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La política del petróleo y el dinero
La presencia en el territorio nacional de Halliburton, el gigante petrolero estadounidense, no sólo habla de un nuevo capítulo en su historia de negocios sino de la expansión de un conglomerado sustentado en redes de poder y conexiones políticas fraguadas desde Washington
Miguel Ángel Ortega
Desde hace mucho tiempo todo mundo en Houston sabía que Halliburton era la segunda compañía más grande en el mundo en la industria petrolera, que construyó el Centro Espacial Johnson y otros edificios emblemáticos de Texas.
Lo que no se conocía a ciencia cierta era cómo logró ese lugar. Ahora en el recién aparecido libro de Dan Briody La Agenda de Halliburton, la política del petróleo y el dinero (John Wiley & Sons, 2004) se encuentran algunas señales.
En el libro aparece una galería de personajes de la industria petrolera y militar de Estados Unidos. De entre ellos, destaca el actual vicepresidente Dick Cheney.
Cuenta Briody que Cheney, un político de toda la vida sin experiencia en los negocios, fue contratado por Halliburton en 1995 debido a sus contactos en el Capitolio y el Pentágono.
En realidad, explica Briody en el libro de 237 páginas, Halliburton representa, quizá como ninguna otra compañía estadounidense, la "encarnación del triángulo del hierro, el nexo entre gobierno, militares y los grandes negocios".
La Agenda de Halliburton es un veloz recuento de la historia de esa compañía y sus subsidiarias, especialmente Kellogg Brown & Root, desde que comenzaron con unos polvorientos yacimientos de petróleo en Texas hasta los elegantes pasillos de Washington y su involucramiento en la invasión a Irak y en otras guerras.
Dividido en cuatro partes, La Agenda de Halliburton documenta cómo la compañía Halliburton y Kellogg Brown & Root compraron a políticos, manipularon los proceso de contratación y se involucraron en las pequeñas guerras en la que interviene Estados Unidos de una u otra manera para obtener beneficios.
La historia se remonta a los negocios en la segunda guerra mundial, pasa por Vietnam, Bosnia, Libia, el Irán de Sha, Irak y otros estados a los que ahora el gobierno de George W. Bush acusa de terroristas.
Explica cómo Halliburton consiguió un contrato multimillonario del Pentágono -sin concursarlo o licitarlo- por dos mil millones de dólares para reparar la infraestructura petrolera en Irak, que otorgó Cheney.
La estrategia de negocios en la industria armamentista, después de la terminada la guerra fría, explica, es el outsourcing del ejército estadounidense. Una especie de servicios de contratos múltiples (LOGCAP, por su siglas en inglés) como los que tiene Petróleos Mexicanos (PEMEX), como suministrar la gasolina para los camiones de la invasión o contratos por 67 millones de dólares para manejar restaurantes en Irak que, a su vez, subcontrató con otras empresas.
Ese plan comenzó cuando Dick Cheney era el secretario de la Defensa del primer presidente Bush y ahora está en pleno auge.
Halliburton envió a más de cuatro mil 500 trabajadores en un lugar muy peligroso para ayudar al ejército a reconstruir un país devastado por la guerra, dice.
Briody asegura que Halliburton es mucho más que un importante jugador en la industria petrolera estadounidense y un importante abastecedor del ejército estadounidense, para convertirse en una pieza en el ajedrez político que tendrá un papel en las elecciones presidenciales de noviembre de 2004.
Por cierto, en julio de 2002 Halliburton anunció la obtención de un contrato por 44 millones de dólares para proporcionar equipo y servicios al campo Bloque Sur Cantarell, en la sonda de Campeche. En julio del 2003 obtuvo un contrato de 23 millones de dólares con Petróleos Mexicanos por tres años para proveer insumos y dar mantenimiento a una planta separadora de gas en Reforma, Chiapas.
Y apenas en mayo pasado, Pemex le adjudicó a Halliburton un jugoso contrato, llave en mano, de 175 millones de dólares, por dos años para perforar 27 pozos en el sur de México, dijo John Gibson, presidente y director general del grupo de Servicios de Energía de Halliburton.
Halliburton proporciona ya 88 por ciento de todo el equipo importado por Pemex. |