Finanzas Personales

Invertir con estilo

Hector Amador*

Más allá de pociones mágicas o buena suerte

Conozca su perfil de inversión no sólo por los objetivos del ahorro que colocará en instrumentos del mercado de valores o de capitales sino en función de su personalidad e intereses. Inversionistas como Warren Buffet o Carlos Slim han sido fieles a sus principios y hoy cosechan los resultados de sus decisiones de inversión.

Todos estamos familiarizados con muchos de los estilos que pueden presentarse en las diversas actividades y ocupaciones que realizamos. Alguien puede preferir determinado género musical, otros eligen alguna escuela de pintura, estilo literario o de cine. Ninguno puede ser juzgado como bueno o malo. Simplemente son distintos y cada uno atrae a su respectivo público.

Igual sucede con las inversiones en la Bolsa de Valores. Puede haber varios matices para invertir en ella. Tal afirmación posiblemente sorprenda a muchos porque quienes son extraños al medio pueden pensar que invertir en Bolsa es todo lo mismo. Pero así como no son iguales una pintura de Rubens y una de Picasso, aunque las dos sean pinturas, no todas las formas de inversión en Bolsa son semejantes aunque al final de cuentas todos invierten en el mercado de capitales.

Pero podemos ir comentando las diferentes prácticas existentes: Los Contrarios

Como su nombre lo indica son aquéllos que llevan la contra. Se puede pensar que serían quienes con el eterno espíritu de adolescente se resisten a cualquier costumbre impuesta por los mayores o por la tradición; la pareja moderna que siempre está a favor de lo opuesto; o los del PRD que sólo preguntan por el tema y el acuerdo existente para inmediatamente colocarse en actitud discrepante.

El estratega de Merrill Lynch, Richard Bernstein, es uno de los más exitosos representantes de tal escuela. Él procura allegarse las recomendaciones de sus competidores en otras casas de bolsa de Wall Street. Una vez que estudia las sugerencias de los 14 o 20 principales estrategas deduce el consenso. Por ejemplo, son optimistas ante el crecimiento de acciones en el sector de la construcción, o favorecen la colocación de dinero en mayor proporción en instrumentos de deuda, o recomiendan salirse de las acciones de tecnología. En fin, ante lo que opine la mayoría él opta por hacer todo lo opuesto. Los Contrarios saben que los participantes del mercado son un rebaño de borregos. Difícilmente alguien tiene personalidad o capacidad de decisión propia. Se sigue a la mayoría por temor a equivocarse. Resulta más fácil justificarse con los comités de supervisión o los jefes cuando todo el mercado tomó la misma dirección y estuvo mal. En cambio, si alguien se inclina por alguna inversión en particular y no resultó exitosa entonces se le culpa en lo individual y corre el peligro de ser despedido porque no puede defenderse atribuyendo la culpa “al mercado”.

Pero Los Contrarios saben que tarde o temprano todos los movimientos se revierten: hacia arriba o hacia abajo. El que estuvo primero en el instante de la inflexión es el que gana más dinero porque encabeza la estampida de la manada cuando regresa. Lo difícil es saber la hora en que se revierte la tendencia. Puede llegar a tardarse mucho tiempo, y mientras tanto los rendimientos pueden ser muy bajos. Habrá lapsos de flaqueza, duda y desesperación. Pero hay que ser firme. Cuando cambia la dirección del viento es cuando Los Contrarios ganan muy fuertes cantidades. A la postre el mercado corrige los excesos pero se necesita ser paciente.

Los Valientes

Para valuar una empresa existen diversos parámetros y por medio de ellos es posible saber si la emisora está cara o barata. Muchas veces se puede llegar a encontrar negocios muy buenos que se cotizan muy bajo. El valor es mayor de lo que cuesta. Son una ganga. Como el enfoque se concentra en el valor son los inversionistas Valientes. La Biblia para un inversionista así es el libro de Benjamin Graham y David Dodd Security Analysis. 

Cuando examina uno la acción se puede descubrir que a final de cuentas está barata porque el mercado no se ha fijado y está cometiendo un error. Aunque parezca increíble, pasa constantemente y es muy frecuente que una compañía no esté valuada correctamente. Hay que grabarse, “Los mercados no son perfectos y cometen errores.” Los magos de tal escuela son Warren Buffett y Carlos Slim. Tienen un gran olfato para detectar gangas y cuando las encuentran las compran.

En algún momento el mercado se percata de la falla. Pero puede pasar un buen rato hasta que suceda. Mientras, hay que ser paciente para ser un Valiente exitoso.

Los Cascadores

Son los niños que andan brincando de un lado al otro. No se pueden sentar y estar quietos. Su capacidad de atención y concentración es muy reducida. Son hiperactivos. Sólo les interesa la acción para ganar un poco durante la semana o el mes. Inclusive hay gente que compra temprano en la mañana y si se genera una ganancia atractiva (para ellos) venden la acción a medio día.

Cada día está más extendida esta escuela de inversión. Hoy en día la acción promedio es poseída por el inversionista en Nueva York alrededor de 11 meses. Lo anterior nos indica que el portafolio típico en Nueva York se transforma totalmente en menos de un año. En cambio, en 1960 se conservaba una acción alrededor de 8 años.

Este estilo de inversión se ha acrecentado porque hay más información disponible. Se ha demostrado en estudios que si los inversionistas están más enterados de cuál es el precio de sus acciones tienden a comprar o vender con mayor frecuencia. Así se ha creado mucha volatilidad en el mercado.

Uno de los problemas es que las empresas sienten cada día menos afinidad o interés en sus accionistas. ¿Con quién está comprometida la administración de las emisoras? ¿Con el inversionista que tienen hoy o con el que va a comprar la acción mañana temprano o el que la adquiere el siguiente día en la tarde?

Otro inconveniente de tal estilo de inversión es que se paga mucho en comisiones. Cada vez que se compra o vende hay que pagar a la casa de bolsa un porcentaje por sus servicios. Al estar cambiando con tanta frecuencia la composición del portafolio se llegan a pagar muy fuertes sumas por comisiones que a la postre van en detrimento de las ganancias.

Permanencia Voluntaria

Son justo lo opuesto de los Cascadores. Los de Permanencia Voluntaria son como el slogan de la estación de radio que anuncia “la música que llegó para quedarse”. Normalmente tardan mucho en decidirse a comprar una acción. Les toma tiempo estudiar la industria, la administración, la estrategia del negocio. Pero cuando se deciden compran y se quedan con la acción durante muchos años. Se convierten en verdaderos socios del negocio. Son los accionistas ideales desde el punto de vista de la emisora. Cualquier empresa es justo el tipo de inversionista que desea. El libro de Jeremy Siegel Stocks for the Long Run (Acciones para el largo plazo) se considera el clásico de esta escuela.

Sus mejores exponentes son Warren Buffett y Carlos Slim. Ambos, cuando compran algo se lo quedan normalmente para siempre. Los inversionistas europeos son más propensos a practicarlo porque son culturas que tienen la visión de larga historia.

Portafolios concentrado o diversificado

En 1993 en su informe a los accionistas, de la empresa de inversiones Berkshire Hathaway, Warren Buffett escribió que si uno era un inversionista con ciertos conocimientos entonces era mejor mantener el portafolio de inversiones concentrado. Aconsejaba no tenerlo muy diversificado porque el rendimiento se diluía. La ventaja de tener pocos nombres en el portafolio es que es mucho más sencillo estudiar las industrias, estar alerta ante los diferentes sucesos y seguir las variables que pueden repercutir en el desempeño de las acciones. Warren Buffett sobre el tema apuntó que si se tenía un harem con 40 esposas, nunca se llegaría a conocer bien a ninguna. Mark Twain alguna vez escribió que “hay que poner todos los blanquillos en una canasta y cuidarla mucho.” Buffett, en otra ocasión mencionó que si se conocía bien a la empresa y a la industria no había necesidad de estar muy diversificado porque se tendría perfecta idea de los posibles riesgos que se corrieran.

Desde luego, el éxito de Buffett es prueba palpable de su teoría de un portafolio concentrado y con pocas emisoras. Sin embargo, se podría pensar que el éxito es atribuible a la habilidad especial de Buffet para seleccionar las mejores acciones, pero académicos de la Universidad de Michigan llegaron a la misma conclusión. Clemens Sialm y Lu Zheng estudiaron el comportamiento y desempeño de varios fondos de inversión a lo largo de 16 años y dedujeron que aquéllos que tenían los portafolios menos diversificados y más concentrados eran los que ofrecían los mejores rendimientos de todos. Por lo tanto, se demostró lo que Buffett supo intuitivamente. No hay que invertir en muchas acciones pero hay que fijarse bien en las pocas que se seleccionen y vigilarlas.

Los de Crecimiento

Los partidarios de este estilo buscan acciones que tengan un futuro de mucho crecimiento. No les interesa que paguen dividendos o lo que pase el próximo mes. Su preocupación es que tengan mucho crecimiento hacia delante y ven todo con un horizonte más amplio.

Jeremy Siegel acaba de publicar el libro The Future for Investors (El futuro para inversionistas) y advierte que el peligro de esta perspectiva es que se cometa la equivocación de sobrestimar el crecimiento futuro y que por lo tanto, por proyecciones erróneas, se pague demasiado. “El problema no es el crecimiento sino lo que la gente paga por él,” advierte Siegel.

Géneros

Tal vez el resultado más interesante y curioso fue de un estudio de Merrill Lynch. En una encuesta con mil personas, la mitad hombres y la mitad mujeres, de inversionistas que manejaban sus propias inversiones se descubrió que las mujeres tendían a obtener rendimientos superiores. Uno de los problemas parecía ser que el varón se apasionaba en mayor grado.

Se enamoraban de las acciones escogidas y no admitían fácilmente que se equivocaban. En cambio la dama, curiosamente, era más fría. No se enganchaban emocionalmente con las acciones y cuando se daban cuenta de que una acción no funcionaba estaban más fácilmente dispuestas a admitir el error y dar marcha atrás. Las mujeres, al contrario que los hombres, tienen mayor ánimo al tomar una pérdida y empezar de nuevo. Ellas aprenden de sus errores de inversión y saben sus limitaciones, en cambio ellos se sienten muy seguros de sí mismos y tienden a confiarse en sus habilidades. Sin embargo, en la misma encuesta se descubrió que las mujeres normalmente tenían menos conocimientos financieros que los hombres y ellas compran más acciones por impulso y sin haberlas estudiado previamente. O sea, la famosa intuición femenina les sirve también cuando invierten en la Bolsa.

 

Como se ve, hasta el sexo interviene en los diferentes estilos de inversión. No hay una fórmula ni una poción mágica. Los estilos se adaptan a cada personalidad. Habrá quienes prefieren una forma o la otra. Cada quien debe encontrar y usar la opción que más le acomode. Pero lo importante es participar en la Bolsa. La satisfacción y la recompensa pueden ser muy grandes.

 

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