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El 2005 ya está aquí
Juan Antonio Zúñiga y Mendoza
Pasaron las aguas pero aquí todavía llueve sobre mojado. El fracaso del Banco de México en su encomienda central de mantener bajo control el proceso inflacionario no parece inquietar a ningún integrante del gabinetazo del presidente Vicente Fox, más entretenidos en la retórica del “cambio democrático” que en la tarea principal de gobernar en materia económica.
Enviar con meses de adelanto el marco macroeconómico, que dio sustento a las propuestas presupuestales de un 2005 que ya está a la vuelta de la esquina, parecía un buen inicio de análisis y discusión en la Cámara de Diputados. Pero el “paquete económico” ha sido relegado frente a los desafueros y triquiñuelas políticas, a las que en forma lamentable parece haberse agregado también el Poder Judicial.
La simulación como práctica de gobierno ha devenido en que todo el poder político adolece ahora de credibilidad frente a la población informada y desinformada del país. Nadie cree lo que se dice que pasa, todo se llena de dudas y suspicacias. El descrédito gubernamental es inmenso, mientras los factores y elementos económicos evolucionan desfavorablemente para el bolsillo.
Más allá de qué tan cerca o qué tan lejos quedará de la meta oficial el crecimiento de los precios al consumidor al final de este año, la inflación y su efecto sobre el poder adquisitivo del dinero anuncia su advenimiento, y quiérase o no, un mayor encono social en la disputa de la riqueza entre los factores de la producción.
Ha fracasado el falso optimismo del discurso oficial que pregona mejorías y rompimiento de todo tipo de marcas estadísticas. Los tiempos se han adelantado; si bien 2005 y 2006 se aparecen como una larga agonía del régimen, noviembre y diciembre son en realidad el inicio económico del próximo año calendario.
El marco macroeconómico con el que se elaboraron las propuestas de presupuesto de gastos y de ingresos del próximo año ya quedó rebasado. No sirve pues, por ejemplo, los factores que determinan la inflación, pues están fuera del alcance de la política económica local, como la elevación del precio de las materias primas como resultado de la demanda que mantiene de ellas las economías de China e India.
Si de por sí la simplona explicación monetarista, que redujo la explicación inflacionaria a un ejercicio de oferta y demanda monetaria en una economía, ha sido insuficiente para contener el crecimiento de los precios como lo muestra el largo periodo de “cortos” aplicados por el Banco de México.
Ahora que el banco central ha sido reducido a una especie de procuraduría federal del consumidor de servicios financieros, como ocurre con la Condusef, menos que nunca podrá incidir en el delineamiento de políticas económicas generales que sí influyen en el comportamiento de la inflación, ¡pobre Banco de México! Sus “cortos” ya no funcionan y quedará en el ojo del huracán económico que se aproxima, según se aprecia desde esta gavia.
Ahora que el factor político en desorden ascendente empieza a confluir con una estructura económica deteriorada, el margen de resistencia es muy precario para que el modelo aplicado desde hace 22 años se mantenga a flote.
¿Qué seguridades ofrece a la inversión productiva un panorama político como el que se avecina? ¿Sin la credibilidad necesaria existe alguna certeza de gobernabilidad en la disputa adelantada por el poder presidencial en un régimen presidencialista? ¿Ha sido considerada la previsible alza en las tasas internas de interés y su impacto sobre el servicio de una deuda interna gubernamental, abultada por los famosos “rescates” bancario y carretero, entre otros? ¿Alguien confía en la Cámara de Diputados, en los partidos políticos en los gobiernos federal, estatales y municipales? ¿Hay quien confíe aún en la aplicación del Derecho como vía para alcanzar la justicia?
Las manifestaciones de encono social a través de la inseguridad pública, las expresiones de desesperación a ojos del propio presidente Fox, cuando visitó Chihuahua a fines de octubre pasado; las disputas a sillazos en el PRI capitalino para dirimir sus diferencias internas; el asesinato a balazos de una candidata perredista que contendía por una presidencia municipal en Oaxaca, son signos preocupantes en la esfera política que pueden contribuir a la peor de las mezclas con una situación económica en deterioro.
Bueno, cuando esta gavia que debía dedicarse exclusivamente a tratar asuntos económicos no puede sustraerse a los acontecimientos políticos, es que éstos ya son un factor insoslayable de lo que puede ocurrir con las tasas de interés y el costo del dinero, la política fiscal y la sustracción de recursos de los exhaustos contribuyentes cautivos, de la apertura de fuentes de empleo y su contraria la desocupación abierta, de los servicios públicos indispensables y su mantenimiento, de la inversión extranjera, y un largo etcétera.
De ninguna manera celebramos el fracaso del gobierno foxista. Lamentamos desde esta gavia que se haya dejado pasar la oportunidad de modificar las pautas de una política económica que empobreció más a la inmensa mayoría de la población mexicana desde hace 22 años, por persistir en aplicar medidas “dolorosas pero necesarias” que desde su inicio se quedaron en lo primero, y ahora sabemos que además de dolorosas han sido innecesarias e infructuosas.
Así pues, en este noviembre dio inicio 2005 y marca el comienzo del fin de un régimen que gobernó con el programa del PRI, con la ideología del PAN y nada cambió en esencia.
Astrolabio
Con tanto desánimo, ha caído como agua en el desierto político y económico la publicación de la novela “Memorias de mis putas tristes”, de Gabriel García Márquez. Una obra ampliamente recomendable.
También la editorial Planeta, sobre todo Joaquín Mortiz, ha iniciado la publicación de varias novelas de muy buena factura en su colección narradores mexicanos (no es exacto el nombre), de entre las que sobresalen las de Enrique de la Serna. Afortunadamente los artistas, como siempre, hacen con su trabajo más que llevadera la existencia tan nublosa en estos tiempos y que nos hacen recordar y releer al inolvidable Jorge Ibargüengoitia, pura vitamina. Desde esta gavia de la fortuna también enviamos un afectuoso saludo a todo el equipo de la revista Proceso que este 6 de noviembre cumple un año más de darle sentido a cada semana que inicia y que termina, con su muy profesional periodismo sin concesiones. Va pues un abrazo y gratitud a los maestros don Julio Scherer García y Vicente Leñero, y también a Rafael Rodríguez Castañeda y Salvador Corro, continuadores de tan hermosa tarea.
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