Los fondos de inversión, una clara oportunidad para acrecentar nuestro patrimonio
Juan Carlos Pelayo *
Está comprobado que la base de cualquier economía, sin importar el tamaño de ésta, es el ahorro interno y eso aplica para la economía personal, la economía familiar, la empresarial o la macroeconomía de cualquier país.
Las familias ricas o las grandes empresas, así como las potencias económicas del mundo, son lo que son porque han tenido durante años una buena disciplina de ahorro. Pero no es suficiente simplemente “guardar” el dinero para acrecentar nuestro patrimonio, además es necesario saberlo invertir para cuidar el poder adquisitivo del dinero a través del tiempo.
En nuestra sociedad, durante décadas ha existido la cultura del ahorro, las familias mexicanas han sacrificado consumo para “guardar” dinero. Siempre se habló de los viejos tesoros de monedas de oro enterrados en las casonas antiguas o relatos de la abuela diciendo que “guardaban” el dinero abajo del colchón o inclusive ver a nuestros padres “almacenar” el dinero en las botellas de leche (que eran de vidrio), posteriormente aparecieron los Bonos del Ahorro Nacional y así sucesivamente.
Los métodos de ahorro se han ido transformando hasta llegar a los instrumentos tradicionales bancarios, donde ahora hasta rifan toallas.
Sin embargo, todas esas familias mexicanas que durante años “guardaron” su dinero, ¿realmente incrementaron su patrimonio? Desgraciadamente no.
Cuál es la razón por la cual nuestros antepasados hicieron grandes esfuerzos para guardar dinero y no tuvieron resultados positivos, la respuesta es que nunca nadie les explicó que la inflación también deteriora el poder adquisitivo del dinero a través del tiempo.
Aunque no estoy seguro que hoy en día la gente tenga bien claro este concepto, por lo que voy a tratar de ejemplificarlo: Imagine que tiene 10 mil pesos ahorrados, usted tiene dos alternativas. La primera es que se los gaste y adquiera un artículo cuyo valor es de los mismos 10 mil pesos.
La segunda es que usted sacrifique el consumo y destine su dinero al ahorro, guardándolo en un instrumento tradicional bancario cuya tasa de interés es de 1.5 por ciento anual.
Dentro de un año, usted acudirá a su banco y le informarán que el saldo de su cuenta ya es de 10 mil 150 pesos, ya que durante el año le acumularon sus intereses y decide que es momento de gastarlo, así que acude a la tienda y se encuentra con la novedad de que el mismo artículo que usted deseaba adquirir hace una año, ahora cuesta 10 mil 450, en el mejor de los casos, ya que la tasa de inflación es cercana al 4.5 por ciento, lo cual quiere decir que ahora no le alcanza ni siquiera para adquirir el mismo artículo.
Esto significa que su dinero perdió poder adquisitivo a través del tiempo, ya que la inflación fue superior a la tasa de interés. Ahora imagine este mismo ejemplo no en un año sino en 10.
El dinero realmente se va deteriorando de manera acelerada y está en contra de la definición del ahorro. Teóricamente, el ahorro implica sacrificar consumo hoy, para tener un mejor consumo mañana, pero si la tasa de interés que puede obtener es menor que la inflación, mejor gástese su dinero, ya que si no lo hace mañana no le va a alcanzar para lo que hoy sí le alcanza.
Al ejemplo anterior, se le conoce como la tasa de interés real, que es la que se determina después de restarle la inflación; es decir, si a la tasa que nos ofrecen por depositar nuestro dinero en algún banco, le restamos la inflación y el número restante es negativo, entonces se dice que se tiene una tasa de interés real negativa, lo que quiere decir que perderemos poder adquisitivo a través del tiempo. Por eso siempre debemos contar con una tasa de interés real positiva o superior a la inflación.
Ante esta situación, de pronto nos encontramos en una situación complicada, debido a que normalmente no sabemos dónde podremos obtener tasas reales positivas y la mayoría de la gente asume que ese tipo de tasas son únicamente para los grandes inversionistas.
Afortunadamente, existen las sociedades de inversión, mejor conocidas como fondos de inversión, que son instrumentos completamente regulados que lo que hacen es juntar el dinero de pequeños, medianos y grandes ahorradores en un fondo común para que posteriormente inviertan dichos recursos en el mercado de valores y así poder generarle mayores beneficios financieros a todos los participantes.
Para entenderlo mejor, volvamos al ejemplo anterior, usted tiene 10 mil pesos y acude a su banco para preguntar que tasa le ofrecen. En el momento en que usted está sentado con el ejecutivo del banco suena el teléfono y por la otra línea se encuentra el representante de un fondo de inversión y le pregunta al ejecutivo del banco qué tasa le ofrece por 100 millones de pesos (dinero de todos los participantes del fondo de inversión).
¿Qué respuesta cree que tendría el ejecutivo del banco?
Por obvias razones, le pediría a usted que esperara, ya que tiene que atender a su gran cliente “el fondo”.
Una vez terminada la operación, se voltea con usted y le ofrece algún instrumento.
¿Quién cree que se llevó la mejor tasa? O dicho con otras palabras, ¿a quién cree que le cobren mayor comisiones?
Es claro que el cliente que se llevará lo mejor no será usted, sino el fondo de inversión que está conformado por cientos o miles de ahorradores como usted, que simplemente están siguiendo el viejo refrán de la unión hace la fuerza.
¿No le parece claro?
Sin embargo, escoger el mejor fondo de inversión es un poco complicado, ya que actualmente en nuestro país existen alrededor de 400 fondos diferentes y prácticamente todos los bancos los manejan, así que haga el experimento y pregúntele a su ejecutivo de cuenta si los tiene y que le diga cuáles son los mejores del mercado.
Posteriormente cuando salga, acuda al banco de enfrente y realice la misma pregunta. ¿Cuál cree que sea la respuesta? Todas las instituciones le dirán que los fondos que ellos manejan son los mejores, sin embargo ¿será cierto?
Además de los bancos, también existen operadoras de fondos que no pertenecen a ningún grupo financiero y que por su puesto si usted les realiza la misma pregunta, la respuesta siempre será la misma: los mejores fondos son los nuestros.
Hagamos un resumen de este artículo.
Para contar con una economía sólida es importante que exista el ahorro y éste se debe invertir en algún instrumento que nos generé un rendimiento real positivo y así ganarle poder adquisitivo a través del tiempo. Una buena forma de lograrlo es canalizándolo a fondos de inversión, ya que éstos administran el patrimonio de mucha gente y se logran beneficios mayores para todos, pero ¿cómo saber cuál es el mejor fondo?
Esta situación fue observada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y para ayudar al pequeño y mediano ahorrador modificó la Ley de Sociedades de Inversión y se creó una nueva entidad financiera denominada Distribuidora de Fondos de Inversión, que son empresas que no tienen fondos de inversión propios, sino su labor consiste en analizar los fondos existentes en el mercado y así determinar cuáles son los mejores y los que más le convienen a la gente.
Es decir, son entidades que actúan como el área de análisis del ahorrador y cuya única misión es analizar a todos los fondos para poder recomendar al cliente en qué instrumento o instrumentos le conviene invertir su dinero, aunque éstos sean de distintas marcas.
El objetivo es que usted como ahorrador logre obtener tasas reales positivas y así acrecentar su patrimonio, ya que a través de una distribuidora usted además podrá diversificar su inversión en distintos fondos, generando rendimientos reales positivos.
Para tomar una mejor decisión es importante que se acerque con un experto y lo consulte.
Recuerde que preguntar no empobrece, el peor error que se puede cometer es no preguntar y pasarnos toda la vida perdiendo poder adquisitivo de nuestro patrimonio.
Se imagina qué hubiera pasado si nuestros antepasados hubieran preguntado a los expertos y hubieran invertido bien sus riquezas, quizá hoy nuestro presente sería diferente.
* Director general de Fóndika, Distribuidora de Fondos de Inversión
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