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Cinco amenazas contra el creimcineto económico
Juan Carlos Nava Nava, especialista en divisas y consultor en Economía Internacional, World Consulting Associates, A.C.
La luz al final del túnel que, finalmente, se esperaba para la economía nacional, podría verse interrumpida por factores internos y externos que los estrategas de la política económica gubernamental deben observar junto con las reformas estructurales, para garantizar la dinámica sostenida que exige el país.
Recientemente, el gobernador del Banco de México, Guillermo Ortiz Martínez, y el secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, las dos personalidades del país más apropiadas para dar pronósticos oficiales, han indicado que la economía mexicana podría crecer en el 2004 a tasas mayores de 3.5 por ciento, después del raquítico y por momentos recesivo 1.3 por ciento logrado en el 2003.
Estas cifras son similares a las calculadas por organismos multilaterales independientes como el FMI y la OCDE y otros reconocidos en el sector privado internacional.
Además, esta información se reafirma de manera lógica por las estimaciones de crecimiento del PIB mundial y estadounidense de un extraordinario 4.6 por ciento para ambos en este año. Como cerca del 90 por ciento de las exportaciones mexicanas van hacia el vecino país y el nivel de remesas, la segunda fuente de divisas después del petróleo, se encuentra fuertemente influenciada por la reducción en su tasa de desempleo, y éstas afectan de manera determinante al consumo interno mexicano; consideramos que estas estimaciones estarán muy apegadas a la realidad.
Como el mismo secretario de Economía, Fernando Canales Clariond, ha manifestado el optimismo con que se ven estas cifras no proviene tanto de su magnitud, pues el país requiere tasas de crecimiento superiores al 5 por ciento anual, sino del cambio de tendencia de decrecimiento a crecimiento económico. Este último había desaparecido en los últimos años y augura, por el ciclo de negocios externo, mejores perspectivas.
Bienvenidas, pues, sean las buenas nuevas, sobre todo para el especialmente deprimido mercado laboral mexicano que, por sus dramáticos efectos al bienestar general, particularmente a las clases más necesitadas, es desde cualquier punto de vista, el más vigilado por el gobierno.
Pero, ¿es realmente sensato para quienes ahora dirigen nuestro destino económico sentarse a esperar estos ingresos adicionales con la mejor sonrisa? ¿O sería mejor exigirles ver este optimista panorama con un sano y moderado escepticismo de quien espera lo mejor pero está preparado para lo peor?
El dicho popular "más vale prevenir que lamentar" es aplicable aquí y al respecto, el doctor Ortiz Martínez reconoce que hay riesgos de corto plazo, tales como la "elevada volatilidad en los mercados financieros internacionales debido a la rápida descompresión de los diferenciales de tasas de interés; en virtud del vigor en la recuperación económica en Estados Unidos".
Es decir, las expectativas de un rápido y excesivo incremento de las tasas de interés norteamericanas y "choques de oferta adicionales que pudiesen contaminar las expectativas de inflación", o sea alzas desmedidas en los precios del petróleo, el gas, la electricidad, el acero, etc.. Y de largo plazo cita a la pérdida de competitividad del país, llámese competencia comercial con China u otros países, a causa, no sólo del retraso del Congreso para aprobar las reformas estructurales, fiscal, energética y laboral, sino también de la tramitología que hace difícil hacer negocios en México y por la falta de dinamismo de los empresarios para buscar oportunidades en otros mercados, aparte del americano.
Otros riesgos que el doctor Guillermo Ortiz no menciona, pero que esperamos considere seriamente en sus análisis confidenciales, son los siguientes:
Riesgos externos:
1.- El peligro del "reviente" repentino de las burbujas de los mercados de crédito, de propiedades y de capitales en algunos países desarrollados, lo cual impactaría, a través del efecto riqueza o "wealth effect", la confianza de los consumidores, provocando una disminución del gasto y demanda agregadas que incidiría directamente en una caída del PIB de Estados Unidos, China, Inglaterra y Australia, tal cual ocurrió en Japón a partir de 1989 y que ha repercutido en un ambiente deflacionario, depresivo, en la última década y de una enorme deuda pública de aproximadamente el 150 por ciento del PIB. Esta caída dañaría a todo el mundo, principalmente, por una disminución en la compra de productos y servicios importados de los socios comerciales.
Según algunas opiniones altamente calificadas, la responsabilidad de esta inflación de activos es atribuible a la extremadamente laxa política monetaria que ha conducido en los últimos años Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal, el banco central estadounidense, para reducir los efectos de una recesión en el 2001. Esta política le ha llevado a decidir 13 reducciones de las tasas, las cuales en este momento se encuentran en su menor nivel desde hace 46 años.
2.- La volatilidad extrema en el mercado internacional de divisas, ocasionado, entre otras cosas, por una posible flotación del yuan chino, el dólar y los déficit gemelos de Estados Unidos, el yen japonés y la extremadamente peligrosa deuda pública de Japón o la misma inestabilidad del euro por sus problemas de coordinación de la política monetaria del Banco Central Europeo para países muy diferentes.
En recientes declaraciones, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido sobre todos estos riesgos, especialmente de China, que hasta la fecha mantiene un férreo control del flujo de capitales. Sobre el euro, uno de los dos economistas más importantes del siglo veinte, ha advertido a los europeos del riesgo de colapso en su zona de influencia hace apenas unas semanas.
3.- Los riesgos geopolíticos no podían faltar, con sus dañinos efectos sistémicos a través de los mercados financieros internacionales y de la confianza del consumidor y de los negocios que afectan la inversión de capital. En este caso, podemos citar como focos rojos, el terrorismo internacional que mantiene en jaque a gran parte del mundo, a Irak y su natural inestabilidad después de una guerra total, Corea del Norte, Irán, India y Pakistán, los cuatro representan serias amenazas nucleares al mundo:
Taiwán y sus deseos independentistas que van en contra del acendrado nacionalismo chino, provocando fricciones con Washington. En Latinoamérica podemos citar a Venezuela con su presidente pro-socialismo cubano: Brasil con su enorme deuda apenas manejable: Argentina con su crisis devaluatoria reciente, su actual moratoria y la fácilmente transmisible turbulencia social a sus frágiles vecinos y socios del Mercosur.
4.- Las guerras comerciales serían particularmente perversas, originando un clima poco propicio para la inversión extranjera directa que apenas ahora se empieza a recuperar y de la cual dependen tanto las naciones emergentes. Hemos sido testigos de que las fricciones entre Estados Unidos y Europa han ido creciendo en temas, como la biotecnología, el acero, los subsidios escondidos a través de recortes en impuestos a la exportación a empresas norteamericanas.
5.- Un mayor deterioro del ambiente político mexicano, el cual a pesar de los recientes escándalos de corrupción en el Distrito Federal hasta este momento no ha provocado inestabilidad al peso o los mercados de capitales. Estos han sido moderadamente distorsionados por las circunstancias externas, ya mencionadas. Sin embargo este riesgo político se mantiene latente.
Otros:
Este rápido análisis no destaca las contingencias naturales que, sin embargo, pueden tener un efecto profundamente desestabilizador en las economías. No obstante vale la pena mencionar algunos casos interesantes. El terremoto de Kove en Japón, en 1995, costó más de 100 mil millones de dólares. Para México esto significaría casi la quinta parte de su producto interno bruto.
Las enfermedades como el SARS, las vacas locas y la influenza aviar, han tenido consecuencias catastróficas en el turismo, las aerolíneas y las aseguradoras. El SIDA, que para naciones, como Sudáfrica, Botswana, e India, representan gigantescos problemas futuros al gasto público e incluso a la misma viabilidad de sus economías.
El riesgo es un fenómeno que siempre se encuentra presente en nuestras vidas. En las finanzas públicas y personales el riesgo adicional hace que el costo del dinero se incremente y se reduzcan de manera correspondiente las posibilidades de inversión.

Para un país tan frágil como México, el riesgo si no es correctamente valorado por sus funcionarios públicos, puede ocasionar en un instante la pérdida de esperanza para millones de individuos que viven en la pobreza, para otros un gran retroceso en su bienestar y para la nación entera la pérdida de soberanías económica y política. Las crisis devaluatorias recientes así lo confirman.
Es indudable que algunas de las hasta ahora potenciales contingencias aquí citadas; se presentarán simplemente porque la vertiginosa complejidad a la que se mueve el mundo así lo determina.
Esta realidad queda muchas veces fuera de nuestro control, pero lo que definitivamente sí está a nuestro alcance, es exigir a la actual administración foxista el desarrollo de políticas monetaria y fiscal responsables que, conjugadas con una atención cuidadosa de los mercados financieros internacionales, reducirían considerablemente el riesgo de inestabilidad económica interna como felizmente ha ocurrido en los últimos años a pesar de las tremendas crisis asiática, rusa, brasileña, argentina, turca, del 11 de septiembre, de la guerra en Irak, de los ataques terroristas recientes.
Esperemos que para bien de todos los mexicanos, con la cordura de nuestros servidores públicos, este incipiente crecimiento económico se reafirme en los próximos meses y años.
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