Dinero llama dinero

El fantasma del desempleo, ¿son los chavos o la economía?

 Edgar Amador*

 

Lo hemos dicho en repetidas ocasiones en este espacio: el presidente Fox y su gobierno no deberían de jugar con las cifras de empleo. Justo cuando se festinaba la recuperación de la economía y cuando las cifras de afiliados al IMSS daban pie a las más alegres celebraciones, la cifra de desempleo del mes de agosto, de 4.35 por ciento, la más alta de los últimos siete años, se convirtió en un contundente mentira.

Lenin acuñó una frase que es una verdad de oro: los hechos son tercos, decía, y los datos muestran que a pesar de lo inusual y atípico que pueda ser el dato de agosto, esa recuperación de la economía se parece a la de los otros países: una mejora sin empleo.

Vamos por partes, como dijo el Destripador de Londres:

Primero, es usual que durante las primeras etapas de una recuperación económica, el empleo sea lo último que se fortalezca. También es usual que en una recesión lo último que caiga sea el empleo. La razón es sencilla: una compañía, por grande que sea, sólo conoce en su ámbito de acción, una parte de la economía. Cuando ve que sus ventas comienzan a caer, no puede saber con precisión si se debe a razones exclusivas de su compañía o si es porque la economía, como un todo, está menguando.

Si reacciona a una caída en sus ventas despidiendo gente, pensando que el resto de la economía está igual que ella, entonces se arriesga a equivocarse. Supongamos que se equivoca y que la economía está muy bien y que es la firma la que va mal, al recortar su plantilla laboral la empresa no podría responder a un aumento en la demanda y perdería mercado ante sus rivales.

Por lo anterior, no es hasta que ya está muy claro que la economía está en recesión (que debido al rezago en la compilación, captura y procesamiento de la información puede tomar hasta un semestre) que las empresas ajustan sus nóminas.

Lo mismo ocurre en una recuperación: las empresas sólo contratarán personal hasta estar seguras que la recuperación es real y no algo limitado a ellas. Si se equivocan y contratan personal corren el riesgo de tener altos costos y una onerosa plantilla laboral con una economía en recesión.

Algo similar a lo anterior podría estar pasando en México. Aún no es claro (y los últimos datos de la economía estadounidense lo demuestran) que la recuperación sea firme y duradera. Ante tal incertidumbre, las compañías prefieran no contratar personal y enfrentar la demanda con su actual plantilla.

La incertidumbre cuesta y los errores, también. Si las empresas mexicanas contratan ahora haciendo caso al optimismo de Carlos Abascal y resulta que la economía de Estados Unidos no despega, eso tiene costos en pesos y centavos.

Pero incluso concediendo lo anterior, las cifras de agosto son, por decir lo menos, extrañas. Los datos de afiliados al IMSS, que reflejan con cierta anticipación las cifras de desempleo del INEGI, ya habían sonado la alarma: en la primera quince de agosto el número de afiliados al IMSS había caído de manera sorpresiva.

Para darnos una idea de la sorpresa considérese que nunca en la historia de esa estadística la cifra de afiliados había caído en la primera quince de agosto. Nunca, ni durante la horrible crisis de 1995-1996.

 

¿Qué ocurrió?

 

Una explicación posible es que las huelgas en Volkswagen y los paros técnicos en otras automotrices hayan causado una inusual caída en las afiliaciones al IMSS. Si eso es así (y ojalá sea así), entonces la tasa de desempleo disminuirá sensiblemente en septiembre y cerrará cerca de 3.2 por ciento en diciembre de este año.

Pero si lo que ocurrió en la primera quincena de agosto no fue algo inusual y tiene que ver con la situación económica subyacente. Entonces deberíamos de tener muchas razones para estar preocupados, pues lo que podría estar ocurriendo es que las empresas mexicanas (o que operan en México) están reaccionando a la incertidumbre proveniente de Estados Unidos, con una cautela tal que se traduce en pocas contrataciones.

Existe, por último, una causa para la desagradable sorpresa de agosto que vino a arruinar la fiesta de los funcionarios foxistas. En agosto, los millones de estudiantes en edad laboral están de vacaciones y muchos de ellos buscan trabajos temporales de verano. Usualmente, el empleo temporal repunta debido al turismo, pero no es lo suficiente para abarcar el aumento en la oferta de mano de obra que cada estío inunda a la economía.

Ese efecto estacional provocado por los jóvenes de vacaciones, responde de acuerdo con nuestros cálculos, por casi la mitad del aumento en el desempleo de agosto. Pero es un pobre consuelo.

Cierto, en septiembre los chavos regresan a clases y la oferta de trabajo disminuye, reduciendo la tasa de desempleo. Pero eso reducirá el desempleo en septiembre en tan sólo la mitad de lo que aumentó de julio a agosto. Los chavos de vacaciones son sólo culpables tan sólo de la mitad de la mala cifra que vimos en agosto.

No es eso lo que preocupa. El efecto de los chavos de vacaciones es pasajero y se revira en un mes.

¿Pero, qué pasa con el resto del aumento en el desempleo? Ese se quedará en septiembre y el resto del año si la economía no despega, así que nuestro consejo para el presidente Fox y su ecuánime secretario del Trabajo es el mismo: tengan mucho cuidado con las cifras de empleo, les puede costar el trabajo.

 

* Director de la consultoría en línea portafolios.com y comenta en Monitor.

 

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