Opinión

Dinero llama dinero

Edgar Amador*

Crónica de una masacre de bonos anunciada

Incluso aquellos operadores e inversionistas veteranos, aquellos héroes de mil batallas que han sobrevivido a las debacles de Luis Echeverría, de José López Portillo, que sortearon el derrumbe de la economía en diciembre de 2004. Incluso, aquellos que ostentan orgullosos las heridas de esas arduas batallas, son novatos, tan novatos como los traders más jóvenes, en el mercado de bonos mexicanos.

Hasta antes del año 2000, el vencimiento más largo que había para un bono de tasa fija emitido en el mercado mexicano era el inusual Cetes de dos años. Pero la administración de Ernesto Zedillo, bajo la égida de su equipo de la Secretaría de Hacienda y, apoyándose en la estabilidad macroeconómica alcanzada por el régimen de flotación cambiaria, y en la profundidad del mercado dada por las Afores, tuvieron una idea revolucionaria: emitir bono de largo plazo a tasa fija.

Un bono de largo plazo a tasa fija es algo tan común en cualquier mercado desarrollado que en inglés recibe el nombre, casi despectivo, de "vainilla simple". Pues esa vainilla simple era imposible de alcanzar en un país que cada seis años se derretía como chocolate. Y no fue sino hasta que el equipo fresa de Hacienda de Ernesto Zedillo llegó a colocar la cereza en el pastel, que el mercado pudo probar la sencillez de la vainilla de los bonos de tasa fija a largo plazo.

Un bono de tasa fija a largo plazo tiene la siguiente peculiaridad: cuando la tasa sube, el valor de ese bono baja, y viceversa. De Ernesto Zedillo se ha dicho que es un hombre, más de suerte que de luces. Siempre he discrepado de esa opinión, pues aunque es indudable que las circunstancias de la vida le fueron favorables, supo tener las luces para aprovecharlas, y la creación del mercado de bonos es la prueba más palpable.

Cuando la administración de Zedillo crea los bonos de tasa fija, con vencimientos que empezaban en dos años, y que se han alargado hasta alcanzar los 20 años, las tasas de interés en México entran en un largo período de descensos. Es decir, de grandes ganancias para todos aquellos tenedores de bonos de tasa fija.

Los últimos tres o cuatro años han sido para los mercados, años de vacas muy gordas. Pero lo malo es que se creó el hábito en los inversionistas de ganar. De alguna u otra forma se acostumbraron a que el mercado de bonos sólo daba buenos rendimientos.

Pero el mercado de bonos, o como se le conoce, el mercado de renta fija, lo único que tiene de fija es la tasa de algunos instrumentos, porque lo que el mercado de bonos ha sufrido en los últimos dos meses ha sido una masacre, que se ha traducido en pérdidas de alrededor de 15 mil millones de pesos para los bancos, casas de bolsa, e inversionistas grandes y medianos.

El alza espectacular que hemos visto en las tasas de interés, sobre todo de largo plazo, se ha traducido en pérdidas muy fuertes para el sistema bancario, y para muchos inversionistas que se subieron a la moda de los fondos de inversión, sin mucho conocimiento de los riesgos que esto implicaba.

A principios de año, lo dijimos en Fortuna con todas sus letras: este sería un muy mal año para los fondos de renta fija, pues el precio de los bonos estaba destinado a sufrir severamente debido a lo que nosotros veíamos como impostergable: un alza de tasas de interés en los Estados Unidos. Sobre aviso no hay engaño, los lectores de Fortuna fueron advertidos a tiempo y quienes reaccionaron, salvaron su capital.

Pero todavía falta: aún nos quedan unos 20 meses de tasas al alza en los Estados Unidos y en México, aún no es tiempo de entrar a comprar fondos de inversión. Aún no es tiempo de comprar bonos de tasa fija de largo plazo. Se aproximan unos 20 meses, si no es que más, de pérdidas para el gigantesco mercado de bonos mexicanos. Este es la crisis de adolescencia del mercado de bonos mexicanos. Los últimos cuatro años habían mostrado cuánto se puede ganar en este mercado. Los próximos dos años mostrarán que también se puede perder.

¿Qué hacer entonces?

Primero: no ceda a la tentación o la nostalgia de los rendimientos que obtuvo en los últimos años en el mercado de fondos de inversión de deuda. Espere. Busque fondos líquidos, muy líquidos, en las próximas semanas si no quiere dolarizarse.

La segunda alternativa: dolarizar una parte de sus inversiones, comprando fondos de cobertura. La razón es muy sencilla. No habrá una devaluación dramática, ni siquiera significativa, de la moneda. Pero el rendimiento en dólares será superior al rendimiento en pesos por virtud del ciclo alcista de tasas de interés de los Estados Unidos, y porque el peso se tendrá que ajustar ligeramente al alza en los meses siguientes debido justo a ese efecto de tasas, y al resurgimiento moderado de la inflación doméstica.

La otra opción, que para mí es la más atractiva, es poner a su asesor de inversiones a trabajar, y pedirle que le ofrezca productos estructurados. Es decir, instrumentos que contengan derivados que le protejan su capital en un ambiente de tasas al alza, al tiempo que aprovechan el alza en los rendimientos. Estos productos, estoy convencido, serán los que marquen el desarrollo del mercado financiero en México en los próximos 20 meses o más.

Se aproximan meses difíciles, pero muy interesantes en donde los financieros más sofisticados serán los que sobrevivirán con éxito.

* Director de la consultoría en línea portafolios.com y comentarista de Monitor

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