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Polémico TLC alarma a Centroamérica
La región libra dos batallas con blancos diferentes: una por convertir a Centroamérica en el gran mercado de bienes y servicios de Estados Unidos; la otra, en defensa de la producción local para reducir la pobreza y la soberanía
Oscar Bravo Fong
Luego de la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) de El Salvador con Estados Unidos, la puesta en marcha de ese acuerdo en Centroamérica peligra con la posición asumida por Guatemala y las reiteradas protestas populares hondureñas.
La alarma en el gobierno estadounidense alcanzó altos decibeles cuando el Parlamento guatemalteco reformó en los últimos días la Ley de Propiedad Intelectual para permitir la libre comercialización de medicamentos y químicos agrícolas genéricos.
Esa medida, que goza de amplio respaldo popular, evitará que las grandes farmacéuticas y comercializadoras de Estados Unidos y Europa tengan derechos sempiternos sobre las patentes de estos productos, expendidos a precios inalcanzables para los bolsillos de los pobres.
La reforma fue aprobada por el Congreso guatemalteco y ratificada por el presidente Oscar Bergen el 23 de diciembre con el apoyo de varios grupos sociales y la organización no gubernamental internacional Médicos Sin Fronteras.
Ante esa situación inédita, el representante de comercio de Estados Unidos, Robert Zoellick amenazó a Centroamérica con no presentar el TLC ante el Congreso estadounidense para su aprobación si todos los participantes cumplen las disposiciones establecidas.
Según Zoellick, Guatemala podría quedar fuera del tratado y lo que es peor sus productos encontrarán cerrado el mercado estadounidense, entre otras represalias.
Ello demuestra la premura estadounidense por la validación de un TLC con las naciones de América Central, para evitar la competencia con los productos del mercado europeo o asiático y extraer sin impedimento las riquezas naturales de esa importante área geográfica.
Tratado pauperizante
El acuerdo comercial regional se suscribió en mayo de 2004 por el gobierno de Estados Unidos con Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y República Dominicana, que se incorporó tres meses después.
A partir del 14 de enero del 2005 “promoveremos varias acciones en contra del convenio con Estados Unidos”, manifestó el secretario general de la Unidad de Acción Sindical y Popular en Guatemala, Luis Lara.
El dirigente sindical anticipó: “iremos a la ofensiva contra el acuerdo porque este compromiso comercial sólo favorece a las economías poderosas y afecta a las más débiles, con daños a los sectores vulnerables de la sociedad”.
Por su parte, representantes del Bloque Popular hondureño, que agrupa a más de 30 organizaciones exigieron al Parlamento de su país abstenerse de ratificar el TLC, firmado con Estados Unidos.
Cientos de manifestantes, agrupados frente a la sede del órgano legislativo en Tegucigalpa, recogieron firmas de rechazo a ese acuerdo que hundirá aún más al conjunto de las economías centroamericanas.
Mientras tanto, pese a la oposición del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y de otras organizaciones, El Salvador se convirtió en el primer país centroamericano en ratificar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
Este convenio, que según el Farabundo Martí arrasará con la economía salvadoreña, fue aprobado por el Parlamento pese a la irrupción en esa sede de decenas de manifestantes pertenecientes al Movimiento Popular de Resistencia 12 de octubre (MPR-12).
A esa acción de inconformidad, reprimida con fuerza por la policía antimotines, se sumarán otras en San Salvador y otras partes del país, anunció Juan Hernández, presidente del MPR-12.
Muchos coinciden en señalar que ese convenio traerá más pobreza y desempleo para El Salvador, país en el que diariamente más de 500 personas intentan emigrar hacia Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida.
La inflación en la economía de esa nación centroamericana ronda el seis por ciento y tiene una elevada cifra de seis a 10 homicidios diarios, según datos oficiales.
En opinión de Medardo González, coordinador general del FMLN, el tratado, aprobado con 49 votos del total de 84 legisladores, disminuirá fuentes de empleo y salarios.
González denunció que el gobernante partido Alianza Nacionalista Republicana (Arena) intentó someter a votación el proyecto del TLC sin que el FMLN expusiera sus argumentos en contra.
El acuerdo con Estados Unidos se ratificó con 29 votos de diputados de Arena, 14 del Partido Conciliación Nacional, cinco del Demócrata Cristiano y uno del diputado independiente, Manuel Navarrete.
Para los empobrecidos países centroamericanos, además de República Dominicana, que no han aprobado aún el convenio en sus respectivos órganos legislativos, el TLC significará un enorme retroceso desde el punto de vista económico y social.
El desequilibrio
La potencia del norte es la primera exportadora mundial, pues sus mercancías cubren el 12 por ciento de la demanda del planeta, mientras que Centroamérica apenas ubica el 0.2 de sus productos, lo que hace imposible la pretendida integración entre economías tan desiguales.
Según datos de Naciones Unidas, de los más de 40 millones de personas que habitan la región, cerca de 30 millones padecen pobreza, panorama que se agravaría en las nuevas condiciones de explotación estadounidense.
Además, 60 por ciento de centroamericanos vive en zonas rurales, lo que convierte a estas naciones en más dependientes aún de sus ingresos por concepto de exportaciones agropecuarias.
Por otro lado, esos productos vendidos al exterior no son competitivos en un mercado internacional protegido por los subsidios estadounidenses y de la Unión Europea.
Centroamérica teme que las exportaciones de granos desde territorio estadounidense socaven la producción nacional de maíz, arroz, frijol y otros productos, en franca amenaza contra la seguridad alimentaria.
En la economía interna de los países de América Central la agricultura representa, como sector fundamental, 58 por ciento del Producto Interno Bruto en Nicaragua; 41 en El Salvador; 47 en Guatemala; 40 en Honduras y 24 por ciento en Costa Rica.
Contra el tratado centroamericano, los críticos señalan el impacto negativo que significó para México el TLC que firmó con Estados Unidos y Canadá en 1994.
En los primeros siete años de vigencia del convenio, el déficit en el comercio agrícola mexicano con los estadounidenses aumentó de 455 millones de dólares hasta mil 841 millones.
Esas cifras son, por demás, significativas de lo que implicará el acuerdo regional para las economías locales.
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