| En Colombia, cónclave sobre derecho concursal
En América Latina el crecimiento del PIB, que en 2004 cerró en 5.5 por ciento, aún resulta insuficiente para evitar la quiebra de cientos de empresas que sucumben ante la apertura de mercados y las crisis crediticias. Un congreso de expertos en derecho concursal, celebrado en Colombia, ofrece nuevas fórmulas para aplicar con mayor equidad las leyes en la materia para las compañías de la región.
Jorge J. Sepúlveda García*
En la ciudad costera de Barranquilla, Colombia, bajo el patrocinio de la Corporación Universitaria de la Costa (CUC), los días 12, 13 y 14 de octubre del 2005, se desarrolló el Primer Congreso Hispanoamericano del Derecho Concursal, bajo el Tema El Derecho Concursal del Siglo XXI.
En dicho Congreso participaron como conferencistas o expositores, abogados de Argentina, España, Italia, Chile, Perú, Uruguay, Venezuela, México y, desde luego, de Colombia, así como jueces y personalidades que tienen a su cargo los procedimientos de quiebra, reestructuración o concordatos en los países antes señalados, quienes además fundaron el Instituto Iberoamericano de Derecho Concursal y acordaron realizar el Segundo Congreso en noviembre de 2006 en la ciudad de Mérida, Yucatán.
El tema de las quiebras y la reestructura de las empresas en problemas es dinámico, por lo que este Congreso se presentó en un momento en el que Colombia, país sede, se encuentra discutiendo reformas tendientes a desjudicializar el procedimiento vigente, procurando, básicamente, la liquidación del patrimonio del deudor.
El congreso se dividió en dos sesiones diarias. La mecánica de cada sesión o módulo fue estudiar y analizar un tema específico, como el relativo a “Acuerdos Privados”, “Procesos Especiales”, “La Jurisdicción Concursal”, etcétera. El Congreso inició con la conferencia magistral expuesta por un destacado expositor en el tema y, posteriormente, la presentación, en no más de quince minutos, de cinco o seis panelistas de diversos países, quienes analizaron la institución a la luz del derecho positivo del país del que eran originarios.
Podemos decir que en esta materia y, específicamente, en el tratamiento del problema de las empresas en crisis o de los deudores en aprietos, las escuelas de pensamiento que existen se dividen básicamente en dos: La corriente que sostiene que se debe favorecer al crédito y, por ende, a las instituciones crediticias, mediante el establecimiento de procedimientos ágiles y expeditos de liquidación del patrimonio del deudor, sin detenerse en analizar los motivos, razones o causas que lo llevaron a esa situación, ni procurar con empeño el que se les pueda llevar al reflote. La segunda corriente es la que sustenta que debe ayudarse al deudor, pues se considera importante la conservación de la empresa y, de manera decidida, las fuentes de empleo, procurando el convenio o reestructura.
La escuela que podemos denominar del Crédito, indica que si se conserva y cuida el crédito, por su natural dinamismo, creará nuevas fuentes de empleo aunque las fuentes de trabajo que dependen del deudor en crisis se pierdan, aunque discrepa de la postura que señala que encarece el crédito. Por su parte, la doctrina que denominamos como de conservación de la empresa, sostiene que los empleos no se crean con el dinamismo suficiente, además de que sostiene como fundamental atender el aspecto social de los despidos.
Todas las exposiciones, tanto de los panelistas como de los conferencistas fueron muy interesantes y de enriquecimiento para quienes tuvimos la oportunidad de participar en dicho Congreso. Podemos afirmar que destacaron las pláticas de los doctores Osvaldo J. Mafia, Héctor Alegría, Horacio Roitman, Ariel Ángel Dasso y Efraín Hugo Richard, todos ellos de Argentina, la del Doctor Jesús M. Sanguino, de Colombia, y los doctores Teresita Gutiérrez Mascardi del Uruguay e Isabel Candelario Macías, de España.
El doctor Alegría expuso con gran nitidez el problema de las crisis que denominó como “sistémicas” por las que desafortunadamente han atravesado y hermanan a la mayoría de los países representados, en donde de la noche a la mañana toda la industria y comercio de un país se ven inmersos en un problema de pago, y tienen que acudir a las instituciones que prevé la ley para procurar su conservación. Mencionó la globalización de los sistemas concursales, la modificación de la estructura ideológica de las soluciones, y terminó en un breve análisis de las reformas legislativas recientes en países, como Italia, Turquía, Brasil y Francia.
Por su parte, el doctor Jesús María Sanguino, al tocar el tema de la Jurisdicción competencia Concursal, expuso la necesaria conexión que debe de existir entre las corrientes que orientan a las constituciones políticas de los Estados, con los sistemas e instituciones que las leyes inferiores establecen. Señaló la obligación de cada gobierno de preservar la armonía de las instituciones, así como extendió una alerta por lo que denominó la injerencia y penetración silenciosa del “Imperio” en las instituciones de los Estados, en particular, en la desjudicialización de los procedimientos de liquidación de los deudores.
Por último, al finalizar el congreso se realizó un homenaje solemne al tratadista y maestro Osvaldo J. Mafia, por su trayectoria, quedando a cargo del doctor Daniel Truffat la redacción y lectura del emotivo y sensible discurso, del cual transcribo una parte:
…Osvaldo Maffía empleó al prologar un libro mío la misma imagen del Dante que repitió en su exposición: la del caminante que lleva la luz a sus espaldas. Luz que a él, que avanza a tientas, no lo ayuda; pero que le marca el camino a los otros.
Esta figura se aplica muy bien al homenajeado.
Cuando se transita en terreno desconocido lo mejor es buscar lo que en mi tierra se llama “baqueano”, un buen baqueano, un conocedor de los senderos ocultos, un experto en ese ámbito. Ello, al menos, hasta que sus consejos permitan a quien los recibió ensayar su propia senda.
A ese gran “baqueano” se refieren estas palabras…
…Osvaldo Maffía ha hecho mucho. En verdad, ha hecho más que casi todos los demás juntos, al (a) enriquecer el estudio de la disciplina concursal con las enseñanzas de lo mejor y más profundo del pensamiento jurídico europeo en general e italiano en particular, (b) introducir, como modo de acercamiento a los textos positivos y al comentario de los autores, los desarrollos de la lógica jurídica (saliendo aquí de la matriz europea, para adentrarse en las agitadas pero luminosas aguas del análisis normativo anglosajón, sin olvidar las enseñanzas de autores y maestros argentinos de la talla de Gioja o de Carrió, (c) mostrarnos que, así como “lo cortés no quita lo valiente”, la seriedad, la enjundia, el criterio agudo – más bien punzante como un estilete demasiado acerado– no se dan de patadas con una cosmovisión lúdica de tal obrar. Osvaldo Maffía juega. Juega con las palabras, con los títulos, con las paradojas, hunde sin piedad –como un niño travieso– el cuchillo en las contradicciones e incoherencias de la ley, de otros trabajos académicos, de los fallos judiciales. Él se divierte. Y nos divierte. Él investiga, deconstruye, razona; y nosotros aprendemos. O, al menos y como un sembrador de perlas, deja en nuestro espíritu esa mota de polvo (esa duda), que bien cuidada fructificará un día.
Dueño de una fuerza polémica envidiable, Maffía muestra en cada trabajo, en cada exposición, que no aprendió a respetar “ideas” y que está muy orgulloso de ello. El respeta a las personas. Respeta el derecho de los otros a pensar distinto; pero su espíritu de niño grande se solaza cuando hinca el diente en las ideas que no comparte (sea su autor quien fuere; aun cuando éstas provengan de un fallo de nuestro más alto Tribunal Federal o de la muy prestigiosa Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial….
Esperemos que el congregar en nuestro país el próximo noviembre de 2006, a tan interesantes y conocedores de la materia concursal sea provechoso, procurando encender el pabilo de la necesidad de mejorar la lisiada e improvisada institución del Concurso Mercantil que hoy gobierna a los mexicanos.n
*Socio del despacho García Jimeno, S.C.
|
|