Finanzas personales

Secretos para ahorrar

Héctor Amador*

AhorrarTodos están de acuerdo en la conveniencia y bondad del ahorro. Desde luego, puede haber muchas opiniones y teorías para explicar la carencia del mismo.

Pero todos concuerdan que el nivel de ahorro en general debería incrementarse.

Según Platón el alma humana es como una carreta tirada por dos caballos. Uno es el equino de la razón y el otro el de la emoción. La economía está descubriendo que en lo referente a las decisiones financieras Platón tenía razón. Existe un nuevo campo de investigación llamado la "neuroeconomía". Su origen se remonta a 1974 cuando el profesor en economía de la Universidad de Rochester, Dick Thaler, invitó a cenar a varios colegas a su casa. La botana era una charola con almendras. Los invitados comían tantas que Thaler las quitó (lo cual nos indica un anfitrión poco educado, pero eso es otro tema) y escondió en la cocina para que todavía llegaran a degustar los platillos principales. Siendo todos los asistentes  economistas comenzó la discusión para encontrar la razón por la cual comieron tantas almendras y no paraban de hacerlo. Una explicación podría ser que el anfitrión retrasó demasiado tiempo servir los alimentos y todos estaban muy hambrientos por la tardanza.

Lo anterior movió a Thaler y su colega Hersh Shefrin a construir un modelo matemático que describiera tomas de decisiones en conflicto. (Seguir comiendo almendras y no poder degustar platillos más sofisticados servidos posteriormente). Entonces encontraron un estudio realizado por el siquiatra George Ainslie en 1967 en Harvard.

Se experimentó con palomas y se les ofrecía la opción de picar un botón rojo y obtener comida de inmediato o no tocarlo y recibir mayor cantidad de alimento unos segundos después. Al poco tiempo aprendieron las palomas: decidieron esperar. Después se agregó un botón verde y éste evitaba que apareciera el botón rojo.

Pronto las palomas picaban el botón verde y así eliminaban la tentación del botón rojo y consiguientemente se aseguraban de recibir mayor cantidad de comida. Por lo tanto, concluyeron Thaler y Shefrin en su publicación de 1981 "Teoría económica del Auto Control" que si las palomas eran capaces de aprender la diferencia de recompensas del presente contra las del futuro, entonces los humanos probablemente pudieran hacer lo mismo y correr el riesgo de que alguien los tachara de exageradamente optimistas.

 

Ahorro y neuroeconomía

Hoy, uno de los principales representantes de la neuroeconomía es el profesor en economía David Laibson de Harvard, quien ha desarrollado ensayos utilizando la resonancia magnética, un aparato ampliamente  usado en cualquier hospital bien equipado. Se conectaron personas para estudiar  el comportamiento de su cerebro al instante de hacer elecciones  financieras y descubrir las zonas que se activaban en el proceso. Gracias a dichos experimentos se determinó que se estimulan dos áreas distintas de la mente al momento de optar por una recompensa de corto plazo (seguir comiendo almendras) o en el futuro más lejano (cenar platillos sofisticados).  Otro ejemplo sería recibir cien pesos hoy o ciento diez pesos en un año. El corto plazo se rige por un sistema primitivo conocido con el nombre de límbico, común en todos los mamíferos, y que es la región que controla las emociones y reacciones impulsivas.

En cambio, cuando optamos por el largo plazo (recibir el dinero en un año; cenar platillos sofisticados) se activa la región de la corteza prefrontal que se asocia con la razón , el cálculo y es una de las áreas más avanzadas del cerebro.

Gracias a la anterior práctica ahora se sabe que los individuos que son más ahorrativos y planean a futuro es porque tienen más activa y desarrollada la corteza prefrontal. A su vez, las personas que buscan la gratificación instantánea y siempre están con las tarjetas de crédito hasta el límite se dejan guiar en mayor medida por el sistema límbico. En otro experimento, Baba Shiv de la Universidad de Iowa y Alexander Fedorikhin de la Universidad de California del Sur dieron a un grupo de sujetos un número con siete dígitos y les pidieron memorizarlo mientras que a otros les dieron un número con solamente dos dígitos.

Simultáneamente, a todos se les ofreció una rebanada de pastel o un plato con fruta. De aquellos que memorizaban el número más largo el 59 por ciento seleccionó  el pastel mientras que en el otro grupo sólo lo hizo el 37 por ciento. La explicación fue que la región de la corteza prefrontal estaba demasiado ocupada recordando un número tan largo y, por lo tanto, no pudo controlar el sistema límbico que deseaba de inmediato el satisfactor del pastel sin importar las consecuencias a largo plazo de la salud (problemas de peso, azúcar y aumento de la cintura). Por lo tanto, quedó finalmente resuelto uno de los grandes misterios de la ciencia económica. ¿Por qué la gente no toma unánimemente la decisión financiera más racional? Por ejemplo, ya se entiende la falta de ahorro de la gente para prever su vejez. Aquellas personas que no hacen planes para sus retiros es porque se encuentran dominados por el sistema límbico y, por lo tanto, su tendencia natural es preferir la satisfacción hoy y no perder mucho tiempo en hacer planes para el mañana.

 

La decisión de aprender

¿Lo anterior significa que simplemente hay que resignarse? Ni modo, con los frugales y previsores está muy activa la corteza prefrontal y a los gastalones los domina el sistema límbico. ¡De ninguna manera! 

Una vez conocido éste hecho hay que proceder a buscar la forma de orientar a que los sujetos dominados por el sistema límbico también ahorren.

Como con las palomas que apretando el botón verde eliminaron tentaciones  para recibir mayores recompensas en el largo plazo, se necesita buscar un mecanismo equivalente para el ahorro. Quitar las tentaciones del medio ambiente para que se opte por la decisión más racional, el ahorro de largo plazo.

Sin embargo, en otro experimento realizado por Sheena Iyengar de  Columbia y Mark Lepper de Stanford, colocaron una mesa con mermeladas de diversos y sofisticados sabores. Cuando había 30 variedades sólo el 3 por ciento de la gente que se paraba a examinar la mercancía acababa comprando algo.

Cuando sólo había seis variedades entonces el 30 por ciento de la gente compraba algo. Por lo tanto, un exceso de opciones hace la elección imposible.

La gente sufre una especie de congestionamiento mental por la variedad. Tomando en cuenta lo anterior, se realizó un estudio conjunto de los economistas David Laibson y James J. Choi de Harvard así como Brigitte  C. Madrian y Andrew Metrick de la Universidad de Pennsylvania. Se hicieron experimentos en varias empresas. En algunas existía el equivalente de planes de caja de ahorro. La caja de ahorro se manejaba por profesionales y nadie más tenía ingerencia en el destino de los recursos. El patrón fijaba un monto elevado para depositar en el plan en forma automática y deduciendo directo del salario.

En otras palabras, cuando la gente recibía su paga ya se había restado la porción destinada a la caja de ahorro. (Igual que con las palomas, se activó un mecanismo automático para eliminar tentaciones de corto plazo.) Sin embargo, el empleado tenía la posibilidad de reducir la aportación  o no participar con simplemente cruzar una casilla en un formato. Prácticamente la totalidad de las personas permanecía con la elección de ahorro alta.

En cambio, en otras empresas se ofrecía una gama de porcentajes para ahorrar. El trabajador tenía que decidir cuál opción escogía. Invariablemente, la media de ahorro era inferior que en el otro caso cuando el porcentaje era predeterminado para todos.

La conclusión del experimento es que la gente no se resiste al ahorro. Al parecer el no ahorrar se debe a una mala mecánica y no a falta de deseo. La ausencia de ahorro es por falta de planeación, ignorancia y flojera ante el esfuerzo que implica estudiar diferentes opciones de ahorro y depositar en ellas cotidianamente una cantidad. Es decir, si se implementaran mecanismos en donde la gente ahorrara en forma automática, digamos deduciendo directamente del salario un monto interesante, la mayoría participaría.

Por ejemplo, hoy se libera el fondo de ahorro a los empleados al cabo de un año. Suponiendo que se reinvierte, en forma automática, y salvo que expresamente se demandara retirar el dinero entonces, sin duda, se incrementaría el monto de ahorro de largo plazo de las personas. Así se le podría ayudar a tener algo guardado para el día que quisiera cambiar su coche, irse de vacaciones o reunir el enganche para adquirir un inmueble y ya no tener la necesidad de recurrir a un préstamo y pagar los horrendos intereses.

Lo anterior lo podrían implementar las áreas de Recursos Humanos de cada empresa. Inducir a que la gente ahorre automáticamente, sin sentirlo y pensarlo mucho. Depositar en cajas de ahorro en forma automática una parte del salario y gran parte de ingresos extraordinarios como repartos de utilidades o aguinaldos, por ejemplo. De la misma forma,  un banco podría ofrecer un nuevo servicio y producto a su clientela. Aquellos cuya paga se deposita directamente en una cuenta podrían autorizar que el banco retire automáticamente cierta cantidad en el momento que se recibe el sueldo y destinarlo a alguna sociedad de inversión. Cada quien en lo individual debe buscar algún mecanismo y adherirse a cualquier oportunidad que exista de instituir el ahorro automático.

Los experimentos y estudios realizados nos indican que es necesario conducir a las personas de la mano por el camino del ahorro. Los que tienen muy activo el sistema límbico no lo van a hacer ni fácilmente ni por su voluntad.

Hay que inducirlos, darles un empujón en la dirección deseada.

Cual si fueran niños que necesitan la opción predeterminada. A la gente hay que simplificarle la vida. Darles la solución sin adornos.

Algo ya se trabajó en esta dirección con la implementación de las Afores. La gente participa en el esquema aunque no le guste. Se hace en forma automática. Seamos honestos, ¿de verdad se piensa que se habrían reunido las cantidades de dinero que ya existen en el sistema de las Afores si su participación fuera voluntaria?

El problema de la insuficiencia del ahorro no estriba en que la gente tenga duda si debe de haber ahorro o no sino la forma como se implementa. Desgraciadamente la parte más evolucionada del cerebro no siempre logra controlar la parte primitiva de la mente. Por lo tanto, hay que idear los mecanismos para lograr la solución racional y óptima. Deben de ser soluciones muy simples, automáticas y fáciles para que no causen ni conflictos ni trastornos. La autoridad, gobierno y dirigentes de recursos humanos, deben  guiar el esfuerzo y apoyar los mecanismos y legislación necesarios para impulsar el ahorro en forma automática y consistente.

Lo importante es apoyar a la mayoría a no endrogarse y aprender las virtudes del ahorro.

*Economista independiente egresado del ITAM.

Hectoramador2005@aol.com

 

 

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