Gavia de la fortuna

 Economía y deportes

 Juan Antonio Zúñiga y Méndoza*

  Una vez que iniciaron y terminaron los juegos olímpicos en Atenas, el gaviero pudo finalmente desprenderse del televisor con la consecuente angustia de los practicantes del zip-zap, de creer que mientras ven las peleas de box en unos de los 152 canales de Escai se pierden los 400 de nado libre en otro, o no ven lo último de Discovery o lo más reciente de CNN, mientras finalmente llegan tarde a todas partes porque sencillamente no están en ningún lado.

Más hueco que antes del Atenaso 2004, que sólo fue una repetición más de la cultura del éxito, la excelencia, la eficacia y la eficiencia individualista de unos cuantos competidores que aniquilaron metafóricamente a un montonal de derrotados, el gaviero realizó su último esfuerzo olímpico.

Y desde una de las suites del trasatlántico Queen Mary, el presidente de la Comisión Nacional de la Cultura Física y Deporte (Conade), Nelson Vargas, vivió su propia y muy particular versión del Titanic ante lo que él mismo calificó de "fiasco" en referencia a la participación de los atletas mexicanos en el certamen olímpico.

El gaviero tuvo noticia de la desafortunada declaración del empresario deportivo por los periódicos. Los empezó a leer después de apagar su televisor, mientras la antorcha de su imaginación iniciaba su ruta rumbo a Beijing en 2008.

Los deportistas mexicanos -pensó al fin-hicieron su mejor esfuerzo, pero el deporte no es ajeno al contexto socioeconómico en que se practica.

¿Cómo pasar por alto la emocionante expectativa de representar en sus respectivas disciplinas deportivas los anhelos de un pueblo? Llegar ya era suficiente, ganar no dependía sólo de su voluntad sino de todo un contexto social, económico y hasta político que dejó en claro Nelson Vargas con su actitud nada autocrítica y muy complaciente con su fracaso como promotor del deporte en México, instalado en el Queen Mary a su paso por el Mar Egeo con la comitiva estadunidense sobre cubierta.

Los deportistas mexicanos no fracasaron y estamos muy orgullosos del esfuerzo realizado por ellos, con o sin medallas. Fracasó Nelson Vargas, pero no sólo él, sino lo que este funcionario representa -meditó el gaviero mientras leía los últimos sucesos económicos.

La nave económica mexicana alcanzó un crecimiento de 3.8 o de 3.9 por ciento anual durante el segundo semestre de este año, según la información del INEGI o de la Secretaría de Hacienda, respectivamente.

Pero con cualquiera de estos dos resultados el promedio de avance durante el gobierno del presidente Vicente Fox ha sido de 1..1 por ciento; por eso no es extraño que el nivel de desempleo abierto se mantenga arriba de 3.7 por ciento como proporción de la población económicamente activa, y casi duplique al universo de personas que se encontraban en esta situación al inicio del gobierno del cambio.

A pesar de los juegos olímpicos, cada vez es más difícil desvincular los magros resultados económicos del régimen de sus efectos sociales y de su transformación en manifestaciones políticas.

La presencia de fenómenos paradójicos y no por ello menos lamentables también está presente ahora. Más de un millón 350 mil personas, sobre todo del ámbito rural, han abandonado el país por hambre o falta de oportunidades, que casi es lo mismo, durante los últimos tres años y medio. Pero las remesas de dólares que envían a sus familiares en México para sobrevivir, son actualmente el sostén más firme de divisas para pagar los intereses de la deuda externa que constriñe, año tras año, el presupuesto federal de gastos. Así será también en 2005.

En el primer semestre de 2004, por lo pronto, el monto de las divisas enviadas por los trabajadores mexicanos en el exterior fue suficiente, por sí solo, para pagar los intereses de la deuda externa en ese periodo; alcanzó y también para cubrir el déficit de la balanza comercial del país (las empresas, que no generan el empleo necesario, importan más de lo que exportan), y aún quedó un remanente de unos mil 200 millones de dólares para venderlo en subasta diaria a la banca comercial, hoy mayoritariamente de propiedad extranjera.

En este contexto, dos manifestaciones de descontento han cimbrado el ya de por sí acuoso subsuelo de la ciudad de México. Una calificada "histórica" por sus organizadores y la intensa promoción televisiva en contra de la delincuencia, ocurrida el pasado 27 de junio. Otra, convocada por el PRD y el jefe de Gobierno, Andrés Manuel López Obrador, netamente política, que el 29 de agosto inundó materialmente las principales calles y avenidas del Centro Histórico con no menos de 350 mil participantes, según los cálculos del gaviero.

Con muy bajo perfil, las noticias financieras no merecieron mayores espacios en las televisoras ni en la radio en las semanas olímpicas. Olímpicamente casi desaparecieron de la pantalla chica y de las ondas hertzianas. Pero ahí estuvieron. Entre otras, la reserva internacional de divisas del país empieza a mermar en su capacidad de crecimiento, a pesar de las aportaciones de la paraestatal buena para todo menos para sí, Petróleos Mexicanos. El gobierno federal ha usado más de 2 mil millones de dólares de este acervo y no queda muy claro para qué las ha usado, aunque podría ser que para pagar el servicio de la deuda pública externa.

Otra tiene que ver con la progresiva pero consistente alza de precios y la cada vez más lejana posibilidad del Banco de México de alcanzar la meta inflacionaria de 3 por ciento al finalizar este año, "más-menos un punto porcentual" que se autoadjudica como margen, porque de cualquier manera el presupuesto federal de gastos y el de ingresos en vigencia durante 2004 se hicieron y aprobaron por el Congreso de la Unión, con base en esa premisa. Así que, aun en el marco de derecho, los resultados a fin de año pueden salir medio chuecos. La tasa anual de inflación anda en 4.74 por ciento y se ve muy cuesta arriba que ceda.

Mientras tanto, el efecto inmediato del crecimiento general de los precios ha recaído en las tasas internas de interés por dos vertientes. Una interna, inducida por el propio Banco de México a través de su política de astringencia monetaria llamada "corto", aplicada en cinco ocasiones durante este año sin que la inflación pierda impulso. La tasa de interés de referencia en el país (Cetes a 28 días de plazo) está por encima de 7.32 por ciento de rendimiento anual, casi 50 por ciento más elevada que el nivel que tuvo al inicio de este año.

La otra vertiente es externa. Proviene de la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de elevar sus propias tasas de referencia, con el mismo propósito de evitar que el ritmo de crecimiento económico alcanzado repercuta en una mayor inflación; pero los precios internacionales del petróleo les están haciendo una mala jugada. La tasa de interés en aquel país ya ha sido elevada en dos ocasiones por un cuarto de punto cada una. La tercera se dará a fines de septiembre.

Así las cosas, quién podría creer que los deportistas mexicanos regresarían con muchas medallas de oro, plata y bronce. Tienen como siempre un corazón de oro y el reconocimiento a su empeño y dedicación de una muy buena parte de sus compatriotas (connacionales en el lenguaje del zip-zap).

 

Astrolabio

 

Y ya en el mes patrio, para reponerse del primero de septiembre de bostezo, recordamos con el cariño a quien alimentó con el teatro a una televisión ya inexistente, nuestras más bellas noches de ensueño. Hasta siempre Enrique Alonso, el gran Cachirulo y su chocolatote exprés. Hacia aquel lucero nuevo que despunta en el cielo, también llegaremos.

Entretanto, La Jornada cumplirá este 19 de septiembre sus primeros 20 años de vida. Parabienes para toda esa aguerrida comunidad periodística. Como enseñara el maestro uruguayo Carlos Quijano: "Navegare necesare,  vivire no necesare". Y junto con su discípulo Eduardo Galeano afirmamos: "Aquí seguimos, amarrados al mástil".

 

* Reportero de La Jornada

 

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