Gavia de la fortuna

Good bye mister Fox

 Juan Antonio Zúñiga y Méndoza*

  Llegó octubre y con este mes arribó también la estación sepia del año. Pero este otoño marca también el inicio de varios ocasos. Con él inicia el término de 2004, el cierre de otra época de lluvias y el fin del sexenio gubernamental más corto en más de medio siglo. Aun cuando le queden por delante 790 días de agonía, el tiempo económico del régimen del presidente Vicente Fox Quesada ya se agotó.

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Un gris sin crepúsculo se avizora en el horizonte inmediato desde esta gavia mirona, después de cuatro años de un gobierno que trucó la promesa del cambio por la continuidad de un programa económico ajeno. Vicente Fox llegó a la cima del Ejecutivo con el PAN y se hundió con el PRI.

Termina su gestión económica entre las mismas víboras prietas y tepocatas que prometió aniquilar. Dio continuidad sin cambio alguno a la política económica que inició Miguel de la Madrid en diciembre de 1982; la misma que consolidó Carlos Salinas de Gortari a partir de diciembre de 1988 y la que profundizó Ernesto Zedillo Ponce de León desde diciembre de 1994.

Poco a poco, los mismos factores que en forma crónica ha determinado la secuencia de crisis aparecen en el panorama. La inflación de este año terminará entre 4.8 y 5.1 por ciento y con ello el objetivo fundamental para el que se dio autonomía al Banco de México -en el gobierno de Ernesto Zedillo- habrá quedado muy lejos de la meta de 3 por ciento establecida para este año.

Las tasas de interés primarias, determinantes del costo del financiamiento, andarán en un nivel que casi duplicará el de 2003, entre 8.1 y 8.3 por ciento de rendimiento anual. Habrá crecimiento económico, el más alto de toda esta administración gubernamental: 3.8 por ciento, pero con las tasas de desempleo abierto más altas desde 1997.

Ya en el terreno de los vaticinios, la reserva internacional de divisas terminará el año con un acervo menor de recursos con el que inició 2004, debido a que los ingresos registrados en la balanza de pagos serán insuficientes para cubrir las salidas.

Todos y cada uno de estos fenómenos, son apenas señales del hundimiento que viene.

El mismo gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz Martínez, ha dado ya las señales de alerta. Pero nadie le hace eco. Como con Carlos Salinas, el presidente Fox y su gabinetazo ni oye ni escucha.

 

Elusión fiscal

 

El presupuesto 2005 enviado en septiembre a la Cámara de Diputados no contiene ninguna modificación de fondo a la malhadada política económica, no ya de los últimos cuatro año, sino de las últimas dos décadas. A la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, elaboradora del proyecto que no podrá modificarse más que en la marginalidad de los recursos contemplados, le tiene muy sin cuidado que la recaudación tributaria sea nuevamente menor a 10 por ciento como proporción del Producto Interno Bruto.

Baja, muy baja. Pero no porque las "reformas estructurales" basadas en gravar más a los causantes cautivos o a los alimentos y mediciones no hayan pasado por su simplonería dogmática. No, es baja porque la misma legislación así lo propicia a través de la elusión fiscal, la cual ha venido a derivar en una forma de financiamiento de las empresas menos onerosa que el mismo pago de impuestos. Mientras el Código Fiscal de la Federación tiene tantos huecos que hacen imposible ganar los juicios a favor del erario público.

Es casi ingenuo no pensar que los propios legisladores han propiciado estos océanos legales de manera deliberada. Son de tal evidencia y magnitud que es imposible apelar a la ignorancia como justificación a su existencia. Hay acumulados más de 400 mil millones de pesos en "créditos fiscales" que no han podido cobrarse. La evasión fiscal, en la continua simulación que caracteriza la conducta gubernamental desde Carlos Salinas de Gortari, simple y llanamente fue legalizada.

De una forma similar, la autonomía del Banco de México fue circunscrita para aplicar medidas de política monetaria destinadas a contener la inflación y han quedado fuera, no al margen, las atribuciones que como banco central debe tener para fortalecer y afianzar las condiciones para el crecimiento de la economía.

Este año, con el que se agotará el tiempo económico del régimen foxista, habrá quedado como precedente en la memoria de los historiadores económicos -que los hay y muy buenos en la UNAM-de cómo fue que se transformó un banco central en una especie de instituto federal del consumidor.

Aun con las diferencias que habrán de mantenerse respecto al desempeño de Guillermo Ortiz Martínez, como personero de los peores momentos de la vida económica de México como funcionario público, el gobernador del banco central ha advertido que el país pierde cada vez más terreno como atractivo para la inversión, no sólo extranjera sino también para la local.

Por el lado del sector público, los recursos presupuestados en este rubro para 2005 no son bajos. Son raquíticos.

Pero el presidente Vicente Fox, sin embargo, no va sólo en este fracaso estructural de su política económica. Lo acompaña el Congreso de la Unión que ha avalado esa manera de derrochar los recursos públicos.

El gobernador del Banco de México también ha alertado de la creciente e insostenible dependencia fiscal de los ingresos petroleros, los cuales han servido para remendar las deficiencias en ascenso de la recaudación tributaria.

Pero nadie hace caso a Guillermo Ortiz y lo más grave es que aun cuando se le escuchara en sus correctas advertencias, ya no hay tiempo para realizar cambios. Los tiempos políticos se han sobrepuesto a lo económicos.

El tiempo de invertir ya quedó atrás frente a las contiendas, abiertas y soterradas, para contender por la Presidencia de la República. No se requieren de sofisticados instrumentos de predicción económica para saber que en el terreno político los "demonios andarán sueltos" desde 2005, como ocurrió en 1994.

Por eso, no sin un dejo de nostalgia, desde este otoñal octubre de 2004 no queda más que decir: Good bye mister Fox.

 

Astrolabio

 

Cualquiera que sea el desenlace de la contienda presidencial en Estados Unidos, a los mexicanos y varios miles de millones de personas en el mundo nos pasará lo mismo que en la pelea entre Alien y Depredador : "Gane quien gane, nosotros perdemos".

Saludos y nos leemos en noviembre próximo.

 

* Reportero de La Jornada

 

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