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Administrando la abundancia

Edgar Amador

Todos conocemos alguna historia de alguien que, luego de convertirse en millonario tras sacarse la lotería, acaba en la ruina tras dilapidar su súbita riqueza en parrandas y accesorios. Muchos dicen que la economía de un país es como la de un individuo o un hogar y que en realidad un ama de casa sería una excelente secretaria de Hacienda. Es una simplificación por supuesto, pero en el caso que nos ocupa, es correcta.

La bonanza petrolera que México está disfrutando en los últimos meses es el ejemplo clásico. La última vez que nos enfrentamos como país ante una coyuntura similar, no únicamente desaprovechamos la oportunidad, rara en la historia, de usar los recursos excedentes del petróleo para financiar el desarrollo futuro del país, sino que el destino del gasto de ese excedente creó las condiciones para potenciar las consecuencias negativas del reflujo de los precios petroleros.

La frase más tristemente patética que describe la actitud asumida aquellos años, fue la lapidaria lopezportillista de que tendríamos que aprender a administrar la abundancia.

La clase política de entonces usó lo que eran recursos pasajeros para crear compromisos de gasto permanente y el resultado fue que, cuando los ingresos extraordinarios se secaron, la rigidez de los gastos provocó una crisis colosal, de la cual no se pudo salir en varias décadas.

La falta no fue exclusiva de México y muchos estudios documentan cómo la mayoría de los países petroleros que se beneficiaron del boom del precio de la energía de finales de 1960 y principios de los 80 acabaron, 20 años después, peor de cómo estaban.

Aparentemente la lección ha sido aprendida en México y la bonanza petrolera de este año no está siendo dilapidada en gasto faraónico, en elefantes blancos, en una burocracia megalómana ni en proyectos descabellados.

 

Poco gasto

 

Pero el problema es que quizá estemos pecando de lo contrario. Lo bueno es que no se está gastando en proyectos absurdos. Pero lo malo es que no se está gastando, punto.

¿De qué tamaño es el excedente petrolero? ¿Con cuántos recursos adicionales cuenta el país, luego de que el precio del petróleo se encuentra hasta 80 por ciento por encima de lo presupuestado en lo que va del año?

Una oportunidad histórica para revertir muchos de los rezagos estructurales de la economía mediante el uso de los excedentes petroleros se puede desperdiciar de dos formas: gastando de manera irresponsable, como lo hizo López Portillo, o irresponsablemente dejando de gastar, como tristemente parece estar ocurriendo en estos momentos.

Siempre es mejor la cautela a la improvisación y la premura, sobre todo en cuestiones de gasto público. Pero lo cierto es que el país ha recibido cuantiosos recursos extraordinarios en el último año que deben de ser gastados. Gastados de la manera más eficiente posible, pero gastados.

Hasta el momento, existen dos destinos claros hacia donde han ido los excedentes petroleros: hacia las entidades federativas (aproximadamente 15 mil millones de pesos, a través a través del Programa de Apoyo al Fortalecimiento de las Entidades Federativas
y del Fideicomiso para Infraestructura en los Estados y Petróleos Mexicanos, que ha recibido aparentemente cerca de 12 mil millones de pesos, de acuerdo con alguna evidencia que se ha hecho pública.

De esa cantidad, aproximadamente 3 mil millones de lo destinado a las entidades, corresponde a excedentes petroleros del año pasado.

Supongamos que entre los excedentes que se han ido a las entidades federativas y a Pemex se han gastado ya en proyectos de infraestructura casi 30 mil millones de pesos, eso es el equivalente a casi 2 mil 600 millones de dólares (de nuevo, una parte importante son excedentes de 2003).

Tal cantidad es respetable, pero dado que en promedio de lo que va del año el precio de la mezcla del barril de petróleo de exportación de México ha sido al menos 16 dólares por encima de lo presupuestado, los excedentes petroleros son fácilmente el doble de esa cantidad. La cifra no es precisa, pero podría ser entre 5.6 y 8 mil millones de dólares.

¿En donde están los excedentes que no se han distribuido ni a las entidades ni a Pemex?

Y lo más importante ¿en qué y cómo se están gastando?

Tanto las entidades como Pemex se quejan de que los excedentes les han sido distribuidos a cuentagotas, pues las reglas para repartir los excedentes, a diferencia de cuando se trata de ajustar a la baja el presupuesto, son poco claras.

Existen tres destinos para el resto de los excedentes: una parte se ha ido a pagar el déficit fiscal de la federación (por ejemplo, los Adeudos Fiscales de Años Anteriores, Adefas); otra se ha ido al Fondo de Estabilidad Petrolera, el cual se supone debe de activar el gasto para cuando la economía se estanque en el futuro, y otra parte se ha ido a financiar gasto gubernamental, ya sea corriente o de inversión.

Lo preocupante aquí es que no ha quedado muy claro cuánto se ha destinado a los distintos rubros y es muy importante que lo sepamos para saber qué hacer en caso de que esta oportunidad para resarcir algunas de las deficiencias estructurales de la economía mexicana no se vaya a desperdiciar, esta vez por defecto, más que por exceso.

Para efectos de la economía en el largo plazo, casi tan malo es no gastar que gastar en exceso. Celebremos que esta nueva generación de financieros públicos no ceda a la tentación de la borrachera lopezportillista, pero cuidémonos de que no caigan en el exceso frugal de guardarse los excedentes petroleros y no abatir los rezagos de infraestructura que padece el país.

* Director de la consultoría en línea portafolios.com

edgar@smra.com

 

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