Dinero llama Dinero

A refugiarse en acciones del Dow Jones

Edgar Amador *

Este será el año del Dow Jones. Este será el año de aquellas inversiones seguras, que garanticen un flujo estable de efectivo y cuyo nombre sea reconocido en cualquier rincón del planeta. No únicamente en México, sino en todo el mundo, este será un año de transición y de mucha incertidumbre, sobre todo en el frente financiero. Y cuando la claridad es poca, lo más recomendable es aferrarse a lo conocido.

El índice Dow Jones está formado por compañías cuyo nombre es identificado, ya no digamos en Estados Unidos, sino con todo Occidente. Sus marcas representan el horizonte cultural de una época, la del predominio global de Estados Unidos: General Motors, McDonald’s, Microsoft, Intel, IBM, Pfizer, Wal-Mart. Sus nombres y logos son fácilmente identificables y un náufrago que se los encontrara de súbito se sentiría ya en la civilización.

Pero las acciones del Dow Jones tienen, en su mayoría, otro rasgo, el cual en particular, creemos, ayudará a sortear a los inversionistas este año incierto. Por lo general, las compañías del Dow son unas máquinas de dividendos.

En principio, toda inversión debería de determinarse por los dividendos que la compañía da a sus accionistas. Los beneficios que reparte. Sin embargo, en la compleja determinación del precio de una acción, muchas cosas entran en juego. Entre ellas, las expectativas.

La inmensa mayoría de las empresas del Nasdaq que impulsaron la burbuja especulativa de los noventa, nunca dieron un céntimo de dividendos y sin embargo los inversionistas iban tras ellas como abejas tras la miel.

Detrás de ese comportamiento tan irracional que disparó la exuberante burbuja especulativa de finales de los 90, se encuentra un argumento muy racional: en algún momento de su historia las empresas del Dow Jones fueron como las empresas del Nasdaq: sin historial de beneficios en una industria nueva e incierta y durante muchos años usaron su flujo para capitalizarse, invertir y crecer, hasta que su generación de efectivo permitió distribuir la riqueza a sus inversionistas.

Tal apuesta impulsó a los inversionistas a comprar acciones tecnológicas a diestra y siniestra, hasta que la burbuja reventó y las aguas se tranquilizaron. Y cuando el polvo se hubo asentado, muchas de las empresas que eran vistas como la nueva IBM, habían desaparecido.

Los últimos dos años, sin embargo, presenciaron un resurgimiento del Nasdaq y de nuevo la apuesta por invertir en acciones con potencial de capitalización, y no de reparto de dividendos, se convirtió en la moda.

No creemos, sin embargo, que tal vaya a ser el caso en este 2005 y la razón principal para se llama Alan Greenspan.

Cuando las tasas de interés están estables o caen, la perspectiva para invertir en acciones buscando ganancias de capital suele ser mejor que para la inversión en acciones que dan dividendos.

Cuando las tasas de interés van al alza, suele ser el caso que los dividendos son mejor opción que las ganancias de capital.

Por supuesto, hay muchos ejemplos en que lo anterior no ocurre, pero si las tasas de interés se encuentran al alza, la tasa de descuento con la que se equiparan los flujos futuros de efectivo de las compañías para determinar el precio de una acción es mayor.

Si la empresa reparte dividendos, entonces el efecto de la mayor tasa de interés aplica sobra las potenciales ganancias de capital y los dividendos son un flujo garantizado para los inversionistas.

Afortunadamente, para nuestro mal habido prestigio de pronosticador, acertamos en nuestras provisiones para el complicado mercado de renta fija que previmos en el 2004 (consta en estas páginas de Fortuna). Para este 2005 la perspectiva, sin embargo, es gris, mucho más incierta que en el 2004.

Puede ser que Alan Greenspan logre administrar a la economía más grande del mundo subiendo 25 centésimas en cada una de las sesiones del Comité de Mercados Abiertos.

De ser así, entonces tendremos un mercado de capitales con ganancias modestas, de entre 5 y 10 por ciento dependiendo del índice, un mercado de renta fija con pérdidas fuertes en el primer semestre del año y fuertes ganancias en el segundo semestre.

Pero si la inflación nos da una desagradable sorpresa, la tasa de inflación de 12 meses en Estados Unidos sube por encima de 3.3 por ciento de manera significativa y persistente, entonces Greenspan no tendrá más remedio que acelerar la velocidad con la que viene apretando la política monetaria.

Si lo anterior ocurre, podremos presenciar un desbarajuste muy serio en los mercados de renta fija, que mandará una multitud de señales encontradas a los más diversos mercados: a los de renta variable, a los de materias primas y a los de derivados.

Es, en estos momentos, cuando hay que buscar cobijo de la aguda volatilidad que podríamos enfrentar en los próximos meses y en nuestra opinión los colosos del Dow Jones, con sus marcas a prueba de balas, con sus gigantescos flujos de efectivo y su estable torrente de dividendos, son la mejor opción para ver pasar la lluvia y regresar al mercado cuando haya amainado.

Vaya echándole un ojo a las acciones de General Electric, de Altria, de Pfizer (incluso), de Alcoa, de la telefónica SBC.

Estas acciones que suelen aburrir a los traders, que dicen que son venerables ancianos, pero que volverán este año por su segundo aire.

* Director de la consultoría Portafolios y comentarista de Monitor.

 

 

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