Dime cuándo, cuándo cuándo
Héctor Amador
Dime...
¿cuándo,
cuándo, cuándo?
Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán; dar tiempo al tiempo…
que de amor y dolor alivia el tiempo.
Renato Leduc
Una de las preguntas más frecuentes que recibe uno de personas interesadas en invertir en la Bolsa de Valores es: “¿Cuándo es un buen momento para comprar acciones?” La respuesta la otorga una canción de la deliciosa comedia musical, actualmente en cartelera en Nueva York, llamada “La Cage aux Folles” (“La jaula de las locas”). El número musical es casi al cierre cuando los intérpretes cantan a coro “...Estos son los mejores momentos/...Ahora, porque el mañana está muy lejano/...”
Todo momento es bueno para comprar acciones. Lo importante es saber cuándo vender. Parafraseando y reinterpretando el poema de Renato Leduc “A tiempo invertir y desinvertir a tiempo...que de quebrantos y dolor alivia el tiempo. El libro de Donald L. Cassidy “It’s when you SELL that counts” (“Lo que importa es cuándo SE VENDE”) nos explica, precisamente, cómo dominar el arte de la venta.
Claro que estamos partiendo del principio básico que la inversión en Bolsa es de largo plazo y que los recursos destinados a la misma no son esenciales para comer el día de mañana.
Para ejemplo, vayamos al pasado. Supongamos que regresamos a enero de 1982. Para ubicarnos en aquel momento José López Portillo aún se encontraba a unos cuantos días de formular su inmortal frase y epitafio “Defenderé el peso como un perro.” Pocos días después comenzó la debacle y el peso entró en una vorágine de devaluación tremenda. El país pagó así la Docena Trágica de los 12 peores años de gobierno que hemos padecido (¡y vaya que la competencia es cerrada!) y que fueron los sexenios de los dos felices y populistas compadres Luis Echeverría y López Portillo. A partir de febrero de 1982 y, hasta finales de 1988, hubo una devaluación total de 85 veces. En otras palabras, si nos ponemos en condiciones de hoy es equivalente a que el dólar dentro de seis años se cotice a 935 pesos (Tal vez suene como un error o una exageración la cantidad pero basta recordar que los 11 pesos que hoy cuesta un dólar en realidad equivalen a 11,000 de los de López Portillo pues en el camino se le quitaron tres ceros al peso.)
Cualquiera diría que sería la peor ocasión para invertir en la Bolsa. Pero si alguien hubiera invertido en aquel momento el equivalente a 100 dólares en acciones que reprodujeran al Índice de Precios y Cotizaciones de la Bolsa y así continuara, es decir, siempre moviendo su cartera de inversión sólo reflejando la composición del Índice pero nunca sacando un centavo de la inversión, dicho portafolio valdría en junio de 2005 un total de $4,294 dólares (sin considerar dividendos). O sea, se hubiera multiplicado por 43 la inversión original realizada, probablemente, en el momento menos propicio. Pero volvemos a lo dicho...Lo importante es cuándo se vende.
Seguramente alguien pensará que una inversión por tanto tiempo es difícil mantenerla. Pero yo digo, si estuviéramos hablando de una inversión en un inmueble nadie se sorprendería de conservarla por 23 años. ¿Entonces, por qué en la Bolsa nos parece mucho tiempo y en un bien raíz no?
Multiplicar una inversión por 43 en 23 años equivale a obtener cada año un rendimiento cercano a 17 por ciento en dólares. ¡Magnífico! Y lo que hay que destacar es que tal logro fue a pesar de todos los desbarajustes que sufrimos por los pésimos gobiernos que nos han tocado en tal plazo.
Para alcanzar tan fabuloso retorno todo el secreto fue en saber esperar. Peter Lynch, el legendario manejador de fondos de Fidelity, escribió en su libro “Beating the Street” (“Venciendo al mercado”): “... que en el último de los casos su éxito o fracaso (en la Bolsa) dependerá de su habilidad para ignorar las preocupaciones del mundo por suficiente tiempo para permitir que sus inversiones fructifiquen. No es la cabeza sino el estómago lo que determina el destino del inversor en acciones...”
En nuestro ejemplo no se necesitaban grandes conocimientos financieros, económicos o contables. Sólo se reprodujo el Índice de la Bolsa. La composición del Índice es una información pública. Antes se revisaba semestralmente, ahora sólo en forma anual. Bastaba dedicarle un par de horas al año para hacerlo. Si salía o entraba una acción al Índice se metía o eliminaba dicha acción en la misma ponderación que tenía en el Índice. Así de simple. Todo lo que se necesitaba eran nervios...de acero.
Claro que hubo momentos angustiantes. En enero de 1982 se invirtieron 100 dólares, para septiembre (fue el mes que López Portillo, en su desesperación por el caos que él provocó, expropió la banca) ya sólo eran $17 dólares. Ese habría sido el peor momento para salirse, con la mayor pérdida y preso del pánico. Claro, no fue hasta enero de 1986 que se volvió a tener 100 dólares pero dando tiempo al tiempo se habría recuperado con creces. Warren Buffet alguna vez comentó: “Gente que no tolere ver sus acciones cuando pierdan 50% de su valor probablemente no debería invertir en Bolsa.” Sin embargo, en la lista de aquellos que tuvieron el temple para hacerlo y sobrevivirlo se encuentran Carlos Slim, Roberto Hernández o Alfredo Harp, cuyas ganancias cada año, sin duda, fueron superiores al 17% anual en dólares que comentamos.
Análisis técnico: ¿vudú bursátil?
Saber el momento óptimo para entrar o salirse de una acción es prácticamente imposible. Si alguien le dice que siempre le atina al preciso instante, muy probablemente le mienta. Hay una rama de análisis que trata de evaluar el momento más indicado. Se llama análisis técnico.
El análisis técnico tiene su origen en Japón en 1750.
Un acaudalado hombre de negocios Munehisa Homma desarrolló un método para analizar el precio del arroz. Se puso a graficar el precio con unas barras que semejan una vela con dos pabilos. Él decía que el precio llevaba un comportamiento predecible.
Cien años después Charles Dow (fundador del periódico Wall Street Journal y del Índice Dow Jones) retomó y perfeccionó la idea de graficar los precios de las mercancías. Él lo aplicó a las acciones pero se puede usar prácticamente para cualquier cosa.
Según los seguidores de ésta escuela, el precio incorpora ya toda la información disponible y refleja todo el ambiente sicológico. Los practicantes del análisis fundamental entonces leen toda clase de figuras dentro de las gráficas. Según dicen pueden determinar si una acción subirá y hasta cuánto y el momento exacto cuando inicia su marcha ascendente o viceversa. Los partidarios del análisis técnico siguen lo dicho por Sir Arthur Wing Pinero, en 1893: "Creo que el futuro es sólo repetición del pasado pero que ingresa por una puerta diferente.” Según ellos las acciones tienen memoria, siguen un patrón de conducta y sólo hay que descubrir, a través de las gráficas, sus detonantes sicológicos.
En México, a los inversionistas les encanta esta corriente de estudio y hay muchos partidarios. Tal vez sea por la tendencia que hay en el país por el gusto a lo esotérico. Posiblemente también sea por la flojera de pensar y analizar. Análisis técnico es como la lectura de los asientos del café o lectura de cartas de tarot. Entretenido y hasta allí. ¡Quiero ver al valiente que decide su vida por lo que le diga una gitana, según lo que leyó en las cartas! El problema del vudú financiero o análisis técnico es que sólo considera el precio y volumen operado de la acción en cuestión. No se preocupa por la industria, el balance del negocio o algún otro elemento del entorno. Regirse sólo por la gráfica del precio me parece muy arriesgado. Igual que ordenar su vida por los consejos de una gitana.
Sin embargo, hay que admitir que llega a haber cuestiones sicológicas que afectan la Bolsa. Por ejemplo el fenómeno de los lunes.
En un análisis de los datos disponibles entre 1927 y 2001 se descubrió que normalmente la Bolsa tiende a disminuir los lunes con mayor frecuencia que en otros días. El 80 por ciento de las veces sucede si el viernes previo cerró la Bolsa a la baja. La explicación es que la gente tiene más tiempo para pensar el fin de semana y dedicarle un rato a reflexionar sobre sus inversiones. Entonces se espantan con alguna noticia negativa que surgió en la semana, y todavía peor si fue el viernes, y el lunes actúan de acuerdo a sus temores. Nuevamente, como dijo Lynch, es cuestión de estómago. Siempre hay cosas para preocuparse o temer. Pero al igual que en nuestra vida privada, las pesadillas no se convierten en realidad. Normalmente nuestra imaginación se figura escenarios más catastróficos de lo que realmente llega a suceder. Otra vez recordamos la canción de “La Cage aux Folles” cuando dice “Estos son los mejores momentos / en cuanto al mañana... ¿quién sabe? ¿Quién sabe?/...
Otro fenómeno es el de enero
R. Haugen, y J. Lakonishok, publicaron “The Incredible January Effect” (“El increíble efecto de enero.”) donde examinaron los datos desde 1927 hasta 2001. Enero resultó el mes que brindó consistentemente el mejor rendimiento del año, en específico la primera quincena. Lo anterior porque, al parecer, la gente cuando tiene entre sus propósitos del año invertir en Bolsa entonces le inyecta dinero en enero. Eso provoca mayor demanda por acciones en enero y por lo tanto suben los precios.
Pero realmente lo importante es estar invertido en todo momento. El Departamento de Estrategia Bursátil de Ixe Grupo Financiero publicó un interesante estudio sobre la Bolsa mexicana. Allí demuestran, en un período de diez años, que si uno se encontraba fuera de la Bolsa en los mejores cinco días de rendimiento en dicho lapso entonces la ganancia que se obtuvo en el plazo fue de solamente la mitad. Si no se tenía presencia en los mejores 10 días entonces el rendimiento en esos 10 años ya sólo era una cuarta parte.
La manejadora de fondos en Estados Unidos T. Rowe Price publicó un estudio semejante para el Índice Standard & Poor’s y llegó a prácticamente la misma conclusión que Ixe. Si uno se ausentaba los mejores 10 días entonces lo que se dejaba de ganar era muy significativo, prácticamente la mitad del rendimiento de esos diez años.
Lo que nos indica esto es que normalmente la Bolsa se mueve en una banda estrecha. Lo que sube hoy lo baja mañana. Pero de pronto, sin mayor razón y una buena explicación, se dispara y se ubica en un nivel superior y se queda allí en forma horizontal durante mucho tiempo.
Es un poco como la relación de pareja. Se tiene un día excelente cada dos años. Y hasta allí.
Los estudios de Ixe y T. Rowe Price comprueban lo difícil que resulta saber el momento exacto de atinarle a cuándo va a subir la Bolsa. Hay que estar totalmente invertidos todo el tiempo porque las alzas espectaculares son en espacios muy pequeños.
Warren Buffet ha comentado que estudia mucho una acción para comprarla pero una vez que la tiene el mejor momento de vender es...nunca.
Por lo tanto, si se quiere invertir en Bolsa hay que hacerlo ¡Ya!Los rendimientos pueden ser muy atractivos. ¿El mejor momento cuál es? Hoy, Hoy, Hoy. Pero hay que recordar, lo importante es cuando se vende y mientras tener mucho estómago.
Hectoramador2005@aol.com
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