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Susanan Harp, contracorriente

Alba Martínez Vázquez

Sus cuatro producciones, empapadas en el misticismo y con la frescura de su voz, no sólo fueron un desafío propio para emprender un proyecto, sino sobre todo una lucha porque sea reconocido y valorado

 

Susana Harp“Fueron seis años de esperar que ocurriera algo que por mucho tiempo estuve deseando y que no ocurría: vivir en esta loca ciudad. Mientras, seguía estudiando canto y especializándome en mi carrera de psicología, de pronto empezaron a ocurrir cosas que yo llamaría milagros”, cuenta divertida Susana Harp.

Para ella todo comenzó en 1996 con una propuesta de la fundación Filantropía Educación y Cultura, que concordaba con su interés de hacer un disco de música mexicana.

“Comencé esta investigación y de pronto me encontré con tantas cosas que valían la pena que decidí no hacer una mezcla de piezas y estilos. Para mí fue como empezar a descubrir minitas de oro; yo estaba encantada de encontrar piezas muy antiguas y partituras de canciones populares”.

Así surgió su primer disco (Xquenda) que contiene piezas representativas y muy poco conocidas.

Considerada como una de las voces más ricas y coloridas del país, Susana Harp se ha preocupado por recuperar elementos de la cultura que considera se han extraviado, instrumentos de la región, como la marimba, que en el Istmo de Tehuantepec era un instrumento muy usado, así como el sonido de los requintos, arpas y jaranas. Susana se ha esforzado en incluir canciones en zapoteco y mazateco, además de español.

En su segunda producción (Béele Crúu), Susana incluyó piezas que contienen una fusión de ritmos latinos y cubanos, que han influido en la cantante. A lo largo de su investigación ha encontrado piezas que estaban olvidadas o de las que se desconocía la interpretación exacta de cómo las concibieron sus respectivos autores, como La Martiniana, cuya letra fue compuesta por Andrés Henestrosa.

“Mi búsqueda es de esas joyitas qua andan por ahí y que están esperando ser recordadas, sacadas de cajón”, explica la intérprete.

Arriba del Cielo es su tercera producción, una recopilación de cómo México ha cantado a sus niños durante los últimos seis siglos.

Actualmente, la cantante presenta el disco Mi tierra y la acompaña la Banda Sinfónica de Oaxaca, integrada por 80 músicos, además de la colaboración de dos arreglistas: Oscar Martínez y Omar Guzmán. La producción corrió a cargo de Gerardo Mazín, pilar fundamental sobre el cual el disco toma el rumbo justo, dice.

 

Volver tras sus pasos

Para Susana, Oaxaca es parte fundamental de entrañables recuerdos, ya que durante los años que trabajó voluntariamente en las comunidades indígenas disfrutó la convivencia constante y retroalimentación entre las casi 16 etnias que existen en el estado.

“En las comunidades indígenas es maravilloso ver cómo el día de tequio (trabajo voluntario) todo el pueblo participa para abrir brechas, apoyo en la edificación de la casa de los próximos recién casados o en el arreglo del patio central de la comunidad. En el tequio participan todos, sin importar de qué etnia: zoque, mixe o triqui; es muy fuerte esta tradición que une a todos los oaxaqueños”.

Sin embargo, Susana reconoce que cuando era chica no tuvo plena conciencia de todo lo que era su estado y, sin embargo “cuando niña de pronto veía mujeres con trajes maravillosos y hermosos collares, caminando por la calle, yo las imaginaba como reinas. Las triquis en sus telares de cintura me inspiraban”.

Dice que nacer en Oaxaca le dio la posibilidad de alimentarse de los miles de colores y manifestaciones culturales que son la vida cotidiana. En Oaxaca “no hay necesidad de convocar un festival, tú sales a la calle y empiezas a ver cultura por todos lados; aprendí mucho, como tejer en los telares de cintura y muchas otras actividades que en la ciudad de Oaxaca no se hubiera presentado”.

 

La ciudad loca

“Yo llegué sola a la ciudad de México a estudiar canto, en 1990; fue muy difícil toparme con una ciudad sin ningún apoyo, incluso mi familia pensaba que estaba perfectamente loca al venir a estudiar quién sabe qué diablos. Me vine por mis pistolas”, cuenta divertida

“Que no hubiera venido como hija de familia ni sobrina de nadie, fue muy difícil”, recuerda.

Dice que los medios de comunicación se han ido abriendo poco a poco, en parte por el trabajo que realiza Susana. Mucho tiene qué ver un trabajo profesional, discos bien cuidados, calidad indiscutible y una investigación bien sustentada.

“Yo me doy por bien servida y es importante agradecerles y reconocer su apoyo”, puntualiza Susana.

Sin embargo, comenta que “los proyectos culturales se manejan con cierto elitismo”. Yo no quiero pertenecer a una clase, mi trabajo me ha costado muchos años de investigación y por supuesto que no quiero que se quede en el sótano de no sé dónde; quiero que se difunda, se conozca y sea finalmente la gente quién decida si compra o no el disco.

Finalmente, sobre la típica historia de si se valora más el trabajo en el extranjero que aquí, Susana dice que en su caso es así. “Pero tampoco mi expectativa es vender miles de copias, mi labor es a pie. Para mí es mucho más importante tener un impacto de poquito en poquito dentro de mi país que fuera. Cuando ocurre en Mi Tierra a mí me sabe más dulce la boca”.

Esperamos sus comentarios sobre esta investigación:  

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