra el Grupo Visegrád –por la ciudad húngara de ese nombre– de naciones con Polonia, Eslovaquia y Hungría (conocido como V4), una alianza que se remonta al año de 1335. El grupo se reactivó el 15 de febrero de 1991 para acelerar su integración a la Unión Europea. Chequia lo logró el 16 de abril de 2003 al firmar el Acuerdo de Adhesión.
Bohemia y Moravia son las dos grandes regiones históricas que cubren los 77 mil kilómetros cuadrados de esa República. La primera contribuye con el 5.5 por ciento al producto interno bruto y aloja la ciudad de Pilsen productora de la célebre cerveza.
Moravia ocupa un tercio del país y al sur se localizan petróleo y lignita. Ostrava es un importante centro económico de esa región que explota el carbón, hierro y produce químicos, pieles y materiales de construcción así como los principales bienes industriales.
Ahí mismo, las célebres ciudades de Brno y Olomouc con su gran potencial agrícola y su destacada participación en viticultura, muy atractivo para esa zona centroeuropea.
Moravia-Silesia es la región industrial del país por excelencia, que en tiempos soviéticos fue llamada el “corazón de acero” del país. |
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