Macroeconomia

¿Qué tienen en común Cuetzalan y Wall Street?

Un café ventti (de veinte onzas) de Starbucks, es el valor promedio que cotiza el precio para el mercado del café mexicano, pero en el campo de un mismo país la verdadera economía es otra, con un solo venti Starbucks obtiene el costo por casi nueve quilogramos de café cereza, porque a este precio se le paga a los campesinos de Cuetzalan.

Ana Lilia Pérez/ enviada

Cuetzalan, Puebla.— Howard Schultz, el estadounidense que encabeza una de las trasnacionales de café más grandes del mundo, el consorcio Starbucks, tiene un lema: “la preocupación hacia los trabajadores es nuestro valor agregado”.

Dueño de más de 9 mil establecimientos en Estados Unidos, Europa y América Latina, Starbucks forma parte de las 2 mil 800 compañías “de casa”, de la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE, por sus siglas en inglés), con un capital de casi 18 trillones. Así, Starbucks se coloca en la cima de las multinacionales de café con participación en el mercado de valores.

Aunque Estados Unidos no es un país productor de café, en el mundo del aromático la cadena de origen estadounidense Starbucks Corporation tiene tal importancia que del movimiento de sus acciones en la Bolsa de Valores de Nueva York depende también el sustento de miles de pequeños productores de café en México. Por esta razón, los campesinos para quienes la producción de café es el único sustento, los altibajos en Wall Street también son motivo de preocupación.

Así sucede en Cuetzalan, municipio asentado en la parte más alta de la Sierra Norte de Puebla, en donde el cultivo base es el café cereza. Los indígenas náhuatl, la población de este municipio, no conocen Estados Unidos, pero viven pendientes del NYSE, en donde las multinacionales compran y venden su producto y en unos minutos pueden ganar o perder verdaderas fortunas, aunque para ellos la mejor ganancia es que el precio se mantenga.

Y es que de las finanzas ajenas, de trasnacionales como Starbucks, Nestlé y Sara Lee, depende que los habitantes de un municipio entero de México tenga el mínimo ingreso para alimentarse, porque son las trasnacionales las que fijan el precio del aromático, grano que durante los últimos 10 años ha llegado a los niveles más bajos de su historia.

A conveniencia, las trasnacionales fijan el precio, que de un día a otro puede bajar hasta niveles insospechados, lo que provoca verdaderos desastres en las regiones productoras de grano en el campo mexicano: desde el cambio de cultivos hasta el abandono de las tierras con la consecuente migración. En contraste, consorcios como Starbucks Corporation poseen una de las economías corporativas más estables de entre las compañías que cotizan sus títulos accionarios en el NYSE; además, cuentan con acciones que se cotizan en el índice NASDAQ.

Mientras tanto, en los países productores de café no existe apoyo ni respaldo gubernamental para los pequeños productores.

En medio del desdén de gobierno para cafeticultores mexicanos, a finales del 2002 Howard Schultz llegó con su emporio al territorio nacional en busca del liderazgo de las boutiques dedicadas a la venta de café.

The Wall Street Journal publicó que Starbucks planeaba construir unas 900 cafeterías en América Latina hacia el 2005. Actualmente hay más de un centenar tan sólo en la ciudad de México.

La trasnacional se expande en México y los productores nacionales se desvanecen frente a consumidores que prefieren la tienda importada que un día a la semana les ofrece la mezcla mexicana como café del día.

 

David contra Goliat

Los campesinos de Cuetzalan buscan ir más allá de la producción de autoconsumo y ante la falta de apoyo por parte del gobierno para respaldar el precio y la colocación de su café (como sucede en Colombia y Brasil), formaron la cooperativa Tosepan Titataniske, que en náhuatl significa Unidos Venceremos.

La cooperativa es clave para la economía de esta región, pues sirve como centro de acopio aún para quienes no son cooperativistas. De esta manera, tienen la opción de colocar su cosecha, por mínima que sea para recibir un ingreso. Y es que además la organización subsidia el precio del grano para evitar que los campesinos de la región abandonen sus cultivos, así como la migración.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Económico de Puebla, 40 por ciento de los cafetales de la región han sido abandonados a partir de 1989, cuando comenzó la caída del precio del café y luego de que el gobierno federal desapareciera el Inmecafé.

La idea con que se maneja la Tosepan es impulsar la economía de la región para frenar también el abandono de la zona, dice José Barbara, uno de los dirigentes de la cooperativa, quien actualmente desempeña el cargo de tesorero.

A lo largo de dos décadas, los indígenas han comprado la maquinaria necesaria para el proceso del café, desde el corte de la mata, hasta el molido y envasado final del grano.

 

La historia

En 1980, unas 30 pequeñas organizaciones campesinas de productores de café de la Sierra Norte de Puebla formaron la Cooperativa Agropecuaria Regional Tosepan Titataniske, que actualmente tiene registradas cuatro razones sociales: Cooperativa Maseual Xicaualis, con la que beneficia y comercializa la producción de café; la Cooperativa Toyektanemolisis, un fondo para la mejora de las viviendas de sus socios; Tosepantomin, que sirve de caja de ahorro; y la Asociación Civil Yeknemilis, que ofrece asistencia técnica y capacitación a los campesinos sobre técnicas de cultivo, cursos y clases formales en un centro de formación diseñado exprofeso.

A pesar de la organización estricta y el trabajo constante de estos campesinos, la Tosepan vive tiempos difíciles, al igual que la gran mayoría de los cafeticultores mexicanos: las trasnacionales que operan en el país, generando grandes ganancias que ni siquiera se quedan en el país, compran sus cultivos.

Starbucks, Nestlé y Sara Lee desdeñan el café mexicano y al campesino mexicano. Para obtener mayores ganancias las trasnacionales han diseñado sus propias estrategias con cultivos de mala calidad y que luego, procesados con garbanzo y azúcar quemado les proporcionan mayor rendimiento y por tanto elevan sus ganancias de manera desmedida. Poco grano, de mala calidad y mezclado para que rinda, así lo denuncian investigadores de la Universidad de Zacatecas, quienes mediante diversos estudios de laboratorio encontraron que un alto porcentaje de las mezclas de cafés solubles están elaboradas con otros granos, imperceptibles después de la molienda.

Además, cada uno de los monstruos del café ha diseñado sus propias estrategias; Starbucks, por ejemplo, se amparó en la imagen de la organización ecologista Conservación Internacional (CI), también de origen estadounidense para acaparar el grano en Chiapas en la reserva ecológica El Triunfo, ubicada en la Sierra Norte de Chiapas.

Y es que al adquirir café de una reserva ecológica, con la imagen de CI, la trasnacional obtiene calificación de una empresa social, aunque el precio para el cafeticultor sigue siendo muy bajo.

Conservación Internacional se prestó al negocio de Starbucks, fungiendo como centro de acopio para la trasnacional, pero con una condición adicional para los campesinos: que permitieran el proceso de comercialización a intermediarios. Además, los campesinos debían otorgar “donativos” a CI, por gastos de operación.

De esta manera, los campesinos deben olvidarse de vender su grano en forma directa y esperar a que Starbucks, a través del intermediario, disponga el precio y la cantidad de café.

La estrategia de Nestlé fue impulsar el cultivo de café barato y de mala calidad en Vietnam, que hasta hace unos años no conocía del cultivo, apenas si por el consumo. El país productor de arroz comenzó a cultivar café de manera acelerada, actualmente se obtienen alrededor de 14 millones de sacos anuales, todo para Nestlé.

Contra estos gigantes, los cultivos de Cuetzalan no pueden competir, es un mercado desleal, sin reglas y menos apoyo de gobierno.

“A nosotros nos golpeó mucho que el gobierno desapareciera Inmecafé. Porque respaldaba nuestro producto y ahora dependemos del precio que se fije en la Bolsa de Valores de Nueva York”, dice José Bárbara y explica que actualmente el quintal de café (46 kilogramos) se cotiza en 70 dólares, es decir, menos de 1.50 dólares por kilogramo, y para ellos, producir un quintal significan 90 dólares de inversión.

Es decir, la cooperativa actualmente está subsidiando 20 dólares por cada quintal de café que colocan en el mercado.

--¿Cómo lo logran?

José Barbara explica que en el proceso del café se invierte mucha mano de obra, desde que se cultiva el grano, hasta el tostado y molido final. Y con mano de obra es como la organización de campesinos náhuatl subsidia su cultivo.

“En el cafetal trabaja el padre, la madre, los hijos, porque el café requiere de mucha mano de obra, aunque ahora la familia trabaja doble, porque no hay manera de pagar mano de obra ajena a la familiar”.

Mano de obra en subsidio, pero no todas las familias resisten a trabajar sin recibir salario, se queja Isaías Hernández, uno de los asesores de la cooperativa, quien lamenta la falta de apoyo que hay para el campo mexicano.

Por mucho que se resistan, las familias tienen que echar mano del último recurso: en el mejor de los casos tirar el cafetal y cultivar maíz, “porque el maíz se come y el café no”, dice Isaías Hernández.

Isaías continua: es lamentable que un país como México, reconocido internacionalmente como productor de café esté importando tanto café; que las trasnacionales inunden el mercado con sus malos productos y nosotros, los pequeños productores, no tenemos opción”.

 

Finanzas personales

La cosecha de café en Cuetzalan comienza en octubre y termina en febrero, durante unas semanas los indígenas se mantienen ocupados pizcando el aromático, también conocido como “oro verde”. El corte debe hacer con mucho cuidado, pizcar de prisa, pero sin arrancar la mata, grano por grano para no dañar la cereza.

El café de Cuetzalan se extiende en la serranía. El cafetal es lo más cotidiano en el espacio familiar. El cafetal sirve de huerto, patio y zona de recreo. El cafetal es la mata que aquí da el sustento. Este año el precio del café se mantuvo estable: 70 dólares el quintal, pero llovió mucho y la cosecha mermó.

Los cafetales dan menos de la mitad que hace unos diez años, lamentan los campesinos.

La merma tiene una explicación. Isaías Hernández asegura que la mata de café tiene una vida útil de ocho a diez años, después hay que remover las plantaciones y reforestar.

Desde que comenzara la ya famosa “crisis del café de 1989”, los campesinos de Cuetzalan se han empeñado en limpiar sus matas y desyerbarlas, pero no pueden hacer más. La crisis no da para reforestar. Así que aunque este año el precio se mantuvo estable, con respecto al 2003, las cosechas y su productividad disminuyeron de manera abrupta.

Algunos campesinos en sus pequeñas parcelas obtuvieron alrededor de un quintal, que fue toda su cosecha del año. Aun más, cuando lo trasladan al centro de acopio, sus 47 kilogramos de café se transformaron en 117 pesos con 50 centavos. La ganancia de un año de cosecha.

Así, el precio del café es tan volátil, al estilo de Wall Street y sus gigantes, a pesar de que el grano se cultiva tan lejos de la Gran Manzana NYSE.

 

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