Finanzas

Antonio del Valle Ruiz, los negocios no tienen partido

Jorge Torres

Considerado uno de los empresarios más cercanos al PRI por el apoyo irrestricto, en su momento, a algunos de los presidentes emanados de ese partido, el banquero Antonio del Valle tiene su propia explicación al respecto. Dice que ha apoyado a los priistas en la medida que ha estado de acuerdo con sus propuestas. Ha dicho que no votó por Miguel de la Madrid pero que sí le otorgó su apoyo a Carlos Salinas.

De Antonio del Valle se pueden decir muchas cosas pero una queda muy clara: es uno de los banqueros más polémicos y pragmáticos del país.

En 1982 criticó severamente la expropiación de la banca por parte del entonces presidente José López Portillo y criticó también a los “burócratas” del Estado que se hicieron cargo del sector. Dijo que la expropiación fue “un acto injusto, desleal, que demostró una vez más la falta de respeto del ejecutivo al pueblo de México”, y que “se llevó a cabo culpando con violencia y vigor a un grupo de mexicanos honestos de hechos en los que evidentemente no tenían responsabilidad”. Dijo que “se les acusó, juzgó y sentenció unilateralmente desde un foro nacional de tal magnitud y con tal abuso de autoridad, que los afectados no tuvieron modo de defenderse en plan de igualdad”.

Del Valle no ha dejado de remarcar que era un México autoritario y que, sin embargo, las cosas han cambiado. “Vivíamos en un México antidemocrático, en el que los poderes judicial y legislativo seguían órdenes del presidente en turno”. Hoy se vive una situación muy diferente, dijo hace poco en una conferencia en la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles. Vivimos la democracia, la libertad y una auténtica independencia, sentenció Del Valle desde la tribuna que le otorgó la organización que hace años ayudó a fundar.

Pragmático como es, su discurso público no ha estado exento de alabanzas a decisiones gubernamentales que han favorecido al sector bancario y a los banqueros en particular. El caso más paradigmático es el Fobaproa.

En torno a este asunto, no obstante haber criticado a la nueva generación de banqueros que se apropió de las instituciones bancarias y financieras, Antonio del Valle aprueba la operación gubernamental que premió con dinero fresco a los banqueros que empantanaron al sector financiero mexicano y entregaron el 80 por ciento de los activos bancarios y del sistema de pagos a extranjeros.

Cuando nuevamente se privatizó la banca, “se cometió un nuevo y grave error”, ya que en algunos casos se asignaron los bancos “a empresarios sin experiencia que resultaron incapaces”, ha dicho Del Valle sobre algunos de sus colegas.

No obstante, Del Valle ha aprobado el rescate bancario que salvó a esos mismos banqueros. “Si no ha sido por el apoyo gubernamental a través del Fobaproa, no hubieran podido cumplir cabalmente sus compromisos con los depositantes; el Fobaproa ha sido criticado en forma injusta y exagerada”.

En un intento por justificar a “los incapaces”, como él mismo los ha denominado, Del Valle ha dicho a quien lo ha querido escuchar que “el Fobaproa no fue para salvar a los banqueros, sino para que los ahorradores no perdieran su patrimonio”.

Antonio del Valle adquirió su gusto por las finanzas desde temprana edad y se forjó en el trabajo duro en el negocio familiar de textiles. En 1974 se inició como banquero y fundó el Banco de Crédito y Servicio (Bancrecer), pero López Portillo dio al traste con su negocio y se convirtió en empresario. Así formó el Grupo Privado Mexicano (Prime) y Química Pennwalt.

La sangre del banquero hervía y lo impulsó a incursionar nuevamente en el negocio de la banca, que concretó en los noventa con Grupo Internacional (Bital), al lado de las familias Berrondo y Esteve. Pero las diferencias derivaron en la venta de Bital al consorcio internacional que hoy preside HSBC.

Actualmente Del Valle preside la casa de bolsa Arka así como de la empresa fabricante de cable, Camesa mientras que su hijo está al frente del banco Ve por más (Bx+).

 

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Confesiones de un banquero

Son pocos, muy pocos, los banqueros que se han atrevido a hablar del Fobaproa, del rescate bancario que los salvó de enfrentar una crisis en el sistema de pagos, de responder hasta con sus propios recursos a una corrida financiero al estilo del “corralito” argentino. Hace unos meses, en un amplio discurso que fue ignorado por la prensa, el ex presidente del Grupo Financiero Bital, Antonio del Valle, quien también fuera el principal accionista del Banco del Atlántico y Bancrecer, analizó la situación de la banca en México y lamentó la excesiva presencia del capital extranjero.

 

Ante representantes del sector bursátil, Del Valle parecía pensar en voz alta y reconocer los pecados y aciertos del Fobaproa. ¿Cinismo o excesiva sinceridad? El discurso de Antonio Del Valle es pues, un documento que vale la pena revisarse.

El sistema financiero mexicano ha tenido en las últimas tres décadas dramáticos cambios, por decisiones, las mas de las veces equivocadas de las autoridades del país y por las recurrentes crisis económicas que sufrimos de 1982 a 1995.

Mi experiencia me dice que los errores en la política económica, al principio no se notan, pero en el tiempo se paga con creces. La decisión del Presidente Echeverría de manejar las finanzas desde los Pinos en 1971, haciendo renunciar a Don Hugo B. Margain como Secretario de Hacienda, nos llevaron a la traumática devaluación de agosto de 1976, después de 23 años de estabilidad. El excesivo gasto y financiamiento externo del Lic. López Portillo, provocó la profunda crisis de 1982 y la consiguiente inestabilidad y problemas económicos que vivimos en toda la década.

Hasta 1974 la banca era sana y se encontraba dividida en instituciones especializadas, había bancos de depósito, financieras, hipotecarias, instituciones de ahorro, etc., además de las compañías de seguros y fianzas. Las casas de bolsa apenas iniciaban su operación, y en la bolsa operaban corredores que cerraban operaciones a viva voz.

En ese año se emitió un decreto para crear la banca múltiple, por el que las instituciones especializadas desaparecieron y se formaron lo que se llamó y se llama “bancos múltiples”, es decir que una misma sociedad podía dar los servicios de captación y crédito que antes se dividían en las instituciones especializadas.

Los bancos múltiples trabajaron así por sólo 8 años, pues en septiembre de 1982, el presidente López Portillo expropio la banca. México contaba con bancos sólidos y bien administrados que con eficiencia cubrían las necesidades financieras de los diversos participantes, tanto captando el ahorro nacional pagando intereses atractivos, como colocando préstamos a empresas de todos tamaños y a personas para el consumo y la adquisición de vivienda.

Las casas de bolsa por su parte se habían consolidado y con la expropiación ampliaron su mercado creando empresas de financiamiento paralelas como factorajes y las arrendadoras, además de fomentar colocaciones públicas de deuda.

La expropiación “fue un acto injusto, desleal, que demostró una vez más, la falta de respeto del ejecutivo al pueblo de México y a sus leyes fundamentales”, escribí en una carta a mis amigos y clientes, el 27 de octubre de 1982, y añadí “se llevó a cabo, culpando con violencia y rigor a un grupo de mexicanos honestos, de hechos en los que evidentemente no tenían responsabilidad. Se les acusó, juzgó y sentenció unilateralmente desde un foro nacional de tal magnitud y con tal abuso de autoridad que los afectados no tuvieron modo de defenderse en plan de igualdad”.

Vivíamos en un México autoritario, antidemocrático, en el que los poderes ejecutivo, judicial y legislativo seguían órdenes del presidente en turno. Los banqueros presentamos un amparo bien fundado, tan bien fundado que no pudieron negarlo y mejor lo dejaron dormir el sueño de los justos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Situación muy diferente a la que afortunadamente vivimos hoy, de democracia, libertad y auténtica independencia de los poderes y del Banco de México, con defectos, con problemas pero que se van resolviendo día a día hasta que esa democracia y esa libertad maduren en un auténtico y respetado estado de derecho.

La expropiación cambió radicalmente la eficiencia y la solidez del sistema. Administrados por burócratas (salvo raras excepciones), los bancos orientaron los recursos bancarios mayoritariamente a financiar los enormes déficits gubernamentales, reduciendo al mínimo el flujo del crédito al sector privado, que por otro lado se veía imposibilitado para acceder a estos recursos por las altas tasas de interés que prevalecían debido a las inflaciones que en algún año llegaron a ser de tres dígitos y frecuentes devaluaciones de nuestro peso.

Durante los 10 años (1982-1992) de expropiación no se abrieron oficinas bancarias en el país y el negocio no creció, por el contrario prácticamente desaparecieron los departamentos de crédito, puesto que como ya se dijo no había recursos para el sector privado que se vio obligado a financiarse a través de las propias empresas, las casas de bolsa, las arrendadoras financieras y las nuevas empresas de factoraje.

El mercado accionario cayó violentamente desde 1982 abriendo oportunidades de compra para los empresarios que decidieron invertir en México. Muchas grandes empresas cambiaron de manos a precios ridículos, porque en el pánico todos querían comprar dólares y enviarlos al exterior.

Poco después el tipo de cambio y los mercados se estabilizaron con el nuevo gobierno y se provocó un auge inusitado, que llevó algunas acciones a precios absurdos. Alguna casa de bolsa valía más que las grandes instituciones americanas y europeas. Había fiebre de compras, las amas de casa sacaban dinero de su gasto para adquirir acciones, y se operaron miles de millones en crédito al margen creando demanda artificial exagerada. El resultado no se hizo esperar. En Septiembre de 1987 la bolsa se derrumbó, llevándose el ahorro de miles de personas, que entonces perdieron la confianza en el mercado bursátil. Tuvieron que pasar varios años para que retomara su nivel y regresara la confianza de los inversionistas.

En 1991 se modificó la constitución y la ley bancaria en la época del Presidente Salinas.

Los bancos nuevamente se privatizaron, pero se cometió un nuevo y grave error, porque en algunos casos se asignaron a empresarios sin experiencia financiera que resultaron incapaces de administrar adecuadamente las instituciones y en otros a personas de dudosa moral que, sin adecuada supervisión gubernamental, abusaron utilizándolas para realizar negocios personales y llevándolas a quiebras fraudulentas.

Además, se entregaron instituciones poco sólidas y con graves problemas de cartera porque en 1991 y 1992 la mayoría de los bancos comenzaron a crecer sus activos en forma indiscriminada para poder ser vendidos a precios más altos.

Fueron pocos los bancos bien administrados, aunque por fortuna los más grandes, que sin embargo fueron afectados por la terrible crisis de 1995. Si no ha sido por el apoyo gubernamental a través del FOBAPROA, no hubieran podido cumplir cabalmente sus compromisos con los depositantes, ya que las carteras vencidas crecieron en forma desmedida.

Mucho se ha hablado sobre el FOBAPROA y ha sido criticado en forma injusta y exagerada. El diseño del FOBAPROA no fue para salvar a los banqueros como generalmente se dice, sino para que los ahorradores no perdieran sus patrimonios que se encontraban en alto riesgo por la falta de pago de los clientes de crédito. Sin esta solución que apoyó también directamente a los deudores con reestructuras importantes, quitas y ampliaciones de plazo, el país se hubiera ido a una crisis de tal magnitud que todavía hoy nos estaríamos recuperando, justamente como sucedió en Argentina, por el pésimo manejo de la crisis bancaria de ese país con “El Corralito” y otras decisiones equivocadas. Nuestra crisis fue profunda pero muy corta.

Nacieron las “UDIS” que ayudaron sobretodo a los deudores hipotecarios de largo plazo en su reestructura, pero no tuvieron mayor éxito porque la gente desconfiaba de todo aquello que no fuera tasas y amortizaciones fijas, ya les había pegado una vez, no querían que les volviera a suceder.

Una decisión muy acertada fue la creación de las AFORES, que permitió la constitución de ahorro obligatorio a largo plazo y cuyo exitoso resultado estamos viviendo ahora. Esperamos que el reciente cambio de ley que permite a las SIEFORES, así sea en forma limitada, invertir en el mercado de capitales ayude a consolidad y crecer esta importante sección de nuestro negocio.

Al superarse la crisis vino un nuevo cambio, modificándose la ley, para que cualquier banco independientemente de su tamaño o participación en el mercado, pudiera ser adquirido por instituciones extranjeras. De ese modo se llegó a la situación actual, en la que más del 80% de la propiedad y administración de los grupos financieros mexicanos, que incluyen bancos, casas de bolsa, aseguradores y AFORES está en manos extranjeras. Las decisiones importantes de inversión y crédito desde hace tiempo no se toman en México sino en Nueva York, Madrid, Londres, etc.

Toda esta evolución ha llevado a al sector financiero mexicano a una gran solidez, eficiencia y capitalización, lo que sin duda hará que en los próximos años como en los 60 la banca vuelva a ser factor importante de crecimiento económico para el país, intermediando entre los ahorradores y aquellos que requieran financiamiento. De esto no cabe duda. Sin embargo, y a pesar de las grandes ventajas que ha representado a corto plazo, a mí este esquema no me gusta. No existe ningún país desarrollado en el mundo que haya permitido que su sistema de pagos sea administrado mayoritariamente por extranjeros, y no esta probado que en tiempos de crisis, la inversión extranjera mayoritaria en el sector financiero sea una solución segura. Prueba de ello es lo que recientemente sucedió en Argentina, en la que prácticamente toda la banca era extranjera. Eso no evitó la crisis bancaria y la pérdida de valor de los ahorros de la gran mayoría de los depositantes, que además tienen fuertes restricciones para retirar lo poco que les quedó.

Las empresas mexicanas del sector financiero debemos junto con las autoridades promover la creación, consolidación y desarrollo de las instituciones financieras cuya propiedad y administración sea mexicana. De los grupos con accionistas mayoritariamente nacionales que actualmente existen, sólo INBURSA y BANORTE tienen tamaño y capacidad para competir con los bancos extranjeros. Existen otros 10 bancos pequeños que si no se consolidan entre si y crecen y se capitalizan, tal vez podrían sobrevivir y hacer negocio, pero no tendrán posibilidad de subsistir y apoyar al país y a sus clientes en una nueva crisis.

Las oportunidades son muchas, los grandes bancos han dejado huecos en los mercados que pueden ser llenados con eficiencia y productividad por instituciones bancarias más pequeñas, como el crédito agrícola, el crédito a la pequeña y mediana empresa y el de vivienda, cuyo tamaño es tan grande que alcanza para todos.

Por fin después de 8 años de reducción constante del volumen de crédito al sector privado, éste ha empezado a repuntar: muy fuerte en los créditos al consumo y moderadamente en vivienda y en las pequeñas y medianas empresas. Pero las condiciones están dadas para que este crecimiento sea constante y sólido gracias a la estabilidad económica, baja inflación y tipo de cambio flotante.

México va muy bien, esta reduciendo su inflación a menos de 4% este año. El gobierno tiene finanzas equilibradas, y una balanza en cuenta corriente negativa que representa menos del 3% del PIB. Sin embargo, el crecimiento es insuficiente, los precios del petróleo están en su máximo histórico y a pesar de ello tenemos una dependencia brutal de nuestro gigantesco vecino del norte. Nuestro superavit comercial con ellos puede llegar a 66,000 millones de dólares este año. Lo que quiere decir que tenemos un déficit de 74, 000 millones de dólares con el resto del mundo, Especialmente Europa y Asia.

Las bajas de los mercados en los últimos días, el crecimiento de las tasas de interés y la devaluación del dólar contra el euro y el yen puede ser presagio de nubarrones del otro lado de la frontera, porque los déficits interno y externo de los Estados Unidos son insostenibles en el tiempo. Tendrán que corregirse y cuando eso suceda va a sufrir el mundo entero, México más que ningún otro país por esa exagerada dependencia. Si esto sucede estaremos en un serio problema.

No creo que sea mañana, ni tal vez este año, pero debemos, gobierno y empresarios discutir el asunto y buscar fórmulas de blindaje contra esta contingencia, sobre todo diversificando nuestro comercio exterior en aquellas zonas del mundo donde somos deficitarios.

Las turbulencias políticas que hemos venido teniendo en México, desde mi punto de vista no son tan preocupantes, No han afectado y creo que no afectarán, los mercados financieros, porque se esta demostrando que tenemos instituciones sólidas y si se resuelven conforme a derecho, consolidaremos nuestra democracia y nuestra libertad. El problema económico no esta aquí sino que vendrá del exterior.

Por último, si queremos crecer al ritmo que México necesita, de más del 5% anual, debemos promover, además de las reformas estructurales tan esperadas, nuestro mercado de capitales. Habrá crédito, pero necesitamos urgentemente capital de riesgo para crecer. Espero que la nueva Ley del Mercado de Valores que está por aprobarse ayude en este objetivo. Somos nosotros los operadores bursátiles los que tenemos la enorme responsabilidad de lograr que esto suceda promoviendo nuevas colocaciones y nuevos participantes tanto emisores como compradores en este mercado vital para nuestro desarrollo.

 

 

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